Love of Lesbian – Cuentos Chinos Para Niños del Japón

LOVE OF LESBIAN

Si algo dejó claro la recepción comercial y crítica de «Maniobras de Escapismo» fue que, en efecto, pasarse a la parla castellana constituyó la mejor idea posible, acompañada de otras igualmente brillantes. Con su cuarto disco, Love of Lesbian habían dado un golpe de mano en el panorama indie nacional y lo habían hecho valiéndose de las dos estrategias clave con las que triunfar en el género, al menos en España: el tremendismo por un lado, y el cachondeo por otra. El grupo de Santi Balmes podía navegar entre ambos con una maestría notable, sin que hubiera más desatinos que una rima floja o una broma sin demasiada gracia. Suficientes, en todo caso, para seguir remando, y pensar que bajo el velo de la autoconsciencia tendría gracia hasta el juego de palabras más tontín que se diera un voltio casual por la calenturienta mente de los barceloneses.

«Cuentos Chinos Para Niños del Japón» es, al menos nominalmente, el paso lógico tras haber sido comprobada ante notario la efectividad de “Marlene, la vecina del Ártico” o el festivo WTF? de “Mon petit cabroin”. Entrando con mayor profundidad en su tracklist, también es la madurez que casi acariciaron de golpe en ciertos momentos de «Maniobras de Escapismo», y un estado de ánimo que tras ser largo tiempo perseguido ha sido encontrado, acariciado y aprovechado hasta el sofoco. Así, un talento avasallador da forma a un álbum intachable, y acaso el mejor que puedan llegar a hacer nunca los Lesbianos, por haber sido lanzado en el momento justo en el que no tienen nada que perder ni raseros con los que medirse. En consonancia a esto, fue su trabajo más exitoso comercialmente, y permitió que Balmes y su cuadrilla de sinvergüenzas atravesaran el charco para demostrar que a sus elaboradas y distantes líricas, aunque no tuvieran muy buen recuerdo del inglés, eran capaces de trascender idiomas.

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Un talento avasallador da forma a un álbum intachable, y acaso el mejor que puedan llegar a hacer nunca los Lesbianos, por haber sido lanzado en el momento justo en el que no tienen nada que perder ni raseros con los que medirse.

En oposición a la ominosa “Carta a todas tus catástrofes”, el inicio de este nuevo elepé con “Universos Infinitoses realmente acertado, dejando entrever desde ya una mayor ambición tanto en la escritura como en la producción, que es realmente sublime y combina a la perfección con la temática galáctica de la propuesta, la cual, quizá a semejanza de Bowie, ilumina el camino de LoL a través de las estrellas. Al margen de que los retoques electrónicos puedan quedar algo deslavazados en contraposición al barroquismo del primer disco, lo que aquí se ofrece es una canción genuinamente emotiva y realmente buena, con un estallido de emoción tremebundo en el «Y yo ya no puedo hacer más si este más siempre resta«. El grupo se ha puesto intensito del todo, y se ha gustado a sí mismo, como también se gusta y se sabe la caña en “La Niña Imantada, donde pisando terreno analógico afrontamos otra canción estupenda cuyo lugar en el disco tras “Universos Infinitos” es perfectamente coherente. Su estribillo es juguetón y adictivo, con un colchón instrumental a la altura, y se vuelven a dar los hallazgos líricos con próxima parada al muro de tu Facebook: «Y en las horas más oscuras me harás levitar, en descuidos crearemos universos«. Muy hermosa, muy pop, muy comercial, muy LoL. Poco después el disco alcanza su primera cima con la melodía sencillamente perfecta de Noches Reversibles, a la que su letra, equívoca, nostálgica y romántica, se ajusta como un guante, y en pos de la cual la voz de Santi Balmes empieza a deshacerse en matices y personalidades. Los arreglos siguen incidiendo en esa atmósfera extraña y sugerente del tema que parece tocado a bordo de una nave espacial, con los que la cercanía (y al mismo tiempo, ambigüedad) de las letras contrasta de manera espléndida, y que facilitan una inmersión total y distinta para cada oyente. «No ves que si hemos perdido hemos ganado historias que contar, más que algunos tienen«. Es cosa de cada uno dejarse seducir, pero nadie debería tener motivo para no hacerlo.

Entrando con mayor profundidad en su tracklist, también es la madurez que casi acariciaron de golpe en ciertos momentos de «Maniobras de Escapismo», y un estado de ánimo que tras ser largo tiempo perseguido ha sido encontrado, acariciado y aprovechado hasta el sofoco.

Apenas descubrimos que la melodía de “Noches Reversibles” nunca se nos irá de la cabeza cuando nos topamos de bruces con la que es posible que, al menos ciertas noches, sea la mejor canción de la historia de Love of Lesbian. Así, de improviso. Sin avisar. Su título es Los colores de una sombra y su letra es uno de los mayores logros alcanzados por el grupo, una que no por menos elaborada y poco evidente puede evitar llegarte, y de qué manera. “Los colores de una sombra” es el tema que consigue más con menos, sólo con modestia, buen hacer, y un talento consolidado que no puede desembocar más que en esta pequeña joya de amor y dolor y algo más de cuatro minutos, cuya insultante excelencia redunda un puente desgarrador: «Estás hablando para nadie, basta, cállate, estás perdiendo el juicio, ya no hay nadie aquí«. La voz de Balmes se revela como la mejor, la más humana, para colocarte sin visos de escapatoria frente a todas tus debilidades y mierdas y acto seguido recetarte con tono dulcificado Un día en el parque como ibuprofeno. La continuación directa e inmejorable (‘el parque’ como nexo de unión entre relaciones rotas) en forma de tema menor pero delicioso. Acústico, un reverso luminoso del anterior, con melodía pequeña y exquisita que te expone a caer en los mismos errores que dieron pie a lo narrado en “Los colores de una sombra”, y aun sabiéndolo, te renta. «Ha sido una mañana inolvidable, como todas las que pasan en un parque«. Estos tíos es que lo tienen muy claro, para qué decirles nada.

Un tracklist perfectamente medido y coherente, que pese a no tener ínfulas conceptuales te cuenta una simple pero elaboradísima historia: la de Love of Lesbian petándolo.

Anticipándose a la edad de oro del cuñado, en la cual éste es Trending Topic y a todos nos gusta dedicarnos a buscarlos en nuestro espectro de amistades de siempre, LoL le compuso una oda a esta lacra social tan enervante como entrañable. En Villancico para mi cuñado Fernando, para rematar lo bonito del todo, el grupo sitúa el drama durante la cena de Nochebuena, prototípico lugar de recreo de la criatura, y a continuación se desata en una canción no tan descacharrante como especularmente lo era “Marlene, la vecina del Ártico”, pero que funciona por lo ocurrente de la premisa y lo liviano de todo. Y al final corean «Zambomba aquí, zambomba allá«, se te alojan en el hipotálamo, y los Lesbianos lo han vuelto a hacer. No obstante es con la inminente Shiwa, canción feelgood de libro de inquieta guitarra acústica, con la que la fórmula falla momentáneamente, y eso pese a tener coros chachis, estribillo fácil repetido hasta la saciedad y referencias pop («un renacido, un gran Jedi«). La pieza es mayormente agradable, pero también de una intrascendencia que a unas alturas en las que lo excelente es costumbre sienta como un tiro: un Hakuna Matata sin vocación histórica que ni los niños se molestarían en aprenderse. En directa relación con este tono festivo, pero petándolo tanto que no te lo puedes creer, tal cantidad de euforia es obscena, es el turno de Me amo”. Ese pepino. Ese pepino del que qué se puede decir salvo lo obvio, que es la caña, un manual impregnado en narcisismo que sólo quiere hacerte bailar y subirte el ánimo sin pararse un momento a pensar en por qué necesitas que te lo suban. “Me amo” es la fiesta pura y desprejuiciada, quizá la más clásica que llegue a engrosar el repertorio, y la que se permite finalizar aun así con el éxtasis aún mayor que supone la genialidad del «Edipo contra Electra, narcisismo es lo que impera«. Yo ya…

Lo mejor de Historia de una hache que no quería ser mudaes su título, lo cual no implica que esta pequeña canción sea mala, ni por asomo. La melodía es genial, sin más, y Balmes vuelve a maravillarnos con su habilidad para fabular historias aparentemente ajenas en las que hay que bucear para acto seguido comprobar que no pueden representarte más. La acongojante calidad llega así a extremos insultantes con La parábola del tonto, enésimo logro total en el que el vocalista queda relegado a un segundo plano en beneficio de un bellísimo intermedio instrumental y que conduce a “Cuentos Chinos Para Niños del Japón” a un éxtasis insuperable. Es aquí cuando el disco muestra a las claras su condición de obra maestra del grupo, con una producción perfectamente medida y un avispadísimo ojo para extraer melodías primigenias que no tornan en descabellado que el citado experimento sea disfrutado por cualquier hijo de vecino. Qué piano, qué atmósfera, y que elocuente la imagen que das fundiéndote con el disco mientras dejas de sentir que tienes una cabeza con la que elaborar subjetividades o críticas. Esta parábola es la tuya. La has vivido, la estás viviendo ahora, y repetirás, quizá aprovechando el margen que te da el “Momento de reflexión #1”. Tras un arrebato como “La parábola del tonto”, quizá era necesario algo así.

Con «1999» el grupo de Santi Balmes fue lanzado al estrellato definitivo, al tiempo que estos “Cuentos Chinos” parecían quedar como una interesante parada intermedia sin la que, no obstante, nada habría sido posible, y nunca los habríamos amado tanto, o más, que a ellos mismos.

“Dios por Dios es cuatro” es otra canción con pedestre juego de palabras en el título, y se propone darle un final por todo lo alto a un disco con el que los Lesbianos debieron quedar extenuados. No por casualidad, el tema que se oculta tras él es otra obra maestra, un nuevo ejemplo tanto del grandísimo ingenio del grupo catalán como de su habilidad para estructurar canciones complejas de atractivo incomprensible y atávico. Estas virtudes aquí derivan en un himno de estadio tan cínico como ingenuo, hasta estúpido, que se regodea en el juego de palabras y el doble sentido para darnos muy fuerte la impresión de que aquí han echado el resto con algo realmente inteligente y profundo («los niñatos con flequillo» eran, por ello, necesarios). Finalmente, como una película de la que desconocemos el porqué del título hasta que uno de sus personajes lo pronuncia y nos invade una sensación hogareña, Balmes lo dice: «¿Qué es la razón? Cuentos chinos para niños del Japón«. Y, de este modo, consolida la genialidad.

Tras semejante despliegue, el segundo Momento de reflexión #2 y el reprise de “Shiwa” en catalán («Shiwa (Tot a Zen)«) quedan como codas descafeinadas y caprichosas, que en su franca irrelevancia no nos permiten olvidar ni por un segundo el grandísimo disco que dejamos atrás. En efecto, “Cuentos Chinos Para Niños del Japón” es la auténtica cima del pensamiento Lesbiano tras un largo camino que sólo pareció corto cuando mutaron los lenguajes, y que aún habría de resplandecer más con “1999”, la siguiente parada. Lo curioso es que no fue hasta ésta cuando el grupo de Santi Balmes fue lanzado al estrellato definitivo, al tiempo que estos “Cuentos Chinos” parecían quedar, engañosamente,  como una interesante parada intermedia. Una parada sin la que, no obstante, nada habría sido posible, y nunca los habríamos amado tanto, o más, que a ellos mismos.

Love of Lesbian – Cuentos Chinos Para Niños del Japón

LOVE OF LESBIAN

9.2 HOT RECORD

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Love of Lesbian se ponen a sí mismos un obstáculo muy difícil de salvar: superar en adelante esta cumbre alcanzada con indómita y arrogante prontitud. “Cuentos Chinos Para Niños del Japón” es mucho más que un título ocurrente, y entre sus letras enrevesadas y sus melodías sobrecalculadas se puede percibir, claramente, por qué el grupo del nombre que no se puede pronunciar sin perder un poquito de dignidad al mismo tiempo está donde está. Irrepetible.

Up

  • Un tracklist perfectamente medido y coherente, que pese a no tener ínfulas conceptuales te cuenta una simple pero elaboradísima historia: la de Love of Lesbian petándolo.
  • La tríada que forman “Los colores de una sombra”, “La parábola del tonto” y “Dios por Dios es cuatro”. Para irse de siglo sabático justo después.
  • La producción, que sabe exactamente qué necesita cada tema para volarle la cabeza al oyente.

Down

  • “Shiwa”. Por decir algo.