Corría el año 1966. Han pasado cincuenta años, medio siglo. Estamos de celebración porque uno de los álbumes sin los cuales la historia de la música vista desde nuestros tiempos tendría un gran vacío cumple sus bodas de oro. La banda liderada por Brian Wilson llevaba diez álbumes a sus espaldas en apenas cuatro años, algo que no es de extrañar en una década en la que los artistas se exprimían, en muchas ocasiones más allá de sus posibilidades, en lo que a composición y publicación se refiere a unos extremos que hoy serían inconcebibles. Y es que, aunque pongamos el ejemplo del extremo contrario, es curioso comparar la distancia entre publicaciones de los Beatles (trece álbumes en menos de diez años) o los Rolling Stones (diez álbumes entre 1964 y 1969) y las de formaciones de hoy en día como Portishead o Daft Punk, especialmente cuando ya nos parece que la fórmula de disco por año empleada por artistas como Rihanna entre los años 2009 y 2012 es excesiva.

Procedentes de California, y originales de una zona en la que el surf comenzó a ser a finales de la década de los cincuenta un deporte de reivindicación de los valores y la necesidad de hedonismo juvenil, los Beach Boys trasladaron a su música desde el principio la filosofía de un estilo de vida encaminado a la paz, el desarrollo y la armonía personal, y el carpe diem; principios que se extenderían por la sangre de la música norteamericana de finales de los 60 con el movimiento hippie y su enfrentamiento declarado y rebeldía naturalizada hacia la política ultraconservadora de Nixon, la inversión descomunal del gobierno en defensa debido a la Guerra Fría, y sobre todo la Guerra de Vietnam. Dicho movimiento tendría a la postre su culminación en el Festival de Woodstock. Pero antes de que la música se convirtiese en un reflejo de la brecha generacional y la polarización de la sociedad, la formación vocal a la que hoy homenajeamos había sentado un gran número de precedentes para la inspiración y el desarrollo de los sonidos que se erigieron como representativos de un momento y un lugar.

Sin embargo, la razón por la que “Pet Sounds” se ha convertido en un clásico inmortal, es precisamente porque con él los californianos supieron cerrar una etapa y abrir una nueva, adelantándose una vez más a la corriente masiva. Aprovecharon todo ese sonido amable y desinhibido, catalogado posteriormente como estilo ‘doo-wop’, utilizándolo como punto de partida para absorber influencias de multiplicidad de géneros y dar lugar a un reformador y novedoso art-pop, o pop barroco, del que fueron precursores. Es por tanto una obviedad asegurar que sin la inventiva y la creatividad de los Beach Boys en este álbum la historia de la música habría llevado caminos diferentes, y quizá jamás se habrían sentado las bases que nos han permitido disfrutar de artistas que evolucionaron y aportaron su personalidad a dicho género. Artistas tan dispares como David Bowie, Roxy Music, o viajando hasta nuestros días, Arcade Fire o Florence + The Machine.

Y hablando de influencias, previas y posteriores, es imposible hablar del “Pet Sounds” sin inmiscuirse en su relación con los Beatles. Y es que “Rubber Soul”, sexto álbum de estudio del cuarteto de Liverpool, fue el trabajo que inspiró a Brian Wilson para comenzar a crear la que acabaría por ser considerada su obra maestra. Y a su vez, Paul McCartney asegura que “Pet Sounds” es la mejor obra de música vocal jamás escrita, y que fue la principal inspiración en la grabación de “Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band”, considerado por gran parte de la crítica y la prensa especializada no sólo el mejor álbum de Lennon, McCartney, Starr y Harrisson, sino también el mejor de la historia del pop y el rock.

Dejamos a un lado el apartado metamusical, y nos adentramos en la composición y en la repercusión comercial. Como se ha mencionado antes, Wilson utilizó parte del sonido previo de los Beach Boys como punto de partida para las nuevas vías experimentales de la formación, pero eliminó por completo de la temática del álbum las ‘preocupaciones’ que hasta entonces habían dominado la lírica de los californianos: las chicas, los ligues, los coches y la playa, algo que a día de hoy se correspondería con el estilo gangsta del hip-hop. Sus compañeros quedaron sorprendidos cuando Brian les presentó las letras con las que pretendía trabajar, las cuales había desarrollado con ayuda del poeta y publicista Tony Asher. De hecho, en un principio se mostraron reticentes a la grabación del álbum, ya que no confiaban en que semejante cambio pudiera lograr el éxito en los charts al que en un principio aspiraban, algo en lo que no se equivocaron en exceso, pues a pesar de que el convertirse en un clásico ha permitido que las ventas históricas del álbum sean notables con el paso del tiempo, no fue así en su lanzamiento, considerado un fracaso, dado que si bien en el Reino Unido lograron entrar en el número 2 del UK Chart (eso sí, desplomándose en las posteriores semanas), en el Billboard americano no pasaron del 10 y no obtuvieron el disco de oro, algo traumático para una banda acostumbrada a coleccionar números 1 y certificaciones oficiales de cifras record de ventas, y más teniendo en cuenta que parte de la misma se mostró en contra del cambio. Sin embargo, los componentes lograron superar el cisma para acabar promocionando el álbum a nivel mundial.

Un álbum compuesto nota a nota, partitura a partitura, cuya perfección se basa en gran medida en la utilización de una grabación en sonido mono en un momento en el que comenzaba a normalizarse el estéreo, lo cual hizo que las capas de sonido basadas en armonías consideradas perfectas luciesen mucho más. Y es que ése es el gran secreto de “Pet Sounds”. Que más allá de la aparición del pop barroco, supone la innovación basada en lo simple, en la matemática de la música, en la premeditación de cada acorde tal y como se hacía en las partituras clásicas. Y llegados a este punto, es momento de desgranar el disco canción por canción.

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Aprovecharon todo ese sonido amable y desinhibido, catalogado posteriormente como estilo ‘doo wop’, utilizándolo como punto de partida para absorber influencias de multiplicidad de géneros y dar lugar a un reformador y novedoso art-pop, o pop barroco, del que fueron precursores.

“Pet Sounds” comienza con “Wouldn’t It Be Nice”, un tema que trata la temática del amor desde una perspectiva diferente a la que sus anteriores composiciones hedonistas acostumbraban. En ella, dos adolescentes fantasean con la idea de vivir juntos, de escapar de sus rutinas, de ser libres, de poder casarse, de ser adultos y seguir juntos, amándose y poder compartir toda una vida. Musicalmente no podían haber elegido un tema mejor para comenzar el álbum, pues supone toda una declaración de intenciones desde su comienzo, en el que un instrumento tan arcaico como la mandolina da paso a la voz principal de Brian Wilson. Brilla en el aspecto vocal con esos acompañamientos ‘doo wop’ que hicieron de los californianos un símbolo de los 60, adaptándolos a la nueva envoltura barroca. Instrumentos tan dispares como el acordeón, el bajo eléctrico, el contrabajo, el saxofón o el órgano se superponen de una forma tan homogénea y gestáltica que las partes ceden todos sus atributos al conjunto. Su composición no se encuentra exenta de polémica, pues a pesar de que en un inicio su autoría se adjudicó únicamente a Wilson y a Asher, Mike Love, primo de Wilson y componente de la banda, ganó una demanda para que se le reconociera también como autor por su aportación en la coda final del tema.

You Still Believe In Me” es un perfecto homenaje a la música melódica tradicional americana desarrollada en las décadas de los 30 y los 40, contando de nuevo con un acompañamiento instrumental de lujo, e introduciendo ciertos matices en el acompañamiento del pop progresivo que pocos meses más tarde desarrollarían y reivindicarían bandas como The Doors. A la letra se le ha atribuido un carácter nostálgico acerca de la infancia, lo que sería un continuismo respecto al primer corte, aunque en este caso se lleva a cabo desde la otra cara de la moneda. Si “Wouldn’t It Be Nice” es un canto a la madurez desde la infancia y la adolescencia, “You Still Believe In Me” es una evocación de la infancia desde la madurez, una reivindicación de la figura del padre y la madre como puntos de apoyo que nunca dejan de creer en uno. Le sigue “That’s Not Me”, quizá la canción más convencional del álbum, ya que a pesar de sus modulaciones tonales se asemeja estructuralmente en mayor medida al rock de la época. Un aspecto a destacar acerca de ella es que mientras en otros temas la instrumentación fue grabada por músicos de estudio, en ésta se debe únicamente a los componentes de los Beach Boys. Supone además la rendición ante la belleza de lo simple, pues sin apenas ornamentación instrumental, más allá de un órgano más bien estático y unos arpegios esporádicos de guitarra, el peso recae sobre la melodía de Mike Love. En continuación con la temática iniciada por el álbum, el tema trata la incertidumbre del momento de la emancipación del hogar parental.

«Pet Sounds» supone la innovación basada en lo simple, en la matemática de la música, en la premeditación de cada acorde tal y como se hacía en las partituras clásicas.

Con “Don’t Talk (Put Your Head On My Shoulder)” llegamos a uno de los momentos más emotivos de “Pet Sounds”. Inspirada de nuevo por la épica de las baladas de los años 40, y con la culminación del romanticismo por bandera, se acompaña magistralmente por los cuatro instrumentos de la formación clásica de un cuarteto de cuerda (violín, viola, cello y contrabajo), los cuales dan la perfección y el significado completo a la canción más dulce del álbum. Cambiamos absolutamente de tercio con “I’m Waiting For The Day”, un tema cuyo resultado no convenció a varios de los miembros, incluyendo al propio Brian Wilson, pero que finalmente formó parte del álbum por la positividad del mismo. Centrado en la superación del desengaño amoroso mediante la llegada de un nuevo amor (una forma edulcorada de musicalizar el proverbio de que un clavo saca a otro clavo), destaca por la forma magistral con que se presentan en segundo plano el órgano Hammond, y especialmente la flauta.

La instrumental “Let’s Go Away For A While”, de cuya composición y sonoridad estaba Wilson tan orgulloso que decidió prescindir a la parte vocal, da lugar a la que en el LP era la última pista de la cara A: “Sloop John B”. No estamos en este caso ante una composición original, sino ante una adaptación de una popular canción caribeña de 1927. Se asemeja en la parte lírica al resto del álbum, ya que se encuentra de fondo la temática familiar, al igual que en varios de los cortes. Dos instrumentos en los que recae mucha de la importancia de esta versión son el glockenspiel (similar a un xilófono) y el clarinete.

Wilson eliminó por completo de la temática del álbum las ‘preocupaciones’ que hasta entonces habían dominado la lírica de los californianos: las chicas, los ligues, los coches y la playa, algo que a día de hoy se correspondería con el estilo gangsta del hip-hop.

La encargada de abrir la cara B es “God Only Knows”, inspirada según el propio Brian Wilson en una cantata de Johann Sebastian Bach. A pesar de ser una canción de amor a priori convencional, destaca por su inicio, ya que rompe diciendo “quizá no siempre te ame”, lo cual se sale de la corriente general de las canciones de amor que apuestan por la verificación del amor eterno  e incondicional. Le sigue el que fue el tema más polémico de “Pet Sounds”: “I Know There’s An Answer”. La canción, que entre su envoltura barroca emplea instrumentos del folklore norteamericano como el banjo y la armónica, tuvo el rechazo de varios de los miembros de la banda por su clara apología al consumo de drogas como vía para ser más feliz. Debido a los enfrentamientos que provocó, Wilson cedió y cambió la letra lo suficiente para que dicha apología resultase más opaca, de forma que esa respuesta a la que se refiere pudiese ser entendida de múltiples maneras, desde la idea original del consumo de psicotrópicos hasta vías místicas de espiritualidad y paz con uno mismo. “Here Today”, una pieza muy en la línea de la corriente que en la siguiente década seguiría David Bowie, es una perfecta canción vocal acompañada por un trombón y un saxo barítono, que al igual que “God Only Knows”, también fue basada en una composición de Bach. Además, la temática de la canción es similar, pues propone disfrutar el aquí y ahora con un amor que posiblemente mañana se haya marchado. Sorprende que estos dos cortes no se hallen en el álbum de forma continuada, debido a las similitudes musicales y líricas entre ellos.

I Just Wasn’t Made For These Times” refleja la evolución en los pensamientos filosóficos y éticos de Brian Wilson, ya que trata la historia de un personaje desadaptado a su tiempo, a una sociedad alienante en la que ni encaja ni quiere encajar, que se encuentra en un profundo estado de depresión. Al igual que el protagonista, fue un tema adelantado a su tiempo, ya que emplea una temática que se popularizaría a finales de los 70 con el post-punk de formaciones como Joy Division, o en el krautrock de Suicide. Musicalmente es destacable la utilización del electroteremín, que poco más tarde daría lugar a la composición de otro de los temas bandera de los Beach Boys: “Good Vibrations”.

A día de hoy no podríamos entender el art pop si a Brian Wilson en 1966 no se le hubiese cruzado un cable y hubiese decidido abandonar por completo esa zona de confort en la que residía su grupo.

Pet Sounds” es la segunda pieza instrumental, aunque de un carácter más exótico que la que se encontraba en la cara A, pues la utilización de los bongos o el güiro le dan un carácter latino que no aparece en ninguno de los otros cortes del álbum. Y llegamos al final con “Caroline, No”, una melodía triste acompañada por una percusión monótona realizada con una botella vacía de cocacola y de un melancólico clavicordio. La letra de la canción hace referencia a dos relaciones fallidas que habían tenido tanto Asher como Wilson. El final, con los ladridos de un perro y el ruido del paso de un tren, fue elegido por Wilson como perfecto para cerrar el álbum, debido al título del mismo.

Resumiendo, es imposible no maravillarse al día de hoy al rememorar un trabajo que, aunque a día de hoy no lo parezca, fue tremendamente vanguardista en su momento, y además, precisamente la razón por la que no lo parece es porque creó tal tendencia y supuso y sigue suponiendo una influencia tan flagrante para un infinito número de bandas, que sus sonidos, su estilo, su estructura y su instrumentación se han homenajeado y copiado hasta la saciedad. Y es que a día de hoy no podríamos entender el art pop si a Brian Wilson en 1966 no se le hubiese cruzado un cable y hubiese decidido abandonar por completo esa zona de confort en la que residía su grupo para dar forma a uno de los mejores discos de la historia de la música pop.

The Beach Boys – Pet Sounds

THE BEACH BOYS

10 INSTANT CLASSIC

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“Pet Sounds” es, sin ninguna duda, el álbum que dio un giro a la carrera de los Beach Boys, y que supuso el origen del art pop o pop barroco, un estilo que posteriormente se generalizaría en artistas como Brian Eno o David Bowie. Hoy en día sigue sonando con la misma frescura que en 1966, y sigue emocionando de la misma manera.

Up

  • Consigue la perfección armónica a partir de lo simple, de la eliminación de cualquier disonancia y la superposición homogénea de multiplicidad de instrumentos.
  • La variedad instrumental es asombrosa.
  • Supone un antes y un después en la historia del pop.
  • Probablemente, pues no vamos a discutir a Paul McCartney, el mejor álbum vocal de la historia.

Down

  • Los dos temas instrumentales no tienen la misma fuerza que los vocales.
  • Es más un álbum de Brian Wilson que de la banda al completo, pues hubo muchas disidencias en la grabación, y la instrumentación está realizada por músicos de estudio, por lo que el papel de algunos de los componentes fue poco determinante en la creación, grabación y producción.