Allá por el 2011, y tras varios discos muy alabados por la crítica profesional, pero cuya repercusión comercial fue más bien escasa, un pelotazo llamado “Midnight City” llamó la atención del planeta entero, infectándolo con unos sintetizadores, unos ecos y un rollo muy de la new wave que enganchaba desde la primera escucha. Con más de media década recorrida, podemos decir que ha sido hasta ahora uno de los diez grandes hits del indie de los ¿años 10? (Qué bien queda eso de los noventa, los setenta o los felices años veinte, pero somos una generación sin década), uno de esos temas que traspasan el público al que a priori puede ir enfocado, para no dejar de girar en radios, discotecas, spots de televisión, celebraciones de triunfos deportivos… Había mucho interés por saber cómo iba a sobreponerse M83 a semejante pelotazo después de firmar entre medias el fracaso de la B.S.O. de Oblivion, ya que no es plato de gusto de ningún artista acabar en el cajón de los considerados one-hit wonder, al cual parecen predestinados artistas como The Lumineers, Gotye, Family Of The Year, Foster The People, Passenger… otros de los que inesperadamente han tenido un exitazo en las listas mainstream en los últimos años.

M83, el nombre bajo el que se esconde el músico francés Anthony González, es mucho más que un hit fácil de recordar, y se ha empeñado en que quede muy claro. De hecho, quizá demasiado. Antes de irrumpir definitivamente con “Hurry Up, We’re Dreaming”, el álbum en que la mencionada “Midnight City” estaba incluida, Anthony venía de explorar en “Saturdays=Youth”, quizá su álbum más redondo hasta la fecha, un universo dream pop muy colorista, a lo Beach House, con voces femeninas muy delicadas como en “Up” o “Skin Of The Night”, y otro paralelo más potente y barroco, con la referencia de los Arcade Fire de “No Cars Go” en “Graveyard Girl”. Para su siguiente álbum, “Hurry Up, We’re Dreaming”, apostó por sonidos que girasen más hacia lo electrónico en un plano más bailable. Y las cosas como son, le salió la jugada redonda, tanto artística como comercialmente. La prueba de fuego era evidente con “Junk”, y el resultado es irregular a la par que desconcertante. Nos encontramos frente a un disco en el que predominan las baladas, la calma frente a la tempestad, perfecto para escuchar en el coche en un viaje familiar. Y esto tiene un doble rasero, y es que no cabe duda de que “Junk” es ante todo un disco agradable y muy bonito para oídos muy diversos, pero a la vez supone una absoluta falta de riesgo musicalmente hablando, salvo que tomemos como riesgo el haber cambiado su sonido hacia lindes más comerciales.

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La apuesta por sonidos que girasen más hacia lo electrónico en un plano más bailable con “Hurry Up, We’re Dreaming” le salió redonda, por lo que «Junk» era la evidente prueba de fuego. El resultado es irregular a la par que desconcertante.

Nos basta el primer corte del álbum, “Do It, Try It”, tomado también como primer single de presentación, para darnos cuenta de que Anthony no tiene ninguna intención de repetir fórmula. Podía haber tratado de colar algo similar a “Midnight City” por aquello del efecto arrastre en el éxito (y si no que se lo digan a Adele), pero en lugar de eso aparece con un corte que recuerda a los Daft Punk de “Harder, Better, Faster, Stronger”, aunque con un tono mucho más psicodélico y un final apoteósico. “Go”, otra de las piezas que conocimos antes del lanzamiento del álbum, comienza en un contexto muy a lo David Bowie, para evolucionar enseguida en una perfecta composición pop. Con unos elegantes teclados muy de la new wave, la canción, que trata la reposición ante el desamor, nos dirige a un magistral último minuto con un solo de guitarra de Steve Vai que Slash no habría firmado mejor.

En “Walkway Blues”, con un inicio con influencia clara de los Daft Punk de “Random Access Memories”, M83 presenta una balada al uso como hasta ahora no lo había hecho en sus anteriores álbumes, algo que sin embargo será una clara tendencia en “Junk”. Con la misma delicadeza que en su época dream pop del “Sarurdays=Youth”, pero en un tono mucho más sensual, con cierto carácter R&B para explotar de nuevo en un solo de guitarra final que pone un broche sublime. De pronto nos encontramos con el primer corte en francés: “Bibi The Dog”. Anthony, mediante la voz de Mai Lan, presente en muchos de los temas, aprovecha a la perfección la sensualidad de la lengua de Voltaire y Víctor Hugo. La sección de viento, utilizada en los momentos precisos, junto con la percusión sideral, rememoran una creación redonda de synth pop comercial ochentera. Una lástima que al final lo estropeen con un sampler, también muy ochentero, que hace rememorar el tan hortera como exitoso «Woodpeckers From Space” de Video Kids. Esto precede al primer gran patinazo: “Moon Crystal”, otro corte de carácter muy ochentero que no termina de funcionar. Supone el primer tema instrumental de “Junk”, y  suena extrañamente forzado, como si fuese una versión hecha mediante MIDI de alguna otra canción. Tiene un aire cutre que no se comprende dada la exquisitez y la cuidada producción de los 4 primeros temas.

“Junk” es ante todo un disco agradable y muy bonito para oídos muy diversos, pero a la vez supone una absoluta falta de riesgo musicalmente hablando, salvo que tomemos como riesgo el haber cambiado su sonido hacia lindes más comerciales.

For the Kids” es la segunda balada que nos encontramos. Tiene un carácter clásico atemporal. Acompañada por cuerdas, piano y un delicioso saxofón podría pertenecer por igual a Nancy Sinatra, a Mariah Carey, a Alicia Keys… pero si lo hubiésemos escuchado hace tres meses nunca pensaríamos que a M83. Eso sí, la melodía y la delicadeza son todo un lujo, tanto a nivel vocal como instrumental, que nos hacen perdonar la patochada anterior. Seguimos con otra balada: “Solitude”. Eso sí, ahora abandonamos el pop vocal más clásico para introducirnos en un mundo más psicodélico que igual suena a The Byrds, que a King Crimson que a Tame Impala. Las cuerdas y el piano acompañan suavemente la voz hasta llegar a un solo de synth pop emulando el lloro de una guitarra, que por sí solo da sentido a la canción. Fue otro de los temas de adelanto; personalmente el que más me conmovió desde el inicio.

Wizard”, el segundo corte instrumental del disco, está muy por encima del primero. Haciendo honor a su nombre, Anthony se dedica aquí a hacer magia con una base de rock ambiental sobre la que va creciendo un teclado cuyo efecto se multiplica mediante la reverberación y los ecos que le dan por igual cierto gusto oriental y de shoegaze, al estilo de algunas composiciones de Made In Japan. Volvemos a un synth pop más convencional con “Laser Gun”. Es quizá ésta una de las piezas que más recuerdan a “Hurry Up, We’re Dreaming”. Destaca el uso de un teclado con un timbre que evoca un clavicordio, y un final con similitudes al “Another Brick In The Wall” de Pink Floyd, algo que a diferencia de a los Ting Tings, a M83 le sale bien. Seguimos en un terreno bailongo con “Road Blaster”, focalizada en un estribillo central de vientos magistralmente distorsionados, que recuerda, en lo de hacer de la instrumentación el estribillo, a temas como “Normal Person” de Arcade Fire, o el exitazo mundial “Uptown Funk” de Mark Ronson y Bruno Mars.

“Junk” es un álbum concebido para homenajear con buen gusto una gran diversidad de sonidos de la música pop que resultan inmortales cuando convergen en buenas composiciones.

Tension” es la tercera pieza instrumental de “Junk”, y a decir verdad resulta francamente insulsa. La tensión a la que remite brilla por su ausencia. Sin llegar a caer en el ridículo de “Moon Crystal”, de nuevo falla a la hora de prescindir de la parte vocal. Con “Atlantique Sud” nos encontramos por segunda vez con el francés como lengua, en una elegante balada que combina voz masculina y femenina. Resulta así muy clásica, postulándose como un homenaje a la música francesa melódica de los 60 y principios de los 70. Pese a lo emocional de la misma, no resulta nada rompedor. De hecho bien podría haber sido un dueto interpretado en las galas de Operacion Triunfo (de aquellos pegajosos que llevaban por bandera un amor de tragicomedia hollywoodiense). Siguiendo con lo retro y los homenajes, “Time Wind” avanza alguna década y nos lleva de nuevo a los 80. Con un sonido a medio camino entre Prince y Duran Duran, Anthony se recrea en otra balada de carácter electrónico con el piano como elemento central. Antes de llegar a la pieza final, aparece “Ludivine”, cuarta pista instrumental, en este caso de transición, con coros casi eclesiásticos para crear una atmósfera más relajada y llegar al punto de partida para el ultimo corte, “Sunday Night”, un tema muy melancólico en el que piano y voz se desnudan definiendo a la perfección lo que ha sido un álbum de M83 mucho más tranquilo de lo que esperábamos, pero para nada monótono. Tremendamente suave y sugestivo, Anthony se despide hasta la próxima con un solo de saxo que es un regalo para los oídos.

El sabor de boca que puede quedar al final es que nos hemos encontrado con algo totalmente diferente a lo que pudiera haber entrado en cualquier apuesta, sin significar esto que “Junk” rompa con ningún paradigma establecido, pues éste no ha sido un álbum concebido para dar un vuelco a la música, sino para homenajear con buen gusto una gran diversidad de sonidos de la música pop que resultan inmortales cuando convergen en buenas composiciones. No cabe duda de que estamos ante un disco con muchas imperfecciones, con momentos que no están a la altura de trabajos anteriores del francés, pero que en líneas generales se compone de melodías bellas a las que es difícil encontrar una pega.

M83 – Junk

M83

7.0

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M83 han regresado con “Junk”, un álbum más tranquilo de lo que cabría esperar, en el cual homenajean a diferentes estilos y épocas del pop, obteniendo un producto lleno de hermosas baladas, que puede hacerse un hueco en nuestra parte más sensible, pero no en el cajón de los álbumes más rompedores de la década como sus anteriores trabajos.

Up

  • Está cargado de melodías hermosas.
  • El solo de guitarra final de “Go”.
  • Lo bien que le ha sentado el tinte R&B a algunas de las canciones.

Down

  • No ofrece nada que no se haya escuchado cientos de veces.
  • Las letras siguen siendo un complemento que no aporta en exceso.
  • Algunas de las piezas instrumentales fallan a la hora de aportar una continuidad al disco.