Folk, psicodelia y toques Black Sabbath. Así se puede definir a este grupo de suecos, variando el orden de los factores según qué canción. Quince años de carrera con cinco discos bajo el brazo y una evolución hacia nuevos horizontes y estilos que los ha otorgado una identidad propia. Entre sus temas podemos encontrar lo mejor del rock nórdico, sabiendo que va a haber guitarras desgarradoras y puro metal, pero también una caravana de sonidos del desierto estadounidense, donde la psicodelia y la distorsión están muy presentes. Y este nuevo LP no iba a ser menos, en el que si algo prima es la variedad, haciendo que no sea nada lineal, mientras recorremos un sinfín de paisajes de fantasía, donde tan pronto puedes encontrar bellas princesas o furiosos dragones.

Originariamente formados como tributo a Pentagram, consiguieron algo que pocas bandas son capaces de lograr, como es publicar tres discos en tres años (entre 2004 y 2007). De ese sonido más setentero y vintage siguen quedando resquicios, pero con la evolución natural de todo grupo. El alma del conjunto, Magnus Pelander, retoma aquí la guitarra que dejó en el anterior álbum y continúa como vocalista, dando ese toque personal que tiene, para regresar al sonido antiguo de los primeros discos, pero aún con la vista puesta en la actualidad musical.

Este Witchcraft lo forman el ya citado Magnus Pelander en voz, guitarras y teclados, Rage Wideberg a la batería y Tobias Anger al bajo, y «Nucleus» ha sido producido por el propio Magnus junto al productor sueco Philip Saxin.

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Si algo prima en «Nucleus» es la variedad, haciendo que no sea nada lineal, mientras recorremos un sinfín de paisajes de fantasía, donde tan pronto puedes encontrar bellas princesas como furiosos dragones.

La intro acústica de Malstroem te envuelve por completo en una cantina que parece sacada de un cuento de Tolkien. La flauta le da un toque a los alemanes Blind Guardian muy característico del metal europeo del norte, y los riffs de guitarra se van sucediendo como un tornado. Sabes que se acerca, que no hay escapatoria. Pero tampoco la buscas. Sin darte cuenta llegan las voces, con un toque lento pero a la vez nada intimidante, sabiendo que el ambiente oscuro sigue ahí presente. Una canción que comienza con una intro perfecta para un disco así y que va in crescendo, dejándonos con ganas de más. Llegamos ahora a la canción más corta del disco. Esta “Theory of Consequence” tiene un toque de distorsión y un riff que recuerda a unos Black Sabbath con un sonido actual y a los primeros Witchcraft. Prácticamente igual todo el tema, cuando te quieres dar cuenta, ha terminado.

The Outcast fue el primer single presentado del disco, y con fuerte presencia de las flautas. Muy melódica y pegadiza, no quita tiempo para la guitarra, dejando espacio para bonitos arpegios y arrolladores riffs. Volvemos a ese ambiente hostil y de fantasía, esta vez de forma más animada y dejando constancia de por qué Magnus también canta. Llegamos a la cuarta canción y la que da título al disco, Nucleus”, y nos adentramos en lo que bien podríamos denominar territorio Metallica, con una intro que parece recordar a  “The Unforgiven”, con cello incluido. Claro está que a mí también me suenan a Blind Guardian, pero es verdad que para el que esto suscribe son un grupo referencia dentro de Europa. Para una intro tan bonita y pausada como esta, la voz de Pelander quizá no es la más idónea, pero a medida que avanza la canción nos olvidamos de esto. En el momento en el que parece que la cosa sólo puede ir a más, se relaja y volvemos a retomar una parte acústica, sombría y melódica, quizá algo larga, pero amenizada con buenos punteos de guitarra.

An Exorcism of Doubts” nos trae de vuelta a Black Sabbath por segunda vez gracias al riff principal, que vuelve a terminar relajándose. Sin embargo, no para una parte acústica, pues continúa con distorsión y electricidad para regresar al final a ese riff y ambiente sabbáthico. Terreno que continúa con “The Obsessed”, ya no sólo por los potentes riffs, sino también gracias a la parte rítmica que absorbemos al escuchar el principio de la canción y, en especial, a la cantidad de cambios que esta tiene, añadiendo una variedad y riqueza musical muy difícil de incluir en cualquier composición.

Preciosas partes acústicas, riffs aplastantes del talentoso Magnus Pelander y algo de folk europeo es lo que nos trae esta nueva entrega de Witchcraft, con oscuras melodías de fondo que harán el viaje más oscuro de lo que imaginas.

Pasada ya la primera mitad del LP, pasamos de atmósfera Black Sabbath a territorio Led Zeppelin, al menos en cuanto a intros. Y es que este To Trascend Bitterness tiene una batería que recuerda a “Kashmir”, pero se queda sólo en la introducción. Sin embargo, el bajo sí parece adquirir fuerza, acompañando perfectamente a riffs que pasan por tus oídos como apisonadoras: fuertes y sucios, llevándose lo que encuentran a su paso, acorralándote de por medio sin que puedas escapar. En el caso de Helpless bien podría ser el tono perfecto para iniciar una película de terror. Tiene ese aire místico y oscuro que tanto atrapa, mezclado con la belleza de un bosque abandonado y lleno de verdes y grandes árboles. Pero, una vez rugen las guitarras, se hace de noche y el cuerpo se estremece. No sólo tiene una gran interpretación, también encaja a la perfección en todas las partes, volviendo a hacer una canción muy dinámica, con seis minutos de puro doom.

Para terminar tan sólo quedan dos canciones, pero casi veinte minutos de álbum. La primera es el mastodonte del CD, Breakdown, de más de quince minutos. En ella se mezclan una amalgama de sonidos de todo tipo que te hacen pasar por episodios de tranquilidad, ira, psicodelia… Empezando por los dos primeros, pues la introducción es muy tranquila, pero dura seis minutos que se hacen interminables. Y es cuando piensas que no puedes más el momento en el que el riff añejo y sucio golpea con más fuerza, en uno de los temas más oscuros, con un riff inagotable que apasionará a los más asiduos al género, tanto en esta parte como en el inicio acústico. Por último le toca el turno a “Chasing Rainbows. No es de las mejores canciones del disco, ni de las más duras, ni se acerca a tener uno de los mejores riffs, pero cumple. Como cierre no es que sea el tema más acertado, a pesar de ir progresando lentamente hacia el final, pero es difícil componer un tema que consiga terminar este LP de la misma forma que lo empieza.

Si bien hacer un disco perfecto es algo prácticamente imposible (o al menos para mí lo es), con este, Witchcraft se acercan a ello un poco más. Preciosas partes acústicas, riffs aplastantes del talentoso Magnus Pelander y algo de folk europeo es lo que nos trae esta nueva entrega de Witchcraft, con oscuras melodías de fondo que harán el viaje más oscuro de lo que imaginas, sin ser eso algo negativo, ni mucho menos. A su vez, también es la muestra de cómo tener multitud de influencias y gustos no es un impedimento a la hora de componer, aunque es verdad que el sonido vintage de los setenta y el doom siempre han ido de la mano.

Witchcraft – Nucleus

WITCHCRAFT

8.0

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Los suecos regresan con un título lleno de referencias y subgéneros con un toque característico que les ha llevado a la posición donde están. Grandes músicos con grandes canciones que gustarán tanto a fans del género como a los que estén menos acostumbrados a estos sonidos.

Up

  • La mezcla de sonidos entre los primeros discos y estos nuevos Witchcraft hace que sea uno de sus mejores discos.
  • En sus canciones hay mucha variedad, por lo que puedes ver muchas influencias en ellos.

Down

  • Para algunos puede ser positivo, pero meter en el mismo álbum canciones de dos o tres minutos y otras de quince hace que a veces pierdas la atención.
  • Los pesos pesados del disco se concentran sólo al principio.
  • Los pesos pesados a veces se pueden hacer eso, pesados. Afortunadamente no es lo habitual.