El otro día, mientras expresaba la emoción que había en mí al saber que James Blake estrenaría disco por sorpresa anunciándolo literalmente de un día para otro, un miembro de redacción (un saludo a Juanan desde aquí) pedía que se lo describiera para un no-iniciado. Lo primero que se me vino a la cabeza fue decir “el músico favorito de Kanye West”, porque realmente decir que James Blake es James Blake, es decir, su propia marca, su propio sonido multi-influenciado, me quedaba algo vago aunque pensara que a estas alturas de la vida el músico ya se había forjado una marca con su propio nombre y no requería mayor presentación.

Criticado por muchos alegando que no se correspondía con el hype con el que se presentó y alabado por tantos otros, Blake dio una vuelta de tuerca al género de la electrónica abarcándola desde diferentes ángulos. En sus primeros EPs exploraba sonidos que llevaban a pensar en un dubstep ligero, al mantener esos elementos disonantes, en ocasiones explosivos, de ese género, introduciendo modulaciones vocales de samples, sintetizadores y percusiones que te atrapan. Todo ello acabaría por cristalizar y derivar en una vertiente del post-dubstep, encumbrándose como pionero James Blake en su álbum homónimo “James Blake”, donde exploraba territorios que quedaban algo lejanos para un público generalista pero embaucadores para la crítica especializada. Fue un primer álbum con el que cautivó, sorprendió, disgustó en algunos pasajes en su primera escucha y acabó por seducir con el resto de oportunidades. Temas en los que las letras jugaban con la ambigüedad, donde la parte vocal era protagonizada por el propio Blake entre modulaciones, subidas de tono y vocoders (obra maestra la de “Lindisfarne I y II”), pero siempre con cierta timidez a ser descubierto. Se le veía tranquilo en ese mar de sintetizadores y distorsiones que servían de camuflaje.

Por contra y tras un EP de título “Enough Thunder” que servía de transición entre discos y del que no puedes más que admirar su rendición al “A Case Of You” de Joni Mitchell y su colaboración lenta pero explosiva junto a Bon Iver, “Fall Creek Boys Choir”, llegamos a su gran salto, a “Overgrown”. En este álbum se permitió jugar con las influencias de haber trabajado con Kanye West, Justin Vernon y Brian Eno, lo que provocó un disco con más color y muchas más texturas, jugando con los sonidos más soul y juntándolos a bases y arreglos que apuntaban más al club. De ahí extrajo “Retrograde”, que se convirtió en su tema bandera, su himno. Hablamos de un disco que fue lanzado en 2013, elegido por muchos medios como mejor álbum del año, así que el siguiente movimiento del británico sería muy bien estudiado y esperado. Cada lanzamiento disparaba las expectativas del público. ¿Qué estilo habría que seguir? ¿Lo que le había llevado hasta aquí o la renovación total? “200 Press” salió en 2014, un EP con cuatro temas donde parecía volver a los inicios, un estilo algo club, sampleado e interesante, con lo que terminó de despistar a la gente. No quedaba más que esperar pacientemente. No había fecha, no había estilo futuro claro. Sólo había espera.

Lo que ocurrió a partir de entonces fue la aparición de una serie de afirmaciones por parte del músico: “Está al 70%”, “Van a colaborar Kanye West y Justin Vernon”. Hablamos de finales de 2014, y no ha sido hasta abril de 2016 cuando han aparecido los primeros adelanto reales de lo que ya estábamos seguros formaría parte del nuevo álbum. Finalmente confirmó el 5 de mayo su título,“The Colour In Anything”, y se lanzó la misma madrugada del 6.

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Es un disco duro. Es la materialización de los pensamientos más profundos de James Blake, es la apertura en canal de su corazón, de sus inquietudes.

Radio Silencese encarga de abrir este nuevo trabajo que ha tardado tanto tiempo en forjarse. Una parte vocal que suena melancólica y un piano disonante que se repite en bucle conforman este primer tema que empieza tímido para ir forjando una atmósfera que encontraremos común a lo largo del álbum. Geniales líneas de sintetizadores hacia la mitad que dan cuerpo y barren mientras Blake ataca desde los diferentes flancos con una superposición vocal exquisita lamentándose por su amada, por no tener la oportunidad de hablar con ella y saber cómo se siente por su apresurada marcha: But in my heart there’s a radio silence going on….

Pointscontinua con ese punto de vista lírico de la evolución post-ruptura y el hecho de darse cuenta de que su chica no era la que realmente pensaba. Ese “It’s sad that you’re not longer herque se repite indefinidamente y queda clavado en la memoria lo dice todo. Desde el punto de vista melódico, encontramos un corte donde instrumentación y lírica se complementan de una forma muy interesante. Otro comienzo tímido que deriva en un estallido de sintetizadores algo ruidosos y afilados para acabar en silencio, con el mantra que se repite a lo largo de la canción cerrándola a modo de conclusión final. Mención aparte merece ese beat que se apodera de ti, ese juego de percusión ligera y precisa que te invade y necesita salir en un baile arrítmico y sentido.

Las melodías no buscan transmitir una atmósfera falsa o incongruente con lo que siente Blake en sus letras, sino que más bien buscan incrementar los sentimientos transmitidos por él. Y lo hacen realmente bien.

Escuchar álbumes con tanto sentimiento nos proporciona la oportunidad de entender al músico que los compone más a fondo. “Love Me In Whatever Way” me hace pensar en una persona a la que le pesa el recuerdo. Basado en un piano melancólico y momentos de sample que evocan risas enlatadas, representa la necesidad de Blake de ser amado: “Tell me where I have to go and then love me there”, “I know some men hurt more than me, but giving up is hard to do”. Un tema co-escrito junto a Frank Ocean que, con los artificios electrónicos justos, hace de este uno de los cortes más sentidos de “The Colour In Anything”. “Timeless” iba a contar con la presencia de Kanye West en un verso que al final no se llegó a materializar. Cabe decir que Blake ya colaboró en una revisión de “Life Round Here” de “Overgrown” junto a Chance The Rapper, con una parte del rapero intensa y cargada de vocoders, por lo que no sería la primera muestra de, si acaso, eclecticismo que encontraríamos en la obra del británico. Ahora lo que encontramos es un medio tiempo tranquilo, con teclados y cajas de ritmos e interesantes interludios en los que cambia ligeramente la melodía. Todo esto poblado por una lírica más minimalista, donde percibimos algo de crisis de identidad, dejando las relaciones en un plano secundario. Un corte correcto donde no se anda con grandes florituras. Hay oscuridad, hay calidad vocal y, en definitiva, hay un tema que resulta agradable de escuchar.

Continuando con los tracks más sencillos y digeribles, llegamos a “F.O.R.E.V.E.R”, una pieza a piano y voz que evoca al soul más frío y sórdido del músico. No hay nada de electrónica, tan sólo él y su piano cantando una balada donde, a base de metáforas, describe lo que es abandonar a su pareja y no dejar de pensar en ella hasta llegar al punto de verla en el resto de personas que ve por la calle. “Put That Away And Talk To Me” vuelve a la carga con los artificios, pero despegando de forma progresiva. Un teclado claro y percusivo y mucha modulación vocal robótica que se encarga de describir los sentimientos que poblaron la confección de este ansiado álbum: el cómo tienes todas las ideas y no eres capaz de materializarlas. La presión parece hacerse palpable en forma de una voz de tono alto y modulada que canta rápidamente “Could you tell me about the early days?”, donde parece buscar el consejo del Blake antiguo, el de los primeros álbumes que producía sin ser foco de atención. Ese “put that away and talk to mehace referencia a la marihuana que fumaba para intentar abrir su mente en la composición de este largo, que lo llevó a abandonar su dormitorio/estudio de grabación de Londres para adentrarse en un estudio de Estados Unidos. No seré yo el que diga si el método funcionó o no, pero me toca decir que este es uno de los mejores temas del elepé. Sencillo, elegante y con un buen trabajo de producción.

Este es el disco más largo confeccionado hasta la fecha por James Blake, y diría que lejos de hacerlo de esta forma para contentar al público, lo ha hecho por la necesidad de contar una historia con inicio, nudo y desenlace.

De la misma manera que este tema entra bastante bien, “I Hope My Life” me costó algo más teniendo en cuenta ese sintetizador en 8-bits, los violines sintetizados y la batería que marca el ritmo. Pero pasada esa primera impresión y adentrándonos en el corte, encontramos un tema animado, donde los sintetizadores del final se encargan de dar un cuerpo y un trasfondo interesante. Tenemos un vocal repetitivo que hace pensar en sus orígenes y un cuerpo melódico que podría ser la incursión en el pop-electrónico por parte del músico. Novedoso, sin duda. Sin embargo, el asunto vuelve a su cauce en “Waves Know Shores”, un track muy delicado y potente, en el que los teclados dan paso a un cuerpo de viento metal con una bellísima línea melódica que entra en comunión perfectamente con el desdoblamiento vocal que ejecuta Blake en esta pieza. Hacia el final llegarán los efectos algo experimentales para recordarnos de qué LP estábamos hablando, y aunque en un principio chocan, al final acabas por aceptarlos como un elemento inherente de “Waves Know Shore”. Por su parte, “My Willing Heart” es una vuelta a los orígenes. Percusión analógica, piano distorsionado y vocal de tono alto modulada. Eso al menos al principio, porque cerca del minuto transcurrido todo ese sonido se concreta y normaliza, desapareciendo toda distorsión para dejar un tema que avanza a paso inexorable, con fuerte peso de la percusión y el piano a los que se añaden ese compendio de sintetizadores y efectos que soportan la carga de una composición en la que, en conjunto y por culpa del ligero falsete que desarrolla Blake, hay algo de R&B ligero mientras canta al amor idealizado, a la persona que no conocemos directamente pero nos sorprende por lo que dicen otros.

Las revoluciones se incrementan con “Choose Me”, uno de mis cortes favoritos. Parte de un inicio algo desigual que no sabes a dónde te conduce, pero finalmente no puedes más que sorprenderte y emocionarte con la dirección tomada. Superposiciones vocales a mansalva, un “oooh” eterno alto que sirve de hilo conductor, una parte robótica en contadas ocasiones y la línea principal del tema que tiene cierto tono de reproche. Abandona la melancolía y lo fantasmagórico para nutrirse de rabia. Este sentimiento es el que puebla todos los versos, y el británico se sirve de frases directas para dejar patente que la culpa del final de la relación no es suya. Por otro lado, quiere ser amado, pero no fuerza a la otra persona a ello, sino que más bien se lo propone (“I’d rather you choose me”) para acabar derivando finalmente en ese “You don’t owe me anything, what could I want back from you?” que se perfila como la frase más impactante de todo el álbum. Se trata de un tema acompañado por una melodía pegadiza y rápida, donde tanta superposición vocal denota el caos de estos sentimientos que afloran en el músico y que recuerda a algunos cortes de Bon Iver, el cual participa en el siguiente tema, “I Need a Forest Fire”. Si bien ya colaboraron en el pasado en una canción cargada de vocoders, la parte vocal de este track permanece limpia. Las únicas modulaciones vendrán dadas por el efecto creado por las superposiciones de distintas tonalidades que añaden un cuerpo bellísimo. Y se nota que es una pieza surgida de la amistad de los dos músicos. Desde ese principio donde oímos un “uh!” y a Blake decir de fondo “nice”, hasta la buena sintonía que desprenden las dos voces juntas. Cada una con su estilo (los versos de Justin Vernon recuerdan plenamente en métrica y ritmo a composiciones de su proyecto Bon Iver como “Holocene”), pero que adquieren el punto común en ese estribillo mágico. Es un tema que se apodera de ti, que hay que disfrutar sintiéndolo en oscuridad (quien escribe esto lo ha hecho), sintiendo la necesidad de rehacer la vida, que es lo que plasma al fin y al cabo Blake y Vernon en los versos que pueblan “I Need a Forest Fire”.

En “The Colour In Anything” las canciones se apoyan entre sí en cuanto a lírica para representar un viaje al interior del músico y a los últimos años de su vida. Pero también hay apoyo melódico, porque este álbum presenta un interesante hilo conductor que se va desarrollando, experimentando variaciones de intensidad acorde con la temática de la letra que se canta en el momento.

Ser la canción que aparece después de uno de los mejores cortes de este álbum es difícil, y es la misión adjudicada a Noise Above Our Heads”. Consigue cumplir su labor funcionando como un outro de la colaboración con la mente pensante de Bon Iver. Una melodía relajada con una percusión analógica que marca el paso y teclados de fondo que no buscan robar el protagonismo a la parte vocal, donde deja patente que el músico no encontrará la paz hasta que conozca a esa persona que caiga enamorada de él (“I’ll find no peace ’til I know you […] ’til I am no t the enemy“) y que después ambos piensen en el otro en la noche. “The Colour In Anything” es, como la anteriormente mencionada “F.O.R.E.V.E.R”, una pieza romántica a piano y voz, pero algo más grandilocuente por ese estribillo de doble vocal que incrementa su intensidad. Un tema más bello que el anterior eso sí, tanto a nivel melódico como a nivel lírico, con ese gancho que no puedes más que sentir: “And how I told you what I’d do, If one day I woke and couldn’t find the colour in anything”. Esa crisis sentimental donde se cuestiona qué pasaría si dejara de sentir, si todo lo viera gris.

Una introducción ligera que va aumentando en intensidad y que me hace pensar en “Still Haven’t Found What I’m Looking For’” de U2 marca el inicio de “Two Men Down”. Este periplo hasta el primer verso está protagonizado por una parte vocal lejana, que suena a lamento y que se fusiona a la perfección en ese pre-estribillo dulce de sintetizadores y teclados que deriva en un gancho algo más metálico y agresivo, en el que la voz de Blake se ve modulada en tonos altos para simular probablemente la voz de la mujer a la cual se ha declarado en el verso mientras esta contesta que hay otro hombre en su vida. Ese “There are two men down” suena devastador entre juegos de sintetizadores que se distorsionan otorgando un sonido metálico algo drone y que configuran el panorama del tema más largo y uno de los más concretos en lírica y dolorosos. Sensación que se transmite a “Modern Soul”, uno de los mejores y más elegantes tracks de este trabajo. Un riff de piano constante que marca de manera importante el ritmo del corte, al que se le suma un trabajo de percusiones simples y efectivas que atacan por todos los ángulos, efectos ligeros de sintetizador y la voz de Blake desdoblada mientras hace un canto al reconocimiento de que sólo le queda acceder a su amada en sueños, y de cómo a través de sus canciones transmite una imagen de esta mujer que no se corresponde a la real (especial hincapié hago en el verso “What I didn’t see was I was talking to so many people at once”, que me resulta simplemente maravilloso).

Recuperando esa temática de los sueños y de cómo Blake es el dueño de todo en ese estado llega “Always”, un tema agradable, con una esencia R&B en parte provocada por las palmas electrónicas que marcan el ritmo y los recortes vocales modulados. El piano que conduce la línea melódica se encuentra lo suficientemente controlado para oírse y ser tenido en cuenta sin llevarse la atención principal. El cierre se encarga de ponerlo la maravillosa “Meet You In The Maze”, una obra únicamente protagonizada por la voz de Blake y los vocoders. Ya hizo alguna inmersión en este territorio (basta irse a “James Blake” o al cierre de su concierto del Glastonbury en 2014, por ejemplo), pero nunca de una manera tan elegante. Siendo co-escrito por Justin Vernon, sólo podíamos encontrar una pieza que evocase a la melancolía y a la belleza. Una lírica que tanto se podría referir a su persona del pasado que le sirve como inspiración y motivación para la confección del álbum, como la referencia final a su amada y la aceptación de que han pasado página y que esperan verse en un futuro incierto (“I’ll meet you in the maze”).

Un trabajo con el cual te puedes sentir plenamente identificado, porque todos compartimos ese miedo que expresa en la canción que da título al disco. ¿Qué sería de esta vida si un día nos despertáramos tras una ruptura y nos diéramos cuenta de que hemos dejado de sentir, que no le vemos el ‘color’ a nada?

Es un disco duro. Es la materialización de los pensamientos más profundos de James Blake, es la apertura en canal de su corazón, de sus inquietudes. Por un lado y atendiendo a la lírica, tenemos al Blake músico, el que nos cuenta la presión sufrida por la concepción de un álbum que iba a ser estudiado con profundidad. Porque si ya con “James Blake” y “Overgrown” despertó la llamada del público y hubo altas expectativas, con este “The Colour In Anything” se veía en la obligación de contentar a no pocas personas, y de ello ha querido dejar constancia. Por otro lado, tenemos al Blake que mayormente ronda por el elepé: el Blake persona que está destrozado sentimentalmente y que muestra en sus letras la evolución de todo ese proceso desde que una relación acaba, el momento final, la posterior rabia y furia, el momento de tristeza y hundimiento, la recaída y finalmente la aceptación, que se hace esperar 17 temas.

Este es el disco más largo confeccionado hasta la fecha por el músico, y diría que lejos de hacerlo de esta forma para contentar al público, lo ha hecho por la necesidad de contar una historia con inicio, nudo y desenlace. Piezas que se apoyan entre sí en cuanto a lírica para representar un viaje al interior del músico y a los últimos años de su vida. Pero también hay apoyo melódico, porque este álbum presenta un interesante hilo conductor que se va desarrollando, experimentando variaciones de intensidad acorde con la temática de la letra que se canta en el momento. Hay que admitir que es un disco más frío, sórdido y duro de asimilar que “Overgrown” y “James Blake”. De hecho, pasadas las escuchas iniciales cabía preguntarse cuál es el sonido que define “The Colour In Anything”, algo que era más fácil de responder con los compactos anteriores. Tuve que darle un par de oportunidades más para desgranarlo por completo y terminar de asimilarlo.

¿A qué suena “The Colour In Anything”? Si nos ponemos técnicos, podríamos decir que a sintetizadores que tiran más a lo sutil y al soporte, añadiendo ruido y elementos más propios del drone sin buscar eclipsar a lo importante de todo este larga duración: la parte vocal y el piano. Todo ello está aderezado por percusiones más tranquilas y menos rompedoras que en trabajos anteriores; hay momentos donde se intensifican, pero son pinceladas que buscan llamar la atención del oyente. Si nos ponemos en un apartado más metafórico, hay que decir que este álbum suena a dolor, a melancolía y a desesperación. Las melodías no buscan transmitir una atmósfera falsa o incongruente con lo que siente Blake en sus letras, sino que más bien buscan incrementar los sentimientos transmitidos por él. Y lo hacen realmente bien.

En definitiva, es un trabajo profundo de los que se echaban de menos, donde James Blake ha sabido entrar en comunión con su producción anterior para traer lo mejor de él mismo pasado por un prisma de madurez que le ha permitido confeccionar melodías más creativas e interesantes. Tal vez no encontremos ningún tema de la talla de “Retrograde”, pero el minimalismo, la oscuridad y todo el trasfondo sentimental de los cortes que conforman este “The Colour In Anything” compensan. Un trabajo donde se da el mismo peso a la forma que al contenido, con el cual te puedes sentir plenamente identificado, porque todos compartimos ese miedo que expresa en la canción que da título al disco. ¿Qué sería de esta vida si un día nos despertáramos tras una ruptura y nos diéramos cuenta de que hemos dejado de sentir,  que no le vemos el ‘color’ a nada?

James Blake – The Colour In Anything

JAMES BLAKE

9.0 HOT RECORD

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James Blake vuelve a la carga con un álbum que hace suyo desde las melodías hasta las letras. Jugando con los sintetizadores y efectos algo menos ligeros que en su anterior obra consigue que entren en comunión una relación acabada con su correspondiente proceso de vuelta a la normalidad sentimental y las melodías con las que se presenta.

Up

  • Ha sabido superar su producción anterior introduciendo todo ese cuerpo sentimental que hace de este trabajo una obra muy digna.
  • Los momentos donde aparece Justin Vernon, siendo “I Need a Forest a Fire” uno de mis temas favoritos.
  • “Radio Silence”, “Points”, “Choose Me”, “Modern Soul” y “Meet You In The Maze”, en definitiva.

Down

  • La introducción de “I Hope My Life”.