Lo de Tigres Leones no es más que otra confirmación del buen estado del rock guitarrero madrileño. La formación está compuesta por Luismi, Paco y Javier, tres amigos forjados en el directo de las salas del centro de la capital. En su música, en su garra y en su lenguaje se adivinan la influencia y el respeto por la historia del rock madrileño, con riffs que remiten a los potentes Kaka de Luxe, o con coros y juegos de voces que viajan unos años más atrás en el tiempo al movimiento ye-ye. Sin embargo, y al margen del encuadre musical, en sus letras encontramos desde el surrealismo más ‘buñuelista’ hasta la crítica social, en la línea de los aclamados grupos gallegos Novedades Carminha o Triángulo de Amor Bizarro. Si bien en lo melódico, lo instrumental y lo experimental Tigres Leones se encuentren aún unos pasos por detrás de estas dos bandas, sus letras no tienen nada que envidiarles. De acuerdo, Novedades Carminha rompieron con “Non O Quito El Chandal”, un himno al orgullo de la vestimenta casera y deportiva, o con sus referencias a la groupie por igual de Julio Iglesias y de la música psicodélica que viajaba a Berlín sin abandonar la nostalgia por su tierra en “Antigua Pero Moderna”, y Triángulo de Amor Bizarro hicieron lo propio con las referencias a animales salvajes de “La Malicia De Las Especies Protegidas” o la oda a las estupideces que se hacen por amor en “Qué Hizo Por Ella Cuando La Encontró”. Pero los madrileños defienden un lenguaje igualmente burlón, que combina sátira y sentido del humor con lírica pura situada en un universo perteneciente al realismo mágico, que parece situarse en un portal entre lo más poético y lo más friki y bizarro. ¿O acaso no se le quedan a uno los ojos como platos cuando oye hablar en una canción de naranjas asesinas, algo inédito incluso en la filmografía de serie B de los 80, en la que se debió considerar que con los tomates se había llegado al límite del género? Tigres Leones son capaces de eso y de mucho más. Definen en su website su motivación para escribir sobre “pájaros asesinos, sobre rusos listos, sobre niñas raras, sobre películas de ciencia ficción y más cosas”. Sobran más argumentos.

La Catastrofia” es el segundo larga duración del trío madrileño, y llega dos años después de “Mucho Spírito”. A diferencia de su predecesor, donde encontrábamos un pop indie más convencional, que no destacaba en exceso por encima de las (escríbase el número deseado de millones) de bandas de pop-rock a las que autocatalogarse de indies, sin importar si se autoeditan o si tienen detrás una campaña de promoción exhaustiva de Universal o de Emi, lo que les facilita un público juvenil autoconvencido de que la etiqueta independiente es algo así como tres estrellas michelín, en “La Catastrofia” Tigres Leones dan un giro de sonido que sí les confiere un sello propio; un rock más guitarrero, más cercano a la música de sala, creada para ser tocada en vivo, con menos artificios y artimañas pueriles, y más personalidad y potencia.

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Los madrileños defienden un lenguaje burlón, que combina sátira y sentido del humor con lírica pura situada en un universo perteneciente al realismo mágico, que parece situarse en un portal entre lo más poético y lo más friki y bizarro.

Buena prueba de esto es “Buenos Días”, un primer corte en cuyos juegos de voces se aprecia una influencia de la música sesentera de grupos como Los Brincos, Los Canarios y especialmente Los Salvajes. En él se da la primera declaración de intenciones con unos riffs de guitarra aguerridos, cargados de distorsión, y que envuelven una declaración de intenciones en la que se defiende lo propio ante aquellos que pretenden inmiscuirse y hacernos cambiar. Mucho más cercana a las irreverentes letras de Parálisis Permanente o Pegamoides se presenta “Fiesta”, con apreciaciones más rock y menos pop que en el tema anterior. En ella tenemos un primer viaje a ese universo de realismo mágico, al amor de una fiesta salvaje en la que aparecen un padre estrangulado, policía que dispara, o “zombies barbudos que te conquistarán”, algo que parece una metáfora que esconde una crítica muy subliminal pero con mucho tino a la moda de lo alternativo, cual fábrica de productos.

El primer single promocional del álbum es “Marte”, una producción completamente limpia que cuenta con la colaboración de La Bien Querida. Si la letra hace referencia a una escapada, una huida a un planeta alternativo cuando estás con alguien que realmente lo merece, ésta resulta intranscendente si la canción se escucha viendo el videoclip, uno de los más cachondos del último año. Como si de un western dirigido por Robert Rodríguez se tratase (su violencia satírica gratuita es digna de la comparación), se lleva a cabo una parodia de una conocida marca de cerveza. Dani Rovira es el único que ha hecho el anuncio por amor a esa cerveza y no por dinero. Al enterarse de que sus compañeros no han hecho lo propio, liquida uno a uno a Christina Rosenvinge, Loquillo, Leiva, Mario Vaquerizo o Alaska, que repudian la cerveza de dicha marca por preferir otras, ser celiacos, o ser bebedores de vino. Sin embargo al final éste es liquidado por otro antihéroe, antítesis de Rovira, y al cual mueve el mismo amor altruista por otra marca de cerveza: Quim Gutiérrez. Quizá de transfondo, y conociendo la procedencia de ambas firmas, más allá de la parodia del mundo de la publicidad, pueda encontrarse una parodia que resalta lo absurdo del conflicto Madrid-Barcelona, con dosis certeras de odio en defensa de lo más superficial.

En “La Catastrofia” Tigres Leones dan un giro de sonido que sí les confiere un sello propio; un rock más guitarrero, más cercano a la música de sala, creada para ser tocada en vivo, con menos artificios y artimañas pueriles, y más personalidad y potencia.

Los sesenta vuelven con “Vladimir (No Da Igual)”, un canto a lo terrible de la soledad, de quien prefiere verse inmiscuido en falsas relaciones con tal de apreciar cercanía y calor humano a su alrededor. Se aprecia una línea muy común en la crítica a la pérdida de lazos sociales en la música contemporánea: el ataque a la frialdad de las redes sociales (“cultivaba viñas en Francia y hoy las vende en Instagram”). En la misma línea sigue “Postales”, una de las canciones más gamberras del álbum. Naranjas asesinas y sexo como droga frente a un mundo ante el cual es mejor no despertar. ¿Qué más se puede pedir? La trilogía del sonido de Los Brincos de “Flamenco” la cierra “Hablan Sobre Mí”, con homenajes musicales a The Jam, Sonic Youth o la Velvet Underground, y contrahomenajes a Ramoncín, al que se escuchará cuando se acabe la música buena. Si, musicalmente, la influencia de los sesenta es clara, es evidente que el grupo de Juan Pardo, Junior, Fernando Arbex y Manuel González nunca se hubiese atrevido con tales textos.

Cambian absolutamente de tercio a un plano más noisy y country con “10 Formas De Matar El Miedo”, de la que hubiesen podido ser autores perfectamente Ana Curra o Javier Gurrutxaga. Se da aquí un dadaísmo puro y duro en la presentación de una lista de acciones con las que hacer frente al miedo, a la represión, al aburrimiento, a la sensatez, y a todo lo que a uno se le ocurra. “(Haz El) Raskolnikov”, el tema más setentero, pierde, a pesar de su potencia, cierto gancho en lo lírico en relación con lo escuchado en los cortes anteriores. Aquí se apuesta más por lo absurdo por lo absurdo, y no termina de cuajar como en “10 Formas De Matar El Miedo” o “Postales”. “Orden Mundial” recupera ese lenguaje burlón que combina por igual la sátira y la crítica, con ciertas amenazas a un personaje anónimo, que recuerdan al mítico “Bailaré Sobre Tu Tumba” de Siniestro Total.

Un notable segundo álbum para una banda que había hecho un debut tibio a pesar de demostrar unas cualidades que al fin se ven reflejadas, fruto también de la madurez y de la consagración.

Tqm” comienza con ironía a la simplificación del lenguaje desde su título. El espíritu más sesentero vuelve a erigirse protagonista, en un mundo en el que las aves han abandonado su esencia, la Luna ha perdido su brillo, y el citar nombres de los cuales apenas se sabe más que su significante se ha convertido en norma como autoafirmación del yo. “El Tambor” rescata la sátira sobre la sociedad de la felicidad ficticia de Internet (“no me saques de perfil, que no se vea mi nariz. No me saques muy feliz. Yo no quiero ser feliz”). Lo remata con la creencia del ‘todo saldrá bien’, representado en la canción mediante Spiderman, que nos salvará a todos. Dejan para el final los dos temas más ‘patrios’. Por un lado, “España Muerde”. La búsqueda de un mundo mejor queda pisoteada por el gigante, representado por abejas y tiburones asesinos, y la resignación se convierte en la norma. “España quiere que seas feliz, y que tu vida no sea tan gris”. Finalmente, “Evacuad Madrid”, con una ciudad en estado de emergencia, en la que hasta se marchan los calamares de los tradicionales bocatas de la Plaza Mayor y las aguas del Manzanares, ironiza con el concepto de fin del mundo con «señoras de la Puerta del Sol que llenan sus bolsas con cuchillas de afeitar, hacen yoga y adoran a Satán, y esos señores que hay en Carabanchel, beben vermout del grifo antes de comer, y ponen ardillas muertas bajo el mantel”.

Termina así “La Catastrofia”, un notable segundo álbum para una banda que había hecho un debut tibio a pesar de demostrar unas cualidades que al fin se ven reflejadas, fruto también de la madurez y de la consagración.

Tigres Leones – La Catastrofia

TIGRES LEONES

7.0

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Tigres Leones han publicado “La Catastrofia”, un álbum con un sonido que rinde homenaje a las bandas madrileñas de la época ye-yé y de los inicios de la Movida, y en el que dan un salto enorme de calidad con respecto a su debut, para consolidarse en un rock guitarrero con buenos juegos de voces y unas letras en la frontera entre el surrealismo y la crítica social.

Up

  • Su sonido está hecho para el directo, y eso siempre se agradece.
  • Las letras demuestran que están en un gran momento de inspiración.
  • El videoclip de “Marte”, aunque no sea algo propiamente dicho del álbum.

Down

  • Se les ha comparado con bandas del ámbito nacional como Novedades Carminha, y aún les queda camino por recorrer para que la comparación sea equitativa.
  • La búsqueda de un sonido puro para el directo hace que no haya variedad sonora, por lo que puede resultar algo monótono.