A pesar del gélido frío del invierno, la madre loba sale de la cueva después de un tiempo de letargo con un nuevo cachorro bajo su cuidado. No parece que estemos ante la hembra más fiel del territorio, pues aunque tenemos la certeza de que todos los cachorros paridos hasta el momento son suyos, los padres son de dudosa identidad. En otras palabras, se intuye una infidelidad con mayúsculas que hubiese acaparado todas las portadas de la prensa rosa animal, en caso de existir. No es que el nuevo lobezno sea feo, de hecho puede resultar bastante atractivo, pero haciendo una injusta comparación entre hermanos, está claro que el pequeño no tiene la garra que tuvo el primogénito. Quizás siempre tengamos dudas acerca de la paternidad de las crías, pero el peque de la casa viene confiado, y exhibe sin tapujos su majestuoso nombre: “Victorious”.

Wolfmother han vuelto a pasar por el estudio para grabar su cuarto disco. En 2005 irrumpieron en la escena musical con un disco homónimo que hizo que la crítica del momento les colocara un sobresaliente con orgullo. Una década después, los esfuerzos de Andrew Stockdale (guitarrista y vocalista) continúan siendo insuficientes para calmar las malas lenguas. El álbum ha sido producido por el veterano Brendan O’Brien (productor de AC/DC, Pearl Jam y Bruce Springsteen, entre otros) y editado por Universal Music Entreprises, con un notable resultado. La banda, como muchas otras, se encuentra en una situación complicada, pues cualquier material publicado después de un brillante debut ensombrecerá sin demasiada justificación, pero no estamos aquí para hacer juicios a la ligera. Otra cosa no, pero justificaciones tenemos para rato. Volviendo al disco, a la creatividad y al rock & roll, estamos ante diez cortes escritos por el líder de la banda. Sin duda, la composición ha debido resultarle menuda, pues todos los temas tienen una estructura que gira hacia el rock clásico, y encontramos menos espacio para las improvisaciones, los solos y las transiciones psicodélicas. Vale que uno se hace mayor y va prefiriendo las cosas sencillitas pero… ¿en serio Andrew? ¿Ni un solo apretón al pedal de wah-wah? Se les permite por la impecable producción con la que nos deleitan en el elepé, pero un público exigente necesita algo más que distorsión y buenas intenciones.

La formación de los australianos ha sufrido algunos cambios desde que empezaron. El bajista Chris Ross y el baterista Myles Heskett grabaron el primer disco, pero después de la gira se fueron para no volver. Les sustituyeron Ian Peres y Dave Atkins, respectivamente,  formación con la que se grabó «Cosmic Egg». Para «New Crown» (2014), Vin Steele sustituiría a Dave Atkins. Lo más curioso es que para la grabación de «Victorious» el señor Stockdale ha decidido armarse de ese espíritu individualista que tanto caracteriza a sus hermanos, los norteamericanos, y grabar él mismo las guitarras, el bajo y las voces, dejando únicamente las labores de percusión a Josh Freese (baterista de Nine Inch Nails) y a Joey Waronker (baterista de Beck y Gnarls Barkley). La grabación de los teclados corre a cargo del que era su bajista, Ian Peres, que aunque no le dejó entrar al estudio con el bajo, parece que le levantará el castigo para la gira de presentación.

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La composición ha debido resultarle menuda a Andrew Stockdale, pues todos los temas tienen una estructura que gira hacia el rock clásico, y encontramos menos espacio para las improvisaciones, los solos, y las transiciones psicodélicas.

Abre el álbum “The Love That You Give” con una introducción de potencia desmedida, y la voz de Andrew con ese típico tono nasal suyo. Se nota que han puesto esfuerzo en hacer que suene a Wolfmother, y por ahora lo consiguen. Cañonazo en toda regla. Le sigue el single que da nombre al disco, “Victorious”. Un sonido más actual que no termina de convencer, sobre todo si se escucha acompañado del videoclip de presentación, en el que vemos a un egocéntrico Stockdale ausente de banda, combatiendo guerreros espaciales con una guitarra-metralleta digna de los mismísimos Power Rangers. Con esta indigesta combinación uno se pregunta la razón de todo esto. La tercera de la lista es “Baroness”, una canción rockera de estribillo melódico con una marcada línea de bajo de principio a fin. Podría ser un gran tema si no fuese porque la estructura no varía y se repite demasiado. Además, faltaría un solo de guitarra para poner el broche.

Con “Pretty Peggy”, Stockdale nos muestra el lado más tranquilo del disco. Por mucho que exijamos potencia en los discos de Wolfmother, siempre hay un merecido hueco para algún tema tranquilo, pero con personalidad. Y llegamos a otro de los singles de adelanto del álbum, “City Lights”. Una apuesta atrevida por su parte, pues aunque el tema suena bastante aceptable, no suena nada al estilo de los de Erskineville (Sydney), parece una composición de otra banda. En cualquier caso se le acaba cogiendo el gustillo y, para bien o para mal, uno acaba con el riff de guitarra todo el día el la cabeza.

Aunque hay algunas canciones para añadir a su lista de éxitos, sabemos que lo pueden hacer mejor, y seguiremos esperando inocentemente otro disco que los traiga de vuelva a sus raíces, porque este, de ‘victorious’, tiene poco.

Pasamos a la segunda mitad del disco con “The Simple Life”. He de decir que, personalmente, me atrapó la fuerza con la que comienza este corte, aunque rápidamente se desvanece cuando percibes que conduce a un estribillo sin fuerza y una parte intermedia metida con calzador en la composición. Pero como todo, siempre se puede ir a peor, y llegamos a “Best Of A Bad Situation”. Imagino que el bueno de Andrew estaría creyéndose el protagonista de una mala serie de televisión americana el día que se sentó a escribirla, porque es a lo que suena. Sin embargo, volvemos a la realidad con “Gypsy Caravan”. Un corte cargado de energía y reconocible sonido Wolfmother. No es para llevarse las manos a la cabeza, ni mucho menos, pero tranquiliza saber que todavía pueden defender con dignidad su marca. Nos acercamos al final con “Happy Face”, y no será este el tema que arregle el álbum. Contiene uno de los pocos solos de guitarra que podremos escuchar, aunque para disfrutarlo hace falta abundante sal. Y para concluir, “Eye Of The Beholder”, que aunque sigue un desarrollo bastante lineal, suena curiosa y tiene un poderoso final a base de cortes, que arregla levemente el mal trago que nos hizo pasar el exceso de salitre.

En resumen, estos diez temas dejan una sensación agridulce en el paladar, pues aunque hay algunas canciones para añadir a su lista de éxitos, todos sabemos que lo pueden hacer mejor, y seguiremos esperando inocentemente otro disco que los traiga de vuelva a sus raíces, porque este, de ‘victorious’, tiene poco.

Wolfmother – Victorious

WOLFMOTHER

6.1

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Cuarto disco de estudio de los australianos Wolfmother, con un Andrew Stockdale cada vez más protagonista. Según ellos, un intento de volver a sus raíces. Según nosotros, un ‘siga jugando’.

Up

  • Mejor producción de audio que en discos anteriores.
  • Algunos de los temas están al nivel de poder pertenecer a un ‘The Best Of Wolfmother’.

Down

  • El estilo ya no convence tanto como hace años y han perdido el factor sorpresa.
  • Se echa de menos la presencia del teclado, los solos de guitarra y los efectos sonoros.

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