La que muy probablemente sea una de las bandas de pop más exitosas del momento ha cambiado el rollo. De una manera bastante arriesgada, imprevisible, extrema, que ya hemos estudiado pormenorizadamente en nuestra crítica, y que nos ha vuelto a confirmar, a pesar de las ventas más y más astronómicas, que los amiguetes de Love of Lesbian son más indies que nadie. O que, al menos, son los más férreos seguidores de la doctrina de hacer lo que le salga a uno de las gónadas. Pese a quien pese.

Es “El Poeta Halley”, un disco de canciones largas, letras crípticas y devaneos experimentales que exploran la inspiración artística desde un ambiente cada vez más psicodélico (para muestra, los últimos seis minutos de “Psiconautas”). El modo en que se tomarán semejante jugada los miles de seguidores de la banda liderada por Santi Balmes es aún un misterio por desentrañar, pero en El Quinto Beatle hemos tenido la oportunidad de hablar con los mismos músicos para comprobar si están preocupados o qué.

Y, sin más dilación, os dejamos con Oriol Bonet y Jordi Roig, batería y guitarra de la banda, que han tenido a bien contarnos unos cuantos detallitos de la grabación y composición de “El Poeta Halley”, y del momento tan especial por el que pasan Love of Lesbian. Disfrutad, que ellos lo van a hacer siempre.

Escuchando “El poeta Halley” se percibe una gran diferencia con vuestro anterior EP, “Nouvelle Cuisine Caníbal”, tanto en el tono como en el contenido de las letras, y en esto podemos detenernos en “Mal español”, un tema de clara intención política, que no parece que hayáis querido retomar…

Oriol: Sí, aquello fue resultado de cierto momento en que los políticos lo estaban haciendo especialmente mal.

Jordi: Hay que decir que ahora mismo lo están haciendo mucho mejor.

O: A ver, somos pro-políticos, y creemos que la política… debe estar. Pero los políticos de hoy en día son nefastos, pensando sólo en ganar, sin preocuparse lo más mínimo de la gente. Y llegó un momento pues que Amaral, Sr. Chinarro, Vetusta Morla con “Golpe Maestro”… todos, nos pusimos muy reivindicativos, pero porque nos habían obligado. Nunca habíamos querido entrar en ese juego, pero es que ya era en plan “Tío, nos estáis tocando las pelotas. Estáis criando un país de bobos, os estáis cargando la cultura”… todos tuvimos esa necesidad de hacer algo, aunque fue un momento puntual, y ahí se ha quedado.

J: Y con un tema y un tuit, cambiamos el país.

O: “El poeta Halley” es, por su parte, un homenaje a nuestra profesión, a nuestro sector, a la inspiración, a lo mágico que es hacer canciones, y a lo que al final es lo que te lleva a seguir haciendo lo que nos gusta, que es tocar. Con “Nouvelle Cuisine Caníbal” quisimos presentar algo nuevo para el tercer año en que estábamos en festivales. Después hicimos “Espejos y espejismos”, y nos dimos cuenta de que nos encontrábamos muy a gusto defendiendo los temas más melancólicos. De ahí nació la idea de “El poeta”, que no es un disco lesbiano al uso, con algún tipo de contrapunto entre melancolía y bizarrismo… aquí es todo melancolía, y por eso esta gira será muy diferente a lo que estamos habituados a hacer.

¿Eso significa que las pelucas y los tangas son historia?

O: Ni de coña [Risas]. Siempre vamos a tener que acabar haciendo el cafre. Es que es muy lesbiano eso, ¿sabes?, está en nuestro ADN. Hay que hacer un “Si tú me dices Ben yo digo Affleck”, y yo tengo que bailar mal y ponerme esas gafas horrorosas… O sea, que sí. Pero con más melancolía.

«El Poeta Halley» es un homenaje a nuestra profesión, a lo mágico que es hacer canciones.

Tratándose de un cambio tan señalado en vuestra trayectoria, ¿modificasteis de alguna forma vuestro modo de componer? ¿Cómo fue?

J: Por lo general, nosotros hacemos la música primero. Entonces Santi se arranca a cantar en un idioma propio, algo así como spanglish, para irle encontrando la sonoridad, la melodía. Otras veces ya hay una historia preconcebida, o él viene en plan “Tíos, tengo claro que esto va a ser así”, y de este modo vamos dando forma al tema. Sin embargo, esta vez Santi ha querido ir más allá de ser el simple cantante pop y se ha transformado casi en un cantautor; en esa persona que puede hablar de cosas cotidianas, amor, desamor, al tiempo que va contándote historias. En plan “La letra dura esto, y nos tenemos que adaptar”. Antes cuando había dos ruedas de acordes sabíamos que teníamos que añadir algo, ir a otra parte, pero en este caso se trataba de contar una historia, y si había que dar ocho vueltas de acordes, pues las dabas.

O: Había que ser imaginativos, y ahí estuvo el trabajo, pasarnos un año currando en esos temas largos, e intentar ir sorprendiendo al oyente a medida que avanzaban. Porque claro, una canción de diez minutos tienes que reinventarla cada dos y medio, tienes que dar algo diferente, y hacer que lo que cuenta Santi lo pueda contar en el tiempo necesario. En ese sentido hemos confiado ciegamente en él, y gracias a eso han salido cosas como “Psiconautas”, un tema que tocamos a reventar en los bolos, y con el que la peña pilla unos viajes increíbles. Es verdad que tuvimos nuestros debates mientras trabajábamos en el disco, pero eso fue justo cuando, antes de perder al señor David Bowie, éste sacó “Blackstar”, y luego el álbum. Un tema de diez minutos. Bowie nos estaba mostrando el camino.

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Y hablando de Bowie, ¿qué otras influencias musicales destacaríais en “El Poeta Halley”?

J: A medida que pasa el tiempo, y cuando lo vives todo de manera muy intensa, te vas dando cuenta de que siempre recordarás a esa banda sonora que ha formado parte de tu vida como una casa, algo siempre presente, no importa el disco. Como cuando descubrimos a Joy Division, Bauhaus, Blur, Oasis… A la hora de componer siempre llevas marcada esa época que has vivido, en la que has crecido. The Cure siempre ha estado detrás de Love of Lesbian, por ejemplo. Hay veces en el local que hemos sacado cosas que decías “Tío, esto es The Cure”.

O: Recuerdo que en la primera demo de “En busca del mago” el bajo era taaan The Cure, tan Simon Gallup que… bueno, nos flipaba.

J: Y pensabas “¿Es una copia?”. Y te decías “No, es un homenaje”. Mientras sea homenaje todo vale [Risas].

David Bowie y su «Blackstar» nos mostraron el camino.

Otro de los temas señalados del disco es, propiamente, “El Poeta Halley”, en el cual habéis contado con nada menos que Joan Manuel Serrat recitando un hermosísimo poema al final. ¿Cómo surgió la oportunidad de esta colaboración?

J: Tras esta canción yo tengo verdadero miedo de ver cómo acabaremos el próximo disco.

O: Sí, va a estar realmente complicado igualar algo así. En este caso la historia es un pelín larga. Nosotros de una manera o de otra siempre hemos tenido relación con Serrat, ya sea a través de Pancho Varona, que siempre ha sido fan de la banda, o a través de Candela, que es su hija y ha venido a muchos de nuestros conciertos. Pero lo cierto es que no podía ser otro que no fuera Serrat: uno, porque teníamos esa posibilidad de contactar con él, y dos, porque para nosotros siempre ha sido como ese gran cuidador de las palabras. Ciertamente nuestros estilos tienen poco que ver, pero sí compartimos esa esencia mediterránea, esa manera de entender la vida, de trabajar, y era imprescindible su participación en este disco que es, al fin y al cabo, una oda a las palabras.

Todo vino a partir de que Santi, Juli, Pancho Varona y otros colaboraran en varios conciertos donde la poesía era una parte primordial, y cuando tocaron en Barcelona Pancho Varona vino con cierto poema tras lo cual Santi quiso sorprenderle con otro suyo cuando volviera a Madrid, y éste fue La palabrera. Pancho se quedó súper sorprendido con él, y a ese concierto fue justo Candela Serrat, y en el camerino ella y Santi empezaron a hablar y surgió ese cierto rumor, “¿Te imaginas que tu padre leyera esto?”. Más tarde, cuando estábamos acabando el disco, Santi dijo “Creo que La palabrera debería ser el final de «El poeta Halley”, y que deberíamos intentar que fuera Joan Manuel Serrat quien lo recitara”, y entonces gracias a Candela y a Pancho le hicimos llegar el poema. Y vino, y claro, ese día fue brutal, cuando vino al estudio, y todo era como un gallinero, todos gritando emocionadísimos. Él se trajo el poema ya interiorizado, pero no había escuchado la canción, así que se sentó en la mesa, la escuchó un par de veces y dijo “Vale, lo tengo, quitadme la canción, no quiero escucharla”, se metió en la cabina, y lo recitó una sola vez, sin tener la música de referencia… y lo teníamos. Dijo “hago una más por si acaso queréis otra”, pero en la primera lo había bordado ya.

En un principio la idea era que él hiciera una parte del recitado, Santi otra, y luego fuera un niño, pero fue tan increíble lo que hizo que no nos veíamos capaces en absoluto de recortar su participación. Por eso, de hecho, en la contraportada del disco aparece un niño leyendo un cómic; la idea era que acabara así la historia, pero Serrat era un auténtico Poeta Halley, y así se quedó.

Puede que «El Poeta Halley» sea uno de los mejores discos de Love of Lesbian.

Ya han pasado cerca de dos meses desde que “El Poeta Halley” fue publicado. ¿Qué recepción habéis notado en el público? ¿Ha sido bien recibido este gran salto a la piscina?

J: Lo cierto es que en el estudio teníamos un poco de miedo, porque no era un disco fácil, sino uno de digestión lenta, con temas largos, letras largas, todo bastante complicado. Y ahora han pasado dos meses desde el primer concierto y es curioso porque es el disco que, sin hablar en términos de ventas o listas, ha tenido una respuesta más calurosa: la gente canta los temas nuevos más que los antiguos. Y, bueno, eso es flipante, porque siempre teníamos esa tendencia a tocar unos cuantos temas del último disco y luego sacar la artillería pesada. Estábamos preocupados porque era un disco de segunda o tercera escucha, y no debimos estarlo, porque la gente lo había comprado y se lo había escuchado ya setenta veces. Y ha hecho el disco suyo. Gracias a eso hemos descubierto que no somos, en fin… ¿sabes ese grupo que ya va por el quinto o sexto disco y corre el peligro de caer en lo mismo?

O: En un nuevo John Boy.

J: Pues no somos ese grupo. Todavía le queda vida a la banda.

O: Tenemos la sensación de que hemos cambiado justo antes de que nuestros fans nos lo pidieran. Hemos salido de esa zona de confort, de hacer temas más o menos radiables, hits más o menos cortos, y hemos apostado por esa idea, y el público, creo, lo ha valorado bien. Hay discos que cierran puertas y otros que las abren. “La noche eterna” cerró un ciclo, y “El poeta Halley” abre otro, y la gente lo ha percibido, y se ha alegrado de que no nos hayamos limitado a repetir otro “1999”. Antes teníamos ese temor a cómo recibirían algo así, y ahora pienso que éramos unos cagaos. Puede que “El poeta” sea uno de los mejores discos de Love of Lesbian, aunque claro, cada uno te conocerá en un momento distinto, y el disco fetiche siempre será aquél con el que conoces a la banda. Pero en ese sentido es precioso también, porque en muchas firmas de discos nos hemos encontrado a personas que no habían venido a ningún bolo nuestro antes, con el nuevo álbum en la mano. Está habiendo un recambio generacional, y eso, ¿sabes?, es genial.