MUCHO – Pidiendo en las puertas del infierno

MUCHO

El factor sorpresa es algo que encuentro decisivo en la música. Ese aspecto que te para y te llama la atención como dándote una bofetada. Y es que, algo así es cuando escuchas a un grupo que se etiquetan como “la sociedad ilustrada de lo cósmico”.

Hablamos de Mucho, grupo toledano que ya tiene un rodaje importante. Todo empezó en 2011, cuando decidieron autoeditar su álbum debut “Mucho” con un sonido basado en el indie rock ajustado a los parámetros habituales que te encuentras en la escena, donde destacaba esa parte vocal rasgada tan característica que experimentaría una interesante evolución en “El Apocalipsis Según Mucho”, segundo álbum de la banda y el primero que publicaban bajo el ala de Marxophone, en el que seguían una estética similar a su trabajo anterior.

Va a ser con la llegada de este Pidiendo en las Puertas del Infierno donde Mucho sienten la cabeza, pero haciendo gala de ese toque de rebeldía y fanfarronería del que fueron fardando en su producción anterior.

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Mucho han puesto las cartas sobre la mesa con melodías que primero te envuelven y luego empiezan a golpearte por todos los ángulos para dejarte en éxtasis y con ganas de más.

El piano que abre “El León de Tres Cabezas” ya nos da la bienvenida a un nuevo camino tomado por la banda. Ese estribillo de sintetizadores hace evocar una esencia muy ochentera, y ese “Jesucristo, Superman y Maradona se funden en un gran abrazo y ríen desencajados” termina de elevarnos en una escena que invita a escuchar la canción con los ojos cerrados dejándose llevar despacio a “Las Puertas del Infierno”. Sintetizadores que funcionan de cimentación y ese silencio del principio en el que entra la batería, ese estribillo de tonos vocales altos y ese cierre con el juego solo de guitarra-sintetizador van proporcionando un toque realmente especial a este segundo corte.

Con un estilo similar pero con una melodía principal más contundente llegamos a “Fue”, del que hay que destacar la segunda mitad cuando disminuye la intensidad y se da paso al piano y a una batería tan fácil de seguir. “Los Amantes No Olvidan” funciona como ese canto a la desesperación que siempre es de agradecer en álbumes como este. “Los fracasos ya no me ayudan a aprender” o “Haz conmigo lo que quieras” que se conjugan con una melodía sencilla y efectiva de sintetizadores radio-friendly ochenteros logran transmitir ese carácter frágil que Mucho posee. “Nuevas Ruinas” consigue dejar atrás la tensión melódica y lo denso de los cortes anteriores en un compendio de sonidos de carácter disco con sintetizadores claros y parte vocal en los versos que juega al falsete que hace que evoquemos a unos Bee Gees con la melenita recogida en un moderno man bun y sustituyendo los pantalones de campana por unos pitillos, una estética muy hipster en definitiva. Los tonos altos y las referencias al infierno se mantienen en “La Velocidad”, con una melodía densa pero que vive momentos de ligereza en los momentos previos al estribillo y que acaba estallando en una hermosa progresión con la que cierra y apaga.

Juegan a coger los sintetizadores que tanto se han usado en el indie actual para transfigurarlos y conseguir un sonido grandilocuente que hace pensar que nos encontramos ante un grupo que aún tiene mucho que dar.

Las revoluciones bajan en el necesario momento de reflexión e introspección de todo buen álbum de rock, y el encargado para ello no es otro que “Perro Negro S.L.”. Un track que empieza con un piano delicado y sobre el que recaerá, conforme avance el tema, el peso de una batería que no busca eclipsar y un juego de sintetizadores que resultan oníricos hacia final del corte. “Sucumbe el Universo” recoge el testigo a la perfección hilando con delicadeza y manteniendo una misma estética para romper con ella al primer verso: “¿Por qué la mierda se viste de oro?”. Esta sentencia servirá como pretexto para dar entrada a un tema que suena gamberro, pero que en los estribillos experimenta una metamorfosis que hace a uno elevarse, metafóricamente al menos. Llegados a este punto, nos damos cuenta de que esta insistente renovación en el interior de los temas es una constante en este nuevo trabajo de Mucho. El cierre con “Reunión de Pastores, Ovejas Muertas” es muestra de lo que digo, porque lo que parecía un cierre tranquilo, de tintes folk y guitarra acústica, acaba por ir subiendo revoluciones paulatinamente y pasar de un cierre a un nuevo comienzo, un corte con el que vuelven a dejarnos con ganas de más. Esto no es una despedida, no es un ‘adiós’ ni un ‘hasta luego’, es un ‘vuelve a la casilla de salida’, algo que uno hace encantado tras ver de lo que han hecho gala Mucho.

¿Y de qué han hecho gala? De que son capaces de crear un disco cuyo carácter melódico evoca atemporalidad. Consiguen jugar con los sonidos que han ido marcando su carrera de tal forma que al introducir ese ingrediente nuevo que es la producción musical basada en sintetizadores no quede como un agente extraño, sino que entre en una interesante comunión con lo anterior y lo nuevo, una evolución lógica. Uno se da cuenta que al dejar de lado los sonidos que marcan el mainstream actual y basarse en los sintetizadores tan ridículamente pegadizos y ochenteros se le infiere al álbum ese carácter que te permite escucharlo en cualquier momento y no sentirte anclado al año en el que se produjo.

Por lo demás y a modo de resumen, podemos decir que Mucho han puesto las cartas sobre la mesa con melodías que primero te envuelven y luego empiezan a golpearte por todos los ángulos para dejarte en éxtasis y con ganas de más. Juegan a coger los sintetizadores que tanto se han usado en el indie actual para transfigurarlos y conseguir un sonido grandilocuente que hace pensar que nos encontramos ante un grupo que aún tiene mucho que dar.

MUCHO – Pidiendo en las puertas del infierno

MUCHO

8.1

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Mucho vuelven a la carga con un álbum en el que han sabido recoger la madurez y los mejores momentos de su producción rockera para atribuirla de un carácter muy 80’s a golpe de sintetizadores y teclados que buscan embaucar al oyente e introducirlo en su mundo de baile, crítica y fanfarronería.

Up

  • El trabajo de sintetizadores del álbum y como máximo ejemplo “Las Puertas del Infierno” con su tempo tan agradable y digerible.
  • La voz rasgada, que han sabido potenciar y exprimir al máximo.

Down

  • Con una estética global tan parecida, a veces se tiende a encontrar momentos en los que cuesta digerir un tema por la similitud con sus predecesores.
  • El orden de las pistas. Hay cortes que tienen un cierre tan apoteósico que me disgusta que esa sensación de éxtasis se pierda con el comienzo del siguiente.