Tarantino dice que no gasta en sus películas bandas sonoras originales, ya que piensa que hay suficiente música hecha que merece la pena. Hoy hablamos de un disco que busca recuperar el sonido que, además de tener momentos con reminiscencias a los primeros filmes del director americano, fue la banda sonora de toda una generación. Una generación que vivió Woodstock, las drogas sintéticas y los pantalones acampanados acompañados de chalecos de flecos.

Los artífices de entregar un trabajo con temas llenos de tintes psicodélicos que transmiten atemporalidad no son otros que Levitation Room. Hablamos de un grupo joven que se mueve en la escena underground pero con una soltura que intenta imitar a alguno de sus contemporáneos y referentes como Tame Impala. Todo empezó cuando grabaron y lanzaron “Minds Of Our Own”, su primer EP, en el que intentaron impregnar su esencia y lo que buscaban transmitir: un sonido que recogiera el testigo de épocas pasadas pasándolo por un filtro de perspectiva que sólo el paso de medio siglo puede dar.

Y tan sólo ha tenido que transcurrir un año para que los de California se lanzaran a publicar su primer LP a través del sello Burger Records. Este sello, y tienda de discos, se trata de una forma en la que jóvenes artistas se pueden permitir grabar y publicar sus trabajos a un precio económico, reservándose el derecho de su música. Esto ha conseguido que el sello se haya granjeado un importante nombre dentro la prensa especializada, con lanzamientos en casete de grupos como Black Lips, Twin Peaks o las madrileñas Hinds.

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Los californianos buscaban un sonido que recogiera el testigo de épocas pasadas pasándolo por un filtro de perspectiva que sólo el paso de medio siglo puede dar.

En cualquier caso, esto no hace más que demostrar el marco por el que se mueven las publicaciones de este sello, que aunque fluctúen entre diferentes registros de rock, siempre tienen esa esencia del DIY, de lo autoproducido, casero y orgánico. Levitation Room consiguen pertenecer a ese sonido y lo demuestran de primera mano con Strangers Of Our Time, una apertura con una parte vocal hipnótica cargada de reverb y un juego de guitarra eléctrica que hace recordar a un surf rock que encajaría perfectamente en la apertura de Pulp Fiction. El coro de ah’snos transporta suavemente a Cosmic Flower, el tema más breve del álbum (no llega a los dos minutos de duración) pero que aporta una intensidad necesaria al disco. Una parte vocal más sucia, una guitarra que transmuta en un solo hacia el final que es del todo digno y un bajo que quiere despuntar y consigue brillar con luz propia.

Toca disminuir revoluciones, y el encargado de ello es Loved, para quitar esa intensidad algo desmedida del corte anterior y ofrecer una de las mejores melodías de todo el disco. Sabe adoptar esa esencia de supieron captar los Temples en su debut con una parte vocal que nos invita a viajar por el paisaje sonoro que confeccionan, y una guitarra eléctrica post-estribillo que se encarga de devolvernos a la casilla de salida. Lazy Lawrencesigue transportándote en ese viaje de los sentidos por un tema que suena a verano del 69, con un cierre que te eleva y con presencia de una línea de teclado que aporta cierta ligereza al track.

«Ethos» acaba perdiendo fuelle, en primer lugar, por la reminiscencia constante. Esa sensación de estar escuchando algo que ya has oído hace tiempo o hace unos días.

En Reasons Whyse recupera ese estilo más Tarantino en lo que a relativa oscuridad se refiere. Tiene un halo de misterio muy interesante, fruto del riff de guitarra que protagoniza la melodía principal. Melodía que, por cierto, deriva en la segunda mitad en una explosión instrumental donde consiguen volver a captar la atención del oyente jugando con guitarras muy intensas, baterías pasadas por filtros y modulaciones que acaban eclosionando en Standing In The Rain”, que repite una fórmula que ya hemos encontrado antes: la de un punteo de guitarra como hilo conductor que nos recuerda de dónde venimos y a dónde vamos mientras la parte vocal se permite vagar por aquí y allá sin mayor pretensión que la de invitarnos al paraíso lisérgico al que intentan invocar.

Ahora me tocaría señalar un pequeño defecto en este álbum, y es que, si Plain To Seelo hubieran dividido en dos piezas, la introducción y la segunda parte, habrían creado un tema más digerible y que, en cierta medida, aportaría algo más al resto del metraje. Un tempo normal y una melodía que no cuaja en el trabajo y que depende de There Are No Wordspara levantar de nuevo el ánimo del álbum, con esas melodías western de tintes psicodélicos que se prestan a ser escuchadas. Con Til You Reach Your Last Breathocurre igual. Echo de menos una melodía interesante que al final del disco consiga llamarme la atención, y es que vuelven a caer en la repetición de fórmula sin ofrecer nada nuevo, algo que no sucede en Crystal Ball”, la cual consigue elevar el álbum a su cierre, gracias a una de las melodías que más merecen la pena del compacto: una línea protagonista de guitarra bastante reconocible, una parte vocal fácil de seguir y un cierre instrumental. Tal vez no me termine de casar el aparente fade que hay en el último minuto para desactivarlo y volver con veinte segundos de melodía que realmente ya no aportan nada, pero no sería lo peor que encontramos dentro de este álbum.

Se ve un álbum con una esencia lo-fi y un importante potencial que no acaban manejando bien. Levitation Room prefieren recurrir a lo que ya ha funcionado en un par de temas y transportarlo al resto.

A lo largo de la escucha de este elepé me he percatado de un problema, y es que Levitation Room juegan con una mano de cartas que se presenta ganadora e innovadora, pero con la que acaban una jugada en la que dejan entrever su exceso de confianza. Quiero decir, estaban jugando las mismas cartas que sus compañeros Tame Impala, Temples, Toy o los MGMT menos poperos, ¿qué podría salir mal? Encuentro algunas razones que me ayudarían explicar el porqué han acabado por confeccionar un álbum que se presentaba grande y acaba perdiendo fuelle. La primera: la reminiscencia constante. Esa sensación de estar escuchando algo que ya has oído hace tiempo o hace unos días. Ese momento que sufre todo artista en el que busca su sonido propio y tiene que empezar por algún sitio. El segundo y principal motivo: no estaban preparados para dar el salto al largo formato. No ha pasado ni un año desde el lanzamiento de su EP debut y ya han vuelto al estudio a confeccionar el resto de temas que conforman su “Ethos”. Han recuperado piezas del EP y hay buenos cortes que han compuesto para el álbum, pero en general me queda flotando ese pensamiento de sacar las cosas con prisa sin haberse planteado terminar de pulir su sonido.

Se ve un álbum con una esencia lo-fi y un importante potencial que no acaban manejando bien. Levitation Room prefieren recurrir a lo que ya ha funcionado en un par de temas y transportarlo al resto. Y es una pena, pero prefiero suponer la inexperiencia como culpable a la falta de motivación. Porque hay calidad, hay trabajo de producción y hay conocimiento, lo único que les ha fallado es la paciencia y el querer complacer cuanto antes.

Levitation Room – Ethos

LEVITATION ROOM

6.5

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Levitation Room son un grupo californiano de rock psicodélico que no han dejado pasar ni un año desde la puesta en escena de su primer EP para lanzar su debut en largo, donde juegan con melodías que nos invitan a revivir la década hippie de los 60 con sonidos que buscan hacernos viajar por paisajes lisérgicos que permiten la desinhibición y el mero disfrute.

Up

  • Momentos de guitarra que van directos a por ti de lo embaucadores que son, haciendo un juego muy interesante con la parte vocal hipnótica.
  • Logran crear ambientes sonoros que consiguen transportarte a un mundo de psicodelia muy apetecible.

Down

  • Acaban repitiendo la misma fórmula una y otra vez dando melodías que caen en la reiteración.
  • El silencio del final de “Crystal Ball”, que todavía no entiendo su función.