La música puede ser hecha con el mero objetivo de entretener y divertir. Puede haber y hay un montón de obras rematadamente sencillas, sobrias y nada pretenciosas a las que se les puede achacar una falta de contenido, pero nunca de diversión. Y eso tampoco es fácil. Realizar algo rematadamente sencillo que pueda codearse con las grandes obras experimentales, cargadas de información y contenido que pueda hacernos reflexionar y buscar respuestas es algo muy difícil. Son dos caras de una moneda cuyo resultado nunca sale a tu favor, pues requiere más trabajo que suerte. Porque todos tenemos o hemos tenido algo que decir alguna vez. Pero es difícil basar una carrera en tu mensaje. Muchas veces acabas repitiéndote, y por otro lado hay que andar con ojo avizor porque caer en la autoparodia es más fácil de lo que parece. Hay que saber elegir bien los elementos que te rodean, tomar lo justo de ellos y reconocer tus propias virtudes y limitaciones. A veces necesitas un estímulo adicional del que tomar la inspiración. Otras, ves apropiado y necesario salir un momento de tu propio mundo y observar el exterior, ver cómo están las cosas fuera y relatarlas desde tu avispada conciencia. Y otras, simplemente necesitas un poco de ambas. Así parece haber nacido “The Hope Six Demolition Project”, noveno trabajo de la queridísima PJ Harvey.

“The Hope Six Demolition Project”: La Polly Jean más social

Cinco años ha tardado PJ Harvey en lanzar un sucesor para aquel brillante “Let England Shake” que nos deslumbró a tantos en 2011. Cinco años de silencio en los que la artista se ha dedicado a viajar a través de Kosovo, Afganistán y Washington D.C. junto al fotógrafo y cineasta Seamus Murphy. Viajes que han servido de inspiración directa para la composición del disco. PJ se ha dedicado a observar la realidad ahí fuera, especialmente la parte más negativa de esta, la desigualdad social y la pobreza. Así ha recogido su testigo en un disco que plasma la reflexión y la experiencia de estos viajes a través de once canciones en las que cuenta con diversas colaboraciones de coristas, vocalistas e instrumentistas, convirtiéndolo en el disco más social de Polly Jean hasta la fecha, no sólo por su contenido, sino por su forma, su atmósfera e incluso su grabación.

Y es que este trabajo se grabó de manera abierta a un público reducido que tuvo acceso pagando su correspondiente entrada, en una sala del Somerset House de Londres. El proceso de grabación comenzaría en enero de 2015 y finalizaría un mes después, realizando sesiones de 45 minutos que llevarían por nombre “Recording in Progress”. Los productores Flood y John Parish volverían a trabajar en el disco, como ya hicieron en “Let England Shake”. El propio Seamus Murphy grabaría estas sesiones, de las que se cuenta que se pudo ver a Harvey grabando numerosos instrumentos como el violín, la armónica o el saxofón, además de a otros de los músicos colaboradores, como Terry Edwards o James Johnston.

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PJ se ha dedicado a observar la realidad ahí fuera, especialmente la parte más negativa de esta, la desigualdad social y la pobreza.

En cuanto al contenido, las letras políticas de este disco arremeten desde el principio con “The Community Of Hope”, el tema más pop del disco, en el que describe un suburbio que tuvo que sufrir los HOPE VI Projects, un plan realizado en muchas ciudades de América con el que se pretendía derribar los edificios más viejos de los barrios marginales para revitalizarlos, pero sin tener en cuenta que mucha gente se iba a quedar sin casa al no poder pagar. Así, Polly Jean nos describe aquí la vida de esa misma gente y de la esperanza que preservan a pesar de todo (“here’s the Hope Six Demolition Project switching down the Benning road, the well-known pathway of death or at least that’s what I’m told”). Cabe resaltar lo mucho que ha molestado esta canción a varios políticos americanos, llegándola a tildar como una ‘composición insana’, algo que ya se ha convertido en toda una anécdota.

Nos movemos ahora a “The Ministry Of Defence” y las cosas se tornan mucho más serias. Varios golpes secos de guitarra construyen un muro irrompible que fortifica el discurso apocalíptico de PJ. La esperanza del anterior tema se disipa muy pronto ante una sociedad entre la que reina la pobreza y nadie hace nada por arreglarlo (“those are the children’s cries from the dark, these are the words written under the arch, scratched in the wall in biro pen, this is how the world will end”). El tema avanza y los coros acrecentan su dramatismo, al que se suma un saxofón como broche final, pero sin llegar a romper.

La británica plasma la reflexión y la experiencia de sus viajes a Kosovo, Afganistán y Washington D.C. en el que es el disco más social de Polly Jean hasta la fecha, no sólo por su contenido, sino por su forma, su atmósfera e incluso su grabación.

Es algo bastante presente en todo el disco. Las canciones incrementan su intensidad conforme avanzan, Harvey las lleva al límite, pero nunca llegan a explotar. “A Line In The Sand” es otro ejemplo de ello, con un sonido y un ritmo mucho más exóticos a la par que minimalistas, en el que la voz de Harvey junto a los coros toman todo el protagonismo. Es imposible no recordar en temas como este el “Stories from the City, Stories from the Sea”, sólo que aquí PJ ya no es tan personal, se dedica a describir la realidad que ella ve y que se puede ver reflejada en muchas otras partes del mundo. Es la principal diferencia con ese “Let England Shake” que tantos corazones conquistó. Aquí ya no se habla de un lugar concreto con unas circunstancias concretas. Aquí el componente social de sus canciones se vuelve más universal.

Y a pesar de ello mantiene el aspecto tradicional gracias a esos coros tan presentes a lo largo del disco, como en “Chain Of Keys”, con un aire folk, como si de una procesión manifestándose se tratase. La letra vuelve una y otra vez sobre sí misma para desarrollarse lentamente, dejando que la desesperación vuelva a reinar en esa atmósfera tan desoladora. “River Anacostia” sigue en la misma línea, abriendo con unos coros como en los temas más redondos de Algiers. La percusión toma las riendas del tema mientras PJ hace gala de su espectacular voz una vez más, elegante y muy delicada, dejándonos una segunda parte que casi suena a coro de iglesia. La experimentación y la introspección calan hondo en esta pieza, mientras que “Near The Memorials To Vietnam And Lincoln” se rinde completamente al folk, a la amalgama instrumental que combina tradición y modernismo con toques electrónicos muy sutiles.

PJ aquí ya no es tan personal, se dedica a describir la realidad que ella ve y que se puede ver reflejada en muchas otras partes del mundo. Es la principal diferencia con ese “Let England Shake”. Aquí ya no se habla de un lugar concreto con unas circunstancias concretas. Aquí el componente social de sus canciones se vuelve más universal.

Una de las características más notables de este disco es la capacidad de Polly Jean para jugar con los elementos que forman parte de él. En “The Orange Monkey”, por ejemplo, se esconde entre el resto de coros dándole el protagonismo prácticamente a estos. Sabemos que está ahí y la sentimos porque su presencia es imposible de ocultar, pero cuando quiere, sabe ser una parte más del coro, y queda realmente bien, más en una canción tan mística que habla sobre la industrialización y cómo nos cargamos la naturaleza poco a poco (“the packs of Sandy-coloured dogs walked streets that looked like building sites but piles of rocks and dust and smog could not block out a different light”). En “Medicinals” hace justo lo contrario, lo embriaga todo con sus dotes de líder y su figura tan poderosa, haciendo gala de esa magnífica voz que tan bien conserva y que recuerda aquí a la de sus primeros trabajos, cuando todo giraba en torno a ella misma. No es este el caso, pues a lo largo del tema recrea un juego de pregunta y respuesta con el coro. Es este el inicio del mejor tramo del disco, que continúa con una suerte de blues jazzero titulado “The Ministry Of Social Affairs”, en el que el saxofón sobresale y se deja llevar a la improvisación como si estuviéramos escuchando el “Blackstar” de David Bowie.

Otro elemento notable del disco es la combinación entre descripción e imaginación, a veces PJ se dedica a contar las cosas tal y como las ve, y otras las imágenes que describe son las que esos sitios le evocan. El lugar del que parte cambia una y otra vez a lo largo del disco, pero siempre deja referencias que nos permiten adivinarlos. Es entonces cuando entra “The Wheel” como un huracán. Nos trasladamos a Kosovo y el conjunto instrumental que se dispersa a lo largo del trabajo confluye aquí. Tenemos las guitarras, los coros, el saxofón, las palmas y por supuesto, la voz de Harvey. El tema en cuestión, una crítica a la guerra de Kosovo y un homenaje a las víctimas, a los niños y a todos los desaparecidos. Un tema sencillamente enorme en el que se hace hincapié en cómo los fallecidos acaban siendo simples cifras que cada vez sorprenden y espantan menos mientras siguen muriendo, con ese “and watch them fade out” del final que remata la canción. Del sentimiento colectivo volvemos una vez más al individual para la última pieza, “Dollar, Dollar”, que combina el ruido de las calles con la improvisación del saxo, siendo la parte más experimental del largo. Aquí Polly Jean relata un encuentro que tuvo en uno de sus viajes con un mendigo, lleno de cicatrices y muerto de hambre, imagen que la dejó totalmente paralizada, inyectándose en su mente sin poder olvidarla. Y así nos deja, sin final feliz, como todavía no lo hemos conocido ahí fuera.

No iba a ser fácil hacer sombra a un disco como “Let England Shake” por las expectativas que este dejó y por su propia calidad. En aquel trabajo vimos a una Polly Jean más comprometida con su entorno, que aquí se expande e intenta abarcar un mayor número de lugares. ¿Consigue encajar música, letra y crítica social? Lo cierto es que a veces lo hace con una maestría endiablada, como en “The Wheel”, y en otras flaquea en algún punto, que suele ser el factor social, pues en ocasiones sus relatos son meramente descriptivos y no llegan a transmitir nada más allá. Es cierto que la cosa no queda ahí, y es que de esta experiencia también se ha realizado un libro de poemas con ilustraciones de sus viajes. Sería interesante llegar a ver todo el material y valorarlo en conjunto, pero como disco, “The Hope Six Demolition Project” consigue al menos mantener a su creadora en la cima que ya hace años que coronó.

PJ Harvey – The Hope Six Demolition Project

PJ HARVEY

8.0

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PJ Harvey quiso tomarse con calma la creación del sucesor del aclamado “Let England Shake”, y tras cinco años por fin ve la luz este “The Hope Six Demolition Project”, un álbum más comprometido socialmente en el que relata las experiencias y sus reflexiones de sus últimos viajes, combinando el sonido de sus primeros discos con los más recientes y contando esta vez con un mayor elenco instrumental. El resultado es difícil de situar, pero merecedor de más de una escucha.

Up

  • La parte instrumental, cómo se combinan los elementos a lo largo de los temas.
  • La sensación de ser un disco creado en compañía se plasma muy bien, sobre todo gracias a los coros y a las palmas.
  • Aunque no va más allá, Harvey combina los sonidos de los 90 con los de su etapa más reciente con gran resultado.

Down

  • A veces las letras flojean, se remiten a una descripción que casi hacen pecar a su compositora de ingenua.
  • Durante todo el disco tira piedras aquí y allá y al final da la sensación de faltar cierta unidad.
  • La parte central es algo irregular.