Hace unos días escuchábamos en EQB el último álbum de Novedades Carminha, “Campeones del Mundo”. Si el camino del trío gallego parece llevarles desde un universo punk, desgarrado, gamberro y políticamente incorrecto hacia uno más pausado, introspectivo, y con cierto sonido a baile de instituto calenturiento, la evolución de León Benavente es completamente opuesta. Abraham Boba y los suyos proceden de una larga trayectoria musical, acompañando principalmente a Nacho Vegas, pero también del seno de formaciones como Tachenko. De forma paralela a las giras con Nacho, Abraham había probado suerte en solitario con un estilo un poco más electrónico y barroco que el del asturiano, pero que sigue la línea de canción intimista de autor, para cambiar radicalmente de estilo y de sonido al crear León Benavente junto a Luis Rodríguez, Eduardo Baos y César Verdú.

Con un estilo tan corrosivo como inclasificable, un humor ácido y negro pero sin caer en fundamentalismos, cinismo ni despotismo gratuito, irrumpieron con un magistral disco homónimo de debut en 2013. El efecto producido por cuatro músicos con una larga trayectoria en la carretera no se hizo esperar, y pocos meses después ya eran una apuesta segura en los principales festivales de nuestra geografía. Durante año y medio no pararon de girar de sala en sala, para concluir con dos llenos consecutivos en la mítica sala Joy Eslava madrileña en diciembre de 2014. Así, no es extraño que su segundo trabajo se haya convertido en uno de esos cuya fecha de lanzamiento lleva meses apuntada en el calendario de muchos melómanos.

Cuentan León Benavente que el título del álbum pudo haber sido “La Vida Errando”, nombre de uno de los cortes del mismo, pero que al final se optó por la simplificación, y se quedó en “2”. En él nos encontramos que la radicalización de su sonido va unos pasos más allá que en su disco debut. Los riffs potentes de guitarra, la envoltura a ratos minimalista, a ratos synth pop, a veces dark pop coqueteando con el krautrock continúan presentes, pero ahora ya no hay remilgos a la hora de endurecer musicalmente unas letras que en su primer disco resultaban menos áridas por el carácter más melódico de la voz principal. Canciones como “El Rey Ricardo”, “Revolución”, “Las Ruinas”, o ese himno descriptivo de la llamada Generación Y que es “Década” dan el relevo a un grito más desesperado y solitario, a una rudeza armónica y melódica que ya tuvo sus primeros avisos en “La Palabra”, en “Ser Brigada”, y en la versión de la canción de Lorena Álvarez, “Cuesta Abajo”. “2” vuelve a ser, eso sí, un álbum con cierta tendencia literaria, en el que se refleja la impotencia del individuo en solitario, con tintes de la filosofía de Nietzsche, de la ironía y la desidia de Tolstoi y Dostoievski, y con el retrato amargo de la muerte de la inocencia entre las grietas de la civilización de Paul Auster.

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León Benavente han vuelto a lograr apelar a la épica, y extraer del minimalismo y lo simple un álbum cargado de rabia, de sonoridad potente, guitarrera, electrónica, furiosa que se vacía como una tormenta gestada durante demasiado tiempo.

California” es la primera canción que terminaron de cara a este álbum, y la que según ellos, abrió el camino al resto de composiciones. Puede comprenderse como una continuación de “Ser Brigada”, ya que postula una huida infinita a un lugar idealizado al que nunca se llega. En ella encontramos los primeros visos del ansia por la inocencia pasada, ya enterrada: “Llévame a vivir a Disneylandia, llévame a vivir a California y al cliché de que vivir es más fácil con los ojos cerrados, como decían los Beatles, y también Javier Cámara: “Pasearemos juntos por la playa; pasearemos juntos con un perro; viviremos juntos en la inopia”. Encontramos aquí una primera referencia musical, en este caso a Triángulo de Amor Bizarro y a su tema “El Fantasma De La Transición”. En lo puramente musical es una canción más melódica de lo que nos vamos a encontrar posteriormente, a medio camino entre su disco debut y éste.

La primera gran pista de lo que nos van a ofrecer en conjunto en “2” llega con el que ha sido primer single, “Tipo D”, una canción que escogieron como carta de presentación precisamente por lo arriesgado de la misma. Encontramos muchas similitudes en la dirección que toma este tema con los últimos álbumes de sus amigos de El Columpio Asesino: ausencia de melodía como tal, ausencia de estribillo, una base electrónica agresiva, potente y rítmica… Con ese panorama, nos recitan de forma irónica un montón de cosas que ‘quieren ser’, sin dejar títere con cabeza. Lo mismo atacan a quien se aferra a un puesto, que a los poseedores de Tarjetas Black, que al postureo desmedido pseudocomunista envuelto en millones de dólares de la familia Bardem, que a la geometrización y racionalización de la información de los medios de comunicación de masas. Y además tiene un gran poder de convicción, pues si la primera vez que la escuché me sorprendió que hubiese sido tomada como single, han acabado por convencerme de que “lo que está sonando es un hit”. Metidos en la crítica social, nos encontramos con “La Ribera”, una canción en la línea de “El Rey Ricardo”, que habla sobre el poder, sobre la distinción de dos mundos separados por dos orillas. Si en el tema de su álbum debut se narraba una revolución ante un régimen absolutista, aquí se describe de forma lacónica la brecha entre dos vidas, dirigiéndose al poderoso que vive plácidamente en su palacio en la ribera, mientras en la otra orilla la gente pelea para dar sentido a sus vidas, el barro crece, la desidia se amontona. Se le insinúa todo lo que vería si se asomase a la ventana, y que se sentiría como un turista si cruzase a la otra orilla. La composición es francamente redonda, y cuenta con un estribillo que funciona a modo de homenaje a The Clash.

Los riffs potentes de guitarra, la envoltura a ratos minimalista, a ratos synth pop, a veces dark pop coqueteando con el krautrock continúan presentes, pero ahora ya no hay remilgos a la hora de endurecer musicalmente unas letras que en su primer disco resultaban menos áridas.

Volvemos al sonido áspero, como en “Tipo D”, carente de melodía, en “Gloria”, una de las creaciones de “2” que son como una bofetada en la cara, efectiva y precisa. Cuenta con la colaboración del músico Joseba Irazoki, y nos narra en primera persona las desventuras de un tipo cínico, a medio camino entre el individualismo y el socialismo más férreo, con cierta tendencia a la autocompasión y la autocomplacencia. El personaje tiene muchas similitudes con el protagonista de “Memorias del Subsuelo” del escritor ruso Fiódor Dostoyevski. Los riffs de guitarra que nos dejan aquí son francamente potentes y eléctricos, y algunas de las frases van a convertirse sin lugar a dudas en las más coreadas en los conciertos. Ese “hoy podía haber cambiado mi destino, y lo único que he hecho es emborracharme y ser un cretino” o el “hicimos lo que hacen los perros, lamiéndonos las heridas justo después de corrernos que remite al “amarga baja amarga baja” de “Toro” de El Columpio Asesino van a dar mucho juego. “Nuevas Tierras” apuesta por un synth pop cercano en ciertos aspectos de la instrumentación al dream pop, lo cual contrasta de manera magistral con la voz grave y árida de Abraham Boba. La producción de Banin Fraile (Los Planetas y Los Pilotos) con un sintetizador modular construido por él mismo le da mucho juego a la pista más intimista del álbum. De nuevo nos encontramos con la desesperanza aprendida del ser humano, que comete los mismos errores una y otra vez, destruyendo un lugar y buscando otro para volverlo a destruir.

Aún No Ha Salido El Sol” tiene un comienzo muy electrónico, con grandes referencias del krautrock. Sigue esa línea de radicalización presente en “2” para converger en un estribillo en el que la guitarra toma el protagonismo y convierte la canción en una auténtica fiesta. Más allá de eso, nos relata el siglo XXI como una época oscura en la que uno necesita reafirmarse desde sus orígenes. Dicen que mencionaron a la Velvet, a los Smiths y a los Can como podían haber sido otros grupos cuyos discos les marcaron un camino. Y como grito a la esperanza el propio título, que intuye que después de toda noche viene el día.

Después de nueve canciones que no dan tregua, y que trepan por la conformidad de uno hasta sacudirle, llegan la calma y el silencio en el momento álgido, como en el sexo.

En el plano electrónico se sigue moviendo “La Vida Errando”, con una intro que tiene grandes influencias del synth pop británico de la última década (Ladytron, CHVRCHES…). Si “Ser Brigada” o “California” remiten a sendas huidas basadas en una cierta esperanza infantil, ésta promulga todo lo contrario, la huida a ninguna parte de forma plenamente consciente, y en la cual a veces quién sabe si no sería mejor desaparecer. Probablemente estamos ante la letra más poética y bella, por lo frío desangelado de sus frases, de León Benavente hasta la fecha. Y de un extremo al otro, de la desidia más absoluta se pasa a “Celebración (Siempre Hacia Adelante)”, la pista más positiva del disco. Absolutamente rítmica y frenética, no se esconde entre parámetros facilones de la psicología positiva, ni en posturas místicas de paz espiritual, pero canta a la fortaleza de quien se repone a todos los golpes que le han dado, le dan y le darán: “Si falla el motor que nos mueve; si falla el motor no te sueltes. Como un corredor tienes que mirar siempre hacia adelante”.

Al igual que ocurría en “Ser Brigada” en su ópera prima, “2” no puede tener un final mejor. La canción perfecta para concluir arriba es “Habitación 615”. Puede considerarse la metacanción, la más introspectiva, la que habla de ellos, de su música, de su inspiración… Se centra en quince días en México D.F. que pasaron justo antes de meterse en el estudio a grabar. Tenemos un poco de todo: la locura del viaje, la inestabilidad de quienes se dedican a la música, la tensión, la convivencia, la soledad… No faltan las referencias musicales a Mark Kozelek, inspiración para el sonido del tema, o a Juan Cirerol, a quien postulan como “el puto nuevo Johnny Cash”. Se despiden diciendo que “por ahora es todo lo que os puedo contar; quizá en un par de años pueda continuar”. Y ya está. Después de nueve canciones que no dan tregua, y que trepan por la conformidad de uno hasta sacudirle, llegan la calma y el silencio en el momento álgido, como en el sexo. Han pasado dos días desde su lanzamiento y después de múltiples escuchas me es imposible concluir si “2” me gusta o no más que “León Benavente”. Creo que el tiempo y el envejecimiento de las canciones en la memoria individual y colectiva hablarán por sí solos. Lo que sí se puede decir es que León Benavente han vuelto a lograr apelar a la épica, y extraer del minimalismo y lo simple un álbum cargado de rabia, de sonoridad potente, guitarrera, electrónica, furiosa que se vacía como una tormenta gestada durante demasiado tiempo. No cabe duda de que en diciembre estaremos hablando de “2” como uno de los mejores lanzamientos a nivel nacional de 2016.

León Benavente – 2

LEÓN BENAVENTE

8.4

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León Benavente lo han vuelto a conseguir. “2” es un álbum guitarrero y rabioso que evoluciona con respecto a su debut en lo electrónico, y que parece vaciarse de la furia acumulada durante estos tres años en nueve canciones frenéticas con una notoria presencia de la ironía y el humor negro literario.

Up

  • Aciertan con el minimalismo y con la mayor linealidad en las melodías. Le da a las letras y al mensaje el carácter que piden.
  • La producción está extremadamente cuidada, y evoluciona en relación con su debut.
  • Con referencias muy alejadas entre sí, afianzan un estilo y un sello propios, algo que no es nada fácil.

Down

  • Que tres años sólo hayan dado para nueve canciones.
  • A veces es fácil en la crítica social caer en el cinismo, y aunque no suelen hacerlo, no pueden evitar alguna frase que puede chirriar un poco.