El mundo de la música resulta bastante impredecible. Estos últimos años en los que la música pop ha roto con los esquemas de las listas de éxitos y las preferencias hacia un público juvenil, hemos podido percibir la presencia de una nueva ola de grupos con aspiraciones que, forzosamente, separa las impresiones del público y la crítica: los primeros pueden encontrar un sonido fresco e innovador, lejano a los convencionalismos de la industria, en estos nuevos artistas. Por otro lado, los críticos apuntan que pretenden encontrar un sonido nuevo a partir de una mezcla indefinida de géneros que no congenia de manera coherente. Lo que a unos les parece una reinvención, para otros es una llamada urgente al ayer para sonar añejos, pero sin dejar de lado las nuevas tendencias pop más comerciales. Las aspiraciones de estos nuevos grupos también son un tanto confusas. Una pregunta a la que suelo recurrir a veces es: ¿buscan ser un grupo consolidado e indispensable o son una mera dispersión de egos con ganas de hacerse conocer disfrazados en un mismo traje? No hay trampas ni cartón en un futuro en el que que las verdades salen a la luz y las rupturas causan conmoción en el panorama mundial.

The 1975, formado por Matty Healy (voz principal, guitarra rítmica), Adam Hann (guitarrista solista y teclado), Ross MacDonald (bajo, teclado y coros) y George Daniel (batería y coros), ofrecen un lavado de cara frente al convencionalismo de estos grupos conocidos como boybands pero comparten sus semejanzas: una historia de lucha por obtener un papel relevante en la música en su ciudad natal, Manchester, desde que iban al instituto; y aunque tarde (recordemos que el grupo surgió en 2002) llegaron a obtener el apoyo de un público todavía confuso por sus preferencias. Y he aquí la diferencia entre una boyband y The 1975: el estilo musical. Han bebido de diversas influencias, entre ellas el funky-pop de Michael Jackson, la música con sintetizadores de Talking Heads o el post-punk alternativo de My Bloody Valentine.

Tras editar numerosos EP’s (“Facedown” y “Sex” en 2012; “Music For Cars” y “IV” en 2013), el grupo de Healy por fin lanzará un primer LP homónimo. The 1975 se autodefine como un conglomerado de canciones electropop, emo, punkpop, indierock, y así hasta acabar existencias con los subgéneros. De primeras nos hace pensar que es un grupo polifacético, con un abanico muy amplio de posibilidades, simpatizantes de diferentes ramas de la música que además piensan que pueden ejecutar medianamente bien. Se aprecia desde un principio la valentía, pero esto genera una expectativa, y se espera que se cumpla con creces. Claro que si el álbum ha sido producido por el mismo que toqueteó el debut de Arctic Monkeys o Jake Bugg (Mike Crossey), no podemos esperarnos menos que un comienzo como el de ellos.

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“The 1975” se autodefine como un conglomerado de canciones electropop, emo, punkpop, indierock, y así hasta acabar existencias con los subgéneros.

El debut homónimo de los de Mánchester comienza con una introducción que también lleva por nombre The 1975”. ¿Qué nos podemos esperar? Un sonido etéreo, acordes indefinidos y la voz susurrante de Healy tratando un tema tan inusual como el sexo oral. Esta da paso a The City, que si bien no es la canción ideal para continuar con el álbum, su esencia despierta al que se haya quedado dormido en los laureles. Tampoco tiene alma de single en potencia, pero sí es una canción que rompe con la armonía del inicio y marcan la arrolladora personalidad del grupo. Pero hasta aquí, nada se puede comparar con M.O.N.E.Y.”. Rezuma funk por los poros, y su arritmia sorprende para bien, en la que percibimos nuevamente una actuación más serena y trascendental. Esta reflexión sobre la dependencia del dinero (con deletreo incluido en el puente, para quien no se enterara de lo que se está hablando) sí que podría funcionar para abrir el telón, o sin ir más lejos, Chocolate, con ese irresistible manejo popero de la guitarra, muy influenciado por los noventa, acompañado de un estribillo más que pegadizo. Tontorrona es a ratos, pero de las pocas canciones dentro de este recopilatorio con la que podrías disfrutar en compañía durante un directo. No obstante, sumando tanto su temática como el in crescendo rugir de guitarras, Sex es la indicada para dar comienzo al debut tras su introducción. Extraída de un EP (también llamado así) y tras haberla remasterizado, encontramos esta pequeña (y puede que única) joya del disco, en la que se trata las relaciones sexuales desde una primera perspectiva inocente hasta desembocar al deseo desmedido: “Now we’re on the bed in my room and I’m about to fill his shoes. But you say no. Does he take care of you?”. Riffs, distorsión y feromonas desperdigadas durante tres minutos y medio que saben a gloria.

The 1975 han concebido un debut innecesariamente largo, confuso y poco funcional que condena su calidad final.

Digamos que Talk!, al lado de este despliegue de canciones que merecen la pena de escuchar, resulta un despropósito arrítmico, confuso y gritón. Ni siquiera sus “why are you talk so loud!?” justifican este disparate. Ni los borrachos que aparecen en la letra de esta canción se atreverían a gastar saliva con esto sonando de fondo. Y a continuación, un interludio: An Encounter. A diferencia de la primera pista de «The 1975», esta consiste en su totalidad en una pieza instrumental muy equilibrada, que conserva la estética previa del grupo. Pero en materia de álbum, no proporciona nada relevante. La sigue Heart Out, otro pepinazo del álbum que apunta alto dentro del conjunto. Su sonido recuerda a Talking Heads, con un guitarreo contagioso junto a la voz de Healy sonando, aunque es el factor nostalgia que proporciona el saxofón el termina de dar con la clave de esta canción. Indirectamente da paso (mediante un eco a la eléctrica) a Settle Down. En ella volvemos a encontrar la fusión de la guitarra y el sintetizador para crear otra obra nostálgica, con los silbidos que resuenan en el puente. Nada nuevo en cuanto al mensaje: un affair, pero fuera de connotaciones sexuales y hormonas revolucionadas.

Robberses sin duda la canción más completa e intensa, pero al mismo tiempo, la menos accesible del disco. A medio camino del “Nothing Gonna Stop Us Now” de Starship y una balada cualquiera de los ochenta, Healy canta sobre las relaciones tóxicas y/o destructivas y la obsesión. Como el título dice, tanto él como ella se roban la felicidad que hay entre ellos y abusan de ella: I’ll give you one more time, we’ll give you one more fight. Said one more line, there’ll be a riot, ‘cause I know you”. Esto no quita que lo que siga sintiendo sea amor. Porque para él, una relación es “todo o nada.

“The 1975” se resume en sexo, juventud, drogas y un futuro todavía por determinar que no termina de cuajar, sobre todo por esa retahíla de estilos desordenada e incoherente.

Tras ella, le sigue una serie de temas que no aportan nada relevante al álbum: Girlses otro canto a la adolescencia y al descaro juvenil con reminiscencias poperas y funky. De nuevo, otro interludio que aporta una separación innecesaria y que evoca nuevamente sonidos eclécticos y livianos (12) y después, otro tema que se le parece a “Heart Out” por la estructura y que irremediablemente se repite una y otra vez (She Way Out). Pero el final que nos guardan Matt Healy y los suyos es bien distinto. Obviando el cierre del álbum que consta de una balada al piano que no pega ni con cola, como es Is There Somebody Who Can Watch You, otras dos canciones se le anteponen para ofrecer un punto experimental al álbum, un sonido mucho más minimalista y maduro, que puede que apunte a un cambio de registro en trabajos posteriores. La primera de ellas es Menswear, una pieza a destiempo que se divide en una primera parte instrumental, con pequeños toques al sinte y ligera percusión que irá incorporando coros intercalados en su continuación para luego pasar a un inquietante dominio vocal marcado todavía por las sugerentes guitarras. Por otro lado, Pressurese entiende como una oda a la fama, a la cobertura mediática y la presión que se siente al estar delante de los medios. Es inevitable situarse dentro de un coche circulando sin dirección alguna por la noche, viendo las luces de las farolas desaparecer.

Este último registro musical, como ya se ha dicho antes, podría venirles bien al grupo en un futuro no muy lejano. No hay duda de que tienen buena materia prima: una voz portentosa (aunque a ratos desagradable), un despliegue de guitarras imponente y lo más sorprendente: que saben recrear ambientes. “The 1975” se resume en sexo, juventud, drogas y un futuro todavía por determinar que no termina de cuajar, sobre todo por esa retahíla de estilos desordenada e incoherente. Esto no significa que, al menos desde mi punto de vista, deje de seguir apostando por ellos. Con muchas ganas espero (y se espera, que es lo más importante) su nueva creación.

The 1975 – The 1975

THE 1975

6.8

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Con su debut homónimo, The 1975 han aglutinado diferentes estilos musicales como el funk, el pop británico y alguna llamada al post-punk de la zona, con los que ha conseguido temas destacados. No obstante, no deja de ser un álbum confuso y excesivamente largo en el que no dejan clara una preferencia.

Up

  • Es el resultado de la ambición de un grupo descarado por conseguir sonar divertidos y tratar de manera más cercana temas tan banales como el amor, el sexo o el dinero.
  • Es fascinante cómo recrean ambientes y estilos; por un momento escuchas canciones pop edulcoradas que a lo mejor acto seguido inyectan punk en vena.

Down

  • En su conjunto es un disco bastante confuso, en el que tocan varios palos pero no llegan a encontrar un sonido genuinamente suyo.
  • No es que sea muy funcional que digamos. Hay separaciones donde no cuadran y ciertas canciones deberían reorganizarse para no condensar lo mejor en una parte.
  • Los interludios son un coñazo.
  • Como resultado de lo anterior, han concebido un debut innecesariamente largo.