La primera en dar las campanadas a una nueva edición del SOS 4.8 fue la orquestina de Ecoembes que deambulaba para propagar un mensaje de concienciación ecológica. Yo fui a por la bolsa que regalaban al reciclar un vaso de plástico (nótese el interés por la causa). Se asomaron tímidamente las cámaras de grabación y sus correspondientes presentadores, todavía en un espacio desangelado, ya que como es costumbre, la pre-fiesta del botellón en el parking de Eroski se convierte en la cita imprescindible para asimilar con gran contento tantas horas de celebración musical. No obstante, unos primeros fieles ya tenían en sus manos los codiciados tokens con los que sobrevivir si querían mantener el tipo dentro del recinto. Creedme, te arrepientes de verdad cuando te descuidas por un momento, porque al final enlazas con cubalitros de vodka y haciendo un flashmob de música latina con desconocidos. Qué tiempos aquellos. Ahora hay que asumir una gran responsabilidad.

Sorprendió mucho el cielo encapotado de Murcia. Qué atípico. Tenía que hacer mal tiempo el mismo fin de semana del SOS 4.8, cuando cinco días atrás disfrutábamos de temperaturas escandalosamente altas y un sol incompasivo que hervía las pieles a pares. Es a lo que la gente acaba acostumbrándose, tanto por el clima desértico y fulminante de la zona (ideal para coger un morenito decente con el que presumir en la oficina) como por dar comienzo a la temporada festivalera, caracterizada por el destape general (o una excusa para no parecer una cebolla en pleno meollo de los conciertos). Aun así, no es de negar que se agradeció, ya que otros años este ha sido otro de los inconvenientes (ni que decir tiene las espantosas diferencias de temperatura de las cinco de la tarde a las seis de la madrugada, vaya suplicio). Sin embargo, las nubes no terminaron de cuajar y apenas chispeó durante un cuarto de hora en el maremagnum de artistas que se dispusieron a romper la barrera del sonido del festival. Pero de eso hablaremos un rato más adelante, vamos por partes.

VIERNES 6 DE MAYO

Costó adaptarse al vestuario tan ecléctico y coachellero de la mayoría de los asistentes, cuanto más colorista y recargado, mejor. Otros optaron por estilismos más normales e incluso monocromos, que si os soy sincero, fueron de agradecer para la vista. Pero claro, luego a la noche todos los gatos son pardos. La primera manifestación considerable de personas se da cuando los primerizos Baywaves dieron la campanada con un directo interesante y bastante modesto. Jägermeister is the new Woodstock. Cuando su nombre apareció entre las confirmaciones del festival no pude resistirme a la tentación de buscarlos por Spotify y darles una escucha previa, y la verdad es que me convencieron: psicodelia pop adornada por guitarras distorsionadas y punteos surferos. Y además, producto nacional, esto promete. Tristemente me quedé con ganas de más, apenas media hora de duración en la que The Freak Kingdom” y “Time is passing U by” marcaron un clímax de saltos y movimientos de cabelleras rizadas y melenas. Por lo general envolvente y dinámico, espero con ansias que vuelvan pronto y publiquen de una vez por todas un LP, porque prometen.

Fotografía: Javier Sánchez
Fotografía: Javier Sánchez

Llegué un poco apurado a ver Mew, unos daneses con mucha historia. Con más de dos décadas de actividad montaron un espectáculo vocal imponente, aunque se vieran limitados en el escenario Estrella Levante. “Witness”, “Symmetry” o el gran colofón marcado por una alucinante recomposición instrumental de “Comforting Sounds” dieron una gran lección de humildad. Aunque se encasillaran en un punto concreto de la plataforma, supieron cómo poner los pelos de punta a un público bastante moderado, todavía en modo hibernación hasta la llegada del primer cabeza de cartel. La racha de conciertos sorprendía positivamente, y justo después de ellos acudí al espectáculo instrumental de los madrileños Toundra. Tras su aclamado concierto el pasado mes de abril en el Barclaycard Center de Madrid, la banda apuntaba maneras, y su propuesta sonaba bien diferente a la del resto de bandas: dosis tras otra de solos instrumentales bañados en rock progresivo con tintes de metal que llamó a los ‘soseros’ con fiereza. Otro concierto bastante breve también, aunque el espectáculo proporcionado resulta contundente e hipnótico.

Llegó la hora de uno de los cabezas de cartel fundamentales de esta edición: Manic Street Preachers. Y con ellos, una pareja de amigos muy entrañable con los que he acordado escribir su biografía dentro de unos años. Y para entonces, la sencilla presentación visual del grupo galés impactó con luces azules al cielo. “Everything Must Go” cumple 20 años este 2016, y James Bradfield y los suyos renacieron de sus cenizas con un imponente comienzo a la guitarra. Elvis Impersonator: Blackpool Pier” precedió al gran éxito de los galeses, “A Design For Life”, que hizo saltar al transitado público, invadidos por una agradable nostalgia noventera. Se conservan muy bien, con tal directo serían la envidia de muchos artistas emergentes, y tras sonar algún pepinazo pop como el celebérrimo “You Love Alone Is Not Enough” lo corroboraron. Faltaba Nina Persson para dar el cante con este tema tan atractivo, pero Bradfield suplió la ausencia con creces. Otros momentos de baladas acústicas como “Small Black Flowers That Grow In The Sky”, la increíble sucesión de riffs eléctricos en “Motorcycle Emptiness” y un precioso final a manos de “If You Tolerate This Your Children Will Be Next” colmaron la hora y media intensa de estas leyendas del pop-rock de los noventa.

Fotografía: Javier Rosa
Fotografía: Javier Rosa

Justo después de ellos aparecieron Love Of Lesbian en el escenario Inside. Como era de esperar, superaron las expectativas de asistencia de tal manera que tocó conformarse con una modesta vista desde lejos, aunque en las pantallas se podía ver cómo Santi Balmes se ‘disfrazaba’ para la ocasión. Su chubasquera amarilla guardaba un top circense y unas gafas de hormiga atómica que no le favorecían del todo, pero bueno, no le vamos a hacer feos a los grupos por lo que lleven puesto, sino por cómo interpretan sus temas en el escenario (además, se deshizo de todo ello bien pronto). Temas del último disco como “Bajo el Volcán” y algunos oldies de los barceloneses como “Belice”, “Club de Fans de John Boy” o “Si tú me dices Ben, yo digo Affleck” se aliñaron con una llamativa puesta en escena audiovisual, repleta de citas sobre signos de puntuación bastante prepotentes y edulcorados, en realidad nada nuevo que podamos esperar de estos. El público se quedó con ganas de más (tocaron once canciones), pero quienes siguen a los españoles merecían mucha más atención.

Ellos son CHVRCHES. La banda escocesa formada por Lauren Mayberry, Iain Cook y Martin Doherty fueron la atracción principal junto con los Manic la noche del viernes y llegaron a Estrella Levante de la misma manera que los veteranos: presentación sobria y progresiva, con griterío incorporado desde la pista. “Never Ending Circles” hizo eco a golpe de sintetizador, y una encantadora Mayberry pegó fuerte en el escenario, con un chorro de voz imponente y espasmos corporales. Pequeña pero matona, interpretó con energía pepinazos synth-pop de “Every Open Eye“, su último álbum, como “Empty Threat”, “Make Them Gold” o las cantadas por Doherty (“Under the Tide” y “High Enough To Carry You”). Este cambio de tercios etéreo y seductor fue una gran elección para imponer una pequeña transición, un descanso para más tarde pegar fuerte con “Recover”, que rememora la angustia pasada de la artista. Y con “Leave a Trace” lapidó las penas con una actuación impecable, pero el clímax del concierto no llegaría hasta “Clearest Blue”, sin duda el momento cumbre del concierto, repleto de vitoreos, saltos y electrónica ochentera depechemodiana. Terminaron elegantemente con la canción con la que se dieron a conocer, “The Mother We Share”, y muchas fueron las insistencias para que interpreten un bis. No obstante, se limitaron a alejarse con una sonrisa de entera satisfacción. De lejos, lo más potente de esta edición del SOS 4.8 con mucha diferencia.

No obstante, quien dio la nota descarada y ácida de la noche fueron León Benavente. Este proyecto de artistas veteranos cantaron una gran retahíla de temazos sin descanso. Abraham Boba, fundido en unos pitillos y un look extrañamente burocrático, comenzó bravío en el escenario Inside con “Ánimo Valiente”, uno de sus ases bajo la manga que prefirió desvelar antes de tiempo para volver loco al público. Seguido de otros temas como “California”, “Tipo D” o un final apoteósico llevado a cabo a mano de sus compañeros de cuerdas con “Ser Brigada” (o “Toro” de El Columio Asesino 2.0), el grupo de Boba colmaron con las expectativas y ofrecieron un show fiero, crítico y vociferante. Sin embargo, todavía tienen que mejorar el acento murciano para la próxima cita, su “acho” no llegó a convencernos.

El último concierto antes de llegar a la zona de DJ’s (donde Addictive TV dieron la nota más por sus propios remixes que por el aspecto audiovisual), fue el de Matt and Kim. Cerraron el escenario Estrella Levante a lo grande. Esta pareja que está más loca que una cabra armaron un griterío obsceno pero divertido, en los que sus intentos de hablar español sin parecer unos psicópatas resultaron insuficientes. Con ellos no falta la fiesta, y la química en escena del dúo fue envidiable. Destacaron “Daylight”, “Let’s Go” y sus propias versiones de “No Sleep ‘Till Brooklyn” de Beastie Boys y la mítica “Umbrella” de Rihanna, y no, no faltaron las pelotas de playa gigantes, los globos y las grandes conglomeraciones de fans en el escenario.

Por lo general fue un viernes muy potente, cargado de actuaciones más que notables en las que destacaron las de CHVRCHES y León Benavente. A continuación veremos si el sábado mereció tanto la pena.

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Fotografía: Javier Rosa

SÁBADO 7 DE MAYO

Todavía con la resaca musical del viernes, comenzó el día con los AperitivosSOS, a los que asistí con la intención de ver a dos artistas, el primero de ellos, The MeatPies. A medio camino entre el rock de carretera y el pop beatleiano de los sesenta, los murcianos que se quedaron el año pasado en las puertas del concurso TalentoSOS hicieron un directo modesto y agradable, totalmente apto para oídos sensibles después de la trifulca de grupos del día anterior. “Hear Me Roar” destacó por ser la más coreada, mientras que otros temas como “Dance & Swing” o “What You Lose” hicieron justicia al buen sonido de la eléctrica y los violines. Acto seguido, un mito de la canción española de los 80: Kiko Veneno. Para desgracia de muchos, su actuación fue interrumpida por la prueba de sonido de Amaral y esto hizo que el cantante abandonara el escenario sin haber llegado a la media hora. Al menos nos dejó un regustillo dulce con “Volando Voy” en un espacio sorprendentemente soleado.

Pero no nos hagamos ilusiones, a las cuatro volvió a torcerse el tiempo. Con ganas de ver caras nuevas y escuchar sus propuestas, me acerqué para visitar a Iseo, que casualmente ha ganado este año el premio nacional de TalentoSOS. Los pamploneses pueden presumir de una materia prima hipnótica y llena de calidad, como es el derrochador encanto de su vocalista, Leire Villanueva. Punteando con la guitarra, la vocalista agradecía al público su asistencia que, como ayer, era bastante pobre. Ejecutaron temas de su reciente material titulado “Last Night”, y no pudieron sonar más sensuales y magnéticos. Son varias las referencias musicales que aportan en su repertorio (bossa-nova, neosoul, algo de reggae y jazz) y no les puede sentar mejor. Otro grupo con mucho futuro por delante. Y la programación llamó a The Purple Elephants, que nos dieron la bienvenida al escenario Jäggermeister para petarlo con su rock psicodélico presente en “Danza Funeral“. Aunque de psicodelia tuvieran bien poco (más bien punkarra y feroz) el carisma que derrochaba el conjunto hizo saltar al público y a su panda de secuaces ‘elephanters’, que iban disfrazados para la ocasión con caretas y pintados de color lila, como homenaje a los elefantes de Dumbo. Hubo de todo: pelotas gigantes, conexión con el grupo y cubalitros de cerveza derramados por el suelo por culpa de la euforia del momento… a mí también me habría dolido. Los intercalé con Nudozurdo, que para ser sinceros, no estaban muy animados encima del escenario y aburrieron como las ostras.

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Fotografía: Javier Sánchez

Me sentí muy mal por no poder ver a los talentos del UK Calling el viernes, así que lo apunté como prioridad para el sábado por la tarde. exmagician, uno de los afortunados de esta primera edición de la propuesta entre Radio 3 y British Council, no atrae a mucha gente, pero se disfrutó la tranquilidad y el sonido ambiental de los ingleses. Más desenfadados se mostraron Kassassin Street, y la verdad es que no defraudaron a pesar de una puesta en escena confusa y con problemas técnicos. Embriagados por el sabor de la Estrella Levante, que según su vocalista Rowan Bastable, es de lejos “la mejor cerveza que ha probado en la vida“, realizaron un espectáculo donde no faltaron las posturitas y las piñas de peluche.

Cambiando de tercio, debo decir que Blonde Redhead deberían ganar algún certamen dentro de ‘bandas más infravaloradas que deberías escuchar’, ya que pasaron totalmente desapercibidos tras varios intentos de probar sus instrumentos media hora antes de dar comienzo. Las nubes se dispersaron y para entonces dieron comienzo a un espectáculo tímido, dulce a ratos, pero por lo general demoledor. Demostraron alzarse como claro referente de banda con historia, de perro viejo, la voz de la experiencia, de cómo conseguir buena música sin publicar un escándalo para que sobrevaloren tu trabajo. Otra lección de humildad que más adelante, otros grupos mancillarían.

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Fotografía: Javier Sánchez

Amaral sorprendió (más bien, desconcertó) al ser anunciados como cabeza de cartel del sábado, y la afluencia de personas no pudo ser mayor. Expectantes a que cantaran sus mejores clásicos, los zaragozanos Eva Amaral y Juan Aguirre iniciaron su espectáculo con una sorprendente puesta en escena, en la que una luna cumplía sus fases de manera progresiva y eclipsante. Todos ignoramos qué canción empezó primero, porque su sucesora “Revolución” fue la que de verdad dio pie a la fiesta y convirtió el escenario Estrella Levante en una jauría de canguros. Alternaron canciones de su último álbum “Nocturnal” con títulos tan importantes de nuestra historia musical como “Sin ti no soy nada”, “Cómo hablar”o “El universo sobre mí”, la joya saltarina de su repertorio. Una de las bandas representativas de la canción protesta española, más allá de haber perfeccionado su sonido, siguen conservando su esencia con unas letras referidas a la naturaleza; cada tema, una razón para sentirse libre. Le pasaron el testigo a los murcianos Second, un grupo simpatizante con el concepto más mainstream del indie español. Dejaron con el mismo sabor de boca que Love of Lesbian el viernes, pero menos mal que salvaron el espectáculo con un final dedicado a David Bowie, cuando versionaron “Space Oddity”.

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Fotografía: Javier Sánchez

La banda más codiciada del festival llegó para armarla bastante. Las intenciones de The Libertines no tenían pinta de ser las mejores, pero no me imaginaba que fueran a hacer el payaso de tal manera. Su regreso al mundo de la música impactó positivamente en el mundo tras el lanzamiento de “Anthems For Deemed Youth“, nombre que les hizo justicia cuando subieron al escenario principal. En algún momento cayó algún homenaje retrógrado hacia nuestro país (me gustaría pensar que no todo lo que nos rodea es el fútbol, queremos escucharles cantar y no vitorear un “campeones“). No obstante, y más allá de los altercados a últimos minutos del concierto, como las patadas al piano o el voleo de objetos por el escenario fruto de la indignación y la falta de tiempo por no versionar a David Bowie, actuaron correctamente, muy a pesar del estado de salud del grupo, ya que a ratos Pete Doherty pegaba tumbos de manera dubitativa. Recrearon sus aventuras más alocadas hasta llegar al clímax con el aclamado “Don’t Look Back Into the Sun”. No hubo tanta satisfacción entre el público; es cierto que para ganar hay que arriesgar, y si algo consiguieron fue conseguir el espectáculo de la noche. Lo que decía en el caso de Blonde Redhead, hay quienes ganan un hueco en el mundo de la música siendo humildes, y otros prefieren optar por el camino de la provocación. Pero en fin, cada uno es libre de hacer lo que quiera. Por cierto, muy ocurrente el mashup de “La Bamba” y el “Twist and Shout” de los Beatles, bastante ocurrente para disipar un poco el desconcierto.

Se va acabando la noche, y los siguientes en actuar fueron of Montreal. Cuando normalmente suelen ir disfrazados, en aquella ocasión Kevin Barnes y compañía optaron por vestir de colores llamativos y ahorrarse la parafernalia ochentera. Se vieron bastante tensos y estáticos en el escenario, pero su despliegue de sintetizadores a partir de la segunda mitad del concierto los catapultó a la parte alta de las mejores actuaciones de esta edición. Eso sí, quienes de verdad sorprendieron fueron Triángulo de Amor Bizarro. Su estelar regreso al panorama musical español ha hipnotizado tanto a la crítica como al público, a este último con más razón gracias a la energía transmitida desde el minuto cero. Una vergüenza que sonaran a las tres de la mañana, cuando los ánimos decaen y el dolor de pies se vuelve más intenso. Claro que para quien esté acostumbrado a la rutina festivalera, esto no les supuso un problema. “Salve Discordia” sonó con protagonismo en el escenario, donde destacaron “Seguidores” y “Salve Sumeria”. Aunque el momento cumbre del concierto fue el colofón final, cuando tocaron los primeros acordes de “De la Monarquía a la Criptocracia”. Simplemente sublimes.

El sábado no terminó de colmar las expectativas del viernes, pero se llevó consigo momentos espectaculares como el directo de Amaral o el espectáculo de Triángulo de Amor Bizarro, sin duda una de las actuaciones más valientes de todas las ediciones.

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Fotografía: Javier Rosa