Por sorpresa, tal y como también hizo con “To Pimp a Butterfly”, Kendrick Lamar se ha decidido a lanzar algo que no llega a ser ni un álbum (tal y como lo tenemos entendido), ni un EP, ni una mixtape; sino que es un compendio de todas aquellas canciones grabadas para lo que ha sido su último largo, pero que no han llegado a entrar en él por motivos desconocidos. De hecho, bien podría considerarse de buenas a primeras que el estilo de este breve elepé sea una continuación de la estela que ya empezó con su trabajo previo. Por tanto, en untitled unmastered. volveremos a oír esa mezcla de hip hop, jazz y soul.  Ahora bien, y ojo al asunto, estos ocho temas que conforman este álbum consiguen ir más allá del concepto de ‘aleatoriedad’ que siempre gira en torno a los recopilatorios de caras B. Dicho en otras palabras, a un disco de descartes no se le suele premiar la unidad del conjunto porque, por concepto, tampoco se le busca. En este sentido, con “untitled unmastered.” nos veremos gratamente sorprendidos: en este proyecto todo queda unificado bajo el mismo (y sólido) patrón. El mérito, por tanto, está ahí.

Misterio y hedonismo se mezclarán constantemente durante los minutos de este largo, pero tanto un concepto como el otro ya quedarán avistados desde el primer momento en el que nos adentramos en el disco. Así pues, los títulos de las canciones (que, a la praxis, son inexistentes), pertenecen al momento en el que supuestamente fueron grabadas o culminadas. De la misma manera, ninguno de estos temas está del todo acabado de masterizar. La experiencia, por tanto, se presupone, como mínimo, particular.

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Ocho canciones que hablan del momento sociopolítico sin dejar atrás la huella más que personal de Kendrick

Podría considerarse de buenas a primeras que el estilo de este breve elepé es una continuación de la estela que ya empezó con su trabajo previo. Por tanto, en “untitled unmastered.” volveremos a oír esa mezcla de hip hop, jazz y soul.

Con este background tan reservado y casi tenebroso, entramos al álbum con vaselina, la voz melosa y llena de matices soul de Bilal abre untitled 01 | 08.19.2014. para atrapar nuestro oído entre los escarceos del reverse de la base mezclados con lo que parecen ser las primeras pruebas de instrumentos de una jam session. La música se apaga para enseguida volver con bajos y la voz de Kendrick poniéndonos al día de cómo está ese microuniverso del cual ha podido salir, pero aún arrastra tras de sí. En este corte, Lamar confiesa que “To Pimp a Butterlfy” fue escrito para nosotros, como un mandamiento de Dios para salvarnos… aunque el esfuerzo ha parecido ser en vano puesto que todo sigue igual, tal y como él mismo apunta: “No more running from world wars… No more discriminating the poor… No more bad bitches and real niggas. Kendrick puede proclamarse autoconsciente de su propio status dentro del mundo del hip hop. Él no precisa de grandes odas a los estereotipos de este universo para formar y estructurar su propia figura, él huye y se diluye de este movimiento tan manido, aunque no por ello renuncie a jugar a la ambigüedad, tal y como hace en untitled 02 | 06.23.2014., un redondo tema en el cual altera su propia voz, interpretándola y poniéndola en una tesitura que se mueve entre lo ebrio, lo endemoniado y lo endiosado (carta con la que ya jugó en “u”, en su anterior álbum). El arrepentimiento por haber fallado ante Dios se hace patente (“where did we go wrong?), y es en este estado de decepción donde el verdadero Lamar nos habla directamente, cuando ese estado catártico de su voz ya se diluye, para confesarnos que esa fe ya se ha ido (“I lost a lot of love for missionary… This the first time I confess). Ante esta desilusión, Kendrick acaba exasperándose y lleva su voz al grito usual de los raperos convencionales, convirtiéndose en uno de ellos, dando pie al hedonismo frente a la conciencia; todo esto en medio de unos pianos que van y vienen, un envolvente jazz desordenado combinado con una sencilla base contundente pero que al unirse con los elementos antes mencionados, crean un ambiente hipnotizante en lo que es uno de los mejores temas del álbum.

Kendrick Lamar, con “untitled unmastered.” continúa explorando la hipocresía y condescendencia de alguien de su categoría, que no puede obviar lo que pasa a su alrededor pero que aún tiene la suficiente autoconsciencia para saber que hacer precisamente eso es un acto de lo más engañoso.

untitled 03 | 05.28.2013. se abre con un ritmo funky, casi ochentero en los sintetizadores, mucho más esperanzador y divertido que los antecesores, hecho que se ve ligeramente sobredimensionado por las irónicas voces femeninas de Anna Wise en forma de coro que conversan con Lamar durante toda la canción, la cual casi se entiende más bien como un interludio. Únicamente en la forma de la pieza encontramos ese optimismo, puesto que desde la parte lírica, Kendrick apunta a cada etnia que puede encontrar en su propio barrio (la india, la asiática, la negra y la blanca), y ya desde la propia estructura y tiempo que dedica a cada una de ellas, vemos como el estatismo y el inmovilismo ante la superior raza blanca continúa imperando en la sociedad actual. De nuevo, estereotipos de unas estirpes y otras se suceden tanto para bien como para mal, pero siempre con un regusto a verdad que no deja indiferente. Con untitled 04 | 08.14.2014., Kendrick vuelve a hablarnos de aquel problema que ya planteaba en la segunda pista, pero mientras en aquella simplemente los exponía, en esta propone soluciones escapistas, tal y como señala SZA con aquello de “head is the future. Es sobre el concepto de esa línea donde el sonido se vuelve poco a poco más envolvente, menos soul y orgánico, y más electrónico y tenebroso, quedando la voz femenina atrás. Poco a poco, aparecen desde las entrañas las distorsionadas voces de Lance Skiiwalker que, de la mano, nos llevan hacia el interior de nosotros mismos en un ambiente lleno de matices que se reverberan desordenadamente, se repiten y que, en definitiva, envuelven nuestros oídos en uno de los puntos álgidos del disco.

Este interludio de menos de dos minutos queda completamente roto con la pista que le sigue, la excelente untitled 05 | 09.21.2014., que vuelve a ese jazz distópico, de baterías y bajos que pueden parecer tanto repetitivos como desordenados. Lamar y Jay Rock nos hablan de ese yo interior que el primero ya nos presentaba anteriormente, pero es un yo interior deprimido que no se nos ha presentado por primera vez y que no nos debería sorprender (de nuevo, “u” de “To Pimp a Butterfly” lo ponía de manifiesto). Kendrick apunta hacia el hecho de que probablemente la desestabilidad social le provoque sus propias desestabilizaciones, hecho del cual también se arrepiente y toma consciencia. En definitiva, vaivenes de ideas, lamentos y casi premoniciones que se contraponen con la angelical y a la vez misteriosa voz de Anna Wise, la cual se encarga del estribillo, y que recuerda a los matices vocales de Erykah Badu o Jackie Joyce. Temas como este evidencian que Kendrick es hijo de su propio tiempo, tanto en lo político como en lo musical, ya que retazos de este tema y otros son un ejemplo de cómo clásicos (no tan antiguos) como “Stankonia” de Outkast han hecho mella en la generación actual más atenta a la música urbana. En aquel disco histórico para el hip hop ya se fusionaban distintos géneros antes casi imposibles en el universo del rap, tal y como el propio Lamar continúa explorando en untitled 06 | 06.30.2014., en la cual deja que los elementos más rítmicos del propio hip hop se fusionen con trazos de bossa nova que ondulan y ahora se mezclan con la sugerente voz de Cee-Lo Green, dialogante continuo de Kendrick, en el tema más vitalista de todo el álbum, en el cual se gira en torno a la dualidad humana (no será casual que tanto Kendrick como Cee-Lo sean géminis) y en donde se hace una proclamación de la aceptación de las partes más oscuras de uno mismo, no como una negativa, sino como todo lo contrario, una oportunidad para explorar ese mundo interior sobre el que tantas vueltas está dando Lamar durante todo este largo. El conocimiento de uno mismo permite el amor al otro, en este caso, a la “goddess of the odd que Kendrick nombra justo antes de soltar unas palabras conclusivas en Zulu y Xhosa, poniendo de nuevo sobre la mesa esa interculturalidad que se mueve en contadas ocasiones sobre todo lo que Lamar hace, y que aquí queda más que evidenciado.

La resignación de Kendrick queda demostrada de la manera más humilde y egocéntrica posible en estas ocho canciones que, en reiteradas ocasiones, consiguen crear una atmósfera totalmente tenebrosa, incómoda y, sobre todo, hipnótica.

Uno de los mayores experimentos constitutivos de “untitled unmastered.”, sin serlo del todo, lo encontraríamos en untitled 07 | 2014-2016., donde se hace una breve recopilación de hasta tres temas autónomos que acaban uniéndose de manera no muy sutil. Así pues, tres piezas autónomas se suceden una detrás de la otra, siendo cada una más interesante que la anterior en cuanto a terrenos de experimentación se refiere. La primera de todas recupera los beats más identificativos del hip hop comercial actual, pero de la manera más cautivadora que podamos imaginar, incluso con la actitud chulesca de un Kendrick Lamar que, aun tornándose hacia aquellos terrenos líricos que se supone no son los suyos, se defiende a partir de pequeñas metáforas que le sirven de leit-motiv, o si no, bien atentos a ese “Levitate, levitate, levitate, levitate. En el segundo corte de este track, la actitud altanera se relaja y Kendrick da sus motivos ante la necesidad de ese amor propio que ya comentó en “untitled 06.”. Aquí, el beat que oímos está producido por el hijo pequeño de Swizz Beatz y Alicia Keys, como apunte bien curioso a tener en cuenta. En la última parte de la canción (el tercer corte dentro de la misma canción), oímos a un Lamar bien irónico que se atreve a regalarnos un tema que cumple con aquella idea de jam desordenada que ya ha experimentado en este “untitled unmastered.” y en el anterior largo, pero ahora desde la propia grabación de una sesión de grabación que, más allá de la curiosidad, nos sirve para poder oír de cerca el propio resorte compositivo de una pieza que, además, hemos escuchado anteriormente en el álbum. Un Kendrick más humano (aún si cabe), habla con sus músicos y productores mientras improvisa ante su micrófono; nada más, y nada menos.

Para cerrar el álbum, en untitled 08 | 09.06.2014., Kendrick se decide de nuevo por un ritmo groovy-funky y de nuevo juguetón en cuanto a sintetizadores ochenteros se refiere que recuerda incluso a los antiguos temas de Michael Jackson. En este corte final, sorprende el sútil in crescendo rítmico que sirve para que Lamar espute los últimos y frenéticos versos que conducen hacia la que se supone como mayor dicotomía del artista en este propio instante: el saber si es justo continuar hablando, por inquietudes morales, de cuán deteriorado está su ambiente pero ahora desde una posición privilegiada. Kendrick no duda en compararse con un niño sin hogar que incluso se dirige a él para recriminarle que él trabaja para poder mantenerse seguro, mientras Lamar lo hace para continuar pagándose el alquiler. Mientras el niño reza (“pray) esperando a Allah, Lamar juega (“play) viviendo desde la ciencia ficción.

Lamar acaba sabiéndose y reconociéndose como el verdadero rapero de su generación, incluso como el nuevo 2Pac o el Messias, y en “untitled unmastered.” lo juega desde la modestia y los delirios que le vienen de cuna… Que ni una cosa ni la otra se le agoten, por el bien de todos.

Kendrick Lamar, con “untitled unmastered.” continúa explorando la hipocresía y condescendencia de alguien de su categoría, que no puede obviar lo que pasa a su alrededor pero que aún tiene la suficiente autoconsciencia para saber que hacer precisamente eso es un acto de lo más engañoso. De nuevo, y como lleva arrastrando desde sus anteriores largos, Kendrick está intentando escapar del mal (de la industria, del prejuicio del hip hop, del barrio, de la idea de ser negro… hasta de sí mismo), pero nunca puede, y esa resignación queda demostrada de la manera más humilde y egocéntrica posible en estas ocho canciones que, en reiteradas ocasiones, consiguen crear una atmósfera totalmente tenebrosa, incómoda y, sobre todo, hipnótica. Los sonidos del álbum son casi inclasificables una vez los hemos oído por primera vez: el jazz más distópico, los ensayos de una jam, el soul de los setenta (en cuanto a armonías se refiere) y la continua ejecución de ritmos desordenados y caóticos que no tienen miedo a romperse, regenerarse, recrearse y crearse de nuevo, hacen que, en el fondo, el cambio más sustancial entre “To Pimp a Butterfly” y “untitled unmastered.” no sea el puramente musical, sino que el tiempo ha pasado.

A decir verdad, este experimento estructural que a su vez es convencional y efectivo, le ha de servir a Kendrick de puente para descubrir los sonidos de su próximo álbum, que probablemente no tenga mucho que ver con lo que oímos ahora, momento en el cual probablemente nos regale una maniobra de cambio que ya hemos vivido anteriormente si comparamos la diferencia musical entre “Good Kid, M.A.A.D. City” y el ya mencionado “To Pimp a Butterfly”. Lo que probablemente no cambie en toda su obra (y eso ya será un síntoma de cuán asegurado estará su legado) es esa mezcla de extimidad con la que escupe (a veces, literalmente) sus versos en aquellas canciones que tratan la cuestión social, y esa brutal intimidad de aquellos otros cortes que viajan hacia el propio interior del propio Lamar, allá donde se decide a desgañitar su voz forzadamente si es necesario, y derivando la parte instrumental hacia ambientes más claustrofóbicos. A su vez, Kendrick Lamar tampoco podrá huir de la truculenta y provechosa posición de ser la verdadera voz cantante de movimientos sociales como el Black Lives Matter por encima de otros de sus compañeros del hip hop, como se ha comentado anteriormente, y eso continúa y continuará incidiendo en sus nuevos temas.

En consecuencia de esto, Lamar acaba sabiéndose y reconociéndose como el verdadero rapero de su generación, incluso como el nuevo 2Pac o el Messias (ambos adjetivos pueden encontrarse bien fácilmente dando un breve paseo por foros), y en “untitled unmastered.” lo juega desde la modestia y los delirios que le vienen de cuna… Que ni una cosa ni la otra se le agoten, por el bien de todos. Pimp-pimp hooray.

Kendrick Lamar – untitled unmastered.

KENDRICK LAMAR

8.7 HOT RECORD

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Sin alejarse de aquellos sonidos ya explorados en “To Pimp a Butterfly”, Kendrick Lamar nos regala, por sorpresa, un compendio de caras B de las que ya quisieran otros tantos y tantas poder presumir. Ocho canciones que hablan, a partes iguales, del momento sociopolítico pero sin dejar atrás en ningún momento la huella más que personal del propio Lamar, quien no para de dar pasos agigantados para convertirse y erguirse como uno de los referentes más aclamados del hip-hop.

Up

  • Kendrick continúa ofreciéndonos las fusiones más interesantes del hip-hop que podemos escuchar actualmente, desde los ritmos latinos hasta el funk más ochentero; todo en uno.
  • Un recopilatorio de caras B no tiene por qué tener coherencia estilística ni temática, pero aquí sí la encontramos, y de calidad. Nada desentona en todo el conjunto.
  • Kendrick expone los problemas sociales más recientes desde su propio prisma personal, hablándonos de sí mismo y de su entorno con una plasticidad que impresiona.

Down

  • Puede que no se acabe de notar un cambio notable entre este disco de descartes y “To Pimp a Butterfly”.