Francia se ha consolidado en las últimas dos décadas como uno de los epicentros de la vanguardia musical a nivel mundial. La defensa, a grandes rasgos nacionalista, que el país vecino realiza de su propia cultura, a la que dota de un cuidado exquisito, ha favorecido el desarrollo de grandes músicos y experimentos musicales que han logrado situar al país como un prolífico escaparate de las nuevas tendencias. Así, desde la música electrónica más que divulgada del dúo Daft Punk, la elegancia y la delicadeza del dream pop de M83, de los cuales recientemente analizábamos su último álbum «Junk«, el espíritu festivo de Justice, el trip-hop de Chinese Man, el indie multicolor de Phoenix, los sonidos del mundo de St. Germain, o el reggae fusión de Mano Negra (y posteriormente de Manu Chao en solitario) Francia ha conseguido situarse con fuerza en un plano internacional generalmente dominado por las industrias anglosajonas.

La influencia de las antiguas colonias africanas, debido al alto porcentaje de población africana que reside en el país (especialmente en las zonas urbanas), tampoco ha pasado desapercibido para el contexto musical, especialmente en el mundo del hip-hop, con figuras como La Fouine. En el caso de uKanDanZ, la influencia africana queda patente, aunque en este caso no procede de una antigua colonia francesa, sino de un territorio que conservó su independencia en el reparto europeo de tierras del siglo XIX, para ser posteriormente ocupado por Italia en el periodo de entreguerras, y liberado de nuevo tras la derrota italiana frente al Reino Unido en 1941: Etiopía.

uKanDanZ es un proyecto formado por cuatro músicos con formación de jazz: guitarra, bajo, batería y saxo. Su evolución les ha llevado a indagar desde la música negra en vertientes cercanas al rock progresivo y la oscuridad del metal. Sin embargo, en ese punto, deciden dar todavía un vuelco más a ese sonido e inmiscuirlo en la exploración de la música tradicional etíope. Para ello han contado con el carismático frontman y cantante Asnake Guebreyes. Con esta formación han dado lugar al álbum “Awo”, repleto de momentos de euforia, energía y sobre todo y lo más importante, buena música.

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Fotografía: Eric Legret

La evolución de uKanDanZ les ha llevado a indagar desde la música negra en vertientes cercanas al rock progresivo y la oscuridad del metal. Sin embargo, en ese punto, deciden dar un vuelco más a ese sonido e inmiscuirlo en la exploración de la música tradicional etíope.

Con “Sêwotch Men Yelalu”, primer corte del álbum, nos hallamos ante elementos del hard rock, con el saxo como invitado de lujo, además de que la distorsión de la guitarra y el bajo es llevada al extremo para acompañar de forma sublime a la voz fuerte y personal del Guebreyes. El resultado es una pieza con una melodía algo convencional, pero que lleva el rock duro de Alice In Chains o Jane’s Addiction al corazón del Cuerno de África, regalándonos además unos últimos dos minutos brillantes, con un solo de saxofón vibrante, desmedido, pasional… A continuación, Tchuhetén Bestsèmu” tiene un comienzo francamente espectacular, con un bajo rítmico con un punteo melódico que suena muy setentero, y que sirve de introducción para que tomen el protagonismo el juego de voces entre el saxo y la desgarrada voz de Guebreyes, evocando a los cantos tradicionales africanos a la par que un bajo distorsionado recoge elementos del hard rock. Atentos al solo de guitarra que tiene lugar pasados los dos minutos y medio de canción porque es, sin duda, de lo mejor del álbum.

La intensidad va creciendo para llegar en un momento de euforia a la oscura “Lantchi Biyé”. Si en el primer corte el modelo melódico y los juegos de guitarra parecían remitir al hard rock más clásico, en este caso es un espíritu más noventero el que se adueña del ecosistema que envuelve a la voz de Guebreyes, con un sonido a mitad de camino entre los Smashing Pumpkins y Nine Inch Nails. Quizá estemos ante el corte de un carácter más sucio y pegajoso de “Awo”, en el que la aparente dulzura del saxo está más cargada de furia contenida y de elementos rasgados.

A pesar de la falta de referencias en el género, no es un álbum largo, y su estructura es envolvente, desgarradora y fácilmente asimilable, por lo que puede ser accesible a una gran variedad de público.

Endé Iyérusalem” tiene un inicio eléctrico con una introducción del saxo que lleva al juego melódico, igual que en el segundo corte, pero en este caso entre el bajo y la voz principal. Si el anterior corte se enmarcaba en panoramas más cercanos al hard rock o al llamado de forma generalista world music, aquí nos encontramos entre elementos más propios del jazz contemporáneo de las big bands americanas de los ochenta, con espacio para la reivindicación de la batería y el saxo, que se lucen en los momentos en los que la voz de Guebreyes nos da un respiro. “Gela Gela” podría tener un comienzo casi cliché en el rock actual, pues su bajo a base de cuatro notas acompañando a la voz principal podría llevarnos a bandas como los Arctic Monkeys, de no ser por la extrañeza de la melodía principal, al menos para oídos occidentales. La investigación y el cuidado por los cantos tradicionales africanos tienen su culminación en este tema, en el que la voz parece implorar a una deidad, asemejándose a los cantos árabes realizados en las mezquitas.

En un mismo corte, y separada por un interludio, se presentan las dos partes de “Ambassel To Brussel”. En ella se reúnen varios de los elementos presentados anteriormente. En primer lugar, un comienzo instrumental. Posteriormente un fragmento prácticamente a capella, con el bajo tremendamente escondido, para reforzar los acordes, pero cediendo todo el protagonismo a la voz de Guebreyes. El refuerzo instrumental llega después con la participación de toda la banda, resultando así el tema más progresivo de “Awo”. La primera parte se cierra con un solo de saxo, menos crudo que algunos de los anteriores, pues en este caso se asemeja más a los de la E Street Band que a la música atonal contemporánea, como sí ocurría en algunos de los cortes anteriores. Después de un respiro de casi dos minutos, llega a modo de bonus track la segunda parte del tema: mucho más directa en contraposición al carácter progresivo de la primera, aunque con células melódicas que aparecían en ésta, como la que refleja el saxo.

En resumen, “Awo” es un álbum excepcional, que tras mucho esfuerzo, recoge algunos de los mejores sonidos de la música tradicional etíope para fusionarla con algunos de los géneros más oscuros del rock y con las reinvenciones más modernas del jazz. A pesar de la falta de referencias en el género, no es un álbum largo, y su estructura es envolvente, desgarradora y fácilmente asimilable, por lo que puede ser accesible a una gran variedad de público. La única pega (no al álbum, sino a nosotros mismos a la hora de realizar esta reseña), es que no hemos podido desgranar nada del contenido lírico de Awo, ya que las letras no aparecen en Internet, y el profundo desconocimiento del idioma en el que está compuesto no nos ha permitido inmiscuirnos en ellas.

uKanDanZ – Awo

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8.2

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El proyecto uKanDanZ, formado por un cuarteto de rock-jazz francés y por el cantante de origen etíope Asnake Guebreyes, ha dado lugar a uno de los discos más interesantes e intensos de 2016, en el que el hard rock, el jazz y los cantos tradicionales del Cuerno de África se fusionan dando lugar a un producto original y adictivo.

Up

  • La fuerza de la voz engancha desde los primeros compases.
  • “Awo” introduce de manera excelente elementos del hard rock en los cantos africanos.
  • Las perfectas dosis de distorsión, incluso en el saxo.

Down

  • Seguramente, al igual que nosotros, no entenderás nada de lo que están diciendo.
  • El bonus track está un poco de más. La primera parte es suficientemente intensa y crece hasta llegar a un punto perfecto para concluir, que hace innecesaria a la segunda.