La Movida tuvo muchas cosas buenas. Fue un movimiento cultural que equiparó a España con el resto de Europa, tarde pero bien. Un cúmulo de grupos salieron a la superficie y el ambiente general era el de la experimentación y el todo vale. Al menos eso le he escuchado contar a mis mayores, fervientes seguidores de grupos como Nacha Pop, Alarma!!! o Cucharada. En mi opinión, lo mejor que tuvo ese tiempo fue el sentir general de toda una generación de jóvenes (y no tan jóvenes) que se lanzaron a crear música sin otra idea que la de pasarlo bien y expresarse creativamente. Sin el miedo al qué dirán las discográficas y con la creencia de que su música encontraría sola a su público por el camino.

Esta es una de las cosas que más se notan en la actualidad. Muchos grupos no tienen los apoyos para poder sacar disco, irse de gira y poder vivir de ello. Ahora casi todo se hace como un producto, pensando en el público objetivo o en qué festivales encaja ese tipo de música. En definitiva, se piensa menos en el artista y más en el mercado.

Así que cuando llega a mis oídos algún grupo que parece hacer música sin pretensiones, en la que se nota el espíritu de disfrutar más que de vender, entonces me ilusiono automáticamente. Me pasa con las Hinds (no me da ningún miedo reconocer que me gustan, y mucho) y me pasó con The Libertines. Son grupos a los que parece que las canciones se les derraman de los bolsillos como puñados de arena. Que luego las interpreten mejor o peor encima del escenario es otro tema que no vamos a entrar a debatir aquí, pero me encanta la frescura de sus primeros trabajos.

Por eso me ha sorprendido el debut de Pacífico, lanzado por El Genio Equivocado, ese sello auténticamente indie que ha arropado a algunas de las más gratas sorpresas de los últimos tiempos, como Muñeco o Murciano Total. Podríamos decir que son los que más apuestan ahora mismo por el talento joven y desconocido, conservando ese espíritu un poco underground que se distancia de los mismos grupos de siempre. Para los que no lo conozcan, Pacífico no navega en las aguas de ese océano, sino del mar Mediterráneo. La ciudad de Barcelona ha sido testigo de sus actuaciones desde 2014. Según explican desde la discográfica, la banda grabó su primera maqueta en los locales de ensayo antes de dar el salto a su primer LP: “Muévete”, lanzado en abril de este año.

Un trabajo con un sonido lo-fi ochentero y que recuerda mucho a grupos como Los Nikis, The Cure, Fresones Rebeldes o Glutamato Ye-Ye. Sí, he elegido a todos los grupos de esa época que más se me aproximan a ellos porque creo que “Muévete” podría haberse lanzado perfectamente a finales de los 80 o principios de los 90 y a nadie le extrañaría. Pero estamos en 2016 y este disco entra igual de bien.

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Un trabajo con un sonido lo-fi ochentero que recuerda mucho a grupos como Los Nikis, The Cure, Fresones Rebeldes o Glutamato Ye-Ye.

Por eso se hacen muy cortos los brevísimos 25 minutos que transcurren desde la canción que da nombre al álbum (“Muévete“) hasta el décimo corte. Un inicio prometedor de bajo sirve de preámbulo para un tema redondo, con un riff pegadizo, letra sencilla y directa y un bonito acompañamiento de hammondSeguro que desde Barcelona echaban de menos la vinculación que tiene La Movida con Madrid, por lo que decidieron hacerle su particular homenaje con “El cielo de Madrid”. Uno de los cortes con más personalidad, a pesar de que dura menos de un minuto. Pero basta para que te hagas una idea de lo bien que suenan esas guitarras y hasta dónde te puede volar la cabeza una canción de sólo 54 segundos. Yo lo llamo ‘microrock’.

Un género que ya no explorarán más a lo ancho de este largo, para recorrer otros parajes más vastos pero con la misma cinta de casete enredándose en la radio del coche que nos lleva hasta “La casa del lago”. Allí las melodías happy, los coros a lo Guille Milkyway y las guitarras dejando caer riffs pegadizos están a la orden del día. Mientras, Miguel Rojas, el cantante, espera a que le baje la fiebre hablándole a las piedras. Y de lo brillante siguen el viaje a lo más oscuro con “Cerca del campo de batalla”, que comienza con acordes misteriosos que lindan con el flamenco. Pero como si les fuera imposible hacer música disonante, enseguida cambian de palo y terminan con un apoteósico final que tiende más hacia los acordes mayores. Para el que se lo esté preguntando, la canción habla de Antonio Maenza, un director de cine español pelín contracultural de la década de los 60.

“Muévete” podría haberse lanzado perfectamente a finales de los 80 o principios de los 90 y a nadie le extrañaría. Pero estamos en 2016 y este disco entra igual de bien.

¿A quién le gustan los riffs pegadizos? Desde luego a Óscar Huerta, guitarrista de Pacífico, que “vuelve al amanecer con “Rosario” para esturrear sus guitarras juguetonas por toda la sala. Mientras, Rojas le canta a un amor al que quieren volver a ver, pero ni esta temática agridulce empaña la fuerza de la melodía principal. Lo mismo ocurre con “Zapatos de color azul”, en la que meten un carillón para acabar de dulcificar un tema de letra bastante psicodélica en el que incluso hay dragones. Y seguimos con melodías agradables en “Blanda oscuridad”. Arreglos que recuerdan al que me gusta llamar ‘El riff de los 80’, que no es otro que el inicio de la canción “Boys Don’t Cry” de The Cure. Desde luego este tema es un buen homenaje, en el que además se atreven con el enigmático crimen de cuenca o ‘Caso Grimaldos’, uno de los casos más famosos del derecho español. No, no es una canción aburrida sobre derecho, en serio, escúchala y luego me dices.

Y si hay que tontear un poquitín con el surf y de nuevo con The Cure, pues se hace y se marcan una instrumental llamada “Buen pastor”. Un pequeño intermezzo de calma antes de los dos cortes más acelerados del disco. Primero, “El asesino dentro de mí”. Aquí el que destaca por encima del resto es el hammond de Antoni Amaya, al que no le falta su solo para terminar de redondear su excelente labor a los teclados. No me extrañaría que este fuera el tema más largo en directo, porque se presta a que cada músico se luzca en solitario.

¿Alguien habló de Los Nikis? Si, “Mejor acelerar” es una caleidoscópica mezcla entre ellos y los Beach Boys, con una letra que bien podría firmar Loquillo o cualquier grupo de punk-rock de La Movida. Una generación a la que hacen un gigantesco homenaje demostrando que han bebido de su inagotable fuente de inspiración para dar a luz este disco como un soplo de aire fresco en la acalorada industria musical actual.

Pacífico – Muévete


8.0

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Un disco que se escucha de un tirón y que entra muy bien de primeras. Con melodías pegadizas entre pan de lo-fi y con un crujiente de letras distintas y refrescantes. Bon profit.

Up

  • Un debut muy interesante, todo un revival del sonido de los 80.
  • Las letras son distintas y un soplo de aire fresco.
  • “El cielo de Madrid” es la canción más interesante que se le ha hecho a la ciudad desde “El cielo de Madrid”, de Xoel López.

Down

  • El disco es corto. Vale, se hace corto porque es bueno y se escucha rápido, pero te deja con ganas de más. Mucho más. ¿Es esto un defecto?