Mothers – When You Walk A Long Distance You Are Tired

MOTHERS

Hay ocasiones en las que la música te regala minúsculos momentos para abandonar la rutina y los malentendidos diarios; no es novedad que todos busquemos un momento de paz en el que nadie sea capaz de irrumpir, que no rompan nuestra burbuja y así poder respirar en nuestro propio microclima. Aunque las redes sociales ridiculizaran los típicos tests de ‘qué tres cosas te llevarías a una isla desierta’, me gustaría contestar años después y con toda la claridad del mundo: chocolate, una película de Billy Wilder para pasar el rato y el debut de Mothers. Como sé que nunca voy a estar en una isla desierta, me limitaré a situarlo al ámbito urbano, en un cubículo al que llamo habitación y a una determinada hora en la que la sabana social del siglo XXI haya dejado de dictar órdenes.

Circunloquios aparte, me toca hablar (con mucho gusto) de este grupo nacido en Athens, Georgia. La verdad es que llevo una racha buena de grupos con una frontwoman a la cabeza, como es este caso. A primera vista, su vocalista Kristine Leschper nos puede recordar, en apariencia, a una versión americana de Courtney Barnett, pero su voz plasma una impresión mucho más honda y volátil que la de la chica rebelde de Australia. Duele, tanto a ella como a quien ofrece su voz. A menudo es de agradecer que una persona, sin apenas conocerla, sea tan franca e hiriente con su música. Después de reunir un bajo, una guitarra eléctrica y una batería, el proyecto continúa, ofreciendo conciertos locales por su tierra natal hasta conseguir la oportunidad de grabar un disco con Wichita Recordings.

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Aquí confluyen nueve canciones cohesionadas bajo una clara influencia folk, aunque también hay espacio para momentos de experimentación.

De esta manera surge la primera creación de Mothers. «When You Walk A Long Distance You Are Tired» está compuesto por nueve canciones, cohesionadas bajo una clara influencia folk. En ella también confluyen momentos de experimentación de los que hablaremos más adelante, pero como premisa anticipada podemos decir que en su conjunto resulta ambiental y doloroso. La sensibilidad vocal de Leschper se adapta sorprendentemente bien tanto en cortes instrumentalmente austeros como en los cambios de registro. Que no os sorprenda si a la primera escucha se os rompe el corazón en mil pedazos, os acostumbraréis a ello rápidamente.

Las notas agudas de una triste mandolina dirigen en todo momento la pausada «Too Small For Eyes«. En resumidas cuentas, una nana hecha joya. Es lenta, tierna y frágil como la porcelana, pero todavía más cuando interviene la morena, con una voz llorosa y casi susurrante. Con transición a los violines a mitad de canción, muestran el resultado de una relación rota, de todo aquello que se quedó atrás, que posiblemente nunca vuelva a recuperar («I gave enough of my time, I lost a dozen friends of mine. But I don’t think it will be long now, please tell me that you won’t be long«) y el recuerdo de una mirada sincera puesta en la protagonista, fruto de una historia de amor pura y sincera («I hate my body, I love your taste«). Justo después de este momento de confesión, la batería hace su primera aparición en un amargo corte titulado «It Hurts Until It Doesn’t« que, según el grupo, habla sobre la lucha interna entre el ego y la falta de confianza, de no saber a qué lugar perteneces dentro de este mundo, en el que «nunca me gusto cuando estoy despierta«. Las eléctricas cobran mayor vida en un desacompasado duelo final, con tendencia a decaer en sonidos sórdidos a falta de la presencia vocal de Leschper.

La sensibilidad vocal de Leschper se adapta sorprendentemente bien tanto en cortes instrumentalmente austeros como en los cambios de registro.

Estábamos en lo cierto cuando hablábamos de esos pequeños atisbos de experimentación en base a la tendencia lo-fi de las eléctricas, justo como ocurre en «Copper Mines«, que en general suena mucho más descarada que sus predecesoras. Se desajusta en accelerandos y frenos repentinos que se acompasan a Leschper, quien canta sobre el olvido y la recomposición de la autoestima: «And my soft dumb heart grows stale at the thought of it. What I have to give is small but at least I can admit it«. Como resultado es algo ambiguo, ya que cada cambio de velocidad nos sugiere un estado de ánimo diferente: del descaro desenfrenado del principio frente a la angustia de un final lánguido y deprimente. A continuación, «Nesting Behaviour« bebe del esquema antes propuesto en la introducción con pequeñas variaciones: el solo austero a modo de canción de cuna se repite (solo que en vez de la mandolina lo interpreta la eléctrica) pero más adelante regresa el acompañamiento de los violines para dar vidilla al asunto. No obstante, la cantante no cambia de tesitura: cada vez se va apagando más, lo que resulta extrañamente atractivo. «Lockjaw» es otro de los ejemplos donde confluye la vertiente surfera con el pop/rock actual. No guarda muchas diferencias con «It Hurts Until It Doesn’t», pero resulta potente, sonoro y con chispa, nuevamente recurriendo a la labia instrumental y punteos atractivos.

«But I’m finding new legs to walk with, I’ve been finding new knives to kiss with«. «Blood-Letting« puede que sea la canción más visceral que encontremos dentro del debut de Mothers. Su mensaje no cambia: tras una etapa de recelo, viene la recaída y los intentos fallidos de olvidar las costumbres de pareja. En este caso nos referimos más al contexto instrumental en el que se envuelve. Si algo caracteriza ya a la banda norteamericana es que se toman su tiempo para dejar sonar los instrumentos, saborean cada silencio para cubrirlo de una espesa niebla de acordes disonantes. Y en este caso, el misticismo aumenta con redobles de tambor y breves intervenciones del bajo, que hasta ahora poco había destacado en el repertorio.

Es al llegar al final cuando somos conscientes del magnetismo de esta obra en su conjunto, un álbum cohesionado temáticamente, que sucede los diferentes parámetros de una ruptura.

Dentro de la atmósfera propiamente decadente de este debut, nos topamos con «Burden of Proof«, una prueba bastante creíble de la poca autoestima que guarda en su interior nuestra vocalista, que si bien su característico timbre no lo dejaba entrever, tras escuchar frases como «everything you touch turns to gold, everything I touch turns away« nos deja bastante clara la idea. Otra ventaja de la banda consiste en su dominio magistral del tempo, en generar expectación e intriga, por no saber si los saltos superarán las expectativas del exceso de languidez acústica que de momento nos envuelve. Pero en efecto, lo consiguen. «Hold Your Own Hand» comienza con el típico acorde inicial, seguido de una actuación más que correcta de Leschper, pero sorpresivamente nos lleva a un estado de éxtasis eléctrico tanto en el nudo de la canción como en el final in media res.

Y tras escuchar la pista final, «Accessory Cloud«, somos conscientes del magnetismo de esta obra en su conjunto, un álbum cohesionado temáticamente, que sucede los diferentes parámetros de una ruptura. Una disección musical impecable que incluye inteligentemente pequeños atisbos de folk, pop y surf-rock. «When You Walk A Long Distance You Are Tired» puede servirnos de muchas maneras en el transcurso del tiempo: de posavasos, quizás otro álbum de la colección que como los demás acumulará polvo hasta desaparecer, pero para quien quiera y pueda, una forma de mirar a la cara la vida tras un traspiés y encontrar ipso facto un motivo para levantarse.

Mothers – When You Walk A Long Distance You Are Tired

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8.3

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Mothers logran concebir uno de los mejores debuts del año con diferencia gracias a “When You Walk A Long Distance You Are Tired”. Fruto de la mezcla del folk más descafeinado, pop y pequeños destellos de música surfera, ponen de manifiesto que no es necesario reunir a una orquesta para plasmar algo tan simple como es el vacío existencial. En este caso, menos es más.

Up

  • Mothers recrean una atmósfera decadente y cohesionada que varía entre la austeridad instrumental y el descaro punteo de las guitarras. Aun así, cumple con las expectativas de concebir un álbum más que magnético.
  • Kristine Leschper. Poco más hay que añadir.
  • Es un claro ejemplo de que no hace falta levantar un imperio de músicos para coronarse con un debut colosal y encontrar un sonido puro y auténtico.
  • No exagero si cuenta con una de las introducciones más conmovedoras que se han hecho en años. Si no, escuchad “Too Small For Eyes”.

Down

  • No apto para insensibles. Es un álbum lacrimógeno, y esto no puede agradar a todo tipo de público.