Perder de forma repentina y cuando eres joven a la persona que más quieres en el mundo supone un mazazo realmente terrible y en ocasiones dejará unas heridas que no cicatrizarán jamás, por mucho que uno se empeñe. Ahora hagamos un ejercicio de empatía e imaginemos que a esa persona, con quien has dado el paso de contraer matrimonio (palabras mayores en pleno siglo XXI), la pierdes cuando tan sólo tienes 23 años y se va dejándote con dos retoños casi recién nacidos. Asimismo, por si esta macabra coctelera no estuviera desbordándose ya, añádele que la causa de la muerte es una sobredosis de heroína.

La historia da para película estaréis pensando algunos, pero lo cierto es que a Thomas Cohen, de 25 años en 2016, le ha dado, al menos, para debutar como músico en solitario dos años después, y así, en “Bloom Forever”, reflexionar de forma más o menos cronológica acerca del nacimiento de sus dos hijos, la pérdida de su mujer Peaches Geldof y el proceso evolutivo sufrido por el propio Thomas a partir de ahí, desde el abatimiento más absoluto hasta la aceptación final. No obstante, Cohen no utiliza estos nueve cortes para analizar minuciosamente su fallecimiento o su batalla contra las drogas, sino que serán un honesto reflejo de cómo un joven de 23 años tiene que enfrentarse a la pérdida de la persona que más significaba para él en dicho momento.

Como nota curiosa, si al mencionar el apellido de Peaches te han entrado dudas, sí, estamos hablando de la hija de Bob Geldof, líder de la banda irlandesa The Boomtown Rats pero que, sin embargo, a muchos sonará más por ser quien llevó a la gran pantalla el papel de Pink en el largometraje de 1982 que Pink Floyd concibieron para su magnánimo álbum “The Wall”.

Pero volvamos a “Bloom Forever”. Compuesto entre 2012 y 2015, periodo en el que se sucedieron los acontecimientos a los que hacíamos referencia más arriba, ha sido grabado en su mayor parte en Reykiavic, primero en agosto de 2014 y después en 2015. Si líricamente desde el primer párrafo podríamos tener una idea bastante clara de por dónde irán los tiros, musicalmente tenemos un disco que destila un sonido muy setentero, coqueteando con el blues, la americana, las baladas a piano e incluso serpentenando por terrenos jazzy, pudiendo encontrar ciertas similitudes en algunos parajes con el Lou Reed de “Berlin” de 1973, pero también dejando espacio para miradas a nombres como Scott Walker, Van Morrison, Elton John o Neil Young. Él mismo menciona su pasión por ciertos registros de los 70 que estaban concebidos con una honestidad brutal, citando como ejemplo “John Lennon/Plastic Ono Band” o música de Patti Smith, Mick Jagger y Nick Cave que le ayudaron a superar el dolor. Nuestro protagonista describe el debut de Lennon en solitario como doloroso, desgarrador y honesto, probablemente tres adjetivos que también se adhieren con facilidad a este debut.

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«Bloom Forever» o abrir lo más profundo de tu corazón

«Boom Forever» no es un disco oscuro ni lóbrego, sino que funciona como una especie de terapia para que Cohen exprese lo que ha vivido recientemente, desde el nacimiento de sus hijos a la pérdida de su esposa y su propio posterior proceso evolutivo.

Confieso que la parte más gossip que rodea “Bloom Forever” ha llegado a mí tras escuchar el disco e investigar, porque (llamadme ignorante si queréis) ni sabía quién era Peaches Geldof ni me importa mucho más ahora más allá de lo que ha supuesto para la música de Cohen. Así que eso, vayamos a lo importante, la música. “Honeymoon”, primer corte, fue suficiente para que de una manera más minuciosa comenzara a darle un buen número de escuchas a un disco que se presentó (como muchas de las mejores cosas de la vida) por casualidad. Esta genial apertura de más de seis minutos (la pieza más larga del trabajo) sirve como claro ejemplo de una de las ideas centrales de «Boom Forever»: no estamos ante un disco oscuro ni lóbrego, sino que funciona como una especie de terapia para que Cohen exprese lo que ha vivido recientemente, alejándose de instrumentaciones sobrias o taciturnas. Este corte, compuesto en un momento de felicidad del músico, nos entra con una melodía y una guitarra reverberada que puede recordarnos a Mac DeMarco pero, posteriormente y pasados los dos minutos, se adentrará en territorios más jazzy, con un solemne y suculento solo de saxofón incluido que realza la calidad general de la composición.

Las reminiscencias a los setenta continuarán en la pista que da nombre al largo, “Bloom Forever”, que viene por lo que lo que los anglosajones denominan ‘middle names’ de su segundo hijo, Phaedra (bebé que sólo pasó 17 horas con su madre antes de que esta falleciera). Aquí Cohen nos entrega una composición realmente tierna, pero que también dejará que batería y sobre todo guitarra, con un espléndido solo, se desaten en el tramo intermedio. La voz de Thomas se elevará a planos que no habíamos escuchado hasta ahora en “Morning Fall”, la que es para él la canción más emocional de todo el disco, compuesta un mes antes del fallecimiento de Peaches. No obstante, si tuviera que elegir un track que para mí baje el nivel del conjunto, sería este. 

Musicalmente tenemos un disco que destila un sonido setentero, coqueteando con el blues, la americana, las baladas a piano e incluso serpentenando por terrenos jazzy, pudiendo encontrar similitudes con el Lou Reed de “Berlin” de 1973, pero con miradas a nombres como Scott Walker, Van Morrison, Elton John o Neil Young.

A continuación saltaremos a uno de los platos fuertes de “Bloom Forever”, y lo hacemos coqueteando con el country en “Hazy Shades”, tema que sí, extrae la melodía de “A Horse With No Name” de America, y todos estamos en este momento imáginandonos a Walter White tarareándola mientras conduce (si te vuelve loco Breaking Bad, no te conozco, pero nos llevaremos bien). La letra, además, juega con el primer verso del «Love And Only Love» de Neil Young para irnos adentrando en sectores más oscuros con esas desgarradoras líneas: “Even though the sun is coming out… hazy shades all come home”. Pese a una letra fácilmente etiquetable como pesimista, en ningún momento tenemos la sensación de que eso se traslade a la melodía o instrumentación, reforzando la idea de que “Bloom Forever” ha funcionado como un catalizador para el británico. Sin embargo, sí, las sombras llegan, y así lo hace “Country Home”, la pieza en la que Cohen se enfrenta más directamente al fallecimiento de Peaches Geldof, pero de nuevo logra camuflar de algún modo ese dolor gracias a la instrumentación y su propia voz, que por el contrario deja algunos de los versos más desoladores de la placa como “My love had gone, she’d turned so cold… Why weren’t her eyes covered and closed?”.

Con “Ain’t Gonna Be No Rain”, Cohen nos devuelve cierta esperanza y da una vuelta de tuerca al sonido que nos ha exhibido hasta ahora, incorporando un coro de voces femeninas de marcado acento góspel que a mí me han sorprendido como seducido a partes iguales. Otro de los momentos con más luz del largo lo encontraremos en el espléndido estribillo de “New Morning Comes”, pero sólo en cuanto al sonido, ya que como nos ha ocurrido en anteriores composiciones, la letra se sitúa en un plano bien distinto: “Will you be there and hold my hand as the sea becomes a storm? Be the light, shine through the window as a new morning comes”. Y para rematar la jugada, incluimos un solo de… ¡Flauta! Magnífico.

Thomas Cohen necesitaba hacer este disco y necesitaba que nosotros lo escucháramos, que comprendiéramos su pérdida, cómo se ha enfrentado a ella y cómo ha evolucionado personalmente. El acierto reside en no acudir a una fácil instrumentación austera, sino que el británico ha sido ambicioso yendo más allá.

“Bloom Forever” se irá apagando progresivamente con dos piezas de cariz más melancólico y descorazonado. En “Only Us” encontramos una íntima balada en la que Cohen canta sobre la intimidad que un día tuvieron él y Peaches como pareja mientras es acompañado por un piano que se erige como máximo protagonista con permiso de una guitarra que colabora en su justa medida para elevar la pieza. Por último, en “Mother Mary” vuelve a aproximarse a la muerte de Peaches, pero con un trasfondo más de superación y aceptación de la pérdida, como mencionábamos al principio de la presente crítica. Líneas como “I will hold onto the part of me that is in love with you” se ven reforzadas aquí por la sedosa voz de Cohen, acompañado de nuevo por un piano más vivo y menos decaído que en la anterior pista, aunque todo se romperá de repente en una vorágine sonora sobre los cuatro minutos que se irá extinguiendo progresivamente para cerrar este recorrido a modo de montaña rusa por las emociones, sentimientos y vivencias en los últimos años de un joven Thomas Cohen que necesitaba liberarse.

En definitiva, “Bloom Forever” es el disco que Cohen necesitaba hacer en este momento, después de una experiencia que le ha cambiado la vida. La valentía y el acierto para el que esto suscribe recae en que el británico ha sido ambicioso y ha buscado melodías, instrumentación y referencias realmente jugosas en vez de recurrir a una instrumentación austera que fácilmente hubiera respaldado parte de las letras. Del mismo modo, ha arriesgado al lanzar un debut en solitario de corte tan personal a una temprana edad, ya que no sólo se da cobijo a momentos francamente dramáticos, sino que va más allá, dejando hueco para otras experiencias vitales como el nacimiento de Phaedra. No obstante, regresando a la idea del principio de párrafo, Cohen necesitaba hacer este disco ahora, y necesitaba que nosotros lo escucháramos, que comprendiéramos su pérdida, cómo se ha enfrentado a ella y cómo ha evolucionado personalmente. Además, llevo tiempo dándole vueltas a una cuestión: ¿Cuál será su siguiente paso? ¿Cómo ajustará este sonido (si es que continúa sobre esta línea) tan alejado de su anterior banda a nuevas composiciones que pudieran no estar marcadas por hechos tan trágicos o cercanos a sí mismo como ahora? ¿Seguirá orientado a experiencias personales? La curiosidad por saber de qué me hablará Thomas Cohen y con qué sonidos lo encajará en su siguiente registro ya dice mucho a su favor, sobre todo en un momento en el que parece que sorprender al público es cada vez más complicado.

Thomas Cohen – Bloom Forever

8.1

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Thomas Cohen debuta en solitario dos años después del fallecimiento de su mujer Peaches Geldof por sobredosis de heroína. A través de estos nueve cortes, de forma cronológica el británico se enfrenta a dicha pérdida, nos habla del nacimiento de su hijo Phaedra y observamos cómo evoluciona personalmente, todo aderezado y envuelto en un gran sonido de aroma setentero.

Up

  • Apostar por un álbum debut tan personal (que requiere esfuerzo por ser comprendido) es admirable.
  • Cohen se ha mojado en lo personal, sí, pero también en el plano sonoro. No ha ido a lo fácil con una instrumentación austera o eminentemente afligida que reforzara sus letras de manera más obvia y simple.
  • Buen gusto musical de referencias de principio a fin, dejando un sensacional sabor.
  • El saxo de “Honeymoon”, la guitarra en “Bloom Forever”, la inesperada aparición de flauta en la luminosa “New Morning Comes”… Pequeños detalles para encumbrar ciertas canciones.

Down

  • Como decimos, debutar en solitario con un álbum tan personal que requiere cierto esfuerzo del público puede jugar en tu contra.
  • Del mismo modo que resulta exótico y curioso contraponer letras y melodías, estas pueden acabar en un segundo plano debido a instrumentaciones a veces excesivamente alegre.