Me considero una persona empática. Tiendo a ponerme en la situación de la otra persona para intentar entender su actitud en el momento y su manera de actuar. Esto a la hora de interpretar el mensaje que deja alguien plasmado en sus letras se agradece, ya que das una nueva dimensión a su música al entender el por qué de la misma. Es por eso que, simple y llanamente, quiero darle un abrazo a Låpsley, decirle que no se preocupe, que lo peor ya ha pasado, que todo irá bien.

«Long Way Home»: Caminos desolados y separados, queda la soledad en común

Porque comprendo a esta mujer. Compartimos influencias y edad, forma de pensar e inquietudes, por lo que entiendo la mayor parte de la génesis de este álbum. Holly Lapsley Fletcher es la chica que se encuentra bajo el nombre artístico de Låpsley. Nacida en el 96 y criada al noroeste de Inglaterra, la artista aprendió a tocar el oboe, la guitarra y el piano con una formación clásica. Pero pronto quiso innovar, dejar de lado este tipo de estilo y, tras probar suerte en distintas bandas, acabó por producir sus propias maquetas en casa. Nada más que ella, el ordenador y el Garageband para conseguir producir un estilo que destilaba madurez y originalidad, bebiendo de influencias claras como James Blake, Grimes o Caribou, entre otros. Tras ir lanzando canciones en su página de Soundcloud con la que se fue ganando poco a poco el favor de sus seguidores, todo el estilo mostrado en temas que comenzó a componer con 14 años acabó por cristalizar en su primer EP Monday, un ‘bedroom record’ en toda regla donde jugaba con el minimalismo lírico y melódico, lo analógico y la modulación vocal, algo que se convertiría en marca de la casa. Este concepto adquirió una dimensión y un cuerpo mayor en dos temas que lanzó al poco tiempo y supusieron un paso muy importante en su carrera: “Station” y “Painter (Valentine)”, siendo este último emitido en la BBC Radio 1, lo que acabó derivando en una mayor notoriedad y en una consecuente actuación en el escenario BBC Introducing de Glastonbury 2014.

Con una actuación como esta la carrera de Låpsley siguió su inexorable ascenso. Su mezcla de R&B con electrónica analógica y progresiva envuelta por una lírica bella fue motivo de peso para que XL Recordings la llamara a sus filas en octubre de 2014, compartiendo oficina con artistas de la talla de Vampire Weekend, Sigur Rós o los mismísimos Radiohead. A través de este sello lanzó a comienzos de enero de 2015 su segundo EP, “Understudy”, en el que con cuatro temas exploraba con menor timidez un sonido de mayor cuerpo, permitiéndose jugar con las subidas de intensidad, los silencios y, ligeramente, con la experimentación.

lapsley-long-way-home-2

«Long Way Home» se encarga de recoger toda la experiencia obtenida a lo largo de dos años de una carrera musical en constante crecimiento. Líricamente veremos una Låpsley que no sabe qué pensar, ni cómo actuar ni cómo sentirse a raíz de una relación algo descompasada que toca su fin.

Con este buen sabor de boca nos fuimos a 2016. A principios de año llegó el anuncio de un debut titulado Long Way Home”, que acabó por materializarse en marzo. Se trata de un álbum que se encarga de recoger toda la experiencia obtenida a lo largo de dos años de una carrera musical en constante crecimiento. “Heartless, tema con el que se abre este trabajo, lleva esta filosofía de constante crecimiento, fruto de capas y capas de sonido que se van juntando para crear un corte muy bello y pegadizo. Encontramos un riff de piano delicioso que entra en una interesante combinación con el trabajo vocal de la cantante en un estribillo que incrementa su velocidad y resulta cautivador. A pesar de tardar algo en arrancar, cuando acaba por romper la percusión eclosiona en una interesante belleza electrónica que te embauca. En cuanto a la lírica, “Heartless” nos aclimata a la que nos vamos a encontrar en el álbum: una Låpsley que no sabe qué pensar, ni cómo actuar ni cómo sentirse a raíz de una relación algo descompasada que toca su fin. Toda esta indecisión sobre cómo actuar acaba por materializarse en una Låpsley apática, que sufre por la soledad en la que ahora se encuentra y la sume en una oscuridad que hace que se levante «heartless”. La anteriormente estrenada Hurt Me continúa con la línea de dolor fruto de una relación pasada, añadiendo un toque de ligera provocación a través de ese so if you’re gonna hurt me, why don’t you hurt me a little bit more?”. Una letra dolorosa es acompañada por una de las bases más accesibles de todo el álbum para un medio tiempo de R&B con ligeras modulaciones vocales y un estribillo explosivo que perdura en la memoria.

La siguiente pieza que nos encontramos es otra conocida: Falling Short, extraída de aquel segundo EP y que consigue casar a la perfección con lo que encontramos en el álbum. De nuevo, el piano como elemento dominante es acompañado por un kit de percusión que añade chasquidos y un ritmo simple y sencillo de llevar. Encontramos momentos donde se superpone a sí misma con modulaciones en tonos bajos mientras hace gala de un minimalismo lírico, versos que se entrecortan y estructuras que se reiteran y cantan a la pérdida del sentimiento en una pareja que ya lleva algún tiempo junta (It’s been a long time coming but I’m falling short). La situación no parece mejorar en Cliff, uno de los cortes más oscuros y fríos, siendo esta una composición donde encontramos mayor predominio de una percusión oscura que se encarga de adentrarnos en un camino habitado por un cuerpo de sintetizadores bajos que borbotean bajo las capas más superficiales del tema junto a una voz modulada y penetrante. Toda esta combinación va creciendo, añadiendo momentos de apagón de melodía que captan la atención del oyente y crea cierta tensión.

Låpsley sabe conjugar a la perfección música y letra para entregarnos un álbum que funciona como conjunto, con un concepto y una finalidad muy claros.

Si “Cliff” representaba, en cierto modo, la oscuridad de este álbum, Operator (He Doesn’t Call Me)se encarga de servir como abrupto contraste. Este tema abre con un coro vintage sampleado que deriva en un coqueteo con la música de carácter más disco, pero lo veo como un intento innecesario de añadirle ganas de baile a un álbum donde, personalmente, no se veía necesario. Lo contrario pasa con Painter (Valentine), otro viejo conocido que fue lanzado dos años antes. Aquí, con la nueva masterización, se pierde la fragilidad y el intimismo de la versión antigua al añadirle un fondo y un cuerpo que hace que suene al mismo nivel que el resto. A pesar de ello, sigue sonando igual de maravillosa que antes. La instrumentación viene únicamente formada por un piano eléctrico, un detalle melódico que hace pensar en una caja de música y en una caja de ritmos ligera. Con estos ingredientes configura uno de los temas más bellos que ha hecho y que he podido escuchar en mucho tiempo. Una maravillosa progresión melódica acompañada por una parte vocal que suena etérea, fruto del juego entre reverberaciones, modulaciones y superposiciones mientras repite, como si de un mantra se tratase, uno de los versos que más va a trascender a lo largo de su carrera por su sencillez, belleza y autenticidad: “Paint these wings and make me fly”.

Un piano afilado se encarga de abrir Tell Me The Truth”, a la par que nos saca de ese momento de ligereza emocional en el que nos encontrábamos. Este se trata de uno de mis temas favoritos, culpa de ello lo tiene, sin duda, el estribillo modulado que tengo grabado a fuego. Stationnos devuelve el minimalismo lírico para abordar la abstracción y la interpretación libre. Sin problema se puede proclamar como el mejor tema compuesto por la británica, llevando un estilo similar a “Painter (Valentine)” pero más concreto. Comenzó como una pieza sin demasiadas pretensiones, y tal vez sea ese aspecto el que haya hecho de este un tema tan especial. Con su estructura demuestra que no hacen falta melodías complejas ni una lírica densa para crear algo único y bellísimo. Los ánimos vuelven a alzarse con Love Is Blind, tema que sirvió de adelanto para este trabajo y que cuenta con una base agradable de sintetizadores que empiezan apagados y a lo largo de los versos crecen y eclosionan en un puente protagonizado por un arpa sintetizada que añade un toque brillante. Este corte es una muestra de R&B bañado de adult alternative; suena claro, directo y es pegadizo. “Silverlake” aparece como un medio tiempo algo oscuro e intenso. A nivel melódico no ofrece nada nuevo, tal vez algo de tensión que viene complementada por el mismo sentimiento reflejado en su letra.

En “Long Way Home” Låpsley decide abandonar su carácter más experimental para abrazar un R&B más accesible, lo que no supone un pleno acierto.

Si bien tengo la sensación de que este “Silverlake” no me llena tanto, es el corte de medianoche, “Leap”, el que hace que esta recta final me resulte más llamativa. Un tema para escuchar a oscuras y de madrugada. Sintetizadores oscuros de carácter algo analógico y parte vocal que queda relegada a un segundo plano donde subyace junto a capas de reverberación y modulaciones. Podría ser una versión chill de “Cliff”, donde toda la agresividad desaparece para quedarnos con una Låpsley que canta a la desolación. Por último, “Seven Months” es la encargada de poner fin a este álbum y a la odisea romántica que relata. Una melodía basada en un riff de piano conciso, acompañado de los ocasionales juegos de ritmos y percusiones, derivando en un cierre que crece capa sobre capa y deja muy buen sabor de boca.

Es un álbum que aborda el concepto de la relación de amor y posterior ruptura desde un punto de vista maduro si partimos de la base de que quien lo canta y compone no ha tenido tiempo material para otorgarle una retrospectiva a todo este asunto. Sabe conjugar a la perfección música y letra para entregarnos un compacto que funciona como conjunto, con un concepto y una finalidad muy claras. Tenemos a una Låpsley que nos quiere enseñar el antes, durante y después de una relación mientras hace gala de sus habilidades en la producción de temas donde se permite coquetear con la electrónica de carácter menos usual.

Sin embargo, hay algunos detalles que me crispan, no me convencen del todo. Por un lado, la inclusión de “Operator (He Doesn’t Call Me)”, que me da la sensación de que rompe algo el ritmo del trabajo, incorporando un sonido que no acaba de casar con el conjunto. Por otro lado, ha ido a lo seguro a la hora de configurar el álbum: incluye cuatro temas que ya habíamos catado y sabía que funcionaban. Pero realmente donde más me siento dolido es en que encuentro dos Låpsley’s. Por un lado, a la Låpsley primigenia, a la que buscaba un sonido propio y se permitía jugar y experimentar creando atmósferas oníricas y cargadas de encanto y autenticidad, convirtiendo temas que en manos de otros serían algo sórdido en algo que te envuelve y te abraza. No obstante, en “Long Way Home” Låpsley decide abandonar su carácter más experimental (o relegarlo a momentos más selectos como “Leap” y “Cliff”) para abrazar un R&B más accesible. Abandona la técnica de silencios y crescendos a cambio de melodías más amigables como “Hurt Me”. Vale, “Tell Me The Truth” tiene algo de esa primera Låpsley más experimental, pero aun así no me quito la sensación de que debería haber apostado más por lo que le ha llevado hasta aquí, dándole mayor protagonismo en lugar de dejarlo caer sutilmente.

A pesar de todo esto, es un debut muy fuerte. Låpsley ha sabido hacer una selección de toda la experiencia obtenida desde que publicó aquel primer EP para acabar entregando un primer álbum que la define a la perfección. Describe su capacidad a la hora de componer letras que se salen del marco común y su capacidad a la hora de producir melodías frías protagonizadas por el piano, la superposición vocal y el carácter electrónico único que es tendencia actualmente en su país de origen. Aún queda mucho por recorrer y “Long Way Home” no es más que una primera toma de contacto, pero funciona lo suficientemente bien para que los que no conocieran el nombre de Låpsley se puedan interesar en esta artista y su obra que consiguió enamorarme a base de una frialdad encantadora.

Låpsley – Long Way Home

7.3

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

Siguiendo una estética de electrónica bañada de romanticismo cargado de madurez y en ocasiones minimalismo, la figura de una joven Låpsley se alza en la escena para enamorarnos con su producción de carácter íntimo y su voz modulada en temas que juegan con el R&B alternativo y la electrónica algo menos convencional y experimental.

Up

  • Los momentos más experimentales: “Cliff”, “Tell Me The Truth” y “Leap”.
  • La autenticidad y catarsis que desprende en sus letras.
  • “Station” y “Painter”, los momentos más minimal y los más difíciles de superar.

Down

  • Aunque “Operator (He Doesn’t Call Me)” es entretenida y alegre, no termina de casar con el ritmo del álbum.
  • La recta final resulta demasiado lineal.