Cuando hablamos de Neil Young, nunca es fácil saber por dónde empezar. Su impacto en la música contemporánea es tan brutal que cualquier intento de explicar la relevancia de su figura por mi parte se quedaría corto. Desde sus inicios, siendo parte de la vanguardia del folk psicodélico como miembro fundador de Buffalo Springfield, hasta el emprendimiento de una carrera en solitario que aún no ha concluido, el canadiense nunca ha dejado de actualizar el legado de la música americana buscando nuevas rutas a partir de los ingredientes básicos que parieron el rock and roll para jugar con el blues, acercarse demasiado al hard rock o encogerte el corazón con una balada folk. Pero si hay una constante dentro de su vasta discografía, ésa es la necesidad de expresarse. Young, a diferencia de otros mitos del rock, no se siente cómodo asumiendo el rol de entertainer, sino que busca transmitir un mensaje, contar una historia, compartir un sentimiento; una tarea para la que la música se ha convertido en un vehículo indispensable. De ahí que la forma de afrontar la composición de un nuevo tema (¿subo o bajo la distorsión?, ¿añado aquí unos arreglos de cuerda?, ¿busco un estribillo fácilmente coreable?) y sus virajes estilísticos dentro de ese paraguas enorme que es el rock, no respondan tanto a una demanda cambiante como a las inquietudes artísticas y necesidades comunicativas del músico.

A pesar de eso, sería una estupidez negar el éxito comercial de su propuesta. A día de hoy, Young cuenta con un gran número de seguidores y el respeto de toda la crítica. Sin ir más lejos, el presente disco, además de ser el más importante de su carrera en lo que a ventas se refiere, fue en su momento (allá por 1972) el disco más vendido de todo el año. La clave, de nuevo, no se encuentra en la política de marketing del cantautor, sino en el rumbo que estaba tomando su evolución musical y el estado anímico (incluso físico) de Neil Young en aquella época que le llevaron a reunir algunas de las piezas más sinceras, emocionantes y reconfortantes de su carrera.

«Harvest»: ¿Otro disco de country rock?

«Harvest», además de ser el disco más importante de su carrera en lo que a ventas se refiere, fue en su momento (allá por 1972) el más vendido de todo el año.

Para acometer esta tarea abrió un paréntesis con Crazy Horse (su roadie band) y tras su paso por The Johnny Cash Show reclutó a un grupo country conocidos como los Stray Gators que consistían en Jack Nitzsche (también coproductor del trabajo), Tim Drummond y Kenny Buttrey. James Taylor y Linda Ronstadt colaboraron en los coros y completaron la formación de músicos de estudio. Al parecer Young había coincidido con estos dos últimos en el programa de televisión que se rodaba en Nashville donde también conoció a Mazer, dueño de unos estudios que invitó a cenar al mismo Neil Young consiguiendo que aceptara grabar un disco al ofrecerle a los Stray Gators como banda de estudio. Fue en los Quad Studios de Nashville donde se grabó gran parte de este “Harvest”. Y si estás en Nashville, tienes que tocar country.

Por supuesto, no estamos hablando de un disco de country simplemente. Neil Young siempre ha jugado en esa escala de grises que surge al combinar los mestizos ingredientes de ese género bastardo que es el rock. En esta ocasión, su sonido se escora en cierta manera hacia el country, pero sigue encontrado manifiestas reminiscencias de sus grabaciones folk-rock previas, armonías heredadas de la Invasión Británica y el saber hacer de sus tres referencias anteriores. La gran diferencia es que aquí todo parece más cuidado. Una primera escucha podría transmitirnos la percepción de haber disfrutado de un disco de canciones atractivas pero demasiado fáciles; de hecho, parte de la crítica le acusó en su momento de repetirse. Una mirada más atenta puede descubrirnos que tras ese sonido tan orgánico, cálido y acogedor se hallan un sinfín de detalles escondidos. Los coros, el sonido del bajo y percusión, el banjo, las diferentes formas que tiene Young de acariciar y atacar sus cuerdas… Un sutil atrezzo que hace de “Harvest” un disco precioso que evita caer en el preciosismo.

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La clave de «Harvest» no se encuentra en su política de marketing, sino en el rumbo que estaba tomando su evolución musical y su estado anímico, que le llevaron a reunir algunas de las piezas más sinceras, emocionantes y reconfortantes de su carrera.

En lo que respecta a la lírica, estamos delante de una obra de arte, una más en la colección del de Toronto. El amor, la soledad y el paso del tiempo van a ser tres de los temas centrales de unas letras en las que Young volcará todo un torrente sentimental: Relaciones amorosas fallidas, la pérdida de algunos amigos causada por la adicción a las drogas o la recuperación tras una lesión de espalda son algunos de los acontecimientos de la vida del músico que de una u otra forma se van a hacer presentes en los versos de “Harvest”. No sólo es capaz de crear canciones ágiles y con gancho; sus letras, mucho más oscuras que las de otros compositores de su generación cercanos al country y el soft rock, representan un valor añadido que le catapultan varios metros por encima de cualquier competidor.

La apertura con “Out On The Weekend” nos muestra a Neil haciendo lo que mejor se le da: una canción de (des)amor. La agresividad variable con la que toca su guitarra acústica se combina perfectamente con unos versos en los que hace un ejercicio de introspección tras una relación rota. También contribuye a esto el ritmo lento de la percusión y una armónica no tardará en aparecer añadiendo un punto extra de nostalgia al asunto: «The woman I’m thinking of… She loved me all up but I’m so down today… She’s so fine, she’s in my mind… I hear her calling… See the lonely boy out on the weekend trying to make it pay«. El track que da nombre al álbum (“Harvest”) continúa por ese sendero en el que se cruzan el folk rock y el country, aunque la importancia del segundo parece pesar más ahora. El sentido de sus estrofas es algo confuso, pero parece que habla de una chica que ha quedado emocionalmente devastada tras tomar una serie de malas decisiones que podrían responder a la ausencia de la figura paterna en su niñez.

En esta ocasión, su sonido se escora en cierta manera hacia el country, pero sigue encontrado manifiestas reminiscencias de sus grabaciones folk-rock previas, armonías heredadas de la Invasión Británica y el saber hacer de sus tres referencias anteriores.

Escapando de esa simpleza y sonido hogareño, tenemos dos temas en el LP para los que Neil Young contó con la participación de la Orquesta Sinfónica de Londres: “A Man Needs a Maid” y “There’s a World”. Ambas, pese a ser grandes éxitos, son todavía miradas con recelo por los seguidores más puretas de Neil que encontraban demasiado empalagosa esta faceta rockera-orquestal. Personalmente creo que si bien los arreglos orquestales rompen con la sobriedad propia de «Harvest», a la vez ayudan a enfatizar el contenido lírico sin llegar a sobrecargar al oyente. De los dos destaca principalmente el primero que en su momento causó cierta polémica, ya que a ciertos sectores feministas de la sociedad americana no gustó demasiado aquello de ‘un hombre necesita una criada’. En realidad, la canción habla de alguien que ha salido tan malparado de todos sus amoríos y se plantea recluirse en la soledad de su casa y contratar una sirvienta para vivir al margen de cualquier contacto con el exterior.

En “Heart of Gold” encontramos el hit indiscutible del disco y del propio Young, si me apuráis. Poco que decir de un tema cuya letra es auténtica poesía. Como curiosidad, podemos decir que a Bob Dylan no le hizo ninguna gracia que alguien que sonara como él tuviera un número uno mientras él no alcanzaba posiciones tan altas en las listas. Ese joven Young que cantaba sobre hacerse viejo desde un taburete en el que se sentaba de manera desgarbada (debido a su lesión en la espalda) conquistó a medio mundo.

«I want to live, I want to give
I’ve been a miner for a heart of gold
It’s these expressions I never give
That keep me searchin’ for a heart of gold
And I’m getting old«

En lo que respecta a la lírica, estamos delante de una obra de arte. El amor, la soledad y el paso del tiempo van a ser tres de los temas centrales de unas letras en las que Young volcará todo un torrente sentimental.

Are You Ready For The Country?” nos hace presagiar a un Young vestido de Hank Williams y, aunque la producción del tema sea muy country, la estructura del mismo se basa claramente en fraseos en forma de pregunta-respuesta típicos del blues. Quizá el tema menos inspirado del elepé, pero bastante ameno y atractivo. Yo lo veo como un divertido interludio que nos separa de la cara B del vinilo que arranca con otro temazo universal: “Old Man”. Una balada country de esas en las que Neil Young aprovecha para contarnos sus agonías y reconfortarnos al mismo tiempo en cada estrofa. El artista, que todavía se encontraba lejos de los 30 años, reflexiona sobre la importancia de amar y ser amado, en contraposición a la riqueza material que él ya había alcanzado y que no le impedía dejar de sentirse solo e infeliz. «Old man take a look at my life, I’m a lot like you, I need someone to love me the whole night through«.

Alabama” podría encajar en cualquiera de sus trabajos con Crazy Horse. Se trata de una canción protesta contra el Estado sureño de Alabama, donde la segregación, el racismo y, en general, la vena reaccionaria de los Estados Unidos estaba más exacerbada. Versos como «Oh Alabama, the devil fools with the best laid plan« no gustaron nada a los rednecks y, dos años más tarde, encontraron su respuesta en forma de canción. Estamos hablando de la archiconocida “Sweet Home Alabama” compuesta por unos Lynyrd Skynyrd que no podían consentir un agravio tal al Sur.

No sólo es capaz de crear canciones ágiles y con gancho; sus letras, mucho más oscuras que las de otros compositores de su generación cercanos al country y el soft rock, representan un valor añadido que le catapultan varios metros por encima de cualquier competidor.

Otra de las piezas que más reluce de esta colección de gemas es “The Needle & The Damage Done”. La más sentida de las canciones de «Harvest» no habla de amor sino de la adicción a la heroína. Aunque basada en las experiencias de varias de las personas que rodearon a Neil Young durante su vida en la carretera en los años 70, el tema está especialmente dedicado a Danny Whitten, amigo y roadie guitar de Neil Young, cuya adicción era tan grave que apenas podía sostener la guitarra. Los versos «I hit the city and I lost my band… I watched the needle take another man… Gone, gone, the damage done» suenan hoy tristemente premonitorios. Whitten murió de sobredosis poco después de la publicación del álbum, la misma noche en que Neil Young tuvo que ‘despedirle’ y comprarle un billete de vuelta a casa al ver las condiciones tan lamentables en las que se encontraba. Young, que siempre se ha sentido responsable de lo sucedido, dedica en cada directo este track a Whitten y a tantos otros músicos que conoció y murieron sepultados por la droga.

Words (Between the Lines of Age)” es una de las maneras más bellas en las que Neil Young ha cerrado un disco jamás. Un suave folk-rock en el que el músico reflexiona acerca del paso del tiempo y la futilidad de la creación artística. Por suerte, el norteamericano siguió llenando partituras y agotando blocs de notas por muchos años más. Mirando en retrospectiva, mereció la pena dedicar alrededor de medio siglo de su vida al rock and roll.

Neil Young – Harvest

NEIL YOUNG

9.0 HOT RECORD

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Tras una lesión de espalda, Neil Young se acostumbró a tocar sentado la guitarra acústica. Según él mismo cuenta, sólo podía permanecer de pie 4 horas al día. Parece que aprovechó el tiempo para reflexionar, mirar dentro de sí y sacar a la luz su disco más exitoso. En “Harvest” se reduce el ruido y se nos brinda la oportunidad de tener un encuentro personal con el artista.

Up

  • El sonido, más limpio y de los más agradables de las numerosas entregas de Neil Young.
  • Las canciones, la mayoría grandes éxitos de su discografía. Acercando el country a un gran público sin recurrir a las formulas poperas habituales.
  • Las letras, de lectura y reflexión recomendada.

Down

  • Que en ocasiones no se le coloque en su sitio por aquello de ser ‘el álbum más comercial de Neil Young’.