George Martin: la contribución musical del Quinto Beatle

Su visión, compromiso, determinación y saber hacer musical fueron elementos claves para el exitoso devenir del grupo más famoso de todos los tiempos.

Dada la reciente muerte de George Martin, todos los medios, al menos a los que me he acercado, hablaban del papel esencial que este tuvo en las primeras obras de los Beatles, pero, ¿qué pasa con las posteriores? ¿Acaso Martin tuvo un papel menor en tales proyectos?. Si bien en los primeros trabajos Martin supo extraer y encauzar el talento de unos jovencísimos Beatles, fue en los siguientes donde realmente se hace patente el genio del productor a tenor de sus ideas innovadoras y soluciones prácticas, de manera que, puestos a reivindicar, pongamos en valor las grabaciones con las que los Beatles cambiaron el devenir de la música de los sesenta, sin olvidar que, si alguien tuvo la oportunidad y el privilegio de registrar su música en un disco del fabuloso cuarteto, ese no fue otro que George Martin, cuyo genio monopolizó la cara B de “Yellow Submarine”, el álbum de El Quinto Beatle.

Aunque produjo a artistas tan  dispares como Gerry and The Pacemakers, Cilla Black, Billy J. Kramer, America, Kate Bush, Jeff Beck, Cheap  Trick, The Mahavishnu Orchestra, Celine Dion o a los propios Paul McCartney y Ringo Starr en solitario, fue por su trabajo con los Beatles por lo que George Martin se hizo un hueco y un nombre en la historia de la música popular urbana. Fue él quien cambió la concepción que de los productores imperaba hasta entonces, pues hasta la llegada de Martin, la figura del productor era totalmente irrelevante más allá de las demarcaciones espaciales a las que se circunscribía un estudio de grabación.

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George Martin nació en 1926 en el seno de una familia sin tradición musical. Aunque asistió a algunas clases de piano, aprendió fundamentalmente de manera autodidacta. En la Segunda Guerra Mundial se enroló en el ejército del aire para, en 1947, entrar en la Guildhall School of Music & Drama, donde pasaría tres años aprendiendo piano y oboe como segundo instrumento. Tras su graduación, pasaría a formar parte del departamento de música clásica de la BBC y, posteriormente, entró a formar parte del equipo de Parlophone en el ecuador de la centuria. En la filial de EMI, Martin ejercería labores musicales en torno a la música clásica, jazz y ligera, así como en discos de comedia. Con la llegada del skiffle y el rock a las islas británicas, las discográficas comenzaron a buscar su propio Elvis y, más tarde, su propio Cliff Richard. Es a partir de esta búsqueda de jóvenes talentos para surtir el cada vez más importante mercado adolescente cuando Martin firma con el que a la postre sería el conjunto musical más importante e influyente del siglo XX.

Es a George Martin a quien corresponde el mérito de saber canalizar la ambición y el talento de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr cuando estos eran todavía un diamante en bruto, estilizando sus canciones para llevarlos a lo más alto de las listas de éxitos. Sus arreglos, interpretaciones al piano y sus orquestaciones devendrían determinantes para complementar la genialidad creativa de Los Beatles. Así se muestra en “Yesterday”, uno de los mayores éxitos musicales de todos los tiempos. Cuando Paul presentó al resto del grupo el tema, estos no sabían de qué modo acompañarlo, de manera que le propondrían una ejecución en solitario. Fue, sin embargo, George Martin el que plantearía una idea totalmente novedosa para el género: acompañarla con un cuarteto de cuerda, dejando a un lado los instrumentos habituales del rock y ampliando los recursos sonoros de la banda. En esta línea, “Eleanor Rigby” sería otro gran acierto del productor al arreglar la composición inspirado por la banda sonora que Bernard Herrmann realizó para el clásico de Hitchcock, Psicosis.

A partir del aperturismo musical e ideológico que supuso Rubber Soul, la presencia del productor se hizo cada vez más determinante, salvo en contadas excepciones. Piezas como “In My Life” y su extraordinario solo de piano en el puente, donde el grupo no tenía claro qué hacer y para el que Martin propuso una sonoridad barroca, un clave, para lo cual jugaría con las posibilidades que le brindaban su ingenio y los aparatos de grabación del estudio, resolviendo para tal propósito ralentizar la cinta para grabar el piano y subir el tono a velocidad normal para la reproducción. El mismo proceder usaría en “Good Day Sunshine”, consiguiendo un sonido Honky Tonk, el mismo que aparecería en otras composiciones como “Lovely Rita” y “Rocky Raccoon”, sello distintivo del quehacer del músico veterano. Otros instrumentos de tecla como el armonio, el mellotrón, el clave o la celesta también tendrían cabida en el cancionero de estos cuatro jóvenes, siempre aderezado por la inspiración de su mentor.

Memorables son los arreglos de “Strawberry Fields Forever” y “Penny Lane”, la doble cara A que el grupo puso en el mercado en 1967. Célebre es la partitura para cuatro trompetas y tres violonchelos en el primer caso, y el arreglo de trompeta barroca en el segundo a petición de Paul McCartney, el cual se había quedado impresionado por el papel de Dave Mason en la interpretación del “Concierto de Brandenburgo Nº 2”, de J.S. Bach, que el Beatle había visto por televisión. La formación docta de Martin y su capacidad para llevar a la praxis las ideas abstractas que salían de la mente de los de Liverpool dio lugar a una asociación compacta e imbatible en la que todo era posible. Ninguna idea, por inverosímil que se antojara, era irrealizable.

Usando el estudio como un laboratorio tecnológico, los cuatro Beatles y su guía darían lugar a canciones de estructura compleja y cabida a la experimentación y la vanguardia. Tal vez uno de los casos más paradigmáticos sea el llevado a cabo en el proceder sonoro de “Being for the Benefit of Mr. Kite!”. John Lennon pidió a Martin que ideara algo que recreara el ambiente circense que pretendía el Beatle en dicha composición, para lo cual, el productor recurriría a viejas cintas grabadas con órganos de vapor custodiadas en los archivos de Abbey Road, para fragmentarlas y lanzarlas al aire, montándolas según eran recogidas. Jugando con la idea de aleatoriedad según lo habían hecho anteriormente compositores como John Cage, Karlheinz Stockhausen o Pierre Boulez desde la academia, George Martin llevaría la vanguardia a los trabajos de los Beatles sin perder de vista el formato pop y la idea de lo digerible. Paul declararía que Martin era muy vanguardista para su edad, no obstante, dada su formación musical y su mentalidad abierta, no debe de extrañarnos que el productor estuviera al tanto de los procedimientos y técnicas compositivas e interpretativas que surgían desde la academia.

Eternas son, asimismo, sus orquestaciones. Así lo demuestran obras como “Hey Jude”, “All You Need Is Love” y, especialmente, “A Day In The Life”. Se trata, esta última, de una nueva idea artística que juega con la yuxtaposición y la aleatoriedad en las transiciones instrumentales entre los tres fragmentos principales que componen la pieza. Martin pediría a los músicos de la orquesta que empezaran a tocar en la nota más baja de sus instrumentos y ascendieran de forma cromática (pasando por todas las notas del instrumento) hasta que, llegado el momento, él les hiciera una señal que pondría fin al crescendo para concluir en un gigantesco acorde regido por el azar. Sin duda uno de los momentos más vanguardistas y ambiciosos de los recogidos en el catálogo de los Beatles, dejando al margen, claro está, el indigesto “Revolution 9”, de John Lennon.

Pero si hay un momento álgido para George Martin en su andadura con el famoso cuarteto, para su expresión y testimonio, ese está en los siete temas instrumentales que el productor compuso para la película animada Yellow Submarine. Aunque a menudo relegados a un segundo plano por la evidente diferencia estilística con respecto a las composiciones de los cuatro fabulosos, no hemos de olvidar que una cara entera de un álbum perteneciente a la discografía oficial de los Beatles está firmada por él. Este fue, por derecho propio, el gran álbum de George Martin, un trabajo definido por su buen hacer.

Compuesta como música incidental para el film, las piezas, de marcado carácter cinematográfico, serían grabadas nuevamente para su inclusión en el álbum de nombre homónimo a la película, y procurarían a Martin numerosos elogios por parte del público y de la crítica: “la partitura resultó un gran éxito y gracias a ella gané muchas cartas de fanáticos”, declararía el interesado. Esta es, sin duda, una parte de la historia que no podemos obviar y que, actualmente, parece relegada al olvido dado su particular estilo y la enorme sombra que las composiciones de sus pupilos proyectan sobre la misma, amén de considerarse este esfuerzo una obra menor dentro de la producción discográfica del conjunto.

George Martin fue una figura esencial en el desarrollo musical del reverenciado cuarteto liverpuliano. Su visión, compromiso, determinación y saber hacer musical fueron elementos claves para el exitoso devenir del grupo más famoso de todos los tiempos. Ya fuera arreglando, orquestando o dando forma y concierto a los planteamientos más dispares que emergían de la mente de los Beatles, el afamado productor siempre estaría junto a su conjunto predilecto apoyándolo en sus empresas, sugiriendo nuevas formas de expresión, experimentando con el sonido y nuevas formas compositivas, avanzando en los planteamientos, marcando las tendencias y haciendo historia, escribiendo algunas de las mejores páginas de la música popular urbana. Mucho se ha debatido sobre quién representa mejor el apelativo de ‘El Quinto Beatle’, oscilando las propuestas desde Stuart Sutcliffe hasta Billy Preston, pasando por Pete Best, Derek Taylor, Neil Aspinall o Brian Epstein. Sin embargo, a juzgar por su contribución musical a la obra de The Beatles, que al fin y al cabo es de lo que se trata, de música, no hay lugar para la indecisión, el título honorífico no puede recaer sino en George Martin.

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