La historia, por lo general, se nos es contada siguiendo un orden lógico; narrando unos hechos que dan lugar a otros. Un sistema de comunicación cronológico y coherente dividido en años o en épocas. Si de música hablamos, se da la paradoja de que siendo la propia ‘música’ un medio para narrar la historia también es algo que merece ser archivado al reflejar a la perfección la cultura que existe en un momento dado. Así, redondeando esta meta-locura acerca de la historia y la música, podríamos cambiar la unidad de medida años/edades/etapas por discos que fueron publicados mientras ocurría un hecho lo suficientemente importante como para ser recordado.

No costaría utilizar la discografía de Bob Dylan como línea temporal marcada de hitos sobre la que ir colocando acontecimientos ocurridos en los últimos 60 años. Y es que Zimmerman suma, contando con «Fallen Angels«, treinta y siete trabajos en su haber. De alguna forma, la evolución del propio cantante podría ser una lección de historia dedicada a una especie de país musical que siempre ha estado allí pero del que nunca nos hemos percatado. Una nación ficticia en la que podemos encontrar a una dinastía de diferentes reyes, diferentes ‘Dylan’s’, que han portado en sus carnes, como castigo o como privilegio, todas las contradicciones de su nación. Si pensamos en el Bob Dylan de «Fallen Angels», el mismo que hace un año grabó «Shadows in the night», podríamos reconocer en él a un viejo rey emérito que prefiere mirar su colección de discos, como el que venera las joyas de su corona, antes que sacar la cabeza por la ventana para observar un mundo que, quizás, se ha vuelto demasiado aburrido. Esa antología musical está repleta de éxitos compuestos por grandes letristas, como Johnny Mercer o Jimmy Van Heusen, para enormes cantantes: Frank Sinatra, en su mayoría, Ella Fitzgerald, Billie Holiday o Ray Charles. Mucho hay de respeto y anhelo en las versiones que el viejo rey Dylan hace de estos clásicos.

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La pregunta es obvia antes de afrontar la escucha de «Fallen Angels»: ¿es realmente necesario este disco de versiones? Después de haberlo hecho, y tras haber comparado las adaptaciones que el de Minnesota hace con sus originales, no hay respuesta clara.

«Fallen Angels» comienza con «Young At Heart«. Puede que cantar este tema le haya servido a Dylan para quedarse con la mejor parte: ser joven de corazón. Preciosa canción acompañada de una suave melodía de cuerda, con toques hawaianos, ejecutada por Donnie Herron. La viola toma una pose más romántica a lo largo de «Maybe You’ll Be There«. Por encima de la bonita letra y de la sentida voz de Bob Dylan se sitúa una maravillosa melodía repleta de instrumentos de cuerda y metal, sección dirigida por James Harper, que nos transporta a un lugar repleto de imágenes melancólicas. Todas, por supuesto, teñidas de blanco y negro.

La primera escucha de «Polka Dots And Moonbeams« me pilló en pleno callejeo madrileño. A mi alrededor ocurrían cosas muy ruidosas pero el ritmo jazz de la canción escrita por Johnny Burke parecía silenciar todo, e incluso mejorarlo. De nuevo, la viola de Herron marca los latidos de un tema que parece hecho para ser escuchado en espacios opresivos que, a su manera, contrastan con los paisajes sentimentales que Dylan describe en «All The Way«. Gloriosa canción a la que el autor de «Like a Rolling Stone» quita la pomposidad que en su día le añadió Sinatra.

Si pensamos en el Bob Dylan de “Fallen Angels”, podríamos reconocer en él a un viejo rey emérito que prefiere mirar su colección de discos, como el que venera las joyas de su corona, antes que sacar la cabeza por la ventana para observar un mundo que, quizás, se ha vuelto demasiado aburrido.

De nuevo es la viola la que invita a entrar en la escucha de «Skylark«. Puede que sea la canción en la que más cueste encajar a Dylan, ya que para interpretarla necesita viajar a un registro demasiado primaveral y edulcorado para su gastada voz. Desentona aún más si a uno le por compararla con la maravillosa versión que Ella Fitzgerald hizo en su día. La agrietada dicción del de Minnesota encaja mucho mejor con «Nevertheless«, tema que Dylan desnuda y simplifica, a base de acompasados y leves golpes de guitarra (a cargo de Dean Parks, Charlie Sexton y Stu Kimball) y bajo (Tony Garnier), sin que por ello pierda un sólo ápice del sentido que en su día le dieron Bert Kalmar y Harry Ruby.

Dylan evita cualquier zona gris, esa situada entre el blanco (una orquesta clásica) y el negro (una banda de jazz), en «All or Nothing at All«. Emblemático tema, cuyo título se usó para dar nombre a un documental sobre Sinatra. Quizás se echa en falta la suave transición, entre estrofas, que el cantante neoyorquino daba en su rimbombante interpretación. No obstante, el acompañamiento jazzístico triunfa en «On a Little Street in Singapore«. Canción compuesta en los años 30 por Peter DeRose y escrita por Billy Hill. Tono jazz para la voz de Zimmerman, un buen gancho para encontrar la inquietud y melancolía que la letra y ritmo sugieren.

«El aire de Dylan es estar donde no se te espera». En base a esta genial frase podríamos afirmar, de una manera muy retórica y nada exacta, que Robert Allen Zimmerman está siendo aquí más Dylan que nunca.

Reconozco que tuve cierto miedo cuando me dispuse a escuchar «It Had To Be You«. Se puede decir que Dylan salva la papeleta por la vía de no buscar la perfección. De manera intencionada, el autor de «Tangled Up In Blue» va perdiendo fuelle conforme la canción avanza para finalizar alargando, de forma morosa, la pronunciación de las vocales en un sentido muy distinto al que lo hacía allá por los 70. No sé hasta qué punto es necesario este recurso y puede que el cantante americano debería haber retrasado esta ‘desaceleración’ hacia el final del tema, que es donde verdaderamente encaja. «Melancholy Mood« nos transporta a días lluviosos, aún más húmedos cuando Dylan nos habla de lágrimas y besos. Contrasta este humor melancólico con el comienzo, a lo banda sonora de Henry Mancini, de «That Old Black Magic«. Maravilloso tema y buena versión dotada de un vertiginoso ritmo de guitarras y percusión. «Fallen Angels» se cierra con «Come Rain or Come Shine«. No importa si el día es lluvioso o es soleado de la misma forma en la que no es trascendente el hecho de que Ray Charles y Billie Holiday interpretaran esta canción en su día. En este punto ya sabemos que las versiones de Dylan y las hechas en su día juegan en ligas diferentes. Es el mismo juego con diferentes reglas. En cualquier caso, haga Sol o diluvie, todas válidas.

La pregunta es clara antes de afrontar la escucha de «Fallen Angels»: ¿es realmente necesario este disco de versiones? Después de haberlo hecho, y tras haber comparado las adaptaciones que el de Minnesota hace con sus originales, no hay una respuesta clara. Además, como fanático de Dylan, tampoco hay demasiada objetividad como para justificar la publicación de «Fallen Angels». Supongo que este disco de versiones es tan necesario como las adaptaciones que otros cantantes hicieron de los temas del cantante americano. Verdaderos virtuosos como Van Morrison, Jeff Buckley o Nina Simone interpretaron «Just Like a Woman». La llevaron a su terreno y se podría decir que, en cierta manera, la hicieron perfecta a cambio de perder algo en el camino. Supongo que es ese ‘algo’ lo que Dylan pretende aportar a ‘la balada americana’ y es el valor que termina de justificar su trabajo en «Fallen Angels».

Como dijo en su día Enrique Vila-Matas, «el aire de Dylan es estar donde no se te espera«. En base a esta genial frase del escritor catalán podríamos afirmar, de una manera muy retórica ynada exacta, que Robert Allen Zimmerman, con la publicación de «Fallen Angels», está siendo más Dylan que nunca, y por parte doble tras «Shadows in the night». También puede que todo sea una pose; una cuestión de actitud del Dylan que Zimmerman siempre quiso ser, por mucho que nosotros sigamos añorando al auténtico.

Bob Dylan – Fallen Angels

6.6

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Bob Dylan presenta su trigésimo séptimo trabajo: “Fallen Angels”. La agrietada voz del cantautor de Minnesota ofrece su particular homenaje, repleto de swing y jazz, a la canción melódica americana de mitad del siglo pasado.

Up

  • Bob Dylan se acompaña en este homenaje de una gran banda. En un sentido instrumental, “Fallen Angels” es inmejorable.
  • Ciertas canciones encajan a la perfección, de forma sorprendente, con algunos de los temas. Nos ofrece una visión inesperada de ciertos clásicos, como «All The Way».

Down

  • Un seguidor de Dylan puede sentirse defraudado ante un trabajo no original de su ídolo. Más aún cuando está reciente la publicación de “Shadows in the night”.
  • Dylan quizás peca de ambicioso al intentar canciones que no encajan con su voz y actitud. “It Had To Be You” o “Skylark” sirven de ejemplo.
  • Pese a que el disco es perfecto en lo referente al tema instrumental, la poca variedad de registro puede terminar resultando monótona.