No sé hasta qué punto una obra artística puede cambiar la vida de un espectador tanto como la de su autor. A menudo hablamos de cosas que marcan un antes y un después en nuestras vidas, ya sea refiriéndonos a sucesos y experiencias o a cualquier tipo de obra con la que nos sintamos terriblemente identificados, que nos marque, que nos abra un mundo nuevo y nos haga estallar la mente más allá de los límites de nuestra propia imaginación. ¿Pero hasta qué punto lo decimos en serio cuando hablamos del trabajo de otra persona, de algo que simplemente hemos visto u oído? ¿Hay alguna obra que pueda significar tanto para una persona como para sentirse marcada por esta, como para sentirla como una parte inherente de su gusto e incluso de su identidad?

Lo cierto es que hay un gran número de álbumes que se pueden considerar grandes obras maestras, incluso infinidad de discos que popularmente no suelen llegar a recibir tal etiqueta o sólo la percibe así un pequeño sector. Al final es cosa de cada uno decidir qué disco ocupa un lugar especial en su corazón de melómano. Pero hay un reducido número de trabajos que traspasan la barrera de lo personal, obras que sí han llegado a marcar un antes y un después, si no en la vida de muchas personas, en la historia de la música, hasta llegar a convertirse en creaciones de valor universal. Una de esas escasas y privilegiadas obras es de la que hablamos aquí hoy: “The Dark Side Of The Moon”, el octavo disco de Pink Floyd.

«The Dark Side Of The Moon»: la cara más tenebrosa del ser humano

A estas alturas, a quien no le suene un nombre como el de Pink Floyd es porque ha vivido bajo tierra o naufragado en una isla durante toda su vida. Procedentes de Londres, Reino Unido, el grupo compuesto por Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason se ganó a pulso el título de uno de los mejores grupos de rock de la historia a lo largo de más de veinte años de carrera lanzando discos de altísima calidad, virando desde el rock psicodélico de sus primeros trabajos, para los que todavía contaban con Syd Barrett, hacia el rock progresivo que quedó definitivamente instaurado en el disco que tratamos en esta ocasión.

El álbum en cuestión vio la luz exactamente el 1 de marzo de 1973, pero su concepción y composición comenzó mucho antes. En 1971, la banda lanzaría “Meddle” al mercado. Este trabajo supuso un punto y aparte en la carrera del grupo, que hasta entonces había contado con Syd Barrett como miembro del grupo, siguiendo la senda psicodélica que este marcaba. Tras su partida debido a su fuerte adicción a las drogas y junto a la incorporación de David Gilmour como sustituto de este, el grupo comenzaría un proceso de cambio en su sonido que poco a poco se convertiría en la parte que todos conocemos hoy. Las piezas de larga duración ya no serían tan frecuentes, ni las jams infinitas sin otro objetivo que sonar sideral. El grupo comenzaría a trabajar con pistas más breves que girarían en torno a un concepto, llegando a hilar unas con otras, haciendo que ese concepto sirviese para todo un disco. Esto es lo que conduciría al grupo a la creación de “The Dark Side Of The Moon”.

La cosa comenzó a finales de 1971, cuando la banda se disponía a realizar una gira por Estados Unidos, Reino Unido y Japón. Roger Waters propuso componer material nuevo para esta gira, y planteó además la idea de que este material hablase de temas ‘que hacen enfadar a la gente’, como podían ser las presiones a las que se tenían que enfrentar como grupo y los problemas mentales provenientes de Syd Barrett. El grupo estuvo de acuerdo en componer letras mucho más específicas y directas que anteriormente. Así, tras adquirir un montón de equipo nuevo para el estudio, trabajarían durante varios meses con nuevas canciones que verían la luz a principios de 1972, teniendo muy buena acogida.  Sin embargo, las versiones que tocasen por aquel entonces no serían las definitivas, ya que durante la grabación del disco incluirían, entre otros, sintetizadores, voces femeninas y saxofones para varios temas.

La grabación del largo se realizaría en dos tandas, una en junio de 1972 y otra en enero de 1973, contando con el famoso Alan Parsons como productor. Para ella emplearían fragmentos de grabaciones caseras realizadas por Nick Mason y Roger Waters, especialmente loops. Además, experimentarían con multitud de sonidos y métodos de grabación, empleando grabaciones multipista de hasta 16 canales para las que todos los ingenieros de sonido y miembros de la banda deberían regular y mezclar el sonido simultáneamente. No sólo los sintetizadores darían los efectos que el grupo buscaba, ya que se valdrían de cualquier cosa que funcionase, llegando a tener a un ingeniero de sonido corriendo a lo largo de la sala para grabar sus pasos, tratando el bombo de manera especial para simular la frecuencia cardíaca del ser humano o grabando sonidos de relojes por separado en una tienda de relojes antigua.

Las voces serían mucho más sencillas de grabar, debido a que Richard Wright y David Gilmour poseían timbres tan similares que podrían emplear sin problemas métodos como el doubletracking, además de diversos efectos como el flanger y el phaser, que también se utilizarían en las guitarras. Quizá lo más problemático y memorable respecto a las voces sería la aportación de Clare Torry, quien compondría la voz principal de “The Great Gig In The Sky”. La historia cuenta que la banda quería incluir una voz femenina que protagonizara el tema, eligiendo a Clare Torry para ello. Sin embargo, a pesar de explicarle el concepto del disco, no consiguieron dar con lo que querían exactamente para el tema en cuestión, por lo que acabarían pidiéndole que improvisara. Así lo haría ella, a pesar de lo vergonzoso que le resultaría exponerse de tal manera en la sala de grabación. Tras terminar, el grupo le daría las gracias y ella se iría pensando que no les había gustado nada, llevándose después una sorpresa al ver que su aportación no sólo había sido incluida en el disco, sino que al grupo le había encantado… pero su nombre no aparecía en los créditos. La cosa acabaría en una demanda por parte de Clare de la que saldría ganadora, apareciendo su nombre y recibiendo parte de las ganancias desde 2005.

En cuanto a las voces que se escuchan a lo largo del álbum, durante las sesiones de grabación Roger Waters reuniría al personal del estudio para realizarles diversas preguntas escritas en tarjetas. Estos serían colocados en una habitación sin luz con un micrófono, donde responderían primero a preguntas muy sencillas tales como su color favorito y después a otras mucho más comprometidas en relación a los conceptos del disco, como podía ser cuándo habían actuado de manera violenta por última vez o si temían a la muerte. De ahí sacarían frases de numerosas personas, como Chris Adamson, Gerry O’Driscoll o Henry McCullough. Hasta Paul McCartney sería entrevistado, aunque sus palabras finalmente no serían incluidas.

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Tras la partida de Syd Barrett, el grupo comenzaría un proceso de cambio en su sonido que poco a poco se convertiría en la parte que todos conocemos hoy.

No podemos empezar a hablar de las canciones sin mencionar una de las portadas más icónicas de la historia de la música. El famoso prisma refractando luz, a manos de George Hardie, empleado del grupo Hipgnosis, se ha convertido con el tiempo en un símbolo perfectamente reconocible, incluso para la gente que no ha escuchado al grupo nunca. Hipgnosis había sido el grupo encargado de diseñar varias de las portadas de los discos del grupo, tan controversiales en la época, volviendo a ser contratados para la de este. El resultado nacería del deseo de la banda de tener una portada más elegante y sencilla que las anteriores, que además reflejara la iluminación de sus conciertos y el concepto del propio disco. En cuanto a su significado, se suele asociar el rayo de luz que atraviesa el prisma como un símbolo de la realidad, aparentemente inalcanzable para el ser humano, mientras que el prisma representa el acceso a su conocimiento a través de la locura y finalmente la muerte, dividiéndose el rayo de luz blanco en los colores que la forman, desgranando así la realidad. Esta misma locura y las diferentes vertientes de la realidad que nos muestra forman parte del lado oscuro, representado por el propio fondo en color negro. Es, entonces, en la parte carente de color donde podemos acceder a todos los colores, y eso es justo lo que conlleva a la locura, y finalmente a la muerte.

Y ahora sí, toca por fin meterse de lleno en el lado oscuro de la Luna. Dividido según la edición en 9 o 10 cortes (los dos primeros temas se encuentran a veces separados y otras veces unidos), la obra abre con “Speak To Me”, frase que Alan Parsons decía a la gente a la que entrevistaban. Se trata de una obertura de poco más de un minuto que comienza con un bombo que suena como el latido de alguien que acaba de nacer, al que se suman diversos sonidos como el tic-tac de varios relojes, el sonido de una caja registradora y voces de fondo entre las que se pueden reconocer frases como “I’ve been mad for fucking years –absolutely years o “I’ve always been mad, I know I’ve been mad like the most of us are. It’s very hard to explain why you’re mad, even if you’re not mad”. Es un tema compuesto por Nick Mason que sirve como compendio de la temática del disco y nos introduce a través del ruido de un helicóptero, unas risas maquiavélicas y una voz femenina en “Breathe”, compuesto por Waters, Gilmour y Wright. Se trata de un tema procedente de la banda sonora que Roger Waters compuso para el documental «The Body» en 1970. Su tempo es lento, dirigido por una batería y unas guitarras blueseras camufladas con multitud de efectos, mientras que su letra describe en líneas generales la vida, su fugacidad, la necesidad de vivir, de estar en constante movimiento y de la búsqueda de la libertad y la satisfacción propias a la vez que se lucha contra las fuerzas que intentan tomar control de tu propia vida:

«For long you live and high you fly
And smiles you’ll give and tears you’ll cry
And all you touch and all you see
Is all your life will ever be«

Tras adquirir un montón de equipo nuevo para el estudio, trabajarían durante varios meses en estas nuevas canciones que verían la luz a principios de 1972. Sin embargo, para las versiones definitivas se añadirían, entre otros, sintetizadores, voces femeninas y saxofones en varios temas.

Enlazando con el tema anterior entra “On The Run”, pieza instrumental a cargo de Waters y Gilmour que nos pone a prueba desde el primer segundo. Está compuesta por un sintetizador EMS y multitud de efectos de sonido que reflejan el ruido de un avión, representando el miedo a volar de Richard Wright. Es justo el miedo y la ansiedad lo que simboliza el tema, gracias a un ritmo rápido y constante, a los ruidos y risas de fondo y al sonido de los pasos de alguien corriendo. Una frase vuelve a distinguirse entre toda la maraña, siendo “Live for today, gone for tomorrow. That’s me”, seguida de las risas que imperan en el tema. La sensación de estrés y agobio tan bien conseguida culmina en una explosión que da paso a los relojes de “Time”, única canción que acredita a los cuatro miembros del grupo. El martilleo de las alarmas viene seguido de un solo de rototoms (un tipo de tambores) acompañado de un tic-tac realizado por Waters muteando el bajo, la guitarra y el teclado, hasta que arranca la voz de Gilmour en uno de los momentos más destacables del disco. Y es que es imposible nombrar todas las bondades de una canción como esta: los coros femeninos, las voces de Gilmour y Wright o el increíble solo que Gilmour se marca, la forma de acabar en un reprise de “Breathe” que sirve como coda, y sin olvidar la fantástica letra de Waters una vez más, reflexionando sobre lo rápido que pasa el tiempo e invitándonos a vivir sin desperdiciarlo:

«Tired of lying on the sunshine staying home to watch the rain
You are young and life is long and there is time to kill today
And then one day you find ten years have gone behind you
No one told you when to run, you missed the starting gun«

El éxito de «The Dark Side Of The Moon» reside en la universalidad de los temas que trata, además de una instrumentación magistral, convirtiéndose en una suite musical.

Siguiendo a esta llega “The Great Gig In The Sky”, dominado por los teclados de Richard Wright y la sublime aportación vocálica de Clare Torry que sustituiría los pasajes bíblicos recitados en sus primeras versiones, cantando como si ella misma fuese un instrumento más. En esta pieza que pone fin a la primera cara del álbum, el tema que se pretende reflejar es la muerte y la agonía que provoca, siendo reconocible gracias a la frase “And I am not frightened of dying. Any time will do, I don’t mind. Why should I be frightened of dying? There’s no reason for it – you’ve got to go sometime” que se escucha al comienzo.

Entramos en la segunda mitad con varios sonidos de cajas registradoras, papeles rompiéndose y monedas arrojadas, todos grabados por el propio Waters, que pronto arranca con el bajo con una de las melodías más reconocidas de la historia. Sí, se trata de “Money”, uno de los temas más famosos del grupo. Instrumentalmente es un tema gigantesco gracias a su compás de 7/4, a la multitud de efectos sonoros y sobre todo al enorme solo de saxofón realizado por Dick Parry que precede a un segundo solo a manos de David Gilmour a la guitarra. Pero no sólo por eso es bestial, y es que Waters vuelve a estar a la altura con una letra que habla de la avaricia y de la constante persecución del dinero por la sociedad moderna, criticando la educación que dicta que lo más importante en la vida es conseguir un trabajo bien pagado:

«Money, it’s a crime
Share it fairly but don’t take a slice of my pie
Money, so they say
Is the root of all evil today
But if you ask for a rise
It’s no surprise that they’re giving none away«

«The Dark Side Of The Moon» supuso el salto del grupo a la primera línea de manera definitiva y el paso a la etapa de Rogers como líder indiscutible del grupo.

Tras uno de los temas más movidos del disco suena “Us And Them”, y uno ya no puede sino rendirse ante los londinenses con semejante himno. Tempo pausado durante la estrofa, guiada por el piano y la batería, que se intensifican junto a la guitarra y los coros en el estribillo, se trata de una canción que el grupo rescató de la banda sonora de “Zabriskie Point” que finalmente no se utilizó. La inclusión del saxofón le da además un toque jazzy, mientras que la letra reflexiona en una dicotomía constante sobre el sinsentido de la guerra, la soledad y el aislamiento que las relaciones humanas provocan:

«Us and them
And after all we’re only ordinary men
Me and you
God only knows it’s not what we would choose to do«

Después del corte más largo del disco viene el único tema puramente instrumental, “Any Colour You Like”, guiado por los sintetizadores, que desembocan en un solo de guitarra por Gilmour que vuelve a resultar brillante, siendo el tema más psicodélico del disco. El título funciona como una metáfora que ironiza sobre el concepto de libertad, sugiriendo que incluso cuando se nos ofrecen distintas posibilidades, sólo podemos escoger una, no hay una libertad real. Otra interpretación posible es que no importa qué escojamos, todo conlleva a la muerte. Justo después irrumpe “Brain Damage”, tema que lidia con la locura a través de un Waters que toma la voz protagonista esta vez, acompañado por la guitarra de Gilmour, los teclados y unos coros que vuelven a convertir el estribillo en todo un himno inmenso. Las referencias a Syd Barrett son constantes, pero la locura no es tratada como una crítica, ya que el propio Waters simpatiza con ella, reconoce que acabará formando parte de ella y critica a la sociedad que continuamente diagnostica quién es un enfermo mental y quién no, sin reconocer que a todos nos persigue la locura alguna vez:

«And if the dam breaks open many years too soon
And if there is no room upon the hill
And if your head explodes with dark forebodings too
I’ll see you on the dark side of the moon«

La grandilocuencia se extiende hasta “Eclipse”, corte con el que finaliza el disco por todo lo alto, con los teclados y las voces en todo su esplendor alcanzando un clímax que pone fin a la obra tal y como empezó, con un latido y una voz diciendo “There is no dark side of the moon really, matter of fact it’s all dark”. Con esta canción se concluye que todo lo que la vida nos ofrece se encuentra influenciado por una fuerza oscura que nos impide tomarlo, siendo la locura y la oscuridad las que finalmente se hacen con el control, haciendo referencia con los latidos a la vida como un proceso circular que nunca termina:

«And all that is now
And all that is gone
And all that’s to come
And everything under the sun is in tune
But the sun is eclipsed by the moon«

Así concluye una de las obras musicales más grandes que ha realizado el ser humano. El resto es historia: 889 semanas (más de 17 años) en las listas de éxitos, el salto del grupo a la primera línea de manera definitiva, el paso a la etapa de Rogers como líder indiscutible del grupo y el éxito del disco hasta convertirse en el segundo más vendido de la historia, solo por detrás del “Thriller” de Michael Jackson, contando a partir de entonces con una infinidad de versiones por parte de grupos como Dream Theater. Puede que “The Dark Side Of The Moon” no sea un disco que te cambie la vida, pero sin duda te ayudará a sentir que no estás solo. Su éxito reside en la universalidad de los temas que trata, además de una instrumentación magistral, convirtiéndolo en una suite musical que cualquier persona debería pararse a escuchar al menos una vez en la vida.

Pink Floyd – The Dark Side Of The Moon

PINK FLOYD

10 INSTANT CLASSIC

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1973 sería un año de gran importancia para la música moderna gracias a la salida de “The Dark Side Of The Moon”, octavo disco de Pink Floyd que revolucionaría el panorama y la manera de entender la música para mucha gente. En él encontramos un cancionero que gira en torno a los componentes más oscuros del ser humano, como la locura, el miedo o la muerte, erigiéndose como una de las obras más importantes que se han realizado y que a día de hoy sigue sorprendiendo como pocas.

Up

  • Todo está perfectamente construido, el disco fluye de forma suave y coherente.
  • Canciones como “Money” o “Us And Them” se han convertido en verdaderos himnos.
  • La capacidad de transmitir los temas tratados, incluso con piezas puramente instrumentales.
  • La universalidad de los temas que trata, es muy fácil identificarse con muchos puntos del disco.
  • El valor que ha adquirido como obra, ha influenciado a infinidad de grupos posteriores.
  • Ya no es que haya envejecido bien, es que sigue siendo igual de sorprendente e innovador.