El jazz y la música electrónica procedente de las raves alternativas de los 90 continúan en lo que a principios del siglo XXI parecía un romance entre dos polos opuestos, pero que a día de hoy podemos decir que se ha normalizado dando lugar a un género pluriexplorado por productores y músicos de todo el planeta. El enésimo ejemplo de ello es el recientemente publicado “Petrol” de Anenon. Anenon es el seudónimo bajo el que se esconde el productor y saxofonista de Los Angeles Brian Allen Simon, y supone un proyecto que con éste ha dado ya tres álbumes de estudio. Si bien los dos primeros, a pesar de la importancia del saxo como instrumento principal, contaban con una mayor influencia del minimalismo, del chill out más puro y de la música electrónica progresiva reivindicada en las últimas dos décadas por Aphex Twin, Four Tet o recientemente el británico Floating Points, en “Petrol” su sonido explora otras dimensiones que pasan por los ritmos suaves del jazz de Nueva Orleans o por la sensualidad de la música brasileña, pero también por la acidez del trance y el techno holandés de finales de los 90.

Otro mito que Anenon contribuye a derrumbar es uno del que a estas alturas ya únicamente quedan escombros: el de la música electrónica hermanada por definición con la pista de baile. Y es que desde muchos ámbitos se sigue considerando así, aunque una interminable lista de proyectos contribuya cada vez más a la independencia entre ambos conceptos.

anenon-petrol-2

En “Petrol” su sonido explora otras dimensiones que pasan por los ritmos suaves del jazz de Nueva Orleans o por la sensualidad de la música brasileña, pero también por la acidez del trance y el techno holandés de finales de los 90.

“Petrol” no puede comenzar de mejor manera. El suave y relajante sonido de las olas del mar sirve de pretexto para iniciar “Body”, uno de los cortes destacados del álbum, y en el que el músico y productor se exhibe con una frágil y sensual melodía de saxo con cierto aire de la música contemporánea sudamericana de compositores situados en un terreno eclético entre la herencia de la mal llamada música clásica (ya que el término sólo remite al breve periodo del clasicismo), el folklore y las nuevas tendencias, como Astor Piazzolla. El tema progresa hasta unos sintetizadores que cambian radicalmente de tercio y remiten a las sesiones de trance de grandes nombres de la electrónica como Armin van Buuren. Una vez iniciada esta dinámica electrónica, Anenon no la deja caer en “Lumina”, un tema en el que fragmentos melódicos van superponiéndose unos a otros continuamente, de forma que lo que empieza siendo una sencilla célula de apenas ocho o nueve notas, acaba por ser una marabunta armónica que sorprendentemente no se aleja un ápice de la perfección sonora. Si a nivel sensorial “Body” es brillante por lo progresivo del mismo y por el contraste de estilos, “Lumina” es una inteligente puesta en escena de la perfección técnica casi de manual, y de cómo hacer algo tremendamente complicado a partir de algo extremadamente sencillo sin perder el control ni un solo segundo.

Once” vuelve a cambiar de registro, y toma la batería como instrumento principal. Cercano al jazz en momentos que insinúan cierta improvisación entre variaciones rítmicas e inmiscuido en un suave drum & bass que, a diferencia de los dos temas anteriores, puede ser llevado a la pista de baile. Su final sirve como enlace y preludio de “CXP”, en el que regresan la calma y el saxo como protagonista, aunque en este caso heredando del corte anterior la base de drum & bass. La instrumentación deja paso en los compases finales de la canción a la música de producción pura y dura, algo que continuará ocurriendo en el comienzo de “Mouth”, que cuenta con un sampler profundamente ochentero y pegajoso. El acid house de finales de aquella década es un claro referente para todo lo que en ella ocurre. De nuevo nos encontramos ante un track de carácter progresivo, en el que una misma melodía va variando poco a poco mínimamente sobre pequeños detalles, que rompen la monotonía sin apenas pretenderlo. Al contrario de lo que había ocurrido en “CXP”, donde tras la exhibición del saxo contestaba un acertado elemento electrónico, el modelo de pregunta-respuesta se presenta aquí en la otra dirección. Tras lo que quizá son los mejores minutos del álbum, Anenon pone la brecha con un saxo suave que evoluciona en “Hinoki”, un tema con cierta influencia oriental en su base, sobre la que emana a la perfección una melodía que recuerda a un jazz sobrio y contemporáneo que tantas alegrías nos ha dado recientemente mediante el talento de Kamasi Whasington y su sobresaliente “The Epic”.

Un álbum brillante, que satisfará a los paladares más exquisitos y a los amantes de la música instrumental contemporánea, a pesar de no introducir ningún elemento propio, rompedor ni distintivo.

Quizá la mayor mirada al pasado, hacia el minimalismo de sus trabajos anteriores, se encuentre en “Machines”, mucho más cercano al chill-out clásico, a los sonidos de Café del Mar y a la sofisticada sucesión de planos electrónicos rítmicos y repetitivos, pero al mismo tiempo sosegados y delicados. Sorprende el juego de violín del final, aunque eso sí, en la misma dinámica que el resto del tema: un pequeño fragmento grabado y producido para su repetición y progresividad. El ambiente más melódico regresa en “Panes”, que sin ser el tema más destacado de “Petrol” vuelve a crear una atmósfera de belleza y una melodía para cerrar los ojos y dejarse llevar.

Pero si “Panes” suena agradable y bonito, Anenon se reserva para el final la pieza de mayor complejidad y belleza del álbum; la que le da título. “Petrol” es una composición casi mágica de más de siete minutos de duración, que comienza con un violín y un contrabajo desnudos, con una estructura de obra de cámara de los periodos barroco y clásico, emulando a grandes compositores de la época como Joseph Haydn. Poco a poco la pieza va evolucionando en algo más electrónico con múltiples sonidos, gobernados todos ellos por la batuta de una incansable batería que se muestra incesante hasta terminar difuminada entre el sonido de las olas del mar, exactamente igual que como comenzó el disco. Se cierra así el círculo de un álbum brillante, que satisfará a los paladares más exquisitos y a los amantes de la música instrumental contemporánea, a pesar de no introducir ningún elemento propio, rompedor ni distintivo.

Anenon – Petrol

ANENON

8.0

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

“Petrol”, el tercer álbum de Anenon, es un círculo sutil y frágil, que empieza y termina difuminado entre el sonido de las olas del mar para regalarnos en medio un conjunto de hermosas creaciones influenciadas por la música clásica y barroca, por los compositores del siglo XX, por el jazz contemporáneo y por el acid house y el techno.

Up

  • Perfecta ejecución en la mayoría de los temas.
  • Variedad de influencias en la música instrumental de épocas muy dispares.
  • El comienzo y el final del álbum.

Down

  • Ausencia de variedad de timbres y texturas antes de llegar al último corte.
  • Los momentos en los que coquetea con el drum & bass están lejos de la elegancia del resto del álbum.