Quién nos iba a decir que en Noruega sabrían exprimir tan bien ese Sol veraniego que brilla en todas las composiciones de Kakkmaddafakka, dotándolas de un buen rollo y un frescor que parece encontrar su hábitat natural más cerca de las orillas del Mediterráneo que de los fiordos. Su bandera es el pop inofensivo, sin grandes pretensiones, sin trampa ni cartón, pero capaz de seducir como una birra bien fría en el calor de agosto.

Con un sonido en el que se puede rastrear hasta los olvidados Black Kids o unos Two Door Cinema Club en pleno subidón, los de Bergen pegaron fuerte en 2011 con “Hest”, un debut internacional muy notable, que si uno pone lo suficiente de su parte, podía llegar a recordar a unos Beach Boys del siglo XXI. Melodías simples, estribillos pegadizos y un abanico de vocalistas que hacían de su escucha diversión pura y dura. Dos años más tarde, su segundo trabajo, llamado “Six Months is a Long Time”, bajó el nivel de su predecesor, al moderar el cachondeo y relajar un tanto las bases rítmicas. Sólo hay que darse una vuelta por Spotify o YouTube para comprobar que los grandes éxitos del grupo pertenecen casi en su totalidad a aquel primer bombazo de debut. Y oído el tercero, no parece muy probable que eso vaya a cambiar a corto plazo.

kakkmaddafakka-kmf-2

Que sean inofensivos y simpáticos no quita para que Kakkmaddafakka sean avispados a la hora de saber jugar con los tiempos para maximizar sus ases en la manga y minimizar sus defectos.

Si lo cortés no quita lo valiente, que sean inofensivos y simpáticos no quita para que Kakkmaddafakka sean avispados a la hora de saber jugar con los tiempos para maximizar sus ases en la manga y minimizar sus defectos. Un ejemplo de ello es la situación de Galapagos, exitoso single promocional, a la cabeza del disco, dando una primera impresión literalmente inmejorable, atendiendo a lo que le sigue. Una melodía pegadiza, voces cristalinas y el típico sonido limpio de los hermanos Vindenes y compañía, aunque con un cariz más melancólico que en sus grandes éxitos pasados. Manteniendo el buen arranque llegaMay God, con esos aires disco y esa guitarra a lo Daft Punk en su último tramo. De nuevo, un cierto aire más tristón de lo que estos noruegos nos tenían acostumbrados, más en la línea de “Saviour” y esas baladas que nos sorprendieron en su segundo álbum.

Un teclado más animoso da pie a Young You, pero ésta tiene su origen en una supuesta ruptura, y nunca acaba de levantar esa cadencia lenta que refuerza la sensación de introspección del nuevo trabajo. Y es que si bien Erlend Øye por primera vez no les ha producido este disco, y en el aspecto técnico hay pocas variaciones, con el sonido pulcro y ‘radio friendly’ de siempre, también existe la fuerte impresión de haber metido una marcha menos en la caja de cambios.

No hay que dejar de asombrarse ante la capacidad para no resultar cargantes ni aburridos cuando su fórmula se haya mantenido casi intocable con el paso de los años.

ChangeyFoolañaden minutaje al corazón del disco, con mejor suerte la primera que la segunda. Para la música frívola de una banda como Kakkmaddafakka la mejor prueba de que las cosas les han salido bien es que te acuerdes del estribillo al rato de haber oído la canción. Eso, por desgracia, no pasa mucho en este trabajo, y por eso 30 daysbrilla incluso con más luz de la que debería para ser la balada pop que es. El reggae poco disimulado deNo Cureresulta sentarles tan bien a los noruegos que hace incluso plantearnos por qué no lo habían hecho antes o, ahora que lo han descubierto, por qué no lo han hecho más. ¿Reggae escandinavo? Ahí hay un territorio por explorar. Si Bob Marley levantara la cabeza, probablemente asentiría satisfecho.

Si en “No Cure” se adentran en un terreno totalmente inexplorado por ellos hasta ahora, en “Language nos encontramos la pista que mejor encajaría en su primer trabajo. Ese retorno descarado a sus orígenes imprime un poco de la velocidad que se echaba en falta, y apostaría a que se convertirá en una de las favoritas de aquellos fans que gozaron, y gozan, de las “Is She”, “Restless”, “Your Girl” y compañía.

Hay que decir que si madurar es dejar de hacer canciones sobre querer ser Bill Clinton o un gangsta, ojalá Kakkmaddafakka no hubiesen madurado nunca.

Mientras que Lilac aporta un toque ochentero y pasa sin demasiada pena ni gloria, Superwomantiene el gancho, como esos luchadores de lucha libre espectáculo que tienen una llave inconfundible y definitiva, la que hace chillar  a los espectadores y finiquita al rival tambaleante. Eso es para Kakkmaddafakka el estribillo entre lánguido y divertido de “Superwoman”, repetido mil y una veces y misteriosamente (casi) igual de efectivo que la primera. Lo que nunca te va a pasar al escuchar un disco de los noruegos es que te den ganas de quitarlo y cambiar a otra cosa. Mientras no pierdan eso, es de esperar que mantendrán a su público. Y es que eso no ocurre ni sonando los temas más planos del álbum, como ese True que pretende sacarnos a la pista de baile con poco éxito. Tampoco es que la final Empty Streets sea uno de los puntos álgidos de este “KMF”, lo cual es una pena y una confirmación de que en términos generales el disco empieza más alto de lo que acaba.

Hay que decir que si madurar es dejar de hacer canciones sobre querer ser Bill Clinton o un gangsta, ojalá no hubiesen madurado nunca. Pese a ello, no hay que dejar de asombrarse ante la capacidad de un grupo como este para no resultar cargante ni aburrido, sino todo lo contrario, aun cuando su fórmula se haya mantenido casi intocable con el paso de los años. Mientras nos sigan regalando música para poner en verano, y olvidar en otoño, todos contentos.

Kakkmaddafakka – KMF

KAKKMADDAFAKKA

6.7

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

“Seis meses eran mucho tiempo”, y tres años lo son aún más, lo suficiente como para que hubiéramos empezado a olvidar a los noruegos más majos del indie. Con “KMF” evitarán que lo hagamos, firmando un disco fresco y agradable.

Up

  • No ha nacido en este mundo un grupo tan fácil de escuchar como Kakkmaddafakka.
  • Evolución lenta y coherente la de KMF, con una ralentización de su sonido sin perder la frescura.
  • Álbum con más highlights que “Six Months Is A Long Time”.

Down

  • Melodías muy similares en muchas de las canciones. Muy poca ruptura a lo largo de él.
  • Una pena que hayan moderado un punto la irreverencia y lo absurdo de sus primeras letras.
  • Quizás se hayan pasado con el freno de mano en algún track que pedía más caña y menos hamaca.