Terminado el 2015, Spotify lanzó como de costumbre un resumen anual de todo lo escuchado en la plataforma. Más allá de la cantidad indecente de minutos que nos pasamos con la cabeza entre los auriculares, el resumen aportaba unos datos bastante reveladores para comprender la sonoridad que vendría. Ellos lo catalogaron como ‘tropical house’ y se referían al estilo que antaño encabezaron artistas como Kygo o Major Lazer; sus hits se han confeccionado a partir de bases muy dulzonas y bastante austeras, con tendencias al exotismo. Características que interconectan (salvando las diferencias estilísticas) “Stay” de Kygo, “Hotline Bling” de Drake o incluso “Hymn For The Weekend” de Coldplay.

Como vaticinaba Spotify, la tendencia escapista hacia aquello más ‘tropical’ parece impregnar en mayor o menor forma los lanzamientos actuales, desde el último single de Tom Odell, hasta el raruno nuevo disco de M83, que va más allá de lo musical y parece tomarse bastante en serio las inclinaciones nostálgicas y rosadas del ‘vaporwave’ en el plano estético.

Vistas estas variables, ¿cuál debe ser el planteamiento de nuestro tejido musical? Aquí (de momento) despuntan aquellas formaciones de carácter mas ‘lo-fi’ y visceral. Sin ir más lejos, el grupo que más exportamos actualmente son las Hinds, y nosotros mismos consideramos que Mujeres y Guadalupe Plata firmaron los mejores álbumes del año pasado. ¿Hay lugar para lo tropical? ¿Quién debe ser su embajador a gran escala? En este contexto aparece, de repente, “Jo Competeixo”, el cuarto álbum de los barceloneses Manel, en el que se han propuesto sonar bastante diferente.

Probablemente no quisieron hacer algo en base a las posibles tendencias escapistas hacia horizontes tropicales para estar ‘in’, pero cuando uno escuchó “Sabotatge” por primera vez no podía obviar que Manel se habían contagiado del pop-electrónico contemporáneo, y finalmente el disco demuestra un empape de música latina y sintetizada, sin perder de vista en ningún momento la estela de su recorrido como grupo. Una voluntad de hacer algo nuevo y moderno,  “Jo Competeixo” significa un punto de inflexión en el pop catalán, la puerta abierta a influencias internacionales para establecer nuevos puntos de vista.

Manel llevan casi 10 años entre nosotros, desde su primer disco han facturado himnos que se han convertido en clásicos, pero jamás se han estancado en sus formas. Si al principio los conocimos con el famoso ukelele y un fuerte carácter narrativo que eliminaba estribillos en pos de contar historias, cuando llegó “Atletes, baixin de l’escenari”, su tercer largo, descubrimos un gusanillo electrónico que probablemente quedó demasiado modesto en comparación con el trabajo que acaban de presentar, a pesar de que temas como “Ai, Yoko” son dignos precursores de como suena el grupo ahora. Un grupo que empezó en 2008 con un folk tradicional y veraniego a viento y cuerdas, pasando por un imaginario más medieval y que poco a poco fue abandonando lo acústico para evolucionar hacia “Jo Competeixo”, 11 canciones que destilan una figura nueva, el ‘quinto’ Manel, que en este caso es el productor Jake Aron (Chairlift, Grizzly Bear, Yeasayer…), en quien el cuarteto confió la ingeniería de un sonido que por otro lado les sería inaccesible. Por primera vez se aventuraron en contar con una opinión externa y partir de aquí aparece una nueva extensión marcada por la cultura musical de Aron, su experiencia con sintetizadores y evidentemente sus influencias americanas.

manel-jo-competeixo-2

«Jo Competeixo» demuestra un empape de música latina y sintetizada, sin perder de vista en ningún momento la estela de su recorrido como grupo.

Más que ruptura, “Jo Competeixo” es un cambio, bastante radical, eso sí. Así se palpa en la intro de la primera canción: “Les cosines” es un maravilloso espectáculo sonoro de apertura a lo Carros de Fuego que nos lleva al éxtasis doble malta, un riff punzante que se despliega a lo largo del track, un sintetizador efervescente y unos coros endemoniados que son un golpe sobre la mesa y advierten del material que tenemos entre manos. Energía, caña y cierta actitud macarra. Aquí hemos venido a pasarlo bien, por encima de todo. Esta premisa va a regir toda la estructura formal del álbum, cristalizándose en “Cançó del dubte”, en la que se inmiscuyen en el estilo go-go con saxofones y unos arreglos de piano que apoyan la movilidad de la canción. Ahora destaca más la percusión de calibre tropical, así como los momentos atmosféricos nos sumergen en la lírica para preparar el estallido final cuando la duda se disipa y la amiga “ho té molt clar”.

Cuando “Arriba l’alba a Sant Petesburg” Manel demuestran que siguen ahí, encabalgando canciones que recuerdan la esencia de “10 milles per veure una bona armadura”, su segundo álbum. Cadencias lentas que esta vez están acompañadas por efectos sintetizados, pero la narrativa sigue ahí. La Serotonina” es la canción que a priori ha despertado más interés en los medios. Y no es para menos. Se podría decir que la versión de “La Bilirrubina” de Manel acaba sonando a reggaetón, a latino (con algunos «Mami» de por medio). Una canción repleta de referencias: en momentos parafrasean a Mishima y a Antonia Font y en otros nos recuerdan su veterana versión de “La Tortura” de Shakira. En este caso el cuarteto no quiso imitar, sino trasladar algo divertido a su nuevo terreno, tenían ganas de probar la impredecible fusión y el resultado es un tema desenfadado y juguetón. Se nota con el teatrillo que hace Guillem cuando empieza a cantar las primeras líneas de la canción. Una composición más lenta que «La Bilirrubina», sí, pero con mucho gusto por la chicha y con ganas de hacernos mover la cintura.

“Jo Competeixo” significa un punto de inflexión en el pop catalán, la puerta abierta a influencias internacionales para establecer nuevos puntos de vista.

Más calmada desde sus inicios es “Temptacions de Collserola”, una canción cuya lírica habla de la búsqueda del diablo que aparece en Barcelona para pactar con él. El tema no contiene un dinamismo tan alto como los anteriores, se desnuda poco a poco para dar importancia a la voz y a la historia, cantada con cierto aire melancólico. Si bien en algún momento despunta efectos especiales, instrumentalmente no busca unos contrastes sorprendentes pese a mostrar cierta motivación hacia el empujón final, que al ser tan gradual queda bastante disipado. A pesar de que es un buen tema, parece el típico bache producido por exigencias del guión, quizá un disco que empieza con “Les cosines” no debería contener temas tan estáticos, ya que con esas premisas uno tiene más ganas de escuchar algo más vibrante como “M’hi vaig llançar”, que en su caso sí presenta algo más de chicha sonora. Breve, entra directamente al profundo ritmo de batería que hará latir el tema y quedará rematado con un colofón de distorsión y euforia pop justo antes del final. Teclados y arreglos de guitarra se encargan de trasladarnos el optimismo que contrasta la letra, frases que parecen hablarnos de arriesgarse e ir a por todas para conseguir el éxito. La lucha hacia la cima será el leitmotiv del disco.

Aparece “L’espectre de Maria Antonieta” y nos damos cuenta definitivamente de que Manel acertaron en llamar a la puerta de Jake Aron. La más corta pero cargada de matices. La producción se concentra en pequeñas dosis, sin ser demasiado barroca. El bajo se solidifica y la guitarra se independiza, todo adornado con vistosos efectos sintéticos que dan ese toque dulce y entrañable a la historia que cuenta Guillem. Maria Antonieta aquí es un fantasma que recorre los jardines que antes habitaba, y vuela en libertad por encima de París. Y de la libertad nostálgica pasamos a la penitencia, “BBVA” ya llama la atención con ese título (sin ninguna intención secundaria). Aquí encontramos una curiosa historia de dos fugitivos que primero huyen hacia Europa proyectando un futuro de amor pero al final ella no podrá aguantar los remordimientos. Es justo en ese momento cuando se vuelve interesante, un cambio de ritmo hace florecer los sentimientos, que compaginan música y letra, pequeños remates de voz, batería precisa y guitarras reverberadas. Las dosis de electrónica encabalga esta curiosa road movie.

Sólo el tiempo podrá corroborar el espectro que dejen Manel en la emergencia musical pero, sin duda alguna, han demostrado que no vale tener miedo a cambiar, a arriesgarse y a salir un poco de los moldes locales.

Cuando estallan las primeras notas exóticas y bailables de “Sabotatge” se hace difícil no dejarse invadir un poquito por el hype. Al ser el adelanto del disco suena mucho más familiar que el resto, pero pasa muy bien la prueba del conjunto. Alegre, tropical y cálida, nos recordó a Paul Simon en su “You Can Call Me All” y nos sorprendió trasladando al catalán versos de “Back to Black”. Quizá a nivel retórico no destaca tanto como las anteriores, pero de nuevo aquí se trata de mover el esqueleto y gritar lo estupenda que es la protagonista con sus triquiñuelas y traiciones. A medio camino entre la pena y la alegría, donde pasan las cosas interesantes, encontramos “Avança, vianant”. Nuevamente otro acertado experimento electrónico, con una de esas progresiones características en Manel. El estribillo se desenvuelve como una catapulta sensorial, grande y brillante. En esta pieza los sintetizadores suman fuerza con los punteos de guitarra y favorecen su discurso; una oda a seguir adelante pese las adversidades, a no quedarse estancado. Mensaje que nos lleva de una manera fluida y natural a la última canción del disco, “Jo Competeixo”. Catalogada por la misma banda como la más experimental que han hecho, parte ligeramente del hip hop y desata una actitud punk en la que Guillem escupe palabras a toda velocidad. En este caso el protagonista reafirma su sentido de competencia cuando todo está perdido, y ahí está la gracia: cuanto más compite más posibilidades tiene de perderlo todo. Ocho minutos y medio en los que el ritmo de sintetizadores, percusión y voz se van alternando para mantener nuestro interés, jugando a no quedarse con ganas de más cuando acabe el disco, ahora o nunca. Les acompaña una voz que pasa del unísono al monólogo interior en cuestión de segundos y no pierde nunca su carácter soberbio.

Seré la còlera del cantant del grup català revelació del 2008” (“Seré la cólera del cantante del grupo catalán revelación del 2008» ) confiesa Guillem poco antes de acabar el disco. Ellos relacionan esta actitud con el James Murphy que escupió “Losing My Edge” de LCD Soundsystem, y en cierto modo tienen su parecido en advertir a las nuevas generaciones de la validez de su figura, trabajo y de las ganas de dar guerra. Quizá en unos años Manel sean un grupo que se habrá quedado aquí, pero ahora es su momento: su lanzamiento causa furor y les faltan horas (y camisas) para poder responder todas las entrevistas que conceden. Sean o no conscientes de ello, “Jo Competeixo” va a ser un disco que influenciará el futuro de la música catalana, para bien o para mal, pero ha abierto una nueva puerta a tomarnos en serio lo que tenemos aquí, a creer que los nuestros pueden (y merecen) rodearse de los mejores equipos para regresar con un disco plagado de buenas y nuevas intenciones. Una actualización sonora para acercarnos a lo contemporáneo. Al fin y al cabo, sólo el tiempo podrá corroborar el espectro que dejen Manel en la emergencia musical. Pero sin duda alguna han demostrado que no vale tener miedo a cambiar, a arriesgarse y a salir un poco de los moldes locales, y es que… «A vegades ens en sortim«.

Manel – Jo competeixo

MANEL

8.6 HOT RECORD

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

“Jo Competeixo” es el aroma del cambio, el pop moderno y tropical que nadie pronosticó tan acentuado. Ritmos que van desde el electro-pop hasta lo más latino y condensan las ganas de pasarlo bien, sin tomarse todo muy al pie de la letra. En definitiva, “Jo Competeixo” es efervescencia, actitud festiva y lúdica sin perder de vista sus fundamentos, por lo que promete buenos ratos a todos los oyentes dispuestos a dejarse llevar.

Up

  • Guillem lo tiene claro: “Mejor que te dejen de escuchar porque has cambiado que porque te repites”.
  • Un sonido tan fresco y bailable explotado en grandes dosis.

Down

  • La fiesta se come temas como “Arriba l’alba a Sant Petesburg” o “Temptacions de Collserola”, que suenan tiernas pero cortan el rollo.

1 Comentario

  1. Gran análisis! Pero no veo como puede influenciar el futuro de la música catalana para mal :/

Comments are closed.