Mamá, de mayor quiero ser músico de rock garajero influenciado por Mars Volta”. Probablemente ni los más melómanos a la más temprana edad hayan dicho esto en sus casas, pero sí que habrán expresado sus ambiciones, sus planes de futuro. Planes que se van perfilando conforme uno madura y se va enfrentando a la cruda realidad de que no puede ser astronauta, bombero, o calcar el sonido de su grupo favorito.

Kiran Leonard se trata de un músico británico que se halla en ese punto vital, el de madurar ideas y terminar de detallarlas. Ahora se encuentra al comienzo de la veintenta, pero ya con los 17 tenía en su haber un álbum debut, “Bowler Hat Soup”. Un álbum sólido, donde mostraba su faceta de multiinstrumentista (nada más y nada menos que tocando 27 instrumentos) y un rock sucio, a medio hacer, que bebe de aquí y allá pero que hizo que se ganara el favor de la crítica especializada y que Moshi Moshi Records lo acogiera bajo su ala para publicar en 2016 su segundo álbum “Grapefruit”.

Este nuevo álbum vino precedido por el lanzamiento en su página de Bandcamp de composiciones de todo tipo, desde temas que seguían la línea de su debut a un álbum entero de electrónica chill donde se permitía jugar incluso con el avant-garde dentro de una pieza de 7 minutos con una base melódica creada con utensilios de cocina. Con este panorama a la vista, podíamos pedir cualquier cosa, desde una vuelta a la casilla de salida a una reinvención total de un artista que va sin miedo y sin vergüenza.

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“Grapefruit” es el intento personal de Kiran Leonard por satisfacer su deseo interior de querer modelar un sonido que admira con una base aún por forjar.

Escuchamos “Secret Police” y nos encontramos una apertura a piano que podría recordar al Bowie de “Life On Mars?” para luego transmutar en un tira y afloja con aumento de intensidad que suena orquestal pasado el primer minuto. Pero hablar de transmutaciones nos lleva automáticamente a hablar de “Pink Fruit”, la pieza central de este álbum y la de mayor duración. Con 16 minutos en su haber, Kiran tiene tiempo para hacer de todo. Manteniendo una melodía que no suena mal y protagonizada por un punteo de guitarra que resulta efectivo y pegadizo, se permite alterar a su gusto el esquema y los cimientos sobre el que se sustenta esta ambiciosa obra. Tenemos transiciones, cambio de intensidad, momentos de rabia que consigue hacer llegar al oyente a través de su fragilidad vocal… En realidad, podría haber funcionado como un álbum en sí mismo: una apertura, un desarrollo y un final animado. En cuanto a estructura y estilo podría recordar a un “Paranoid Android” de unos Radiohead revolucionarios, sólo que, en este caso, con transiciones más largas y más carente de ese toque directo.

Öndör Gongor” tiene un inicio que me recuerda a los Tame Impala más primitivos, para continuar con una percusión que tiende a lo militar. La parte vocal, por contrario, algo dejada y que, de nuevo, se inclina por imitar a Thom Yorke. A nivel melódico tiene una buena base, fuerte carga de guitarras eléctricas, progresiones que van in crescendo, efectos para añadir algo de tintes psicodélicos… Pero todo este clima alternativo, por decirlo de algún modo, lo manda muy lejos en “Caiaphas In Fetters”, el saludo que hace el británico al neoclasicismo compositivo, a lo más barroco y chamber rock que tenemos hoy en día. Un juego de guitarra acústica y violines que parecen confeccionados por el Owen Pallet de la época “Funeral” de Arcade Fire marca el paso de esta cuarta pista. Realmente, parece un descarte de ese álbum donde sólo han sobrevivido los violines, y aunque tiene su encanto, se agradecía algo más pausado, con cuerpo y original. El final con el diálogo venido de la nada rompe la escena para traernos “Don’t Make Friends With Good People”, uno de los mejores temas de este álbum. Continuando con la vertiente barroca, Kiran Leonard nos trae un tema que transforma esa vena clásica en riffs penetrantes y directos. Punteos a un medio tiempo pegadizos, un bajo potente hacia el ecuador del tema, un interludio con piano incluido y una parte vocal en constante evolución, comenzando en tonos medios rápidos para atreverse con tonos altos de ira hacia el final. Rozan el descontrol, pero se integran a la perfección en la esencia que destila este corte de poco más de 9 minutos.

Aún hay muchos aspectos por pulir, pero hay que admirar la destreza a la hora de componer de este multiinstrumentista y la sensación de que es una obra de alguien que está en fase de madurez, tanto vital como musicalmente.

Exeter Serviceshila impecablemente con el cierre del corte anterior, pero con un estribillo vocal que roza lo oscuro, lo grunge y lo desagradable. Resulta pegadizo por su sencillez y con las escuchas se va a quedar grabado, pero preferiría que no lo hiciera. La segunda mitad lenta, calmada e intima al más puro estilo Damien Rice que te susurra al oído era necesaria. Para ello tenemos Half-Ruined Already, que se encarga de continuar de una manera más concreta la vena acústica del cierre anterior. De nuevo, belleza protagonizada por una acústica y la voz del artista, nada más. Fireplacees una clausura irregular, con una melodía basada en un piano que avanza algo arrítmico y, junto a los versos donde la voz se modula para adquirir tonos altos, podría recordar algo al primer James Blake pero sin dejar de ser un cierre que intenta ser grande y explosivo pero suena demasiado incoherente para mi gusto. Tarda demasiado en convertirse en algo comprensible (allá por el minuto 6) y demasiado en irse del todo. Aunque el final definitivo dure 3 minutos, es de agradecer la tranquilidad del mismo, con una melodía que se apaga poco a poco.

Como decía en las primeras líneas de este escrito, “Grapefruit” es el intento personal de Kiran Leonard por satisfacer su deseo interior de querer modelar un sonido que admira con una base aún por forjar. Hay algo de Radiohead, tanto a nivel melódico en cuanto a esquemas de composición como a nivel vocal, pero son demasiadas las ocasiones en las que queda como una imitación. Intenta sacar la potencia del Yorke de la época “The Bends” y la posterior delicadeza de “OK Computer” en un mismo tema y eso acaba descolocando en exceso al oyente.

Eso centrándonos a nivel vocal, pero en cuanto a nivel melódico hay que decir que, en rasgos generales, se ha marcado un muy buen álbum. Difícil, duro y en ocasiones cuesta asimilarlo, pero tal vez ahí radique su encanto. Salvo en “Secret Police”, no vamos a encontrar melodías que sean directas. Veremos al Kiran más arriesgado, creando composiciones que culminan en una “Pink Fruit” de 16 minutos y que, cuando le has dado las escuchas oportunas, resulta del todo deliciosa. Melodías bien construidas y complejas que en ocasiones estallan en un descontrol que parece que ni él mismo comprende, además de momentos tranquilos que destacan por su belleza. Sabe combinar estos polos opuestos que conviven en el álbum, los de anarquía musical junto a los pausados y frágiles que resultan una delicia necesaria para no morir atiborrado a base de rock sucio.

Aún hay muchos aspectos por pulir, pero hay que admirar la destreza a la hora de componer de este multiinstrumentista y la sensación de que es una obra de alguien que está en fase de madurez, tanto vital como musicalmente, donde apuesta por lo rebelde e innovador en vez de seguir los cánones establecidos. Con mayor o menor acierto, sí, pero Kiran Leonard es joven y tiene tiempo para mejorar en futuras entregas.

Kiran Leonard – Grapefruit

KIRAN LEONARD

6.9

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Cuando uno de los reclamos y piezas centrales de tu álbum es un pasaje sonoro de 16 minutos de rock casero con aires vintage y delirios de grandeza, tienes que tener cuidado para no sucumbir ante un tema de este calibre que haga sombra al resto. Kiran Leonard consigue rodear a esta pieza de otras dignas de mención en “Grapefruit”, su segundo LP.

Up

  • Estructuras novedosas en las melodías con cambios de intensidad y variaciones melódicas. “Pink Fruit”, el mejor ejemplo de ello.
  • “Half-Ruined Already” y su toque ciertamente intimista tan especial y cercano.

Down

  • Temas como “Fireplace”, que tienden al descontrol y al no saber por dónde cogerlos.
  • Algunas tomas vocales que querían demostrar ira se quedan en Kiran gritando por nada.
  • El estribillo de “Exeter Services” y la voz penetrante y desagradable.