Crónica Montgorock Xàbia Festival 2016: viernes 20 y sábado 21 de mayo

Siempre quise ir a LA. También quise ser jugador del Real Madrid (que no futbolista), guitar hero o piloto de fórmula uno. Luego crecí y empecé a leer a Bukowski y a H.S. Thompson y me di cuenta de que mi verdadera vocación era enrolarme en un viaje infinito y vivir para contarlo. Y en éstas apareció en mi vida El Quinto Beatle para acabar con mi carrera de soñador profesional y ofrecerme ser reportero de rock a tiempo completo. No pude negarme y aquí estoy para contar cómo ha sido mi primera vez en un festival. Como periodista, claro. Ya había acudido como festivalero de manual, fanático de Extremoduro, oyente pasivo, bebedor de cerveza, operador de cámara y asistente somnoliento.

Como supongo que os interesan las sensaciones empezaré contando que lo primero que me vino a la memoria fue Dust in the wind. No era para menos, la primera toma de contacto se produjo entrando en el recinto La Fontana de Jávea con un viento huracanado que hacía que los asistentes echaran en falta turbantes y pañuelos para protegerse. Una vez dentro, la música se convirtió en la protagonista desde el primer momento en un lugar en el que todavía no se ha apostado por apabullar con actividades alternativas, salvo algunos mercadillos. Eso me gustó. Ya estoy un poco saturado de festivales que tienen puesto de manicura y maquillaje, stand de todo tipo de marcas que quieren venderte algo y una zona gigante de botellón pre concierto. Si de algo me arrepiento de los anteriores festivales a los que he acudido es restarle cuota de tiempo a la música para ampliar la de ‘otras actividades’ y terminar recordando con los dedos de una mano los grupos que he visto.

En esta ocasión no ha sido así, no sé si por exigencias del guión o simplemente porque realmente me apetecía asistir a cada uno de los conciertos: sólo ‘Rock ‘n’ Roll (but I like it)’. Cuentan las amables gentes del lugar que se iba a celebrar un festival así en 2015. Un sueño que resultó imposible por problemas de emplazamiento. Finalmente, en 2016, el proyecto se ha hecho realidad y la ciudad levantina ha sido testigo de dos noches de buena música y, como decía, mucho polvo en el aire.

El calor del lugar, a esas horas de la tarde, invitaba a la cerveza y la camaradería. Con pantalones y faldas cortas, una sorprendente mayoría de melenas pelirrojas empezaron a ondear al viento en el recinto. Dos escenarios y un tercero pensado encima de un barco (del que hablaremos más adelante) fueron los emplazamientos elegidos por la organización para que los asistentes disfrutaran de la música.

A lo lejos, testigo, se eleva el Montgó. Un macizo de 800 metros similar al Monte del Destino que describe Tolkien y que pone nombre al evento. Otea desde lo alto el espectáculo que va a comenzar en este festival, el cual ha demostrado en esta edición que tiene potencial para convertirse en referente del rock & roll en nuestro país.

VIERNES 20 DE MAYO

Los más madrugadores pudieron disfrutar de los jóvenes Donant La Nota, ganadores del concurso de bandas que premiaba el talento local, que inauguraron esta cuarta edición del Montgorock con su rock-ska en valenciano para un selectísimo público. Poco más tarde, Gran Quivira notarían un leve incremento en el goteo de asistentes, pero nada significativo. De hecho, invitaron a la gente a acercarse al escenario y bailar, a pesar de que la actitud era la propia de las seis de la tarde: es decir, más ganas de cerveza que de baile. Aun así, estuvieron a tope desde el principio y supieron conectar con los pocos asistentes con versiones de clásicos de Queens of Stone Age o Chris Cornell. Al final terminaron bromeando: poneos a bailar joder, que esto no es el puto FIB.

Tras un breve parón, el escenario principal ya estaba preparado para el primer plato fuerte del viernes: La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Los burgaleses pusieron sobre las tablas un repertorio trabajado y un sonido redondo para la cantidad de instrumentos que llegaron a tocar: guitarras, vientos, banjo, hammond, mandolina… El momento más estremecedor fue cuando David Ruiz cantó casi a capella y a voz en grito “Hay un fuego”. Todos sentimos un escalofrío por la emocionante interpretación y a alguna incluso le brotó una lagrimilla. Pero pronto retomaron el ritmo y terminaron cerrando el concierto por todo lo alto.

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Mientras, en el escenario Rockers se preparaban tres alemanes con ganas de tirar abajo La Fontana entera e incluso el puerto de Jávea -donde por cierto les recibió un barco de bienvenida para darles un paseo- si les dejan. La única banda internacional en cartel, Itchy Poopzkid, no vino de subidita a pesar de llevar más de 15 años y la friolera de 900 conciertos a sus espaldas, tal y como explicaron durante su actuación. En lugar de eso, le dieron las gracias a L.A., con los que coincidieron en un festival en Alemania, por traerlos por primera vez a tocar a España. El resto fue un enérgico directo de punk-rock-pop, y viceversa, en el que interactuaron con el público en cada canción, chapurrearon alguna palabra en nuestro idioma y se fueron dejando la sensación de que había terminado uno de los mejores momentos de todo el festival.

Con el ambiente caldeado salió a escena el cabeza de cartel de esta edición. De riguroso negro, como siempre, Loquillo comenzó brindando con los asistentes con “Salud y Rock & Roll”. Una actuación que sobresalió por el talento de todos sus componentes y el sonido pulido hasta el más mínimo detalle. La colección de guitarras que fueron mostrando los tres especialistas tampoco estuvo nada mal. Digna de un museo. El catalán fue despachando primero temas de sus últimos discos antes de dar paso a una traca final que incluyó, como si nada, “Rompeolas”, “Feo, fuerte y formal”, “El Ritmo del garaje” y algunos éxitos de los Trogloditas como “Yo para ser feliz quiero un camión” o “Esto no es Hawaii (que wai)”. Por si semejante derroche de clásicos inmortales del rock en español no fueran suficientes, la banda se despidió con “Rock & roll Star” y, como no podía ser de otra forma, con “Cadillac Solitario”.

Pasado el vendaval, Los Perros del Boogie se subieron al escenario a demostrar que son buenos tiempos para el rock & roll. El volumen estaba un poco alto, un problema que se repitió con otras bandas poco acostumbradas a administrar correctamente toda la potencia de sonido que ofrecía el escenario. A pesar del bajo retumbando en los pulmones, Los Perros dejaron una buena colección de letras descaradas y de sonidos con mucho rock y sobre todo mucho roll. Pero la mayoría del público estaba ya haciendo cola para otra de las estrellas de la noche: L.A.. La banda que obtiene su nombre de su ¿carismático? líder Luis Alberto, preparó una efectiva puesta en escena para brillar con luces propias. Hasta el propio Loquillo (que siempre quiso ir a (ver a) LA) acudió a presenciar la actuación desde el lateral del foso. La banda planteó un directo con guitarras rabiosas y algunos samples tocados desde un iPad por el guitarrista. La voz eddivedderiana de su líder hizo el resto. El cantante pidió perdón por tocar con un dedo en cabestrillo, saludó en la tercera canción y esas fueron las únicas palabras que dirigió al público. No hubiera sobrado algo más de simpatía. Como resumen perfecto de la actuación, escuché a un festivalero sin nombre decir que: “L.A. no es un grupo de saberse las canciones, sino de disfrutarlas”. Amén a eso.

El broche a la noche del viernes lo pusieron Sexy Zebras. La joven banda madrileña les dio a los que se quedaron justamente lo que estaban buscando: un buen golpe de música y una buena dosis de gresca y bailes a empujones hasta bien entrada la madrugada.

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SÁBADO 21 DE MAYO

El sábado amaneció con la actuación de Isma Romero en primera línea de playa. El valenciano disfrutó de un emplazamiento privilegiado hasta el que se acercaron tanto festivaleros como bañistas y turistas en general. Pero sería a la tarde cuando volvería la movida a La Fontana con Trading Licks, ganadores del concurso de bandas emergentes, que se encargarían de dar el pistoletazo de salida a la jornada con su rock psicodélico que parecía sacado de Woodstock, aderezado con un toque de Led Zeppelin. 

Nada más terminar, era temprano aún, apareció un tipo con una pizarra en la que instaba a los pocos y madrugadores asistentes a seguirlo. Lo hicimos y nos llevó a la parte de atrás del recinto, donde cuatro benditos locos habían montado un concierto en el hueco de una furgoneta. Con sus amplis, pantallas, baterías y todo lo demás. Eran Los Ramonets, cuya mejor descripción sería: versiones de Los Ramones en valenciano y para niños. Supongo que sigo siéndolo porque me lo pasé genial cantando, con mi B2 en este idioma, saltando y riendo con ellos. Tal y como los niños que estaban en primera fila y encantados con el espectáculo.

Sin embargo, les dio tiempo a interpretar apenas tres canciones, porque Miss Octubre estaba a punto de comenzar. Su poderoso hard-rock empezó a concentrar a una respetable cantidad de público, que iba llenando el festival poco a poco. El momento más sorprendente fue cuando se atrevieron a versionar al mismísimo Raphael, con una cover del eterno “Yo soy aquel” pasada por la batidora sonora de Barricada y con la incomparable voz de Agnès Castaño. ¿Cómo no amarlos?

Y con la inercia hardrockera, el espíritu general era que no parase la fiesta. Entonces, se subieron a las tablas Muchachito y su banda. Ya no es Bombo Inferno, pero sigue marcando el ritmo con este instrumento, mientras toca la guitarra. “Será Mejor” inició un baile grupal buenrollero que ya no terminaría hasta que se bajaron del escenario después de tocar “Ojalá no te hubiera conocido nunca”. El artista ‘amenazó’ en varias ocasiones con tocar alguna ‘lenta’. Sin duda, una buena broma, dado que no hubo espacio para la pausa y sí para el baile masivo. La banda estrenaba aquí su gira y decidió grabar toda la actuación con un público entregado. Seguro que se llevaron un buen documento gráfico.

En este momento, la organización decidió estrenar un momento único: una actuación de Rubén Pozo tocando encima de un barco. Con el cielo azul, un sonido íntimo y personal, la gente predispuesta para el silencio y la escucha y ningún imprevisto. Eso hubiera sido lo ideal, pero la realidad es que el barco era una barquita situada al lado del escenario y quizá demasiado cerca (en altura) del público. El entorno íntimo era un festival que estaba desatado por el subidón de Muchachito y el sonido idílico era un retardo complicado de gestionar porque las pantallas estaban arriba del escenario, por lo que tocar en condiciones óptimas se hacía imposible. Finalmente, Rubén decidió hacer un rato antes de la prueba de sonido sobre el escenario Rocker y terminaría tocando allí. Solo, ataviado con guitarra y armónica a lo Dylan, el ex miembro de Pereza desgranó algunos de sus mejores temas en solitario e intercaló algunos de los temazos de su grupo. Para cerrar, se colgó su Melody Maker y nos regaló ‘La versión de Margot que emocionó a Quique González‘.

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Literalmente. Nada más salir al otro escenario, el líder de Los Detectives agradeció a Rubén su última canción: me has puesto los pelos de punta. Ese fue el pistoletazo de salida para una de las mejores actuaciones de la noche. Los pájaros mojados estaban planeando sobre el poniente de Jávea. Había polvo en el aire -del Montgorock- y “Sangre en el Marcador” para empezar una velada única. La banda se movía como un equipo, un equipo que crece en el escenario y que se estrecha en el corazón. A ese equipo se ha sumado Charo. Perdón, (Súper) Nina de Morgan como una suerte de Lucinda Williams al pie del cañón. Los dos cantantes bien podrían ser dos kamikazes enamorados o una delantera mítica de las que hacen historia. Precisamente, los varios duetos que hicieron, en “Charo” y en “No es lo que habíamos hablado”, fueron los más coreados y aplaudidos por el público. No sonó el «Daiquiri Blues» en la noche del sábado, pero sí un repertorio que se hizo demasiado corto para los que habían venido a ver este directo. “En un festival siempre te quedas con ganas de más, nos explicaba el cantautor en una entrevista por la mañana. Eso está claro, aunque el madrileño decidiera aplacar a la multitud que le pedía insistentemente una canción más para dejar paso a Arizona Baby, que iban a celebrar toda una fiesta de la Luna llena justo después. Los vallisoletanos nos transportaron a la psicodelia folk-rock más interesante en una actuación redonda que comenzó a dos acústicas a la que luego se le sumó la batería. La Luna quiso ser también protagonista sobre el escenario y creó un clima perfecto para esta gran banda, 50% de Corizonas, que supo conectar con el público a la perfección.

Ya pasada la medianoche, La Pulquería comenzó su ritual de tequila y punk-ska para convertir a los asistentes en adictos a los pogos, a fuerza de canciones como “Plata y plomo” o “El día de los muertos”. Y en el tramo final, como manda la tradición, repartieron una botella del preciado licor mexicano entre las primeras filas. Botella que desapareció misteriosamente. Habrá que llamar a Quique y sus Detectives para ver quien fue el egoísta que se la terminó. Dijeron que se les da bien ‘empezar y acabar cosas’ y curiosamente iniciaron esa etapa que divide a los que querían irse a dormir y los que aún tenían ganas de más. Y en estas llegó Kitai.

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Su nombre puede que no os suene, pero os sonará. Todo un acierto de la organización el situarlos justo en este momento de la noche, reteniendo a la gente que venía a ver a Los Zigarros y los que aún tenían más ganas de marcha después de poguear con La Pulquería. La banda madrileña presentó el directo más espectacular de todo el festival. Ya está, ya lo he dicho. Salieron con unas máscaras de atracadores de bancos que daban mucho miedo y tocaron toda la primera canción, “Sur”, con ellas puestas antes de quitárselas para iniciar una hora de música inolvidable. El bajista le da de hostias al bajo en cada canción. El batería mete siempre un charles de más que no te esperas mientras hace un redoble a una mano. El guitarrista, solo, se vale para llevar la melodía y poner texturas a lo Muse, y el cantante es simplemente un diablo hiperactivo que no para de vibrar durante toda la actuación. Yo salí sin saber muy bien qué acababa de pasar… y supongo que el resto de la gente también, pero me encantó.

Para finalizar, llegó el esperado momento de ver a Los Zigarros. Un cierre de festival por todo lo alto que casi nadie se quiso perder. Los valencianos tocaron todos sus éxitos y disfrutaron como nadie sobre las tablas. Lo bueno de tener un disco de hace tres años es que ahora puedes tocar esta canción que es un clasicazo, comentaron antes de romper a los asistentes con “Hablar, hablar, hablar”.

Y tal como se había levantado el polvo, se fue posando delicadamente en el suelo y en las melenas de todos los asistentes, que ya huían a sus rutinas. El rock&roll es un búmerang, que decía Miguel Ríos, por eso siempre volverá. En concreto, con la próxima edición del Montgorock Xàbia Festival. Aquí tienen a un fan que no se lo perderá.

Montgorock Xàbia Festival 2016

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