Cómo mola el sonido retro. Da igual cuánto avancen los métodos de producir, grabar y en definitiva, hacer música. Nunca dejaremos de recurrir al sonido retro. Siempre habrá grupos que vuelvan a él, porque tiene un encanto único que conforme ha ido evolucionando la forma en que se hace música, se ha ido perdiendo. Y sí, saber innovar, reinventarse y seguir girando la rueda para que no muestre signos de agotamiento es importante. Pero grupos como Night Beats también son muy importantes. Grupos que no quieren ir más allá, que quieren regresar al pasado y revivir el misticismo de una década que nunca va a volver y que nunca vamos a vivir, pero que al menos podemos arañar.

«Who Sold My Generation»: un paseo a lomos de una guitarra

Night Beats es un grupo procedente de Seattle, formado por Danny Lee Blackwell (voz y guitarra), Tarek Wegner (bajo y coros) y James Traeger (batería y coros). Nacieron en 2009 cuando Danny Lee se mudó de Dallas a Seattle, trayendo consigo la mitología y el sonido de Texas, donde pasó su juventud, a la par que sus compañeros hicieron lo mismo respecto a Austin, donde también pasaron un tiempo. ¿Su propuesta? Psicodelia, garage y mucho guitarreo.

Han girado con gente de la talla de Black Lips, The Jesus & Mary Chain o The Zombies. Hasta la fecha han publicado tres discos, de los cuales hoy comentamos “Who Sold My Generation”, su trabajo más reciente, grabado en una cinta de dos pulgadas a manos de Nic Jodoin y de Robert Levon Been, miembro de Black Rebel Motorcycle Club, que colabora además como bajista. Así consiguen un disco con un aire totalmente añejo y bastante lineal en conjunto, pero que tiene toques y recoge detalles de aquí y allá ampliando su abanico de influencias respecto a sus trabajos anteriores. Si bien la psicodelia sigue estando muy presente, el garage también gana presencia, pero además añaden pop y soul.

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Consiguen un disco con un aire totalmente añejo y bastante lineal en conjunto, pero que recoge detalles de aquí y allá ampliando su abanico de influencias.

Pero no todo se basa en el sonido para este disco, el contenido también es importante, empezando por el propio título, “Who Sold My Generation”, concepto en torno al cual Danny realiza un discurso en “Celebration #1”, tema de apertura. Mientras él afirma a la vez que se pregunta quién es el responsable de que el mundo se haya sumido en un auténtico caos, la batería se encarga de llevar el tema junto a guitarras que vienen y van entre multitud de jams hasta desvanecerse. A pesar de lo que pueda parecer con estos primeros minutos, no estamos ante un disco sin melodías concretas o piezas con estructuras más convencionales, para Danny los puntos clave de una buena canción son el alma y el ritmo, algo que queda demostrado en “Power Child”, mucho más directo, que suena como unos Doors acelerados, con un riff que se repite a lo largo de toda la canción y un solo trepidante al final.

Right/Wrong” nos traslada al pop brillante, cercana a grupos de neo-psicodelia actual como The Roaring 420s, constituyendo una canción de amor en la que Danny se desahoga en torno a una relación que acabó en ruptura a causa de los celos (“what is wrong with you, I cannot reply, you don’t need to learn, it’s always in your mind”). El tema político sale a la luz en “No Cops”, tema que abraza abiertamente el rock más garajero, denunciando las libertades de la policía y la violencia con la que actúan en los Estados Unidos, describiéndolos como personas que actúan sin sentido (“even the cops are gonna give me a hard time, ain’t got to lose my cool, I just gotta find a good line”)  y acompañándose de ritmos y solos muy enérgicos para acentuar la carga de la pieza, que se declara como uno de los puntos álgidos del disco.

No es un disco que vaya a pasar a la historia, pero sí es un trabajo al que dan ganas de volver y nunca dejará de hacerlo de vez en cuándo, pues esa es la magia del sonido sesentero.

Porque Mañana” nos lleva por terrenos cercanos al blues, manchándola con la psicodelia y el reverb tan propio de su sonido, mientras que “Sunday Mourning” se mete de lleno en el rock y nos da riffs y solos capaces de levantar el ánimo a cualquiera, además de rematarlo con uno de esos estribillos enormes que una canción como esta necesita. No puede faltarnos la típica canción western en un disco así, papel que cumple “Shangri Lah”, que se codea con nuestros aquí queridos Dead Ghosts, sólo que Night Beats no son tan propensos a la brevedad y se dejan llevar más por la intensificación y la improvisación al final de sus canciones. “Burn To Breathe” se presenta muy similar a “Sunday Morning”, con bastante peor resultado, a pesar de que el bajo adquiere un protagonismo mucho más notable y los solos vuelven a destacar. “Bad Love” vuelve a pisar el acelerador y nos traslada más que nunca a los 60, con instrumentos de viento incluidos y toques soul, que continúan en “Last Train To Jordan”, una pieza psicodélica con tintes muy místicos en la que Danny utiliza Jordan, comúnmente conocida como la tierra prometida, como metáfora para reclamar que si no hacemos algo y tratamos de cambiar las cosas para que el mundo mejore, nos perderemos el último tren al paraíso.

Si bien la psicodelia sigue estando muy presente, el garage también gana presencia, pero además añaden pop y soul.

Turn The Lights” no supone ninguna sorpresa, pues sigue en una línea muy continuista el rock and roll garajero que prima en el disco, salvo la inclusión de otro elemento clásico del género que no podía faltar aquí: la armónica.

Y para cerrar nos dejan con “Egypt Berry”, la pieza más veloz y afilada del disco, muy cercana a la famosa “My Generation” de The Who, solo que impregnada de las jams psicodélicas a manos de la guitarra de Danny, desembocando en un garage a lo Ty Segall en su final.

Night Beats es uno de esos grupos que no inventan absolutamente nada y que escuchándolos es inevitable que te produzcan la sensación de que sus canciones ya las has oído mil veces, pero son tan divertidas y elegantes que resulta imposible resistirse a ellas. “Who Sold My Generation” no es un disco que vaya a pasar a la historia, ni siquiera estará en los tops personales de nadie, pero sí es un trabajo al que dan ganas de volver y nunca dejará de hacerlo de vez en cuándo, pues esa es la magia del sonido sesentero.

Night Beats – Who Sold My Generation

NIGHT BEATS

7.8

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Con las mismas ganas de entretener y de divertir que siempre, Night Beats firman un tercer disco lleno de canciones con las que bailar y rememorar el encanto del sonido sesentero. Su propuesta es todo lo contrario a revolucionaria, pero nadie dijo que no ser trascendental fuera malo, como demuestran aquí.

Up

  • Divertido, entretenido y evocador. El buen rollo de este tipo de discos te ganan enseguida.
  • Probablemente su mejor trabajo hasta la fecha.
  • Álbum mejor definido. El abanico de influencias se expande en este álbum.
  • A pesar de los altibajos, con canciones como “No Cops” o “Sunday Mourning” pueden cubrir el disco entero de sobra.

Down

  • Nada nuevo bajo el Sol.
  • El uso del reverb puede llegar a resultar excesivo.
  • Algunos temas menos inspirados. Sensación general de homogeneidad.