No tenemos perdón. Que hayamos echado a andar hace apenas un año no sirve de excusa para no haber hablado reposadamente de Juventud Juché todavía en EQB. Para situarnos: Juventud Juché son la mejor banda que ha parido el underground patrio en los últimos cuatro años. El proyecto nace de la asociación de Luis, Javi, y Arturo, un informático y dos publicistas en paro que decidieron probar suerte en el circuito alternativo madrileño y grabar una maqueta en Sonido Muchacho, sello en el que trabaja Luis (bajista de la formación). Aunque aseguran huir de la idea de la profesionalización de su carrera musical (y es que si la juventud lo tiene crudo para encontrar maneras de salir adelante, mucho más si lo que buscan es labrarse un futuro en la música) es imposible no advertir el esfuerzo y pasión que vuelcan en cada uno de sus trabajos. Los madrileños no han dado un paso en falso desde aquel primer EP que de manera efervescente condensaba seis canciones en siete minutos. La progresión continuó con “Quemadero”, el debut en formato largo que incendió las listas de mejores discos nacionales a finales de 2013. Las canciones, que entonces duraban entre dos y tres minutos, seguían sucediéndose entre codazos sin perder un ápice de frescura en un tracklist de doce pistas que en directo se volvían mucho más salvajes y agitadoras.

“Movimientos” : El cambio insensato

La madurez y desarrollo del grupo van de la mano de su evolución como instrumentistas; las horas de ensayo han dado fruto y sus composiciones se van nutriendo con más y mejores recursos a medida que pasa el tiempo.

Aunque hubo quien sintió cierta frustración al ver como el frenesí del EP parecía desvanecerse (o al menos contenerse) con su debut en larga duración, yo no pude sino aplaudir un viraje tan correcto que hizo que su art/post-punk ganara en matices manteniendo viva la mala leche, la crudeza, y aquel ritmo roto tan característico. Si los esquemas del punk son bastante limitados, Juventud Juché habían logrado forzarlos como poquísimas bandas internacionales lo hacían, consiguiendo una fórmula personal que se adaptaba al formato LP sin perder de vista sus referencias. Ahora bien, una vez lograda esta reinvención, lo sensato (o al menos lo esperable) hubiera sido un segundo disco continuista, que afianzara esa receta que tan bien funcionaba delante del público. Nada de eso. “Movimientos” me ha vuelto a coger con la guardia baja, y eso en un género como el suyo es algo más que meritorio.

Para lograr esta metamorfosis, la banda ha trabajado codo con codo con Ian Crause (Disco Inferno) y Bob Weston (Shellac) en las tareas de producción y masterización del disco. Como viene siendo costumbre con cada nueva publicación de Juventud Juché, la duración de las pistas ha vuelto a incrementarse. Es aquí donde comprobamos que la madurez y desarrollo del grupo van de la mano de su evolución como instrumentistas; las horas de ensayo han dado fruto y sus composiciones se van nutriendo con más y mejores recursos a medida que pasa el tiempo. Por otro lado, y aunque la separación de los planos es casi tangible, encontramos la incorporación de ecos en las voces y sintetizadores apagados que logran crear un ambiente denso donde se entrelazan los distintos elementos. A pesar de todo, es evidente que el productor ha dejado espacio más que suficiente a la banda, que sigue contando con la sección rítmica como elemento protagonista de su música. Esos ritmos quebrados siguen hoy actuando como motor de arranque, pero quedan salpicados por diferentes elementos que logran que el desarrollo de los temas sea mucho más interesante sin que la fiereza se haya perdido por el camino.

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Esos ritmos quebrados siguen hoy actuando como motor de arranque, pero quedan salpicados por diferentes elementos que logran que el desarrollo de los temas sea mucho más interesante sin que la fiereza se haya perdido por el camino.

La batería de “Pasos” funciona como detonador del disco. El primer track, además de evidenciar la mutación sonora, deja patente el crecimiento del conjunto en el apartado lírico. Los versos, al igual que en anteriores entregas, hablan de insatisfacción, impotencia y el agobio que la mezcla de estos sentimientos supone. Pero en esta ocasión todo se aborda desde un punto de vista más introspectivo y analítico. Lo que en “Quemadero” era odio visceral, es en “Movimientos” rabia (in)contenida y desasosiego. Si en el tema anterior la intensidad iba de menos a más, concluyendo en un airado crescendo final, en “En Tu Casa” la potencia sonora aparece desde el primer segundo gracias a esa percusión que Arturo ejecuta como si estuviera repartiendo puñetazos a todo lo que se mueve. Él y Luis dotarán de esqueleto al tema mientras la corrosiva guitarra de Javi escupe riffs y punteos convenientemente tratados en el estudio para recrear cierta sensación de reclusión. Un Año” parece compuesta por unos Wire algo más industriales, lo cual no quiere decir que la pasión y el músculo dejen de ser principal combustible de la carrocería Juché. Sus versos, mucho más existencialistas que nunca, reflejan el problema del ser y el paso del tiempo.

Hoy se cumple un año,
desde que me dije que dentro de un año
cambiaría mi forma de hacer las cosas
e iría tan lejos como pudiera
(…)
todo sigue en el mismo sitio,
sólo ha cambiado que ha pasado un año

Parecer” canaliza las mismas inquietudes de una forma más colérica y subversiva, en contraposición al remordimiento que expresaba “Un Año”: Está claro que estoy jodido, pero no soy el principal responsable. Sorprende de nuevo la producción en “Fuera que, si bien puede recordarnos al indie de León Benavente, alberga la oscuridad del post-punk depresivo de Parálisis Permanente. Le sigue “Niebla”, seguramente el tema más redondo del elepé, cuyo nombre no podría ser más acertado. El trabajo en el estudio vuelve a ser extraordinario y nos mete de lleno en un denso ambiente. Una vez estemos entre la niebla, los Juchés nos darán una paliza haciendo uso de su sección rítmica, unos vigorosos guitarrazos casi sin distorsión y voces que vienen de todas partes.

Los madrileños manejan como nadie los ingredientes de todos esos movimientos musicales que se sucedieron entre empujones entre 1977 y principios de los ochenta.

El art punk roza el noise por momentos en “Bien”, pero en cualquier caso los chillidos agudos de la guitarra no consiguen tapar otra línea de bajo imprescindible. Unos sintetizadores tramposos suenan al principio de “Miedo”, que luego resulta ser el capítulo más frenético y desatado de “Movimientos”. No intentes entender la letra, vamos a partirnos las costillas en un pogo que es de lo que va esto. Todo lo contrario que “Todo el Rato”, donde dan rienda suelta a su vena más arty combinando elegancia y rudeza para musicar versos tan potentes como “Si escondo mis principios, si guardo lo que soy, nada aquí me queda”. Apurando las últimas pulgadas del LP tenemos una explosión llamada “Carne”, una suerte de hardcore-kraut que vuelve a incidir en esa dimensión existencial en el apartado lírico.

Bien empieza lo que bien acaba. Quedan despejadas todas las dudas, lo de Juventud Juché no fue una sorpresa efímera ni una concatenación de casualidades. Los madrileños manejan como nadie los ingredientes de todos esos movimientos musicales que se sucedieron entre empujones entre 1977 y principios de los ochenta. Y cuando digo como nadie, quiero decir que qué bueno es tener a Juventud Juché entre nuestras fronteras. Sólo puedo quitarme el sombrero y esperar que pronto pueda salir sudado de una de sus descomunales presentaciones en vivo.

Juventud Juché – Movimientos

JUVENTUD JUCHÉ

8.8 HOT RECORD

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Juventud Juché lo han vuelto a hacer. Han recogido todas sus influencias para deconstruirlas dando lugar a otro discazo que supone otro paso adelante en una evolución de la que no adivinamos techo. El cambio, que seguro no deja a nadie indiferente, se ha gestado partiendo de los mismos ingredientes que antaño, aportando la madurez artística que va alcanzando la banda y un espléndido trabajo en la producción y mezcla del LP.

Up

  • Una apuesta valiente por no anclarse en un sonido determinado y seguir creciendo.
  • El sonido y las letras se han enriquecido gracias a la experiencia ganada y la participación de Ian Crause en la producción.
  • No echamos de menos el poso rabioso juché ni estribillos con los que desgañitarnos.

Down

  • A pesar de todo el respeto y éxito cosechado, su sonido nunca ha sido muy amable. Ahora lo es menos que nunca, lo cual pudiera perjudicarles a la hora de alcanzar notoriedad en un circuito mayor. Tampoco creo que esto les preocupe demasiado.