Existe un dicho popular que reza que el rock nunca morirá. Y, si algo nos ha enseñado la historia reciente, es que es verdad. Quizá no sea el estilo predominante ni el de moda, pero ahí está, siempre al pie de cañón. Fiel reflejo de ello es la cantidad de festivales y grupos que continúan apareciendo por todo el país con el paso de los años. Y es que, si hablamos de los primeros, lo que se le aparece a uno inmediatamente por la cabeza es el Viña Rock, el Leyendas del Rock o el desaparecido Aúpa Lumbreiras. Son fechas que llevan décadas ahí para los amantes del rock estatal. Pero también están el Rivas Rock, el Shikillo Festival o el Marea Rock. Algunos con más tiempo que otros, con más días de duración o con más grupos, pero todos con las mismas ganas de promocionar la música en directo. A estos se les suma ahora el Leña Rock.

La primera edición de este festival se celebró el sábado 4 de junio en Íscar (Valladolid), a unos 40 kilómetros de la capital pucelana. Organizado en la Plaza de toros de la localidad, contó con un cartel de lujo para una celebración que se estiró a lo largo de todo el día. El plato fuerte fueron Boni (ex Barricada) y los madrileños Sidecars, pero aparte estuvieron en el escenario unos jóvenes y prometedores Kitai, junto a los grupos locales Naïa y JennyJames. Un cartel variado para un primer año de celebración en el que no todo lo bueno pisaba en el ruedo. Por el pueblo hubo un foodtruck y dos conciertos más, el de Animal Sound y el de Inmortal. Una fecha llena de buena música y para la que sólo queda desear que dure y resista muchos años más.

Nosotros hemos entrevistado al cabeza de cartel de la primera edición, Boni, conocido por todos al ser miembro fundador de Barricada hasta su disolución hace tres años. Actualmente ha optado por continuar con un proyecto en solitario que empezó en 1992, cuando debutó con el disco “Peligroso animal de compañía”. Esta nueva andada le ha hecho publicar “Incandescente” con nuevos músicos: Juan Carlos Aizpún a la batería, Óscar Muñoz al bajo y Ion de Luis a la otra guitarra. Grabado, mezclado y masterizado por Miguel Aizpún en los estudios MAV de Zizur Mayor (Navarra), cuenta con 19 canciones, divididas en un disco acústico y otro eléctrico. Con el elepé fuera del horno Boni se encuentra de gira, aunque con nuevos miembros en las filas del proyecto. Lo cuenta todo en la siguiente entrevista.

¿De dónde surge la idea de mezclar acústico y eléctrico para el ‘debut’ en solitario? ¿No son muchas canciones para un solo disco?

Surgió después de terminar con la historia de Barricada y dedicar más tiempo a pensar qué me podía venir encima después de todo lo que había ocurrido en vez de estar relajado, haciendo como una especie de repaso. Entonces, a la hora de ponerme a la carga al poco tiempo, no necesité demasiados días para reorganizarme y enseguida me entraron las ganas de componer, teniendo en mente hacer un trabajo para defenderlo en solitario. Plantearme seguir haciendo lo que me gusta, que es rock and roll, pero desde un punto de vista más personal. Me metí en materia y vi que tenía una vena compositiva bastante ligera y empezaron a salir cosas. Me quité complejos a la hora de escribir, que creo que es un escollo que tengo cuando hago canciones, que me gusta mucho, pero me apetece cuidar esa parte de una composición, porque veo que es importante.

Entonces me sentí muy prolífico, empecé a currar… Tal es así que yo centrado en el formato que me gusta, que es el eléctrico, y donde genero fuerza y me gusta la vitalidad, fui viendo que me apetecía también coger la acústica y salían canciones. Y no me pareció mala idea hacer una representación en cuanto a mi proyecto, aunque ya tengo por detrás el “Peligroso animal de compañía”, pero en los tiempos actuales es como, digamos, un Boni renovado que no quería demostrar nada pero que sí estaba en un momento muy vital. Y de hecho el ponerme a ello demuestra ese momento tan prolífico que tenía a la hora de componer. Era mostrar a la gente que esperaba algo de mí, aunque de una manera muy discreta, el acústico, dos versiones del momento que viví. Digamos que el acústico, aunque es más relajado en cuanto a decibelios, tiene un contenido muy potente en algunas de sus letras y muestra esas dos caras a la hora de componer e intentar ofrecer, como suelo decir, más por menos.

Tras una carrera tan larga, uno ya sabe cómo adecuar el tono de voz, la técnica de guitarra, etc. ¿Cómo llevas a cabo el proceso de selección del resto de músicos que te van a acompañar?

entrevista-boni-junio-2016-2Bueno, cuando ya tenía terminado todo lo que era musical y compositivamente de “Incandescente” fue cuestión de intentar un poco enredar y ver con quién podía contar. No es fácil, porque claro, estás ofreciendo como una especie de apuesta, no un puesto de trabajo, ver quién se atreve a aventurarse, por mucho bagaje que uno pueda tener, en mi caso de un grupo como Barricada. No sé, podríamos decir que la pelea empieza de nuevo, no hay nada ganado, entonces buscas músicos que se puedan adaptar un poco a la ilusión de llevar adelante un proyecto con vistas a tener hueco, pero los primeros pasos hay que darlos.

Para grabar “Incandescente” sí que conté con gente profesional, acostumbrada a meterse en estudio. Es el caso de Juan Carlos Aizpún, exbatería de los antiguos Koma. Él me presentó a Óscar Muñoz, a quien conocía del ámbito musical y tenía referencias de él bastante buenas como músico de estudio y con quien podía ir la cosa rodada. Casualmente, el dueño del local donde esayábamos sabía que estaba buscando otro guitarra y coincidió que él compartía también alguna sesión con un guitarra bastante variopinto, según me dijo, y que se adaptaba a todos los estilos. En este caso es Ion Deluis. Y con estos tres me lancé a grabar el disco estudiándolo minuciosamente. Tal y como yo lo trabajé en casa se lo pasé a ellos y en muy poco tiempo lo redondearon y se lo aprendieron de arriba abajo. Con ellos hice un par de presentaciones, pero no pudo seguir la historia más allá. Sus pretensiones eran no de tanta apuesta, y tuve que, con muy buenas palabras y quedando muy buena relación, cambiar el rumbo del grupo. Les pregunté si querían seguir o no, y ellos dijeron que tenían otras miras en cuanto a lo musical y que no era lo que se imaginaban. Pero hasta entonces estuvieron al pie del cañón.

Esto me obligó a ir buscando gente un poco más afín a la idea que tenía yo: vas a una sala y si funciona bien, pero si no funciona, también; ir haciendo camino. De hecho, esto nos ha supuesto que más de una actuación hemos tenido que pelearla. Ahora estoy en el caso de Bolas al bajo, que es gente que tiene trabajo y compagina sus ocho horas diarias con la afición de tocar, pero sí se animan a tener una pelea rockera como la que hace falta para este disco. El batería es Naia, un chaval muy joven con una potencia increíble. Es gente que apuesta por el amor que tiene a la música. Yo soy el primero que quiere que esto funcione para que se vean recompensados. Y poco a poco ese camino se va haciendo. A la guitarra cuento con Alfonsete Zarzosa, que actualmente también está con el grupo Tracción, entonces está compaginando todo eso. Claro, son personas que no disponen tampoco de mucho tiempo como para estar todos los días ensayando, porque tienen sus trabajos y sus ocupaciones. Pero el poco tiempo que dedicamos a los ensayos les sacamos jugo. Y es gente a la que le apetece pelearse en la vida de la carretera, tocar aquí y tocar allá. Y con ellos hasta ahora estoy. Por lo tanto, la formación desde que empezó a grabarse “Incandescente” hasta ahora ha cambiado, que tal y como está el asunto es normal. Y, ante todo, quien esté conmigo que sepa que esto es una pelea. Yo vivo de esto y me divierto con esto, mi vida entera gira en torno al rock and roll.

¿Has tenido mayor o total libertad a la hora de componer? Porque en canciones como “Por delante” se notan toques que igual en Barricada no habrían encajado, al menos en los primeros discos. Podríamos llamarlo jazz rock o jazz punk. ¿Has intentado incluir más elementos que en Barricada no hubieran tenido cabida?

[Risas] No lo sé, no lo sé [Risas]. Bueno, en Barricada hacíamos cosas también un tanto sorprendentes. La libertad de composición en Barricada existía, otra cosa era cuando había que aunar ideas de cada cabeza y que acabaran en el mismo cubo, lo que supone hacer una canción con tantas ideas. Yo creo que en esto, más que libertad, tienes la responsabilidad de intentar ser lo más objetivo y crítico que se pueda, y eso me ha costado bastante. He querido ser muy autocrítico con todo lo que hacía, tanto en letras, dentro de mis posibilidades, como en cuanto a música, intentar ser directo y cruel incluso con cosas con las que no estás muy convencido y tienes que darle un hachazo a la canción. Eso me ha costado y he visto una cierta responsabilidad, pero sí que, en definitiva, ha sido todo para que el objetivo final fuera quedarme satisfecho y que las canciones que iba fabricando me dejaran bien, que no tuviera que fruncir el ceño si oía un pasaje de una canción. Entonces se elaboró con paciencia y tranquilidad, como para observar en el tiempo si iba cuajando, dejar posar las canciones y eso ha sido algo que me he autoimpuesto al tener yo la responsabilidad compositiva y el que representa.

En esto tienes la responsabilidad de intentar ser lo más objetivo y crítico que se pueda, y eso me ha costado bastante.

¿El hecho de que sólo cantes tú ha influido a la hora de componer letras y partes cantadas?

He estado acostumbrado en Barricada a cantar mucha parte de repertorio, entonces no me pilla por sorpresa. Es más, la mayoría de coros los he arreglado yo. En cierto modo, a mí cantar me gusta, y me gusta dejarlo como me satisface. He disfrutado en ese aspecto. También descubres tus limitaciones, porque no puedes hacer todo lo que tienes en la cabeza, pasa el tiempo y se acaba cascando la voz [Risas]. Tienes que ir adaptándote, pero intentando no perder ese genio que yo creo que me caracteriza a la hora de cantar. Cuando más he notado el cambio respecto a Barricada es en directo, al estar casi dos horas frente al micro. Con ellos tenía mis momentos donde me echaba atrás y ahí Drogas o Alfredo intervenían. Se hacía más largo el repertorio, pero tenías esos momentos de dispersarte un poco de lo que es el micro. En este caso no me importa, porque lo afronto con seguridad y es una cosa que me gusta, aunque no puedes despegarte ni para acercarte al público. Pero bueno, lo llevo bien porque disfruto de cada canción e intento estar a la altura de las canciones que elijo para el repertorio y disfrutar del directo.

¿Cómo se da el paso para llevar a cabo finalmente el proyecto en solitario? ¿A qué retos se enfrenta uno en ese tiempo?

Lógicamente después de todo este tiempo resulta difícil dejar y aparcar lo que uno ha hecho toda la vida. El momento de parón que elegí fue para reflexionar, pero sabía que tenía que tener algo en mente, algún proyecto. En el fondo de mí sabía que cuando pillara un momento óptimo moralmente me iba a poner manos a la obra. Lo que sí tenía claro es que debía ser un proyecto personal, porque había estado durante 33 años con una banda, y es una de las experiencias más grandes que he tenido en mi vida, pero no creo que se vuelva a repetir. Ahora me apetecía tomar las riendas de mis ideas musicales porque creo que es el momento. Tengo ya 53 años, y aunque considero muy importante el peso que da en directo un grupo considerado banda, me atrevo a afrontar mis ideas musicales y líricas yo solo. No porque me crea el centro del universo, sino porque confío en mis composiciones y es un proyecto que quiero enfocar hacia un plano personal. También intento que quien toque conmigo se sienta parte de una banda, pero la directriz es Boni, y hasta este momento lo tengo claro.

A priori, 19 canciones para un disco son muchas. ¿Ha habido descartes o has incluido todas las que has compuesto?

Sí, tuve más de 19, algún descarte hubo. No demasiados, porque todo el tiempo que empleé en componer lo hacía con tanta tranquilidad que cada tema en el que me metía intentaba acabarlo al máximo, exceptuando detalles que intentas arreglar cuando reposas. Pero iba paso a paso, e incluso tenía un apartado de bocetos en el que un trozo me sugería algo. Y sí que me dejé un montón de bocetos, porque  conforme iba construyendo canciones veía que iban cogiendo color y me sentía muy bien. Yo en cada tema que me metía era porque estaba convencido de que un riff o una frase podía tener juego, y hasta terminarlo. Siempre sobra algo, pero no porque tengas mucho. He metido 19 canciones y dije que ni una más ni una menos, porque quería dar el máximo que tenía, y 19 temas en dos formatos diferentes mostraba lo que hablábamos, ese momento que vives a la hora de componer.

¿En las composiciones has buscado diferenciarte de Barricada o ha sido todo según ha surgido? Porque en el grupo eras el cantante, y eso siempre va a hacer que suene parecido…

Efectivamente, me he dejado guiar por el estilo que tengo a la hora de componer y de escuchar música, aunque últimamente hago pocos descubrimientos musicales, echo de menos lo que hacíamos en mi época de ir a un sitio a elegir un CD y escucharlo. Eso ya no se puede hacer, está todo más digitalizado y lo vas descubriendo por trozos. Pero en “Incandescente” no quería huir del estilo de Barricada, porque yo he formado parte durante muchos años con Enrique y Alfredo de una historia que tiene su peso. De eso no puedo renegar, es un estilo que se tiene como un sello a fuego, dentro. Me he dejado llevar por lo que te decía, por la manera que tengo de concebir el rock and roll. Sí que he buscado frescura allá donde me lo pedía cada canción, que no sonara a lo de siempre. Pero en cuanto al sonido de guitarras ni huyes ni te alejas de intentar sonar a algo, sino que lo que en estudio te convence es lo que acabas grabando. Cada elemento hace particular un disco, y en este caso la gente me dice que hay cosas que recuerdan a Barricada porque la voz es muy característica de esa etapa y tiene algo que marca. Ronda lo que hacíamos en Barricada en el sentido de que es rock and roll. Se hacía de una manera, ahora yo lo hago de otra, pero sin soltar ese sello característico de gusto por la música rock y con caña.

En el videoclip de “Explosivo” aparece un Boni ‘correcto’ que juega frente al Boni rockero con la bola 8 del billar. ¿Tiene algún significado concreto?

Eso fue un juego de imágenes por el que me dejé llevar con la productora y editora del vídeo, Luxmart Fotógrafos, unos gallegos tremendamente imaginativos. Mi anagrama ronda con una bola de billar con el 8, que tiene una historia que ya he contado algunas veces. Significa que son dos ‘B’ dándose la espalda, la ‘B’ de Barricada, de mi pasado, y la ‘B’ de Boni que voy a afrontar ahora. Juego con esa simbología. En el caso de la canción habla de dos corazones. Uno diferente, que tiene un proyecto más ambicioso y otro que vive la vida a saco, como puede ser la de un rockero. A mí me gustó, porque “Explosivo” habla de vitalidad, de querer seguir vivo, de si has sido de una manera ser consciente de que no siempre se pueden tener 18 años, aunque eso no quita para que sigas sintiendo las cosas con la misma pasión, que uno está vivo y en este oficio hay que estarlo hasta el último día.

¿Y qué tal la gira y la reacción de los fans?

Bien, buena. Lo que hemos hecho en salas ha sido por esparcir la semilla del disco y estar aquí y allá y ha sido buena. En algunos sitios hay que reconocer que ha estado un poco justa de entrada, pero se compensaba con lo de otros sitios. En ese aspecto el bagaje en las salas o, mejor dicho, el resultado, ha sido muy bueno, que era una apuesta del proyecto porque no puedes estar en casa esperando a que te llamen. Y eso nos ha llevado a estar en varios festivales. De hecho, estamos este fin de semana en el primer festival que organiza el Ayuntamiento de Íscar, el Leña Rock, y te vas haciendo oír. Estuvimos en el Viña con una buena respuesta, y eso que nos tocó un día horrible. Pero salimos con buen sabor de boca, porque a pesar del tiempo se juntó gente para ver a un viejo rockero como yo [Risas]. También estaremos en el Rockfest de Barcelona, y todo lo que hemos hecho hasta ahora en L’Hopitalet junto con Los Suaves y Loquillo fue increíble, porque estaba petado de gente. Hasta el último del personal estaba con el brazo levantado, la sensación es muy buena.

Las canciones de Barricada forman parte de la banda sonora de nuestras vidas.

En directo haces una versión de Koma y Porco Bravo. ¿De dónde surge esa idea?

Koma a mí siempre me han gustado, y casualidad que el batería comparte proyecto con El Drogas. Siempre me habían gustado, y como coincidió que los primeros pasos del “Incandescente” los dimos con Juan Carlos se me ocurrió comentarle que qué le parecía que hiciéramos la de “Aquí huele como que han fumao”, que siempre ha sido mítica aquí en Iruña. Yo la recuerdo como muy de época de jaleo, de bares, de la calle, me sonaba a eso [Risas]. Con Porco Bravo ha coincido la amistad que teníamos por medio de colaboraciones, cruzamos mensajes y hablamos por teléfono, así que les comenté que “El cazador” era una canción que a mí me entró de lleno, me parece muy enérgica, y les propuse hacer la versión. De hecho, en Guernica, que estuvimos hace poco, les enmarroné a los dos guitarras y les hice subir para tocarla. Es un poco por relación con la peña de este mundillo y por dar otro color en los conciertos.

En tus conciertos también cantas canciones de Barricada, las cuales, incluso las más punkies y antiguas, siguen teniendo vigencia hoy en día. ¿Cómo ve la situación actual alguien que lleva más de 30 años subido en un escenario denunciando abusos?

Yo tengo en cuenta varios aspectos de cara a elegir cosas que han estado conmigo en mi corazón en Barricada. Tener en cuenta que la cante yo [Risas]; ver la temática, aunque muchas veces la echo a bote pronto y de lo que se habla coincide con el momento; y que suenen frescas. Eso me ha coincidido con unas cuantas canciones, que sean muy vigentes. No toco “Oveja negra”, que está muy de moda el asunto, pero toco otro tipo de canciones que, casualmente, coinciden con lo que está pasando socialmente. Perdura esa problemática, aunque no lo hago exclusivamente por eso, porque son canciones que igual significan mucho más de lo que pueden decir. Forman parte de, como dice la gente, la banda sonora de nuestras vidas.

A día de hoy sigues siendo una de las influencias directas del rock estatal para muchos, tanto para jóvenes como para más ‘experimentados’, tanto con la variada discografía de Barricada como con el disco actual. Lo mismo te llaman para un consagrado Viña Rock como para la primera edición de un festival nuevo, como puede ser el Leña Rock. ¿Cómo se lleva eso? ¿Cómo ha evolucionado la escena y qué bandas noveles ves con futuro?

La verdad es que lo que me llega a los oídos es gracias a que me muevo por los sitios, porque por mucho Intenet y muchas redes sociales, hay tanto que concentrar la visión en algo o intentar escuchar todo para quedarte con algo es muy difícil. Yo lo que sí voy captando es que, allá donde voy, si hay un grupo de la zona y toca, se ve mucha ilusión. La verdad es que no es nada fácil dedicarse a esto. Antes, en mi época, era todo como un descubrimiento, y todo en cierta manera novedoso, aunque estaba muy trillado en Londres y Estados Unidos. Pero cuando llegó de manera cuajada aquí era muy ilusionante. Todo el mundo se atrevía a apostar por una historia, compañías independientes, etc. Pero ahora los grupos se dedican a hacer una auténtica autogestión para poder estar en el candelero, presentes. Eso es lo que noto, mucho cariño en torno a un oficio muy incierto. Lo único que les deseo es la mejor de las suertes, porque dedicarse a esto, tal y como está el panorama, tiene su mérito. Siempre habrá alguien que resalte y se lleve mérito, pero las bandas hacen verdaderos esfuerzos para ir de un sitio a otro y combinar sus trabajos, porque no puedes en un principio vivir simplemente de esto, tendrías que tener una hucha gigante. Veo que las bandas dependen de su trabajo, y el rock and roll o el estilo de música que estén haciendo acaba siendo como una especie de hobbie, con más pretensiones, pero que no pueden pretender vivir de ello.