¡Quién hubiese podido disfrutar de La Movida!”. Ése es el pensamiento tan generalizado que hace más grande el mito cada vez que se repite; un cliché que nos evoca de forma romántica un Madrid activo y repleto de actividades culturales en cada esquina, moderno, rompedor y vanguardista, con una juventud volcada y una edad madura convencida por las formas del Alcalde Tierno Galván. Y nosotros, en pleno 2016, rodeados de bares de pachangueo en cuyos soundtracks se alternan Enrique Iglesias y Justin Bieber. ¿Dónde queda la Movida?

Sin embargo, antes de que el sueño se transformase en mito y el mito en creencia generalizada, un simple vistazo a las listas de ventas y de éxitos de aquellos años nos devuelven a la realidad, en unos charts comandados por Los Pecos, Camilo Sesto, Rocío Jurado, Miguel Bosé, Donna Summer o un jovencísimo Luis Miguel. Lo que sí es cierto, es que las diez o doce calles que conformaron la Movida, trajeron un soplo de aire fresco a una España orgullosa de una música melódica y ligera que nunca ha llegado a apagarse; pues a día de hoy sigue arrasando en cifras, especialmente en fechas navideñas. La magia que emanó de aquellos chavales que ardían por expresarse, a pesar de que apenas sabían hacer tocar una guitarra, ha sido comparada con grandes movimientos de la música europea como el de la eclosión del punk en el Londres marginal de mediados de los 70. La juventud había vivido demasiado tiempo sumergida bajo la rigidez de un régimen caduco y lleno de grietas que apenas podían tapar lo que ocurría por encima de los Pirineos, y los 80 fueron una reafirmación de una generación que se sacudió contra la etiqueta de ‘generación perdida’ que se le imponía por su carácter naif y hedonista, en detrimento de la casta luchadora y reivindicativa de quienes nacieron diez años antes y se emplearon en otorgar a España un futuro mejor. Del movimiento formaron parte unos pocos, y no una sociedad entera como se ha pretendido mitificar después en un deporte tan propio de nuestro país como es el de ‘subirse al carro’, pero quienes lo hicieron, consiguieron que la música nacional, y las posibilidades que daba a la juventud, dieran un salto de décadas de retraso para situarse en primer línea.

Treinta y cinco años después, y con el mito más de moda que nunca, hay quienes siguen dando guerra, y tratando de reinventarse. Alaska fue una de aqudllas chicas que no parecía llevar la música ni el ritmo en sus genes, pero que tenía algo; un aura de la que sólo disponen los grandes. Con pronunciados altibajos en lo que a éxito comercial se refiere, sus apariciones en televisión y su etiqueta de personaje público la han situado de nuevo en la ola, en la cresta del movimiento madrileño que goza de un buen estado de forma. Sin embargo, y por desgracia, este buen estado de forma en cuanto a popularidad no se traduce en una recuperación de la Alaska más rompedora, ni transgresiva ni contracultural. Evidentemente, se da por sentado que una mujer de cincuenta y dos años no va a retomar aquellos tiempos en los que deseaba “ser un bote de Colón y salir anunciado por la televisión”, ni en los que relataba la aparición de una muchacha descuartizada en un supermercado. Pero se echan en falta piezas maduras y frescas que se encontraron a lo largo de su etapa en Dinarama como “Perlas Ensangrentadas” o “Ni Tú Ni Nadie” o de la etapa en la que Fangoria vivió bajo la producción de Carlos Jean, como “No Sé Qué Me Das” o “Retorciendo Palabras”. Y es que el gallego, que ha demostrado ser capaz de lo mejor en su etapa junto a Najwa Nimri, o como productor de Zahara, Nena Daconte o Second, y también de lo más casposo en sus repetidas sobreactuaciones en “El Hormiguero” buscando de forma completamente artificial manufacturar un producto de EDM made in Spain, consiguió sacar lo mejor de Alaska y Canut en los últimos veinticinco años.

Y es que desde que se publicase el excelente “Arquitectura Efímera” han transcurrido ya doce largos años, en los que cada vez nos presentan temas más insípidos e insustanciales, empezando por los singles que en algunos casos, recordemos “Criticar Por Criticar”, parecen canciones hechas para actuar en el programa de Ana Rosa, o su versión contemporánea. “Canciones Para Robots Románticos” es continuista con esa caída libre, y representa otro paso atrás con respecto al tedioso y disfrazado de cultureta “Cuatricomía”. A pesar de contar con algún corte en el que Fangoria recuerdan en algún aspecto por qué han sobrevivido durante 35 años como los reyes de La Movida, por lo general es un disco vacío, que a veces roza lo cutre con producciones más cercanas a las makineras canciones del verano de los 90 (“Duro De Pelar”, “Ella”…) que a esa vanguardia del techno que pretenden representar.

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“Canciones Para Robots Románticos” es continuista con esa caída libre, y representa otro paso atrás con respecto al tedioso y disfrazado de cultureta “Cuatricomía”.

De entrada, “Disco Sally” se presenta como un candidato claro a futuro single. Es una canción diferente si tenemos en cuenta que nos esperan cuarenta minutos de ritmos machacones y con escasa variedad. Al menos aquí la melodía está a la altura de las circunstancias. Si bien es verdad que en álbumes como “Arquitectura Efimera” o “Naturaleza Muerta” este tema hubiese sido uno del montón, aquí es uno de los dos o tres mejores con absoluta diferencia. El teclado lleva el peso de un tema hecho alrededor de unos coros que serán bien utilizados en los directos para crear una atmósfera que les conecte al público. ¡Qué decir de “Geometría Polisentimental”! Da la sensación de que es el mismo primer single que llevan sacando Fangoria desde 2007. Ritmo prediseñado por ordenador, como en “Dramas Y Comedias” o “Desfachatez”, un poco de techno de radiofórmula, y palabras aparentemente extrañas para dar la impresión de estar mucho más cerca de OMD que de Raffaela Carrá. El problema es que no es verdad, y que detrás de las múltiples figuras, que si cuadrados, que si triángulos ideales, no hay ninguna metáfora; solamente una letra muy a lo Miguel Bosé. Dice Nach en una letra que en este mundo “podrás vender un calcetín a precio de oro si encuentras el modo”. Pues eso.

Ni siquiera la canción aparentemente más transgresiva consigue funcionar. “Fiesta En El Infierno” trata de ser rupturista, pero su filosofía postmoderna del Mayo del 68 no resulta creíble. Como si de un tema de los primeros Aviador Dro se tratase, una voz masculina y moralista difunde un nihilismo nietzscheano contra el amor: ¡El amor es una construcción burguesa! ¡Una invención medieval! ¡Un cuento de hadas desquiciado! ¡Nunca más volver a creer en una fantasía tan venerante!”. Todo esto entre aclamaciones y aplausos que bajo la base makinera parecen salir de una rave. Es decir, que parece como si a Chimo Bayo se le hubiese ido la cabeza en plena sesión de la Ruta del Bakalao y hubiera empezado a despotricar contra las convenciones sociales. Sin embargo, suena a pataleta y a fachada en un grupo que en los últimos años ha crecido a partir de la venta televisiva de su imagen, y que en la actualidad puede catalogarse de cualquier cosa menos de punkie. “Iluminados” es otra canción para el olvido. Más de lo mismo: techno tan básico que parece hecho con un programa gratuito para quienes se están iniciando en la composición de música electrónica, y momentos de ‘subidón’ tan trillados que a su lado un tema de Calvin Harris suena rompedor y único. Con “Manual De Decoración Para Personas Abandonadas” llega el primer momento, que no el último, que da claramente vergüenza ajena. De nuevo la retórica pretende presentarse como algo elaborado y complejo para no decir en verdad nada. Más techno machacón e intentos de explosiones rompepistas que no es lo suyo.

Por lo general es un disco vacío, que a veces roza lo cutre con producciones más cercanas a las makineras canciones del verano de los 90 (“Duro De Pelar”, “Ella”…) que a esa vanguardia del techno que pretenden representar.

Voluntad De Resistir” es la canción que les ha enfrentado con algunos de los movimientos sociales más activistas de nuestro país en los últimos días, por sus críticas a quienes se tumban esperando recibir una ayuda y eluden responsabilidades bajo un discurso victimista, en lugar de luchar por uno mismo. El tema vuelve a apostar por unas bases obsoletas desde mediados de los 90, pero de forma irónica éste es el tema más arriesgado del disco, pues de todos es sabido que en la cultura española es mucho más fácil situarse en unas posturas ideológicas que en otras. El tiempo dirá si les pasa factura. El segundo momento que da verdadera vergüenza aparece en “La Marisabidilla, El Escorpión Y La Que Quita La Ilusión”. Los efectos de eco son muy pobres y no tienen sentido alguno, pero cualquier precariedad musical queda eclipsada por el estribillo “Y ahora llega el escorpión que te clava el aguijón, y la marisabidilla que siempre tiene razón”. Y yo que pensaba que lo de que no había marcha en Nueva York porque los jamones son de York era insuperable…

Uno de los escasos buenos momentos del álbum llega con “La Nostalgia Es Una Droga”. El estribillo parece llevarnos a una rave, y remite a quienes crean de la nostalgia y la melancolía una forma de vida, de compadecerse a ellos mismos. Aquí, por primera vez después de ocho cortes, la apuesta por lo makinero les sale bien, y no suena forzado, casposo ni anticuado. “Mentiras De Folletín” empieza bien con una base más minimalista, pero no tarda en perderse en una ornamentación que no dista mucho de la música de gasolinera.

“Canciones Para Robots Románticos” es otro traspiés de un dúo que parece agotado, y que camina hacia atrás en un género que admite el homenaje y la nostalgia, pero no la regresión.

El tercer buen momento de “Canciones Para Robots Románticos” llega con “Delirios De Un Androide Cardado”, una de las mejores composiciones de Fangoria, por no decir la mejor, de la última década. En ella coquetean con el dubstep, de forma tan inesperada como impecable. Además, la utilización del xilófono le aporta un matiz inocente y terrorífico a un tema oscuro, enérgico, y extraño. Y uno se pregunta llegado a este punto, si son capaces de innovar de esta manera, de hacer cosas que jamás se han hecho en el pop patrio, por qué el noventa por cierto del disco consiste en ritmos machacones hechos por ordenador. Sin embargo, la sorpresa no dura mucho, pues en “La Procesión Va Por Dentro”, aunque se mantiene la oscuridad, vuelven a la dinámica del resto del álbum. No obstante, en comparación con otros temas, éste al menos tiene cierta variedad en lo que a las bases se refiere.

Se despiden hasta dentro de un tiempo con “Larga Vida Y Prosperidad”, otra errática composición de un technopop con pretensiones que a pesar de su aparente oscuridad se acerca bastante más a “Soy Yo” de Marta Sánchez que a The Cure.

Decepciona y mucho el regreso de Fangoria, que parecen haber llegado a un punto de no retorno, y que se pierden en una producción francamente olvidable. No se acaba de comprender el objetivo de este álbum, pues para ser un superventas con un sonido tan zafio debió haberse publicado en 1997. Tampoco se entiende como un regreso triunfal de los que fueron reyes del inicio de la inquietud musical española, pues el producto suena frío, forzado y sin apenas elementos que den muestras de que esa inquietud sigue existiendo. No hay adonde agarrarse. “Canciones Para Robots Románticos” es otro traspiés de un dúo que parece agotado, y que camina hacia atrás en un género que admite el homenaje y la nostalgia, pero no la regresión. Sus pretensiones vanguardistas quedan bastante perjudicadas cuando el producto recuerda a algunos de los one-hit wonders de los veranos de los 90 en repetidas ocasiones, y es que la Alaska que convirtió a la movida en mito es la de “Perlas Ensangrentadas”, e incluso la de “Miro La Vida Pasar”. La Alaska de hoy en el pasado hubiese desaparecido como Objetivo Birmania, El Norte y tantos otros.

Fangoria – Canciones Para Robots Románticos

FANGORIA

4.0 CREEPY RECORD

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Fangoria han regresado con “Canciones Para Robots Románticos”, un traspiés considerable en el que todo parece hecho con desgana. Las letras, a menudo enigmáticas pero vacías de contenido, no consiguen ocultar que la producción ni siquiera hubiese sido aceptable para un álbum publicado a mediados de los 90.

Up

  • Nuevo disco significa nueva gira, y por tanto nueva posibilidad de disfrutar de sus clásicos en directo, aunque para ello haya que tragarse algunos bodrios de este álbum.
  • El momento en el que coquetean con el dubstep hacen algo completamente novedoso y eléctrico.

Down

  • La producción parece sacada de los ambientes menos selectos de la Ruta del Bakalao.
  • Algunos samplers hubiesen sonado obsoletos incluso a mediados de los noventa.
  • Ni siquiera el single es acertado.