Arctic Monkeys – Suck It And See

ARCTIC MONKEYS

El primero: el bombazo. El segundo: la confirmación. El tercero: el viraje perfecto. Viendo sus predecesores, el cuarto disco de Arctic Monkeys lo tenía crudo para seguir la trayectoria ascendente sin repetir jugada. Pero lo consiguió. ¿La receta para ello? Mirar al pasado, tomar influencias de los clásicos eternos del rock ‘n’ roll, seguir puliendo letras hasta alcanzar la excelencia y añadir alguna que otra balada perfecta para niquelar un catálogo de doce joyas coherentes y limpias que formarán este “Suck It And See”.

Y de ello, aunque ya lo sospechaba todo el mundo, hay un culpable principal. Alex Turner es el arquetipo de crooner moderno definitivo, con una chulería a lo Harry el Sucio o a lo Han Solo que nada tiene que ver con el postureo barato de la mayoría de ídolos masivos y divas contemporáneas. Es impostado, por supuesto, pero ese tupé, ese arrastre vocal y esa desgana lo convierten en una de las escasísimas estrellas del rock que mantienen viva la llama del rock tal y como se entendía en su época dorada. La música es lo importante, de acuerdo, pero el envoltorio es lo que nos termina de ganar.

Por otro lado, otro de los actores secundarios más dignos de mención en la gestación de este disco es Josh Homme, con el que ya habían trabajado en “Humbug”, y que les supuso entonces una influencia que marcó el camino a seguir para los de High Green. No obstante, a pesar de lo que a menudo se dice, ni mucho menos empezaron a sonar como unos Queens of the Stone Age juveniles. De hecho, lo que hizo Homme fundamentalmente fue insuflarles el amor por la lentitud. Y es que él parte de la premisa de que la maestría en los riffs pesados es incluso más difícil de conseguir que en los desquiciadamente rápidos (como los de sus inicios). Sin embargo, una vez alcanzada, pareció que los monos habían nacido para ello.

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Arctic Monkeys se sacuden la capa gris y pesada que se echaron a la espalda en su anterior disco, y aunque las revoluciones por minuto son prácticamente las mismas, hay matices que nos indican que este es más luminoso que «Humbug».

En las dos primeras canciones Arctic Monkeys se sacuden la capa gris y pesada que se echaron a la espalda en su anterior movimiento, y aunque las revoluciones por minuto son prácticamente las mismas, hay matices que nos indican que este es más luminoso que aquel, desde un cambio en la manera de cantar hasta lo blanco impoluto de su portada. Ese punteo del  comienzo deShe’s Thunderstorms o la melodía inmejorable deBlack Treacle, que la convierte sin duda en una de las más logradas del disco, auguran que aunque se trate del mismo fondo de rock, la aproximación al mismo va a ser diferente, con un punto retro y menos grave. Y es que uno de los grandes triunfos de este trabajo es la simplicidad de la que parte. Sin complicarse nunca, sin la producción barroca de la que sí presumirán en “AM” o la melancolía que impregnaba “Humbug”, consigue alcanzar las mismas cotas de excelencia por otro camino, el del rock sencillo y puro. Y de eso Brick by Brickes el prototipo idóneo. Caballos de potencia a raudales para convencer a propios y extraños son prácticamente la única baza del tema más atronador del disco. Por eso precisamente sorprende tras ellaThe Hellcat Spangled Shalalala, que es uno de los ejercicios más descaradamente pop de su colección. Pop no en su vertiente comercialoide y prefabricada a la que se asocia normalmente, sino como primo ligero del rock, menos ruidoso y más accesible.

El cuarto disco de Arctic Monkeys lo tenía crudo para seguir la trayectoria ascendente sin repetir jugada. Pero lo consiguió. ¿La receta para ello? Mirar al pasado, tomar influencias de los clásicos eternos del rock ‘n’ roll, seguir puliendo letras hasta alcanzar la excelencia y añadir alguna que otra balada perfecta.

PeroDon’t Sit Down Because I’ve Moved your Chair de nuevo percute fuerte en los tímpanos. De hecho, podría llegar a decirse que esto es lo más cerca del rock desértico  que los ingleses van a llegar a estar (al menos hasta el día de hoy). También es destacable el hecho de que Turner sea miembro de ese selecto grupo de personas capaces de tirarse media canción maullando «Uuuuh yeeeeh« sin quedar hortera. Rozar la línea del ridículo es algo que le encanta al de Sheffield, y sino que se lo digan a algunos de sus versos más disparatados: Kung fu fighting with your rollerskates, do the macarena in the devil’s lair”. Ese estilo surrealista pero extrañamente poético de sus letras lleva su firma y es, más allá del chiste inicial, otro de los principales argumentos por los que entronar a Turner como letrista genial. En otras ocasiones sin embargo uno se plantea hasta qué punto le dará importancia a las letras, y es queLibrary Pictureses tan rematadamente absurda que podrían ser una simple excusa para que el protagonista siga sacando a paseo su prodigiosa garganta. Toma cambio de rasante al minuto de canción: de balada sesentera de baile de promoción a detonación con cuenta atrás incluida. A partir de ahí, guitarrazos con buena dosis de distorsión para alicatar otro de los grandes tracks del LP. Y no hay descanso, pues All my Own Stunts añade aún más musculatura al núcleo del disco, probando por enésima vez la americanización progresiva de una banda que suena más grave y poderosa que en su adolescencia, aunque con la virtud de no haber perdido la energía de entonces.

Otro inicio a lo para-qué-quieres-guitarras-si-ya-canto-yo prende la mecha deReckless Serenadeque anticipa lo que posteriormente oiríamos en “AM”. Esta serenata desesperada, que hace justicia a su nombre, podría servir como tráiler del pop oscuro y con fondo de R&B sobre el que se cimentará el sucesor de este “Suck It And See”. Del futuro al pasado:Piledriver Waltz es una pieza reciclada del muy recomendable EP para la banda sonora de la película Submarine, firmado por Turner en solitario. Y eso se nota en la libertad y mimo con los que trata a la letra en esta ocasión, poniéndose más explícitamente romántico de lo que acostumbra. Con el rock como único estandarte y nexo de unión, se aprecia sin embargo una dualidad clara entre las dos mitades del mismo. En la primera, canciones potentes, con bien de testosterona y brío, y la batería de Matt Helders dirigiendo el cotarro. En la segunda, desde “Reckless Serenade”, el ambiente se torna más íntimo y los riffs ceden el protagonismo a las baladas. El ejemplo perfecto es Love is a Laserquest, especie de continuación de “Piledriver Waltz” más desgarradora aún, cuyos versos fundirían en un momento de debilidad al cabrón más duro: Do you look into the mirror to remind yourself you’re there, or has anybody else’s goodnight kisses got that covered?.

Como ya les ocurriera en “Humbug”, este no es un álbum que entre a la primera. No se atraganta en absoluto, pero sí que madura tras cada oída.

Es sin dudaSuck It And See la que mejor pone en un lado de la balanza el rock seco de la primera mitad y en el otro el toque melancólico de la segunda, para dar con la canción definitiva del disco. También podría hablar de su letra (¿de cuál no?), pero basta decir que Turner miente cuando dice que no pudo cogerle el punto a la poesía. Y con That’s Where You’re Wrongllegamos al final de los 40 minutos del trabajo, con un ligero retorno al rock más clásico de unas cuantas canciones atrás, y un cierre de perfil un tanto bajo en comparación con el listón global de todo lo anterior.

Sin embargo, aunque a estas alturas uno podría pensar que tras una primera escucha del disco ya estaría con el corazón encogido y a los pies de los Arctic, lo cierto es que, como ya les ocurriera en el maravilloso “Humbug”, este no es un álbum que entre a la primera. No se atraganta en absoluto, pero sí que madura tras cada oída. Tanto la segunda como la quincuagésima vez que se escucha este disco se descubren matices, se profundiza en las letras, o simplemente se disfruta in crescendo de todas y cada una de sus canciones. Probablemente esa necesidad de darle tiempo sea una de las razones por las que de tener que elegir uno favorito, una gran mayoría de fans se decantaría por su debut, si son más antiguos, o por “AM”, si son más recientes, y este “Suck It And See” haya quedado injustamente relegado a un segundo plano, como ya le ocurriera a su predecesor.

Toda esta reseña es un esfuerzo más o menos vano para tratar de rendir un humilde homenaje a uno de los mejores discos que nos ha dejado este joven siglo. Pero en el fondo, lo único que se puede decir verdaderamente útil de él ya te lo han dicho al inicio de este artículo los propios Arctic Monkeys. Concretamente en su portada:

«Pruébalo a ver”.

Arctic Monkeys – Suck It And See

ARCTIC MONKEYS

9.1 HOT RECORD

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El trono del indie rock mundial tiene desde hace años unos ocupantes tan fijos como merecidos. En su cuarto disco Arctic Monkeys ahondan en el rock reflexivo de su predecesor, esta vez a través de un prisma más luminoso, para seguir con su reinado.

Up

  • La bipolaridad entre su comienzo y su final, con rock de mayor tonelaje en una cara y baladas grandiosas en la otra.
  • Más accesible, sencillo y divertido que “Humbug”. Aunque sin su profundidad, igual de redondo y sin relleno.
  • Las letras de Turner, poesía del siglo XXI.

Down

  • Ninguna de las canciones por sí sola ha perdurado entre las más emblemáticas del grupo.
  • La portada. Lo del “White Album” ya lo hicieron cuatro tipos de Liverpool cuarenta y pico años antes.

3 Comentarios

  1. Es la primera vez que estoy en desacuerdo con esta página. «Suck It And See». No digo que el disco sea una porquería, pero no me cabe dudas que es un bajón. Claro que mientras más lo escuches, más te gusta. Pero es distinto a que algo este dulce, a que sea de buena calidad. Este disco tiene canciones que entretienen, pero, como bien se ha mencionado, ninguna ha perdurado… ¿Por qué? Bueno, pues en realidad no dicen nada realmente muy interesante. Tiene buenos ritmos, y sí, hay influencias claras con referencias a la cultura pop y mucho, pero el álbum llega a caer en monotonía. Un sonido gris y dulce a la vez, pero confuso y empalagoso. Me sorprende que digan que es su mejor disco, y que es un ascenso. Me parece que las letras no han «mejorado» mucho que digamos, y tampoco el «empleo» de los instrumentos por parte de cada uno sea «mejor» que en los álbumes interiores. Sinceramente me gusta este álbum, lo escucho de corrido. Pero tengo que aceptar que me parece algo superfluo, hasta algo irrelevante. Destaco personalmente la segunda mitad (6-12), en donde me parecen más decididos, claros y concisos. Sin embargo, no es , para mí, un álbum totalmente gratificante. Puedo sentirme identificado con algunas canciones, pero en un modo menos atrayente que en los anteriores álbumes.

    P.D.: La portada es criticada también, inclusive ha estado en listas de las peores portadas, pero no me parece la verdad tan malo. El título en medio, con esa frase tan arrogante, es Arctic Monkeys. 😉

    • Dices que las canciones no han perdurado porque no dicen nada interesante, en mi opinión simplemente no han sido tan pegadizas como las de AM o las de su debut, pero considero el disco es más completo que aquellos, más logrado como conjunto. Es cierto que tiene algo de «superfluo» al compararlo con Humbug, pero en esa ligereza creo que reside su gracia. Y te compro el argumento de la portada.

      Gracias por el comentario en cualquier caso!!

  2. Sin duda el peor disco de AM, o «el menos bueno», mejor dicho. El más popero y empalagoso de todos.

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