No hay muchos grupos hoy en día que consigan sobrevivir al paso del tiempo. Las viejas glorias que aún perduran de las décadas pasadas han conseguido asentarse y obtener una posición prácticamente intocable, su estatus de estrella del rock ha sido firme y su público se ha mantenido fiel. Sin embargo, eso es cosa del pasado. Hoy en día hay muy pocos grupos que consigan alcanzar una posición tan privilegiada. La música ahora es directa, de consumo rápido, y lo que hoy es un exitazo, mañana puede que todo el mundo lo haya olvidado porque ya estamos atentos a lo siguiente. Y a eso hay que añadir el trabajo del propio grupo, saber seguir ofreciendo discos por los que realmente merezca la pena no perderlos de vista. A estas alturas, todos sabemos que este tipo de grupos siempre pasa por algún bache, siempre hay momentos en los que la integridad de sus miembros peligra y a veces incluso acaba en la separación. Otras, en cambio, el grupo reúne energías cuando todo parecía perdido y consiguen renacer de entre sus cenizas, vivir una segunda época dorada que a veces incluso llega a superar sus antiguos mejores días gracias a la experiencia y la madurez acumulada por el grupo.

Este fue el caso de Foo Fighters. A pesar de que casi desde el principio fueron un grupo enorme, de esos de llenar estadios y tener asegurado el respeto del público, lo cierto es que durante la década del 2000 la calidad de sus trabajos decayó notablemente, puesto que a pesar de que “In Your Honor” fue un disco bastante destacable, “One By One” no corrió la misma suerte. El propio Dave Grohl dijo que tras publicar ese disco se quedó con dos canciones para los conciertos (“Times Like These” y “All My Life”) y el resto no volvió a tocarlas jamás. Prácticamente lo mismo pasó con “Echoes, Silence, Patience And Grace”, disco del que apenas salvaron “The Pretender”, que cierto es que se ha convertido en uno de sus hits más populares y versionados (en la mayoría de ocasiones muy malamente, todo hay que decirlo). Lo cierto es que el grupo vivió una época peliaguda y en varios momentos llegaron a plantearse su separación. Sin embargo, aterrizamos en la década de 2010 y Dave tuvo la mejor idea que probablemente se le pudiera ocurrir. Grabar su siguiente disco en el garaje de su casa, de manera completamente analógica, como el típico grupo de garage-rock, solo que compuesto por un puñado de músicos mastodónticos, de entre los cuales recuperaron a Pat Smear, volviendo a ser tres guitarras. Así nació “Wasting Light”.

«Wasting Light»: volver atrás para volar más alto que nunca

Para “Wasting Light” los Foo Fighters decidieron centrarse en las canciones, en que funcionasen sin importar su complicación o su innovación.

Foo Fighters es el típico grupo de rock americano que nunca ha ofrecido nada realmente innovador. Su fórmula se basa en hacer discos cargados de canciones llenas de energía para motivar a sus oyentes al máximo, teniendo la capacidad de plantar al menos un par de hits directos que casi sostienen el resto del disco, entre los que siempre hay canciones bastante menores. Su éxito reside en que la calidad de esos hits es altísima, sus miembros son unos maestros de su instrumento y encima cuentan con uno de los líderes más simpáticos y carismáticos de la escena musical actual.

A pesar de ello, en los discos mencionados antes sí intentaron salir un poco de su zona de confort, estructurando las canciones de forma distinta y adentrándose en estilos que no tenían tan explorados, como ese segundo disco totalmente acústico de “In Your Honor”. El resultado, si bien es digno de apreciar, no fue muy satisfactorio en la mayoría de ocasiones, por lo que para “Wasting Light” no sólo decidieron volver al sitio más primitivo para hacer un disco de rock, sino a la manera más primitiva de hacerlo: centrándose en las canciones, en que funcionasen sin importar su complicación o su innovación. Y es que al final lo importante de un disco es eso, las canciones. Y en “Wasting Light” funcionan de maravilla.

El grupo decidió contactar con Butch Vig, productor que trabajó en el “Nevermind” de Nirvana para grabar el disco. Cuando Grohl le dijo que quería un disco totalmente analógico, no quedó muy convencido al principio, pero aceptó. Su única advertencia fue que tenían que ensayar mucho y tocar muy bien, porque grabando de esa forma no podría corregir ni tapar fallos apenas. Así, antes de empezar a grabar en septiembre de 2010, el grupo pasó tres semanas sin parar de ensayar las canciones. No sólo eso, sino que Taylor Hawkins pasaría varias horas diarias practicando hasta dar con el ritmo adecuado para las canciones. Tras ese período, pasarían once semanas grabando el largo, dedicando una semana a cada una de las canciones, llegando a regrabar desde el principio algunos temas porque todavía no habían conseguido el sonido crudo y directo que el grupo quería tener. Además, Butch Vig tuvo que reaprender a emplear los métodos de grabación analógicos que llevaba años sin usar, lo cual supuso una dificultad añadida y que el proceso fuese más lento debido a las limitaciones de su equipo.

Primero entrarían la batería y la guitarra rítmica de Dave, a la que añadirían el bajo, la guitarra de Shiflett y por último la guitarra de Pat Smear, utilizando en la mayoría de ocasiones una guitarra barítono con la que conseguir un sonido más heavy y potente. Por último vendrían la voz y los coros. Grohl compondría las letras durante la misma semana de grabación de la canción, escribiendo lo que le viniese al momento, aunque con un punto en común de inspiración sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte, el pasado y el futuro, el antes y el después, desde un punto de vista introspectivo al que el ambiente y el volver a componer un disco como antaño ayudaron mucho.

foo-fighters-wasting-light-2

“Wasting Light” no es un disco revolucionario ni innovador, pero la forma en que está hecho y el momento en que se hizo son sencillamente únicos.

¿Consiguieron el sonido crudo y directo que esperaban? No hay más que poner el disco y ver cómo arranca “Bridge Burning” para ver que sí. Un riff simplón pero muy cañero al que se van añadiendo guitarras hasta que entra la voz de Grohl, totalmente desatado, ganándonos desde el principio. Hablar de las canciones de “Wasting Light” es complicado porque todas comparten características similares: intros agresivas, estrofas más calmadas y estribillos tremendamente pegadizos donde todo se descontrola y suena más vivo que nunca. Las típicas canciones de Foo Fighters, vamos, solo que grabadas en un garaje. Y esta ya es una clara muestra de ello, dejando ver el tema de la fugacidad del tiempo en el estribillo con ese “your bridges are burning down, they’re all coming down, it’s all coming round”.

Pasamos a “Rope” y todavía se acrecenta más el contraste entre estrofa y estribillo. Dave canta suave y en grave en la estrofa entre multitud de contratiempos y juegos de batería y guitarra, mientras en el estribillo todo se unifica y vuelve a lo clásico. Destaca el solo de Chris Shiflett, un monstruo de la guitarra que nos deja aquí uno de los mejores momentos del disco. Para “Dear Rosemary” Dave decidió contar con la colaboración de Bob Mould, líder de Hüsker Dü, encajando bastante bien su voz con la de Grohl y amplificando el dramatismo del tema, que trata sobre una relación que acabó mal y el arrepentimiento por no poder vivir sin esa chica (“Rosemary, you’re part of me, you know, you are, you are, you are”). El resultado nos da un tema épico bastante melancólico. Pero no importa, y es que ahí viene “White Limo” para ponernos la piel de gallina a todos con un Grohl desgarrando su voz durante todo el tema y unos riffs afiladísimos y muy agresivos, siendo una de las canciones más duras compuestas por el grupo. La letra de esta canción se compuso en cinco minutos y no tiene sentido alguno, pues Grohl, que llevaba años sin fumar y había mejorado mucho su voz, tan sólo quería gritar como un loco ahora que podía. Por si fuera poco, la banda estrenó el tema como primer adelanto del disco con un videoclip grabado en VHS en el que aparecen tocando en una limusina y además aparece nuestro querido y difunto Lemmy Kilmister.

Todas las letras tienen un punto en común de inspiración sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte, el pasado y el futuro, el antes y el después, desde un punto de vista introspectivo.

Como un trueno entra “Arlandria”, canción en la que Dave habla sobre su pasado en Alexandria, al norte de Virginia, donde fue a vivir con su madre cuando sus padres se divorciaron, queriendo borrar todos sus recuerdos sobre la ciudad debido a su dificultad para adaptarse cuando era niño (“chase all of those memories away, save them all for another day, don’t you remember it was rain that drowned you”). Tras estos cinco temas más cañeros que de costumbre, entramos en el tramo con el sonido más clásico del grupo gracias a esa “These Days” que suena totalmente a himno y que ya se ha quedado como fija en sus conciertos. La canción es un tributo a Kurt Cobain y al trauma que supuso para Dave un hecho tan inesperado, respondiendo a la gente que intentaba animarle con un simple ‘no te preocupes, todo sigue adelante’ con un desgarrador estribillo cargado de ira (“easy for you to say, your heart has never been broken, your pride has never been stolen, not yet, not yet”). Tras un tema tan enorme nos regalan dos caramelos muy dulces y llenos de aroma pop, siendo el primero “Back And Forth”, título además del documental que el grupo grabó sobre el disco. El sonido sigue siendo crudo pero la melodía se presenta mucho más amistosa, hablando  de una relación en la que una de las partes necesita ir en serio mientras la otra no quiere atarse a nada (“I’m looking for some back and forth with you, are you feeling the same as I do? Now and now and then?”). En “A Matter Of Time”, segundo de ellos, la felicidad continua a pesar de que el tema habla sobre las veces que Dave se ha arrepentido de vivir demasiado rápido, de dejarse llevar y no pensar ninguna decisión (“my past is getting us nowhere fast, I was never one for taking things slow, nowhere seems like somewhere to go, come over and over”).

Algunas de sus mejores canciones se encuentran aquí, tales como “Bridge Burning”, “These Days” o “Walk”.

Tras estos dos temas, la épica del rock de estadio vuelve en “Miss The Missery”, con otro típico riff que siempre sacan como si nada y que pronto se disuelve entre una capa de guitarras, mientras Dave nos anima a seguir adelante, a apreciar el momento que estamos viviendo y a no mirar atrás porque todos somos mortales y sólo vamos a permanecer aquí un momento (“don’t change your mind, your wasting light, get in and let’s go, go”). Según ha contado él mismo, este era el pensamiento que más rondaba su cabeza mientras grababan el disco, ya que sentía que podía ser el último y que no tenía la certeza de poder volver a grabar algo tan enérgico.

Bajamos las revoluciones y nos dejamos conquistar por la melancolía de “I Should Have Known”, una de las canciones más duras y transparentes que ha escrito Dave y que contó con la colaboración de Krist Novoselic, antiguo bajista de Nirvana. El tema en cuestión es un lamento por la muerte de Kurt Cobain, un arrepentimiento por no haberse dado cuenta de lo mal que estaba en sus últimos días y de que planeaba suicidarse. El estribillo eleva el dramatismo al máximo, con un Grohl deseando ver a Kurt una última vez y diciéndole que todavía no puede perdonar lo que hizo (“lay your hands in mine, heal me one last time though I cannot forgive you yet, no, I cannot forgive you yet, you leave my heart in debt”). El resultado es una de las baladas hard-rock más delicadas que el grupo ha escrito, acrecentada por un acompañamiento de violines capaz de sacarle la lagrimita a cualquiera.

El grupo querían que este disco fuera no el mejor, pero sí el más reconocible, su propio “Nevermind”, aquel que te viniera a la mente al pensar en la banda, y lo consiguieron.

No podría encajar mejor una canción como “Walk”, después de un tema tan desolador llega la esperanza para cerrar el disco y dejarnos con un buen sabor de boca. Siempre es difícil describir con palabras la grandeza de un tema, y más cuando hablamos de una de las mejores canciones de todo su repertorio. “Walk” es un himno al deseo de vivir, al volver a levantarse y seguir caminando por muchas veces que caigas, a conocerte a ti mismo y a no dejarte vencer. A día de hoy las veces que he escuchado este tema se pueden contar por centenas y aún sigue poniéndome los pelos de punta cada vez que escucho su parte central, con un Grohl dejándose la voz mientras canta “I never wanna die, I never wanna die, I’m on my knees, I never wanna die, I’m dancing on my grave, I’m running through the fire, forever, whenever, I never wanna die, I never wanna leave, I never say goodbye, forever, whenever, forever, whenever”, hasta romper en ese magnífico estribillo capaz de levantarle el ánimo a cualquiera (“I’m learning to walk again, I believe I’ve waited long enough, where do I begin?”). Pocos finales tan épicos he visto en un disco, de esos que nada más acabar te dan ganas de volver a escucharlo entero y no cansan nunca.

En conclusión, “Wasting Light” no es un disco revolucionario ni innovador, pero la forma en que está hecho y el momento en que se hizo son sencillamente únicos. Se agradece que en plena era del sonido digital, un grupo tan grande decidiera volver a las raíces del rock y grabar un disco en un garaje. Las canciones funcionan todas muy bien ya que incluso los temas más flojos suenan a hit, y los mejores igualan e incluso superan los clásicos de su carrera. El grupo querían que este disco fuera no el mejor, pero sí el más reconocible, su propio “Nevermind”, aquel que te viniera a la mente al pensar en la banda, y lo consiguieron, de hecho creo que consiguieron incluso firmar el mejor largo de su carrera. En cuanto a su recepción, el grupo sería galardonado con nada más y nada menos que cinco Grammy. Además, realizaron una extensa gira que también incluyó conciertos en garajes de fans por todo Estados Unidos. Y el resto ya es historia.

Foo Fighters – Wasting Light

FOO FIGHTERS

8.9 HOT RECORD

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

2011 fue uno de los años más prolíficos de Foo Fighters, ya que consiguieron reconquistar el corazón de muchos fans con “Wasting Light”, disco grabado en el garaje de Dave Grohl de manera totalmente analógica, con canciones mucho más primitivas, clásicas y directas con las que consiguieron algunos de sus mayores himnos hasta la fecha.

Up

  • Los Foo Fighters en mejor forma que nunca, toda su experiencia y buen hacer se recogen en este disco.
  • Ninguna canción del conjunto flojea, todas mantienen el nivel.
  • El sonido y la forma de grabar el disco, consiguieron muy bien la crudeza que buscaban.
  • Algunas de sus mejores canciones se encuentran aquí, tales como “Bridge Burning”, “These Days” o “Walk”.

Down

  • No ofrece nada nuevo, no es un paso adelante para el grupo.
  • Menos variedad en los temas que en otros discos.