¿Y ahora qué?

A finales de los 90 el crítico musical Simon Reynolds usó una metáfora muy visual para organizar la historia de la música moderna: una hoja en blanco que empezaron a pintar las leyendas de los 50 y se fue coloreando progresivamente hasta los 90, dónde las nuevas generaciones apenas tenían sitio para pintar nada. La mitología musical del siglo XX había trazado unas sombras muy largas que inculcaron esa sensación de ‘ya no queda nada por descubrir’ (que, por cierto, sigue vigente hoy en día en la mayoría de portales musicales). El grunge, el punk, el techno, el britpop y el R&B (por citar algunos) estaban ya más que inventados cuando acabó el milenio, y parecía que se estaba agotando la cantera de rockstars, así como las probabilidades de encajar un nuevo gran estilo musical. A pesar de ello, ahora tenemos grandes hitos como Arcade Fire, The Strokes o TV On The Radio, concebidos entonces y dispuestos a aportar nuevas interpretaciones muy jugosas a sus precedentes.

Así pues, partiendo de esa filosofía post-noventera con la que se afrontó la música, ¿cuál debía ser el procedimiento de James Murphy a la hora de crear algo nuevo? La autoconsciencia. En todos los sentidos. Murphy siempre ha abanderado el ‘trauma’ de no ser un chaval con acné que empieza un grupo, a pesar de que él vivió los momentos pletóricos que todos esos chavales sólo habían escuchado en sus minicadenas. Eso es lo que se respira en su debut, “LCD Soundsystem”: una bailable crisis de la edad con una mofa constante de las nuevas generaciones de hipsters y snobs afincandos en Williamsburg: “I’m losing my edge to the art-school Brooklynites in little jackets and borrowed nostalgia for the unremembered Eighties”.

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En el debut de James Murphy, “LCD Soundsystem”, se respira una bailable crisis de la edad con una mofa constante de las nuevas generaciones de hipsters y snobs afincandos en Williamsburg.

El debut se publicó en 2005 tras la gran aceptación del single previo “Losing My Edge”, un reclamo automático por parte de toda la crítica del momento y en el que dejaba claro que la actitud punk no era sólo para jóvenes urbanitas con cuatro o cinco discos europeos. En el LP, Murphy escupe todas sus entrañas en cada letra, pero no obstante quería hacer algo bailable y rockero a la vez. De ahí se apoyó en referentes claros: Suicide, Brian Eno, Talking Heads, o incluso Daft Punk, a los que invitará a su casa en la primera canción del disco. “LCD Soundsystem” se desenvuelve al grito, con unas sibilancias desgarradoras, y “Daft Punk Is Playing At My House” contiene algo que electrocuta ambos lados de la escucha. Con un tono casi ridículo, su ritmo base se contagia al mismo tiempo que lo hace el ‘cool merch’ que nos intenta vender Murphy. Pero todo está bajo su control, nos advierte: “I’ll show you the ropes, kid, show you the ropes”… Decidido a atarnos por voluntad propia a la desobediencia de sus sintetizadores y arrastrarnos dentro, casi secuestrándonos bajo sus atmósferas. En esta pieza y en la siguiente, “Too Much Love”, ya se despunta el sonido madre de LCD Soundsystem; una sonoridad que (al menos) se extenderá en toda la discografía de su primera época. Sintetizadores toscos pero rotundos, percusiones metálicas a base de cencerros, la inagotable voz de Murphy y, cómo no, la persistencia del monótono toque a una nota o a la constante repetición de un punteo de guitarra. En “Too Much Love” estos ingredientes se interoconectan con menos agresividad que su predecesora, simplemente a modo de presentación. Sintes agudos que van y vienen, tambores que resuenan un poco a lo free style y James embriagándonos con sus altibajos. Pero nos ha visto demasiado quietos, por lo que es hora de disparar.

Llega “Tribulations”, de pulso persistente y de carácter igualmente fetichista. James Murphy contó una vez que cuando hizo esta canción quería demostrar a un amigo lo fácil que es hacer canciones pop, pero aquí parece decidido a quedarse a medias: consigue un ritmo base que encandila pero le pone unas letras bastante turbias sobre una relación frustrada, a la vez que recurre de nuevo al multicapeado sobre el sintetizador, con el que consigue un golpe de efecto final bastante catártico.

«LCD Soundsystem” es un álbum con gran influencia punk, pero que a la vez se cuestiona cuál debe ser el punk de los 2000. O cómo debe encajar el punk tradicional con los primeros brotes de la cultura millenial y como consecuencia los primeros brotes de la concepción puramente estética del rock.

Sin duda “LCD Soundsystem” es un álbum con gran influencia punk, pero que a la vez se cuestiona cuál debe ser el punk de los 2000. O cómo debe encajar el punk tradicional con los primeros brotes de la cultura millenial y como consecuencia los primeros brotes de la concepción puramente estética del rock. Con esta filosofía surgió “Movement”, en defensa de que ese rock va más allá del outfit o de la pose, sino del verdadero significado del rock y el punk: “It’s like a culture, without the effort of all the culture”. De momento, uno de los temas más movidos de toda la placa, contiene dos partes muy diferenciadas pero genialmente conectadas. En un inicio, los sintetizadores y la batería como representación del sonido rock que engancha en la actualidad, con retoques agudos a lo ‘tiburón’, y de repente detona el punk que los neoyorquinos llevan dentro; las guitarras, el bajo, la batería, la voz ahogada. Todo está aquí, incluso hay tiempo para que James se ría de si mismo: “It’s like a fat guy in a T-shirt doing all the saying”.

Never As Tired As When I’m Waking Up” prosigue con la estética de su antecesora e incorpora la nostalgia a base de guitarras y bajos. Esta vez la batería interviene más sutilmente. Un tema que sin duda alguna nos recuerda a la famosísima “New York I Love You, But You’re Bringing Me Down” que vendrá algunos años más tarde. De nuevo, un track como este reafirma el espíritu de James Murphy, probablemente buscando influencias en Pink Floyd o incluso hurgando en una esencia más propia de los Beatles. Pero el bajón sólo dura cinco minutos, pronto llega “On Repeat”, otro statement contra-cultural, en el que LCD juegan al crescendo. Inicio similar a una partida de arcade que se va fundiendo con percusión, guitarras y una pista de voz crítica y revoltosa. Este corte recuerda a los desaparecidos The Rapture, catapultándonos a la pista de baile sin perder la autocrítica habitual.

Murphy escupe todas sus entrañas en cada letra, pero no obstante quería hacer algo bailable y rockero a la vez. De ahí se apoyó en referentes claros: Suicide, Brian Eno, Talking Heads o incluso Daft Punk.

La electricidad de “Thrills” sorprende pero se funde completamente con los demás cortes. Cortocircuitos constantes que serán el engorro de todos nuestros vecinos, un bajo adictivo que hace trizas todo lo demás y a la vez le da una fuerza bastante peculiar al todo. Con un tema como este se evidencia la transgresión del formato mismo que hacen los neoyorquinos. Si bien encontraron una fórmula para confeccionar la progresión de sus composiciones (inicio de sampler, consecución de efectos, entrada de instrumentos y voz con cambio dinámico en el centro para volver al estado inicial hacia los últimos segundos), LCD van un paso más allá y ofrecen esos ingredientes que le dan un valor añadido a cada pista, sin sonar muy dispar con todo lo demás. La consecución de un bajo arrebatador continua en “Disco Inflator”, en la que Murphy destapa otra vez su locura mediante su voz. De nuevo una prueba que empapa punk y disco, revalidando el estilo efervescente de la formación, matices con los que pueden permitirse un toque funk sin morir en el intento.

“LCD Soundsystem” es un álbum que sostiene notablemente un pulso continuado e incondicional. Prueba de ello es “Great Release”, cercana a Brian Eno, tan amado por Murphy. En esta ocasión parecen salir de un submarino en el que nos ubican durante los dos primeros minutos, con una agilidad rítmica acompañada de sabrosos toques de piano puntuales. El juego seduce y va subiendo a medida que se suman invitados a la fiesta. Los efectos y la voz cada vez suenan más cercanos. Con esta épica acaba la primera parte del disco, invitándonos a continuar hacia el hito canónico de LCD Soundsystem: “Losing My Edge”, para muchos LA canción para comprenderlo todo. Si bien al (ya lejano) principio de esta reseña hablábamos de este tema como una demonización a las nuevas generaciones de ‘culturetas’ musicales patrocinados por Wikipedia, lo cierto es que “Losing My Edge” es el manual ideológico de Murphy y los suyos, que pueden criticar cierto estilo de vida alrededor del sibarita musical, pero siempre serán plenamente conscientes de que eso es, al final, una crítica a sí mismos. Que ellos también pueden ser pedantes, sabelotodos y postureros. En este tema se engloba el «qué sabrás tu, crío, si yo estaba ahí» con el «yo escuchaba Daft Punk antes de que molaran”, y ese es precisamente el gancho de la canción. Lo que hace que a día de hoy “Losing My Edge” siga resultando igualmente válida y ácida. Contiene ese miedo de quedar obsoleto, de perderse entre lo nuevo y, cómo no, también esa reafirmación defensiva de llevar ventaja a las nuevas generaciones. De estas filias y fobias pasamos a “Beat Connection”, una puesta en escena del cuidadoso trabajo musical de un tipo que se acaba de vanagloriar. La combinación del disco y el post-punk en una primera parte instrumental absorbente que se barre en la segunda parte, en la que interviene una voz que si bien parece improvisada está revestida por unos sintetizadores y un juego de percusiones muy bien planteados para ser meras casualidades.

Durante una hora y media nos dejamos seducir por sus ritmos hipnóticos, sintetizadores robustos, percusiones festivas y, sobre todo, el dedo en la llaga de la cultura musical contemporánea.

Give It Up” es otro corte interesante que combina burbujeantes efectos sintéticos, guitarras y bajos muy bien conjuntados. Probablemente con este corte y “Tired” los chicos de LCD demuestren que no son un grupo confortado en lo sintetizado, sino que también pueden tirar del guitarreo para conseguir puntualizar la garra punk que llevan encima. Ahora tirando de algo más psicodélico y cargado, oímos a un James gritar soberanamente para quitarse de encima la mala leche que lleva acumulando. Más relajadas empiezan ambas “Yeah”: “Yeah (Crass Version)” y “Yeah (Pretentious Mix)”, dos canciones sobre pasar a la acción, exponiéndolo como algo que parece que todo el mundo tenga muy claro pero que a la vez nadie parece llevar a cabo, al menos no como a James le gustaría. Ambas versiones son hitos de pista de baile, la primera más explícita en su mensaje y la segunda en su movimiento. En esencia, el resultado es, según el propio Murphy, una oda a la frustración que sentía al no ver plasmados los verdaderos potenciales en las formaciones musicales que le fueron contemporáneas. En “Yeah”, LCD Soundsystem conjugan todo tipo de ejecuciones, inspiradas en sus sólidos referentes y en su voluntad de hacer una jam definitiva.

Finalmente, regresamos a la punzante ironía con el colofón, llamado “Yr City’s A Sucker”, que engloba un groove muy llamativo con las palmaditas de “Thriller” y los toques metálicos tan festivos y característicos en LCD. Se dice que esta canción será la semilla de “New York I Love You But You’re Bringing Me Down”, aunque aquí prima el tono burlón más que el desencanto por una ciudad idealizada. Afilados y directos son los “HA HA HA”, representando nuevamente la actitud macarra y medio nihilista con las nuevas generaciones pero a la vez hablando de su visión del presente, con aquella preocupación típica de alguien que debe hacer algo para cambiar las reglas.

Un inicio discográfico que sin duda demuestra trabajo y referentes, ya que es inevitable escucharlo como un mega-mix de todo aquello que influenció la música actual, dialogando con lo que es la música actual.

LCD Soundsystem – LCD Soundsystem

LCD SOUNDSYSTEM

8.3

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LCD Soundsystem nos hablan de “LCD Soundsystem”, una concepción autoconsciente de la herencia musical cristalizada en un presente digital en el que James Murphy lucha para mantenerse punk sin quedar desfasado. Durante una hora y media nos dejamos seducir por sus ritmos hipnóticos, sintetizadores robustos, percusiones festivas y, sobre todo, el dedo en la llaga de la cultura musical contemporánea.

Up

  • A nivel conceptual, este disco se mantiene atemporal más de diez años después, al igual que su frescor musical, que sigue sorprendiendo.
  • Momentos de baile y rabia que saben a viejas glorias pero que han sido readaptados a los tiempos modernos.
  • La pureza con la que James Murphy se ríe de todo, incluso de sí mismo.

Down

  • Se echan en falta más momentos estrictamente punk, de deshinibición total.
  • Hay muy buenas ideas que se acaban convirtiendo en divagaciones a medio camino de la euforia y del statement revolucionario.