Coque Malla «lo hace por ti”. Eso dice en el tercer corte de este nuevo disco, con una letra que bien puede interpretarse como un mensaje para fans y oyentes de música en general. El madrileño ha alumbrado el séptimo disco de su etapa post-Ronaldos y vuelve al tema central de su obra: las mujeres y su relación con ellas.

Después de sus dos últimas obras: “Canta a Rubén Blades” y “Mujeres”, dos discos de directo, el cantautor madrileño regresa con “El último hombre en la Tierra”. En esta ocasión ha optado por una producción mucho más orlada, con grandilocuentes arreglos orquestales que llevan cada canción a nuevos niveles de sonido. De hecho, alguna vez se echa en falta alguna canción más ‘guitarrera’, como a las que nos tenía acostumbrados en el resto de sus composiciones.

Aunque ha sido producido por José Nortes, los arreglos orquestales han corrido a cargo de Miguel Malla, que ha sabido por donde iban los tiros desde el principio. Si el cantautor sembró las semillas de cada canción con su guitarra, ha sido su hermano el que las ha hecho crecer en lo musical. A partir de ahí, hasta 22 músicos han colaborado para crear este disco con un halo de orquesta que será todo un reto para reproducir en directo, pero también un espectáculo para el oído.

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El cantautor madrileño apuesta en «El último hombre en la Tierra” por una producción mucho más orlada, con grandilocuentes arreglos orquestales que llevan cada canción a nuevos niveles de sonido.

Este trabajo es sin duda el más sinfónico de su carrera. Así lo atestigua la primera canción, “La Señal”. Una tormenta de cuerdas, sección de vientos y delicados arreglos que va amainando o arreciando según el momento. Una canción de redención que explica al oyente lo que se va a encontrar en este elepé. Con “Santo, santo” vuelve un palm mute que parece volver a lo rockero, pero la canción regresa rápidamente al camino marcado. La única que parece salirse un poco de esta nueva dinámica es “Lo hago por ti”, el tema más coquemalliano de este largo y que recupera los riffs de guitarra y los arreglos más poperos para erigirse como el single más lógico para la promoción en general. Sin embargo, volvemos a lo sinfónico con la canción que pone nombre a este álbum: “El último hombre en la Tierra”, un tema que va creciendo con un piano que sube y baja a modo de carrusel mientras un violín tiñe de romanticismo juvenil la historia que va dibujando Malla sobre el recuerdo de ese punch en el corazón que te hace sentirte único.

Mujeres, mujeres y mujeres. Así podríamos resumir de forma muy rápida y poco cuidadosa la temática de casi todos los discos del madrileño. En “Cachorro de león” vuelve a representar a una superviviente de los hombres y de la vida en general que supera todo para criar a su propio cachorro y convertirse en una artista del alambre. La parte final del tema encierra un sorprendente intermezzo recitado, que termina de perfilar los trazos de su particular superheroína. Tras la escucha queda claro que dibujar personajes femeninos es lo que mejor se le da a este músico. El cedé prosigue con “Escúchame”, que comienza con un riff de piano que firmarían los mismos The Divine Comedy, uno de los grupos que el propio Malla ha asegurado escuchar a fondo para que le inspiraran los arreglos orquestales de este disco.

Coque Malla ya no es ese rebelde sin causa de Los Ronaldos. No. Ahora es un ‘completo equilibrista’, que transita entre el rock and roll, el sonido más complejo y sinfónico y los homenajes a sus musas y artistas favoritos.

Pasamos el ecuador para llegar al tema más largo, “Me dejó marchar”. Un corte de casi siete minutos que va de menos a más y que desgrana toda una historia de desamor. Y de la seda, a la lija de “Todo el mundo arde”, una de las canciones más oscuras y complejas que ha escrito, según sus propias palabras. El tramo final del elepé pasa por tres de las canciones más redondas del disco. “Pétalos, sonrisas y desastres” es un medio tiempo que finaliza con unos preciosos coros cruzados a varias voces. Después, Malla se pone satírico y critica que, mientras «todos hablaban del cambio inmediato, nadie pensaba en«El cambio interior”, penúltimo tema de este álbum que es el más mordiente y en el que no se corta al atizar a todos los colectivos, sin dejarse ni uno, que llaman a la revolución con la boca pequeña y luego esconden la mano y «plantan el culo ante el televisor«. Una canción que recuerda a Krahe y que podría ser un buen cierre para esta obra.

Pero ese cierre llega en forma de nana con “Duerme”, una canción tierna y emotiva que avisa de que Coque Malla ya no es ese rebelde sin causa de Los Ronaldos. No. Ahora es un «completo equilibrista«, que transita entre el rock and roll, el sonido más complejo y sinfónico y los homenajes a sus musas y artistas favoritos. Si fuera el último hombre en la Tierra, al menos la banda sonora del fin sonaría estupenda.

Coque Malla – El último hombre en la Tierra

COQUE MALLA

7.5

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Coque Malla vuelve con un disco que exhibe una excelente factura en la producción, arreglos orquestales y once nuevas canciones muy interesantes. Sigue los pasos de “Termonuclear” y, sobre todo, de “La Hora de los Gigantes” y regresa a su temática habitual: las mujeres, pero con unas melodías y unos arreglos mucho más trabajados.

Up

  • Los arreglos orquestales dotan de un sonido grandilocuente a las canciones.
  • La canción “El cambio interior”, que contiene una buena ración de crítica social y cultural.
  • El sorprendente ‘break’ recitado de “Cachorro de León”.

Down

  • El enésimo repaso a las letras sobre temas de amor y las mujeres de su vida han perdido algo de frescura con el paso de los años.
  • Se echa en falta algo más de variedad en la temática general del disco.