Ya lo hemos comentado en anteriores textos, vivimos en una época dulce para cualquier melómano que se precie. No sé si más prolífica o mejor que otras, pero es la que nos ha tocado vivir y está llena de canciones que ponen banda sonora a la experiencia vital de cada uno, de forma que aquellas pasan a formar parte de la narración de nuestra historia personal y colectiva. La principal ventaja, por supuesto, se encuentra en el desarrollo de los nuevos medios de comunicación que permiten que un joven provinciano pueda escuchar más de 300 trabajos nuevos cada año sin tener que salir de su barrio. Pues bien, en este contexto de consumo masivo de cultura asistimos a la construcción carreras discográficas fugaces, la eterna búsqueda de la ‘next big thing’ y, en definitiva, la caducidad más absoluta. Así las cosas, pocas bandas pueden estar más de dos años sin publicar nada si no quieren caer en el olvido, lo cual suele provocar la consecución de trayectorias discográficas poco convincentes.

Woods están a mil jodidas millas de haber caído en eso. La banda de Jeremy Earl ha ido cimentando paso a paso una discografía inmaculada que ya cuenta con nueves discos en poco más de una década. Lo que más sorprende de los de Brooklyn no es la calidad de sus trabajos (a eso ya nos hemos acostumbrado) sino el hecho de acudir a cada cita discográfica con algo relevante que decir. Así, partiendo del la psicodelia lo-fi garajera de sus primeros trabajos, supieron evolucionar hacia algo más brillante y limpio en “Songs of Shame”, cuya fórmula terminó de perfeccionarse con el ensanchamiento que aportaron a su sonido las canciones de “Bend Beyond”. A partir de entonces, en realidad desde hacía ya tiempo, Woods se convertirían en una máquina de alcance ilimitado, que sintetiza de forma genial sus referencias folk y psicodélicas dando lugar a productos de gran calidad a los que sobra la etiqueta revival.

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“City Sun Eater In The River Of Light”: la medida de todas la cosas

Amargor y dulzura, luces y sombras, estribillos directos y evocadores desarrollos instrumentales; tenemos todas las cosas que nos gustan de Woods y todas están en su sitio en esta decena de joyas de folk-psych.

Uno no es demasiado aficionado a la repostería, pero sabe que en este arte culinario se deben aplicar con especial cuidado las medidas correctas de los ingredientes necesarios, ya que pecar por exceso o por defecto conduce casi siempre al desastre. Con la misma prudencia aristotélica parece haber sido concebido este “City Sun Eater In The River Of Light”. Su atmósfera parece situarse a la misma distancia de sus primeros trabajos que del sonido AOR de su último disco. En cuanto a la evolución que el mismo supone, echa la vista atrás con frecuencia al tiempo que encuentra ocasión para experimentar por nuevos y sugerentes senderos. En lo emocional, te da un abrazo de bienvenida a la vez que parece expresar una sentida despedida. Amargor y dulzura, luces y sombras, estribillos directos y evocadores desarrollos instrumentales; tenemos todas las cosas que nos gustan de Woods y todas están en su sitio en esta decena de joyas de folk-psych.

Arrancamos con uno de los primeros adelantos que pudimos disfrutar de este LP. “Sun City Creeps” nos pilla por sorpresa gracias a ese aire entre funk y tex-mex que consiguen imprimir el bajo y los metales acompañados por unos guitarrazos de lo más reggae. Una versión que no conocíamos de Woods pero que se muestra totalmente coherente dentro del álbum y de la propia evolución artística de la banda. Hitazo.

La atmósfera de “City Sun Eater In The River Of Light” parece situarse a la misma distancia de sus primeros trabajos que del sonido AOR de su último disco.

A estas alturas, Woods ya son capaces de desarrollar un discurso propio y congruente. Dentro de su argumentario caben sorpresas como la anterior así como píldoras de aquellos Woods más artesanales e inocentes que nos resultan familiares; son un buen ejemplo de esto “Morning Light” y “Creature Comfort”, esta última con “lalalás incluidos. Pese a lo dicho y lo que el título pueda sugerir, no queremos decir que el grupo habitúe a encerrarse en su zona de confort. Aunque con unas maneras perfectamente identificables, Woods nunca te cuentan dos veces la misma historia.

Como decíamos, la música de Woods dista de ser monolítica y se presta a múltiples reinterpretaciones debido a la gran cantidad de ingredientes que conforman su receta. Otro ejercicio de alquimia melódica del bueno de Earl lo representa “Can’t See at All”, que cuenta con un órgano como elemento protagonista, aportando el punto justo de oscuridad al asunto. Y así, durante el resto del disco, vamos a ver como a base de jugar con elementos más o menos novedosos que se incorporan a su tradicional receta, Earl y compañía irán recorriendo las paredes de su gama sonora, evitando caer en lugares comunes, sin forzar demasiado, pero consiguiendo huir de sí mismos una y otra vez. “Hang It on Your Wall”, por ejemplo, tiene el mismo cariz lúgubre y agrio que su predecesora pero está rodeada por una atmósfera más naturista y salvaje.

Enésima y mejor demostración de las aptitudes de una banda que se ha ido haciendo más grande y mejor a través de la acumulación de referencias.

The Take” representa junto a “The Other Side” otro de los momentos donde con más claridad parecen llevar unos cuantos metros hacia adelante la trasformación de su música. Las posibilidades parecen ahora infinitas si a su folk psicodélico añadimos esa cadencia jazzera y giros etnográficos propios de la tradición africana. Se abandonarán definitivamente a los matices sombríos en “I See in the Dark”, de clara inspiración psicodélica y donde recuperan la suciedad enlatada y las largas progresiones de referencias anteriores, pero ahora toda esa inspiración se muestra mucho más encarrilada.

La progresión hacia la soleada “Politics of Free” es digna de elogio. Lo hemos sugerido antes, Woods no fuerzan, no se fatigan imitando posturas. Woods son simplemente ellos mismos y partiendo de esa naturalidad desarrollan con fluidez paisajes maravillosos. Derriban el edificio una y otra vez y lo remueven todo para que todo siga igual de bien. El mismo folk popero y brillante que se sitúa en las antípodas de lo que mostrado hace sólo un par de temas hace acto de presencia en “Hollow Home”. Woods se despiden de nosotros con un tema agridulce y de bella factura, de esos de los que se han convertido en todo unos expertos a través de sus últimas grabaciones.

Es sorprendente que Woods digan tanto partiendo, a priori, de unos sonidos tan manidos e incluso conservadores. Es precisamente ahí donde radica su magia, en cómo consiguen que la distancia entre sus principales coordenadas (folk y psicodelia) sea infinita. “City Sun Eater In The River Of Light” es la enésima y mejor demostración de las aptitudes de una banda que se ha ido haciendo más grande y mejor a través de la acumulación de referencias. Ahora sólo queda esperar al siguiente disco para ver cómo reformulan esas características de su sonido y poder seguir disfrutando del desarrollo de una de las carreras musicales más serias de este siglo XXI.

Woods – City Sun Eater in the River of Light

WOODS

8.9 HOT RECORD

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Woods superan la década en un estado de forma estupendo. No han dejado de crecer en todo este tiempo y con su noveno disco demuestran que aún queda espacio para la sorpresa recopilando toda la gama de sonidos anterior y llevándola, en ocasiones, unos pasos hacia adelante.

Up

  • Todo lo bueno de los anteriores trabajos de Woods.
  • Todo lo bueno que podía dar el desarrollo de su música.
  • Todo lo bueno que les queda por delante.