Conseguir una carrera ininterrumpida durante más de veinte años en el mundo de la música no es un hecho baladí. Sin ir más lejos, es algo que está al alcance de muy pocos grupos. La mayor parte de los grupos surgidos en las décadas de los 80 o los 90 y que han llegado al presente con relativa actividad lo ha hecho mediante altos picos de fama y notoriedad y sus consecuentes caídas en el ostracismo e incluso desapariciones. No muchos grupos han podido firmar una trayectoria de regularidad en lo relativo a la asiduidad de sus publicaciones de estudio, la estabilidad de los miembros de la agrupación o el estilo musical del conjunto.

Motorpsycho llevan 25 años haciendo su trabajo con una única máxima común: la calidad. La sobrada lealtad de su público y la fidelidad a una identidad musical permiten que en 2016 sigan trabajando al mismo ritmo y nivel de 1989.

El caso de Motorpsycho es el paradigma de cómo un grupo de música, de música rock, puede mantener una estabilidad casi férrea y hacer de su carrera algo digno de admiración tanto para el público como para los músicos contemporáneos. Al abrigo de su gélida Noruega natal y siempre alejados de los grandes focos de la industria musical, Motorpsycho llevan 25 años haciendo su trabajo con una única máxima común: la calidad. La sobrada lealtad de su público y la fidelidad a una identidad musical permiten que en 2016 sigan trabajando al mismo ritmo y nivel de 1989. Para los noruegos la experimentación ha sido un pilar fundamental de su música. Una música imposible de etiquetar en un estilo concreto. La única forma de entender la propuesta de Motorpsycho es abrazar la amalgama de sonidos que abarcan y que comprenden desde el hard rock y el metal alternativo de sus primeros trabajos hasta su vertiente orientada al rock progresivo y psicodélico de su época más actual. La discografía de Motorpsycho ha estado en continuo cambio y adaptación a los diversos estilos mencionados y a la suma de elementos tan variados como algunos procedentes del grunge, el stoner, el jazz o el indie. Este es el contexto musical en el que se enmarca Here Be Monsters”, último disco publicado por los noruegos en 2016.

“Here Be Monsters” es un álbum denso, como se podía esperar del trío noruego acostumbrado a alejarse de los grandes hits y los estribillos pegadizos de rápido consumo. El disco lo componen cinco grandes y contundentes piezas que van desde los cuatro minutos de duración hasta los ¡17! «Here Be Monsters» tiene una unidad perfectamente lograda, aunque no evita caer en cierta monotonía y cadencia redundante. Sin embargo, es un gran ejercicio de melodías y sonidos sumergidos en la calma, en una atmósfera de tranquilidad creada a través de los acordes de una guitarra que domina el disco casi en su totalidad y de unos retazos vocales escasos pero necesarios y agradecidos.

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Un gran ejercicio de melodías y sonidos sumergidos en la calma, en una atmósfera de tranquilidad creada a través de los acordes de una guitarra que domina el disco casi en su totalidad y de unos retazos vocales escasos pero necesarios y agradecidos.

El disco lo abre Sleepwalking”, una pieza introductoria de menos de un minuto en la que Motorpsycho ofrece un avance de ritmos, sonidos y melodías que se desarrollarán a lo largo del álbum. La breve introducción deriva en “Lacuna / Sunrise”, la primera gran obra del disco. Los noruegos se explayan rápidamente en la construcción de su imaginario musical a través de las suaves y pausadas melodías que abren el tema y que ganan solidez con la entrada de la parte vocal. Bent Saether está descomunal desde su irrupción, fusionándose a la perfección con el tempo de la parte instrumental, cantando en un tono acorde a lo ofrecido por el resto de la música y atrapándote por completo. La canción (de casi 10 minutos de duración) se rompe en dos partes con la incursión de un cadente contoneo de batería y unos sutiles punteos de guitarra y bajo. Cambios de ritmo muy marcados y protagonismo para Hans Magnus en el solo de guitarra.

Running With Scissors recoge el testigo de “Lacuna / Sunrise” sin apenas inmutarse, sin cambiar ritmo ni tonalidad. Este tema es un despliegue puramente instrumental que crea una atmósfera envolvente. Cada uno de los elementos encaja a la perfección dotando al tema de gran armonía y delicadez. Nada sobresale por encima del resto y guitarra y teclados se convierten en uno solo. El disco rompe definitivamente con el ritmo marcado por los temas previos con I.M.S. Pese al juego de teclados introductorio, la canción se abre con el marcado riff de guitarra. Un sonido verdaderamente eléctrico y afilado que evoca a su vertiente más stoner. La voz de Bent entra cual cuchillo caliente en mantequilla en el momento perfecto, sumiendo al tema en una auténtica vorágine. La poderosa voz y el incesante guitarreo conjugan y hacen despegar la canción.

«Here Be Monsters» tiene una unidad perfectamente lograda, aunque no evita caer en cierta monotonía y cadencia redundante.

Spin, Spin, Spin es el tema más breve, directo y efectivo del álbum. La premisa no es otra que la evidenciada en el propio título de la canción: la repetición. Motorpsycho imprimen una estructura y la repiten cíclicamente. El resultado es exactamente el buscado y la adictiva melodía y el canturreo de Saether te hacen girar al ritmo de la canción y te hacen entrar en su espiral. El disco agoniza y el trío noruego introducen el cierre recurriendo de nuevo a la melodiosa apertura que es Sleepwalking Again. Misma estructura y misma función, con la única diferencia de ser una pieza tocada en unos tonos notablemente más graves que la que abría el disco. Big Black Dog es la magnánima obra que pone punto y final a “Here Be Monsters” con un ejercicio musical de nada menos que 17 minutos. Los primeros minutos evocan a la cálida atmósfera creada en “Lacuna / Sunrise” con unos sutiles punteos de guitarra y una parte vocal reducida casi a un susurro acompañada de unos eficientes coros. El ritmo comienza a aumentar casi imperceptiblemente hasta que un pesadísimo sonido de bajo y guitarra entra para cambiar el curso de la canción. Bent Saether entra en escena con una tonalidad vocal desconocida hasta el momento en el disco: sonidos mucho más agudos, altos y desgarradores y una distorsión imperante para cerrar este nuevo esfuerzo de los noruegos.

“Here Be Monsters” es el nuevo integrante de la inconmensurable discografía de Motorpsycho. Un álbum que si bien no aporta grandes novedades estilísticas ni supone un destacado paso en su carrera es una nueva prueba de la eficacia casi total de los noruegos en el estudio. El álbum es un regalo para sus acérrimos fans, un trabajo que recoge de manera muy acertada algunas de las claves de su sonido y que satisfará a su público.

Motorpsycho – Here Be Monsters

MOTORPSYCHO

7.5

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Con “Here Be Monsters” Motorpsycho se mantienen fieles a su esencia. Un trabajo en el que continúan experimentando y volcando su talento musical en pos de unos sonidos que nacen solos, sin necesidad de explicación. Un álbum difícilmente accesible para el público general pero de un gusto exquisito.

Up

  • La trayectoria de Motorpsycho no da lugar a un paso en falso.
  • La atmósfera que envuelve el álbum.
  • Efectiva fusión de sonidos, estilos e instrumentos.

Down

  • Demasiadas ideas concentradas en pocas canciones.
  • No puede evitar cierta monotonía.