Durante los años 90 y la primera parte de los 2000 se estableció un prejuicio entre los seguidores de la música más underground que, a excepción de Los Planetas, Lagartija Nick, Surfin Bichos y poco más, llevaba a encumbrar siempre todo aquello que procediese de fuera de nuestras fronteras, estigmatizando a las bandas que trataban de hacerse un nombre en España. Quizá podría empezarse a datarse el hito que cambió este hecho con la publicación de “Un Día En El Mundo” de Vetusta Morla. La aparición en el panorama nacional de la banda de Tres Cantos en 2008 fue el punto de inicio de un movimiento que encumbró a posteriori a bandas que llevaban años trabajando en las sombras, como Love of Lesbian, Lori Meyers o Dorian, y que sirvió como eclosión para otras nuevas como Supersubmarina, Izal, Russian Red, Miss Caffeina… y para la burbuja festivalera, que vive en la actualidad en un agosto aparentemente eterno. La duda generalizada y la falta de oportunidades que el público daba a las bandas patrias se han desvanecido, hasta el punto de que no sólo han proliferado los festivales de música nacional por toda la geografía, sino que concentran a un público más numeroso en ocasiones que bandas internacionales que a priori suelen aparecer en los carteles por encima.

Sin embargo, siguen quedando resquicios de la primacía de lo de fuera. Sorprende ver como en alguna entrevista con Grises, la banda vasca declara que no les interesa en absoluto la música en castellano, y que de dentro de nuestras fronteras se quedan únicamente con Delorean y con We Are Standard, las cuales cantan en inglés. Sorprende más por el hecho de que Grises siempre se han ceñido al castellano, y más aún porque entre los referentes que nombran no encontramos ácidos compositores experimentales, sino a los más punteros del indie-mainstream como los Arctic Monkeys o los Strokes. Sin embargo, a pesar de todo, nos habían regalado en los últimos tres años dos álbumes brillantes, como lo son “No Se Alarme Señora, Soy Soviético” y “Animal”. Pero no se puede decir lo mismo de su más reciente lanzamiento, “Erlo”, meritorio por el abandono del synthpop resultón con el que nos habían convencido a favor de un producto más experimental e introspectivo, pero que carece de la potencia y la efectividad de trabajos anteriores, resultando excesivamente repetitivo en cuanto a melodías, armonías, efectos sonoros y recursos tímbricos para un disco de semejantes características.

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“Erlo” resulta meritorio por el abandono del synthpop resultón con el que nos habían convencido a favor de un producto más experimental e introspectivo, pero que carece de la potencia y la efectividad de trabajos anteriores.

El primer corte, “Avestruz”, es también el que ha sido primer single y primera muestra del acercamiento sonoro a Delorean. La canción es un juego con diferentes sintetizadores que tratan de presentarse en un plano progresivo pero que en ningún momento terminan de arrancar. Por primera vez (y no última) en el álbum, la letra se presenta como un mantra, basada en una sola frase. Es extraño elegir un single en estas condiciones, aunque puede remitirnos en ese sentido a temas de los últimos años como “Untrust Us” de Crystal Castles en el panorama internacional, “Hemingway” de Mirémonos a nivel local, o incluso a éxitos de la radiofórmula como “Are You With Me?” de Lost Frequencies o “Lady” de Modjo. La diferencia es que en los dos primeros casos la progresión musical existe y funciona, y en los dos siguientes la producción hace las veces para la creación de un hit, mientras que «Avestruz» acaba por resultar monótona y hace añorar pelotazos pop del pasado de Grises como “Lopan” o “Wendy”. Más acertada resulta “Formas”. Bajo un caparazón más melódico es el single que pudo ser y no fue. Su base, entre lo alegre y lo melancólico, sirve de pretexto para presentar una filosofía de vida basada en el más que conocido proverbio ‘Carpe Diem’. Supone todo un canto a saber aprovechar el presente sin anclarse a un pasado que no volverá, ni obsesionarse planificando un futuro rígido cuya incertidumbre hace tambalear el ‘aquí y ahora’.

Soles” es uno de los temas más bailables. La voz y la lírica son, en este caso, un pretexto para la evolución de unos teclados enérgicos, que de nuevo recuerdan a Delorean, aunque con mayor efectividad que en “Avestruz”. Tras ella llega “Plutón”, otra de las cartas de presentación de “Erlo”. En esta ocasión nos encontramos con unos Grises que se asemejan más a los que conocíamos de sus dos álbumes anteriores, con un acompañamiento menos electrónico y merodeando por un synthpop más convencional, con los teclados haciendo juego con una guitarra rítmica dominante. Pero este regreso es sólo un espejismo, pues con “Granada” desaparecen de nuevo las guitarras para perderse en la capital nazarí, ciudad homenajeada por multitud de artistas desde los años 60 con Los Puntos hasta la actualidad con Supersubmarina o Silvia Pérez Cruz. En esta ocasión nos encontramos a unos Grises cercanos a los Crystal Fighters de temas como “L.A. Calling”.

Este nuevo álbum de Grises acaba resultando excesivamente repetitivo en cuanto a melodías, armonías, efectos sonoros y recursos tímbricos para un disco de semejantes características.

El comienzo de “Señor Nadie” resulta arcaico a la par que hortera, y su sonido facilón rememora éxitos y proyectos de recopilatorio noventero como Snap!, E-rotic o demás one-hit wonders del movimiento eurodance. De nuevo nos encontramos con una letra basada en una sola frase, diluida en un fondo musical que a medida que transcurre la canción va haciendo olvidar esa intro, cayendo en un misticismo musical que recuerda a Air. “Huesos” sigue el camino contrario. Si “Señor Nadie” progresa de lo hortera a lo envolvente, en esta ocasión un comienzo sintético y rítmico a lo The Cure da paso a un pop dulzón sin demasiado que decir, y que no hace sino confirmar lo que se puede percibir desde el primer corte: que “Erlo” es un arriesgado pero fallido experimento en el que Grises abandonan con valentía una zona de confort en la que estaban creciendo musicalmente para adoptar un estilo que hoy por hoy les queda grande.

Llegamos a “Calamita”, uno de los mejores cortes de “Erlo”, con una melodía emocional a la par que envolvente, una letra que invita al renacer, y que es junto a “Formas” la mejor del álbum y unos bits muy marcados que conducen desde el inicio hasta la explosión final con el bajo más potente de los diez temas. Su electricidad puede hacer perdonar la intranscendencia de los dos cortes anteriores. “Furiosa” sigue la dinámica creada por su predecesora, en la que la guitarra recupera la presencia perdida en la primera mitad del álbum, con un estribillo centrado en una instrumentación muy a lo New Order, y una variedad tímbrica que se había echado de menos en muchos de los temas de la primera mitad del compacto.

Un arriesgado pero fallido experimento en el que Grises abandonan con valentía una zona de confort en la que estaban creciendo musicalmente para adoptar un estilo que hoy por hoy les queda grande.

Terminamos con “Un Mundo Más Allá”, en la que de nuevo encontramos un sonido similar al de los Crystal Fighters, en este caso los de temas como “Solar System”. Una melodía mucho más lineal que las dos anteriores sirve de excusa para una demostración de brillo instrumental, acompañando a una letra que aunque no diga nada que no se haya dicho mil veces, transmite un mensaje de positividad invitando a cada uno a ser uno mismo.

Llegamos al final de los treinta y cinco minutos de duración de “Erlo” y queda la sensación de que es un regreso con muchas luces pero también con muchas sombras. El final del mismo (los últimos tres cortes) son de lo mejor de su carrera, pero la mitad de los temas son absolutamente prescindibles e insulsos. Quizá habría sido un maravilloso EP si lo hubiesen conformado “Formas”, “Plutón”, “Calamita”, “Furiosa” y “Un Mundo Más Allá”. Pero la realidad es que a éstas hay que sumarle cinco pistas más. Quedémonos con lo bueno, que lo hay y mucho, y disfrutémoslo.

Grises – Erlo


6.0

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Grises han regresado con “Erlo”, un álbum en el que han pretendido girar hacia un ámbito más experimental, que ha acabado por ser una mezcolanza de luces y sombras con temas que remiten a los Crystal Fighters o Delorean, y con otros que se recrean en lo estático y en un sonido facilón y poco justificable.

Up

  • Algunos de los temas como “Calamita” son de lo mejor de su discografía.
  • Cuando utilizan la polinstrumentación crean un clima envolvente excelente.
  • Las referencias de New Order, Delorean o Crystal Fighters.

Down

  • “Avestruz”.
  • La falta de progresión y de variedad sonora en temas que acaban por resultar insulsos.
  • La mitad de los temas del álbum serían los peores de sus dos trabajos anteriores.