La fábrica de hype británica, esa de la que tanto hemos hablado, volvió a hacer de las suyas con este grupo de galeses que desde hace un par de años se han vendido bajo la como poco discutible etiqueta de ‘nuevos Oasis’. La conclusión obtenida tras escuchar este su segundo disco y de la que voy a ir haciendo spoiler es que la broma ya cansa. Porque, si los medios musicales ingleses tienen que recurrir a gente del calibre de Catfish and the Bottlemen o Palma Violets en su eterna búsqueda de ‘the next big thing’, andan muy desencaminados. Y no será porque en Albión no suenen grupos interesantes, como algunos de los que desfilan regularmente por nuestro The Cavern (Dolomite Minor, Spring King o The Jacques, por mencionar los tres primeros que se me han pasado por la cabeza).

El problema es el empecinamiento por parte de aquella industria en repetir lo que ya ha triunfado anteriormente. Y por eso, cualquier grupo de medio pelo una década después sigue gozando de atención inmediata y exagerada con tal de que tenga un perfil Arctic Monkeys o Franz Ferdinand. Y aunque algunos lo logran (y unos pocos incluso lo merecen), una inmensa mayoría se queda en segunda división, vencidos bajo el excesivo foco mediático con el que han sido alumbrados demasiado temprano. Este no parece ser el caso de Catfish and the Bottlemen, ya que este segundo trabajo ha sido relativamente bien recibido en términos generales en su casa. Cosa que me incita a pensar en que o bien mi criterio musical está muy alejado del suyo, o bien el interés por fabricar nuevas bandas sobrepasa al hecho de que éstas tengan algo que contarnos. Ojalá sea lo primero. Pero que estos tipos se estén disputando el trono actual de ‘Mejor Nueva Banda Británica’ de indie rock con The 1975 me temo que da una idea de cómo está el patio.

La grabación de este disco (cancelación de parte de su gira europea mediante) se realizó en un búnker de la guerra en Gales. Al margen de si debió haber salido de allí o no, el caso es que este «The Ride» arriesga tan poco en su afán de evitar el temido batacazo del segundo disco que esa es finalmente su condena. Aquel primer “The Balcony”, sin ser nada del otro mundo, ofrecía al menos una cantidad decente de potencial guitarrero dentro de los límites del nuevo indie pop-rock de pega made in UK. Este segundo intento, sin embargo, parece la versión caducada de aquel.

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Este «The Ride» arriesga tan poco en su afán de evitar el temido batacazo del segundo disco que esa es finalmente su condena.

Y eso que 7 empieza engañando.  Porque de hecho, a pesar de que tiene los mismos ingredientes que el resto del álbum, y los mismos gruesos defectos, consigue convertirse en un arranque decente. La receta es seguir al pie de la letra lo que hicieron en su debut, y en este caso les sale razonablemente bien. A pesar de ello, sobra decir que no sirve para suplir la carencia de un auténtico himno que les consagre. Esa ha sido una de las críticas más recurrentes a los galeses, que habían arreglado hasta ahora con su buen nivel medio de canciones y escasos bajones, pero que no parece que les vaya a salvar esta vez. ConTwicetodavía no empieza la decadencia más evidente, aunque lo plano del tema da una idea de por dónde van a ir los tiros. Tras ella llega el que fue el segundo single, Soundcheck. Lo cierto es que esta canción comienza sorprendiendo, aunque se estandarice a medida que transcurre el tiempo y acabe sonando a Foo Fighters en un día gris. Sin ser demasiado poco accesible, su inicio amaga con alejarse del sonido de radiofórmula al que se habían hecho habituales, y al cabo se convierte en uno de los pocos argumentos defendibles de este disco.

Es enPostponedonde definitivamente se le ven todas las costuras al sonido de los Catfish y donde el disco echa a rodar cuesta abajo y sin frenos. Como prácticamente todo lo que viene a partir de ésta, parece un mero descarte de su debut. Sus defensores quizá recurran a que hay una mejora instrumental, o al tópico de sonar ‘más maduros’. Pero en un grupo cuyo punto fuerte se supone que es la capacidad de conectar con la chavalada, esta no es una virtud demasiado favorecedora.Anything sigue por el mismo camino, no siendo de los peores momentos del álbum, probablemente debido a que es de los pocos en los que Van McCann no se excede con los gritos al micro. El acústico de Glasgowal menos supone un cambio sonoro. Y Oxygen no es tan mala, partiendo de la base de que el listón está algo por los suelos. «Oxygen is overrated« dice su estribillo, y por lo visto no es lo único.

Aquel primer “The Balcony”, sin ser nada del otro mundo, ofrecía al menos una cantidad decente de potencial guitarrero dentro de los límites del nuevo indie pop-rock de pega made in UK. Este segundo intento, sin embargo, parece la versión caducada de aquel.

McCann se ha hartado de repetir a los cuatro vientos que la gracia de sus letras es que no contienen absolutamente ninguna metáfora y quieren decir exactamente lo que dicen. Si ahora la falta de imaginación o poesía es una virtud o no, no vamos a entrar en discutirlo, sin embargo aprovecho que las canciones van desfilando sin pena ni gloria (sobre todo gloria), para hacer otra crítica más al mensaje de los Catfish. Y es que aunque sea meterme en terrenos pantanosos, hay que poner en evidencia ciertas actitudes machistas del grupo que la verdad es que no ayudan en absoluto a que se ganen nuestro respeto. Desde invitar a conciertos a las chicas que se quedaran en pelotas, hasta ciertas letras falsamente inocentes de tono ‘novio celoso-controlador’ que huelen a rancio a estas alturas de la película.

Volviendo a lo estrictamente musical, Emily, Redy Heathrowconforman el gris furgón de cola del álbum. Animada la primera, desapercibida la segunda y melancólica aunque sin conmover la tercera. Para terminar,Outside, que es un buen compendio de lo que ha dado de sí el disco. Más pop que rock por mucho bombo que haya, mucho que se desgañite su cantante y mucho amago de riff. El mal endémico de querer tocar en estadios antes que en tugurios tiene consecuencias nefastas en grupos como éste, y el broche final de este “The Ride” es su muestra perfecta.

Una última reflexión. Si bien es de suponer que a nivel musical están pasando cosas interesantes continuamente en todo el mundo anglosajón, el hecho de que ciertos medios den coba a grupos mediocres como este, sitúa al Reino Unido en una posición peligrosa. Concretamente, a una distancia abismal de Estados Unidos, y lo que es más, mirando por el retrovisor como se acerca peligrosamente Australia, que últimamente se está desvelando como un auténtico filón de grandes grupos. Si la maquinaria británica sigue vendiendo falsas promesas como esta, que se cuiden muy mucho de no quedar rezagados.

Catfish and The Bottlemen – The Ride


3.5 CREEPY RECORD

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En su debut Catfish and the Bottlemen compusieron unas cuantos temas decentes y eso junto al afán de ciertos medios británicos les encumbró por encima de sus posibilidades. En este segundo trabajo se les ven las costuras y resultan más planos que la campiña inglesa.

Up

  • Tranquilos, el cocodrilo no muerde: este disco es más inofensivo que un koala puesto de Valium. A (breves) ratos, incluso disfrutable.

Down

  • Una cosa es hacer letras sin complicarse la vida y otra no tener nada que contar.
  • Falta originalidad en casi todos los aspectos.
  • Si no estás pendiente del tracklist, las canciones se suceden sin poder distinguirlas.