La Real Academia de La Lengua define el prejuicio como la opinión preconcebida, generalmente negativa, hacia algo o alguien. Un fenómeno bastante extendido en nuestros días (los de la reafirmación del ego a través del encumbramiento de lo propio y la reducción a lo banal de lo ajeno) es la dicotomización dentro del mundo del moderneo entre lo que es mainstream y lo que no lo es. ¡Qué palabro! Mainstream… En ese mismo mundo en el que entre cadenas de comida rápida y ropa low-cost queda poco espacio para la identidad del individuo, sólo le faltaba a uno seguir la corriente principal en algo tan ‘personal’ como los gustos musicales. De ahí nace el prejuicio. Si eres mainstream olvídate de caer bien entre los tipos que toman café del Starbucks asiduamente.

Pero más allá de bromas y de prejuicios, el superar esa dicotomización puede facilitar a uno descubrir que el mundo no se divide en blanco y negro, y que de la misma forma que hay propuestas totalmente carentes de sentido, ritmo y elocuencia dentro de la corriente alternativa, también las hay interesantes, innovadoras y vanguardistas dentro del mainstream. Así, uno puede llevarse gratas sorpresas con álbumes como el homónimo de Beyoncé de 2013 (y si no que se lo digan a Kanye West, que irrumpió en el escenario de los Grammy cual espontáneo activista para tildar de injusticia el premio al mejor álbum a un atónito Beck), los más que notables “Unorthodox Jukebox” de Bruno Mars o “My Everything” de Ariana Grande, “Queen Of The Clouds” de Tove Lo… Un caso que se me antoja especialmente curioso es el de Taylor Swift, niña mimada por la crítica especializada, algo que nunca he llegado a comprender. O The Weeknd, que tras un debut sobresaliente dentro del nuevo soul en 2012, lo ha acabado petando a nivel mundial con “Beauty Behind The Madness”, un álbum irregular en el que brillan cuatro o cinco temas oportunamente elegidos como singles promocionales, al lado de composiciones mediocres. Tan grande ha sido la repercusión del canadiense que sonó como gran favorito al Grammy, aunque éste recayó finalmente en el ojito derecho de América: Taylor Swift, fundamentalista católica y republicana confesa, algo que para una industria ultraconservadora es un regalo muy preciado.

Pero vayamos a lo que nos concierne: Jack Garratt, británico de larga barba que participó en 2005 en la final británica para acudir a Eurojunior (¿os acordáis de Eurojunior?) quedando en última posición. El tipo ha evolucionado desde entonces, se ha empapado de influencias, y ha presentado “Phase”, un álbum debut de supuestas influencias trip-hop y nuevo soul (como D’Angelo, Frank Ocean o James Blake), pero que puede englobarse sin lugar a dudas dentro del mainstream. El tiro le sale por la culata a Garratt, y lejos de sonar como Ocean o Blake, ni de generar un buen álbum de temas comerciales como los de Grande, Beyonce o Mars, ofrece una ópera prima llena de tópicos de una casposa industria británica, que si bien es una mina de oro en corrientes underground, ha quedado relegada a un segundo plano en el mundo de la música comercial, donde lo ñoño y lo melódico se ha establecido como cliché de superventas (Ed Sheeran, Sam Smith, Jess Glyne)… Garratt se mueve en ese plano con un LP interminable, en el que la edición normal es pegajosa a la par que insulsa, y los bonus tracks música incitadora del consumismo de tienda de Inditex en Navidad.

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Una ópera prima llena de tópicos de una casposa industria británica, relegada a un segundo plano en el mundo de la música comercial, donde lo ñoño y lo melódico se ha establecido como cliché de superventas (Ed Sheeran, Sam Smith, Jess Glynne).

La cosa no empieza del todo mal con “Coalesce (Synesthesia Pt. II)”, una pieza soul con una base que entra suave para meternos de repente en un estribillo cuya parte vocal carece de importancia al lado de la fuerza de la base dubstep, que si bien a las primeras escuchas parece forzada, gana fuerza con el tiempo como el buen vino. El sobreuso de lo acústico comienza a darse con “Breathe Life”, en el que un piano muy british sirve de guía para un tema que, si bien no es nada del otro mundo, al menos es agradable al oído. Podemos hablar de un inicio dubitativo en el filo del alambre, en el que la moneda puede caer de un lado o de otro. Sin embargo, todo empieza a torcerse definitivamente con “Far Cry”, una pieza plana y sin argumentos, en la que la voz de Garratt se define definitivamente como insuficiente para un género que cuenta o ha contado recientemente con las potentes cuerdas vocales de Adele, Sam Smith, Amy Winehouse, Jess Glyne o The Weeknd. Aparte de todo, la chapucera base de ‘house de botón’ no le favorece en absoluto, y supone el toque final para transformarla en una horterada de dimensiones considerables.

En “Weathered” la cosa se pone minimalista, pero su intento queda muy lejos de lo conseguido por artistas como Lorde o Tove Lo, y parece más cercano a una apuesta ramplona y sobreestimada como la de Years & Years. El piano, como ocurrirá en más temas de “Phase”, es lo único salvable de este corte. Aquí además se pone melancólico en la letra y nos habla de que cuando sea viejo va a beber y a fumar y a mantenerse siempre joven, nada diferente de lo que dijeron Alphaville hace ya muchos años de forma mucho más acertada. Worry”, uno de los singles de “Phase”, sigue queriendo hacernos bailar, pero cuando en un piano podemos hallar cierta luz y arrancar, Garratt introduce inexplicablemente una base que recuerda a los simplones acompañamientos que se utilizaban con la ley del mínimo esfuerzo (también llamada ‘hagamos lo que hagamos se va a vender como churros’) de las boybands de los 90. Pero como ni estamos ya en aquellos años ni Garratt es Timberlake, poco sentido tendría este producto, que más bien parece un pastiche por la falta de cohesión interna, si no fuese por la inexplicable moda que este tipo de temas están suponiendo en Reino Unido con proyectos como 99 Souls o Sigala, que con samplers de Destiny’s Child o los Jackson 5 y un poquito de tropical house machacan las ondas inglesas, pero no acaban de cuajar en el resto del mundo.

A día de hoy Garratt tiene tan complicado su acceso al circuito alternativo, por la diferencia con otros productos de su género, como al comercial, por la total falta de hits.

Tras inmiscuirse en el house, Garratt vuelve a la apuesta segura de lo pseudoacústico en los tres siguientes temas: “The Love You’re Given”, “I Know All What I Do” y “Surprise Yourself”. El primero y el tercero suenan muy similares entre sí, guiándose con un piano con dosis limitadas de guitarra que les aporta cierta diferencia con otras pistas. A pesar de ello, no dejan de ser dos canciones muy melosas, muy en la línea de Ed Sheeran o James Bay. Por su parte, “I Know All What I Do” muestra más influencias del hip-hop, y aunque de forma fallida, intenta aportar algo diferente a la linealidad anterior. El falsete domina el estribillo de “Chemical”, recordando a “Sing” de Sheeran y Pharrell Williams. De nuevo el piano sale al rescate de un track para acabar convergiendo en una sorprendente progresión minimalista que lo convierten en algo bastante más sorprendente que todo lo de su alrededor. Desafortunadamente, en pleno subidón desemboca en “Fire”, que continúa con la tendencia del falsete y la búsqueda de una elegancia que no llega a lograrse, sobre todo si se compara con temas como “Suit And Tie” de Justin Timberlake o “Earned It” de The Weeknd.

Synesthesia Pt. III”, con una letra repetitiva (tan sólo se compone de dos frases), se centra en el aspecto musical, que busca una progresión de lo acústico a lo electrónico, pero sin llegar a salirse de la zona de confort en la que se ha movido todo el álbum. Con “My House Is Your Home” concluye el Disco 1. Aquí se aprecia por primera vez verdaderamente la influencia de artistas de trip-hop y nuevo soul, y es con creces lo mejor que Garratt nos ha mostrado hasta ahora. El problema es que ha habido que esperar al último tema para encontrarse con algo que no parece relleno surgido al amor de un par de singles pegadizos.

Bajo las etiquetas de independiente y de inspirado por corrientes alternativas del R&B ha creado un álbum de lo más intrascendente, en el que ni la voz, ni las letras, ni las melodías, ni la instrumentación ni la producción terminan de arrancar en ningún momento.

Llega el CD 2 y con él los Bonus Tracks. Y con ellos el despropósito absoluto. Después de tanto empalago, Garratt se propone hacernos bailar con una propuesta a medio camino entre el funky y el house, pero no sale de unos bits facilones, que resultarían intranscendentes en cualquier chiringuito de playa. “Falling” es una pieza fabricada para que se luzca la voz del cantante, con el inconveniente de que aquí hay poco que lucir. Quizá su comienzo casi de iglesia hubiese resultado adictivo si lo hubiese interpretado Sam Smith, como en “Stay With Me”, o su segunda parte más electrónica hubiera cobrado más fuerza con la Beyoncé de “Halo”. Pero detrás está Garratt. “Water” quizá sea la canción en la que Jack más muestra una voz que en otros casos queda escondida tras un falsete. Con un piano como acompañamiento en todo momento, el track dedicado al agua es uno de los mejores de “Phase”, y bien hubiese podido sustituir a unos cuantos de los temas del LP principal. Ese falsete vuelve a ser protagonista, de manera cargante, en “I Couldn’t Want You Anyway”, en el que brilla la ornamentación entre la electrónica y el dream pop, y en el que Garratt se da por vencido con un estribillo en el que se limita a decir “Uhh” y deja todo el peso a la producción y a los coros. Dicho así, puede remitir a los Coldplay posteriores a “Viva La Vida”, aunque Garratt no tiene la excusa de haber metido al menos algún tema decente como “Adventure Of  A Lifetime” o “Hymn For The Weekend”.

En “Remmants”, las palmas guían un inicio que torna en catástrofe cuando una base electrónica de lo más cutre, como de sesión fotográfica, sacude el estribillo. “Synesthesia I” se construye sobre un crescendo poco conseguido que acaba explotando en lo mismo que “Remmants”, llegando a un estribillo edulcorado con sobrealimentación de recursos de producción que no salva una propuesta insustancial y banal. Exactamente lo mismo sucede en “Lonesome Valley”, otro track de relleno, en el que ni siquiera el piano acústico salva la contienda. “Phase” concluye con una versión acústica de “Water”, algo que no se comprende mucho, ya que ésta ya era acústica en su versión original.

En resumidas cuentas, es injusto catalogar automáticamente a la música mainstream de mala, banal, repetitiva o insulsa. Se han presentado ejemplos de diversa índole para contradecir ese cliché. Pero Jack Garratt no es uno de ellos. Bajo las etiquetas de independiente y de inspirado por corrientes alternativas del R&B ha creado un álbum de lo más intrascendente, en el que ni la voz, ni las letras, ni las melodías, ni la instrumentación ni la producción terminan de arrancar en ningún momento. Es monótono, es lineal, y con un par de excepciones, ni siquiera puede justificarse como álbum que gira alrededor de uno o dos pelotazos. Quizá le augure un futuro prometedor, pero a día de hoy tan complicado tiene su acceso al circuito alternativo, por la diferencia con otros productos de su género, como al comercial, por la total falta de hits.

Jack Garratt – Phase

JACK GARRATT

4.6

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Jack Garratt presenta “Phase”, una ópera prima carente de recursos para colarse en el circuito alternativo por su linealidad y su escasa apuesta innovadora, ni en el comercial por su ausencia absoluta de hits. Nada parece funcionar: ni la voz, ni la producción ni las melodías. “Phase” será un álbum intrascendente de un artista que, quizá con el tiempo, pueda sacar provecho a sus virtudes.

Up

  • Los momentos en los que deja protagonismo al piano.
  • “Water”, inexplicablemente entre los bonus tracks. Debería haber tenido un papel más principal.

Down

  • La falta de voz en un género que la requiere lleva a Garratt a abusar del falsete.
  • Los momentos acústicos pecan de exceso de ñoños, y los que podrían ser más bailables pierden muchos puntos por la producción.
  • No tiene mucho sentido el orden de las partes de “Synesthesia”, ni por qué la primera se ha quedado en los bonus tracks.