El mundillo de la música contemporánea está comúnmente dividido en dos grupos: el indie (o alternativo) y el mainstream (o comercial). Evidentemente, cada uno de ellos suele tener implícitas ciertas connotaciones que hacen que los melómanos suelan decantarse por uno y mostrar reticencia hacia el otro, siendo comunes las guerrillas entre estos por ver quién es un mayor amante del cuarto arte y quién tiene un gusto más exquisito y refinado que el otro.

Lo cierto es que el origen de ambos términos es tan distinto que no tiene mucho sentido utilizarlos como antónimos. El indie en su esencia era utilizado para referirse a los grupos que no tenían contratos con grandes discográficas ni un presupuesto en condiciones y autoproducían y grababan sus discos ellos mismos como buenamente podían, mientras que el mainstream se ha utilizado siempre como término para referirse a los grupos súper ventas y más populares entre la mayoría del público. Esto ha hecho que con el tiempo el indie se haya utilizado como término contrario al mainstream, refiriéndose el primero a grupos menos conocidos, con canciones más atípicas o ‘alternativas’ y de mayor standing entre los gurús, y manteniendo el segundo su sentido original. El problema viene a la hora de establecer los límites entre uno y otro y ‘clasificar’ a cada grupo a un lado o al otro de la balanza.

Ya se ha hablado en innumerables ocasiones y también a lo largo de todo este especial de los logros y las bondades que un grupo como Arctic Monkeys ha alcanzado. Ya incluso antes de que su primer trabajo viera la luz en el mercado, el grupo cargaba con un hype y una fama enormes a sus espaldas para tratarse de una banda tan joven y con una trayectoria tan breve.

Son uno de esos grupos que tuvo la suerte de afianzarse una posición fija en primera línea muy difícil de ser desbancada (muy mal tendrían que haberlo hecho) desde el primer disco, por lo que pudieron permitirse experimentar sin miedo llegado el momento, aunque eso significase que unos cuantos fans torciesen el morro ante sus nuevas propuestas.

Pero no era suficiente. Su popularidad y reconocimiento brillaban en el Reino Unido, donde ya se habían consagrado como el mayor icono del rock desde prácticamente Oasis, pero fuera de su país natal y de América, donde tampoco habían alcanzado cotas tan altas, la realidad es que seguían siendo un grupo para gente medianamente metida y entendida del mundo musical ajeno a la radiofórmula.

Sin embargo, en 2012 comenzaría el plan del grupo para, si no con el mundo entero, hacerse al menos con América. Su gira por allí junto a The Black Keys culminaría con el lanzamiento de “R U Mine?”, single con el que revolucionarían las redes sociales. Tras eso, tan sólo volverían a hacer acto de presencia en los Juegos Olímpicos de Londres en julio de 2012, justo antes de volver al estudio para grabar su siguiente trabajo. La gira había sido un éxito y el grupo se encontraba en estado de gracia, así que no había tiempo que perder.

«AM»: escúchanos en el coche y siéntete Dios

“AM” no es el mejor disco de Arctic Monkeys. De hecho seguramente es el más irregular. Pero es un disco con mucho trabajo a sus espaldas que merece al menos ser mencionado.

Vamos a dejarlo claro antes de nada. “AM” no es el mejor disco de Arctic Monkeys. De hecho seguramente es el más irregular. Pero es un disco con mucho trabajo a sus espaldas que merece al menos ser mencionado. Antes de que llegara James Ford, su productor habitual, los monos ya llevaban meses en el estudio de Sage & Sound Recording de los Ángeles, experimentando con su sonido, intentando encontrar nuevas fórmulas con las que reinventarse una vez más y grabando demos e ideas en una grabadora de casetes de cuatro pistas, muy común en los años 70. A partir de estas pistas, de las cuales utilizarían algunos fragmentos ya que según el mismo James Ford “en la primera grabación siempre hay una magia única muy difícil de revivir en las posteriores”, empezarían a desarrollar todas sus ideas para el disco.

¿Qué ideas eran estas? La premisa: fundir en un disco por un lado, sus influencias pesadas y guitarreras como Black Sabbath y Queens Of The Stone Age, y por otro, sus influencias del hip-hop y el R&B de grupos tales como Aaliyah y Outkast, sin olvidar influencias clásicas como The Velvet Underground, de los que cogieron la idea para el título del disco por su álbum “VU”, o David Bowie. Alex Turner describió el disco como ‘un beat de Dr. Dre con un corte de pelo a lo Ike Turner galopando por el desierto en una Stratocaster’ y dijo que el concepto del disco era sonar como ‘los Spiders From Mars versionando a Aaliyah’. El objetivo ya no era sonar como cuatro tíos tocando juntos en un habitación, no querían captar el sonido del directo para reproducirlo en un LP tal y como hicieron con “Suck It And See”. Lo importante ahora era conseguir el sonido que tenían en mente sin preocuparse demasiado por cómo lo transmitirían después en directo, eso sí, construyéndolo a partir de los instrumentos y de su propia voz.

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Conquistando América y desmarcándose de la etiqueta ‘indie’

Alex Turner describió el disco como ‘un beat de Dr. Dre con un corte de pelo a lo Ike Turner galopando por el desierto en una Stratocaster’ y dijo que el concepto del disco era sonar como ‘los Spiders From Mars versionando a Aaliyah’.

Así pasaron otro puñado de meses probando diversas técnicas de grabación y empleando un montón de instrumentos hasta que consiguieran dar con la tecla exacta. Primero grababan la batería y el bajo de manera conjunta, utilizando además por primera vez instrumentos de percusión electrónicos como cajas de ritmos, y cambiando la disposición de los elementos de la batería para conseguir una distribución diferente del sonido, incluso llegando a grabar pistas con una sola parte de la batería como el bombo o la caja. Para la percusión también serían frecuentes las panderetas y por supuesto, las palmas. Por otro lado, las líneas de bajo, tan sencillas pero indispensables en el disco, serían grabadas también con una guitarra barítono, consiguiendo proporcionarles un mayor músculo. Las guitarras también se grabarían por separado entre Jamie Cook y Alex Turner, utilizando diversos amplificadores entre los que destaca un antiguo amplificador Rickenbacker al que Alex llamó ‘the new black’, llegando a plantearse titular así el disco. Muchos de los riffs del álbum se compusieron además con la guitarra Vox de doce cuerdas que Alex adquirió después de grabar “Suck It And See”. A las guitarras, para las que emplearon también instrumentos como el arco electrónico o ebow, añadieron además acompañamientos mediante instrumentos tan variados como el orchestron, la celesta o el guitaret, consiguiendo dotarlas de mayor cuerpo. Por último, las voces también fueron grabadas por separado. Normalmente Alex grabaría la voz principal, que sería doblada, y después volvería a grabar otra pista en falsete una octava más alta, junto a Matt Helders que también grabaría otra pista en falsete y Nick O’Malley que haría lo contrario, grabar una pista una octava más baja.

De este cóctel instrumental al que se sumarían el productor Ross Orton y colaboradores como Josh Homme o el guitarrista Bill Ryder-Jones nacería “AM”, que vería la luz finalmente en septiembre de 2013, después de meses con un hype inconmensurable.

El culmen del sonido que querían conseguir con este trabajo se ejemplifica con “Do I Wanna Know?”, pieza que abre el disco y que, a día de hoy, ha desbancado cualquier éxito de sus anteriores discos. La canción se compone por un ritmo de batería que se mantiene estático durante toda su duración, al que pronto se suma un riff de guitarra lento, oscuro y terriblemente atractivo, acentuado por el bajo y sobre el que Alex canta amenazante junto a unos coros que recrean un juego de voces de pregunta y respuesta perfectos hasta fundir su voz con el riff en el estribillo, con ese “crawling back to you, ever thought of calling when you’ve had a few ‘cause I always do, maybe I’m too busy being yours to fall for somebody new, now I’ve thought it through” en el que se demuestra que las capacidades de Alex como letrista siguen siendo impecables.

Un disco muy heterogéneo pero con grandes altibajos

Lo importante ahora era conseguir el sonido que tenían en mente sin preocuparse demasiado por cómo lo transmitirían después en directo, eso sí, construyéndolo a partir de los instrumentos y de su propia voz.

Tras esta viene uno de los mayores problemas de este disco: el orden de canciones. Colocar “R U Mine?” como segundo tema rompe completamente el ritmo del LP debido a la similitud de su riff con la anterior y que a pesar de ser la culpable de introducir a los monos en esta nueva faceta (la canción se lanzó en 2012 como single y acabó siendo incluida en “AM”), habría quedado mucho mejor al final, sencillamente porque el resto del disco no está a la altura de estos dos primeros temas. Y es que esta es otra de las mejores canciones que los monos han escrito nunca, con un riff similar al de la anterior, pero mucho más veloz, en la que aún se encuentra presente la habitual verborrea de Mr. Turner, con otro estribillo redondo (“and I go crazy ‘cause here isn’t where I wanna be, and satisfaction feels like a distant memory, and I can’t help myself alright, all I wanna hear her say is ‘are you mine?’”) y un Matt Helders que vuelve a hacer gala de su maestría con la batería.

Estos dos temas ya se conocían antes de que el disco se lanzase al mercado, por lo que la sorpresa real viene con “One For The Road”, track que se abre con unos coros en falsete en los que participa Josh Homme, a los que pronto se suman un riff bastante pesado y una batería muy machacona sobre la que Alex vuelve a cantar sobre una relación a punto de romperse (“so we all go back to yours and you sit and talk to me on the floor, there’s no need to show me round baby I feel like I’ve been here before, I’ve been wondering whether later when you tell everybody to go, will you pour me one for the road?”). No es uno de los temas más destacables, aunque su videoclip es uno de los más recordados del grupo por razones obvias (Jamie Cook conduciendo un tractor).

Gran cantidad de influencias: Rock, pop, glam, hip-hop, R&B…

Las letras perdieron la ambigüedad de sus anteriores trabajos en pos de una mayor transparencia y narrativa acorde con la tónica del largo, que en general es menos íntimo y personal que sus predecesores.

Mucho mejor lo hace “Arabella”, más cercana al sonido R&B que la banda quería sacar en su estrofa, mientras que el estribillo se potencia con una guitarra que toma prestado el riff de “War Pigs” de Black Sabbath. Como el título indica, el tema habla sobre una mujer llamada Arabella, la cual es descrita a través de su vestimenta y sus rasgos físicos mediante diversas comparaciones y metáforas (“my days end best when the sunset gets itself behind that Little lady sitting on the passenger’s side, it’s much less picturesque without her catching the light, the horizon tries but it’s just not as kind in the eye as Arabella”). I Want It All” es el primer gran punto bajo del disco. Muy guitarrera, pero con un riff bastante simplón y repetitivo, la letra es divertida y desenfadada pero los coros constantes acaban haciéndose pesados; nunca entenderé por qué no entro “Stop The World I Wanna Get Off With You” en lugar de esta. “No. 1 Party Anthem” tampoco consigue remontar el vuelo, tratándose de una balada glam muy sosa, totalmente alejada del preciosismo y la delicadeza de las canciones de “Suck It And See”, rozando lo hortera y encima recordando excesivamente a “Last Night On Earth” de Green Day.

Mad Sounds” supone un mejor esfuerzo, recordando a “Pale Blue Eyes” de la Velvet, muy calmada, con un arpegio de guitarra y un acompañamiento de teclados muy simple pero efectivo, añadiendo al final unos “ooh-la-la-la” que le sientan de maravilla. Esta canción contaría con Pete Thomas a la batería puesto que Matt Helders tuvo un pequeño accidente con una pared y se rompió la mano durante la grabación. Fireside” propone una de las canciones más atípicas que los monos han escrito nunca. El ritmo y la guitarra acústica le dan un toque muy desértico, mientras que la letra, que nos pone a Alex recordando una antigua relación una vez más, le da un toque muy melancólico. La parte más sorprendente llega a mitad con la introducción del sintetizador, de forma muy discreta, algo que nunca habíamos visto utilizar a los monos. Es un tema bastante elegante y su perfecta ejecución da buen resultado, sin ser de lo más destacable del disco abre la puerta a otro posible camino que explorar en su sonido.

Un álbum que quiere decir mucho más de lo que acaba diciendo

«AM» es un disco que quiere decir mucho más de lo que acaba diciendo. Y eso es algo que ningún método de grabación o producción puede solucionar.

Why’d You Only Call Me When You’re High?”, el enésimo tema titulado con una pregunta retórica, es justo la canción en la que más se ve ese acercamiento de la banda al sonido R&B, teniendo una melodía muy pegadiza con diversos juegos de voces y un solo a base de frases de pregunta y respuesta entre dos guitarras que le sientan como un guante, siendo muy resultona en conjunto. El toque glam vuelve gracias al piano de “Snap Out Of It”, un tema que despide aroma pop por todos sus poros, con un ritmo muy machacón, otro estribillo rematademente adictivo (“I wanna grab both your shoulders and shake baby, snap out of it”) y los coros tan predominantes en el disco. Pero es “Knee Socks” la que finalmente combina este lado más pop y R&B del grupo gracias a una melodía de voz con un toque más sensual y oscuro (aunque sin llegar al extremo de “Do I Wanna Know?”) y a un puente con un desarrollo muy equilibrado en el que interviene Josh Homme para rematar la jugada. La letra describe una ruptura intercambiando el punto de vista de ambos miembros, centrándose especialmente en la chica, que está pasando una depresión, descrita mediante metáforas con elementos invernales (“when the winter’s in full swing and your dreams just aren’t coming true, ain’t it funny what you’ll do”).

Como tema para cerrar el disco tenemos “I Wanna Be Yours”, cuya letra pertenece a un poema de John Cooper Clarke, quien fue una de las mayores inspiraciones para Alex Turner en su juventud. En ella se emplea una caja de ritmos para la batería, sin mucho más que destacar, ya que es bastante soso y tampoco se acerca siquiera mínimamente a las grandes baladas del grupo, aunque la forma de Alex de remarcar las rimas y las aliteraciones le da cierta gracia.

Después de concluir la escucha de “AM” uno se da cuenta de cuánto cambiaron los monos con este disco. Alex proyecta su voz y juega con ella más que nunca, junto al resto del grupo, que casi destacan más por eso que por su aportación con su respectivo instrumento. Las letras perdieron la ambigüedad de sus anteriores trabajos en pos de una mayor transparencia y narrativa acorde con la tónica del largo, que en general es menos íntimo y personal que sus predecesores. Construir las canciones a partir del bajo y la batería hizo que ambos instrumentos viesen sus posibilidades muy reducidas, perdiendo las líneas tan originales que O’Malley suele marcarse y los cortes a toda pastilla en los que Helders siempre demuestra la gran bestia que es manejando las baquetas. Esto funciona a la perfección en algunas canciones, pero hace que el elepé pierda fuerza en conjunto. El esfuerzo que los de Sheffield pusieron en este álbum es muy meritorio, pero el resultado final no es lo que cabría esperar. ¿Conquistaron América, como decíamos al principio? Sí. ¿Consiguieron desmarcarse de la etiqueta ‘indie’? A efectos prácticos, rotundamente sí. No obstante, es un disco que ante todo quiere ser divertido, y en algunos momentos no lo es; y es un disco que quiere decir mucho más de lo que acaba diciendo. Y eso es algo que ningún método de grabación o producción puede solucionar.

Arctic Monkeys – AM

ARCTIC MONKEYS

7.2

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Los Arctic Monkeys cambiaron de tercio una vez más en 2013 con “AM”, un disco muy aclamado en el que se acercaron mucho más al sonido americano, añadiendo a su sonido rockero diversos elementos del hip-hop y el R&B, dando como resultado un disco muy heterogéneo, pero con grandes altibajos.

Up

  • Una vez más, no querer encasillarse, ir más allá, experimentar.
  • La gran cantidad de influencias que se perciben en el disco y que hacen suyas. Rock, pop, glam, hip-hop, R&B…
  • No es sólo que el disco contenga alguna de sus mejores canciones, es que consiguieron sacarse de la manga varios himnos que serán tan recordados como sus temas más emblemáticos de los primeros discos.
  • A nivel vocal el grupo hace un gran trabajo, ofreciendo algunos juegos de coros muy divertidos, de esos que te hacen sentirte como en un videoclip.

Down

  • El exceso de coros junto a los ritmos anodinos de batería y bajo hacen que el disco se vuelva pesado a veces.
  • Demasiados altibajos. Las baladas no se acercan ni por asomo a las de anteriores discos.
  • El orden de las canciones resulta muy anticlimático.
  • En general, no se puede decir que el cambio de estilo fuera a mejor. Tanto “Humbug” como “Suck It And See” ofrecían cosas más interesantes y mejor ejecutadas la mayoría de las veces.