Aquello del ‘difícil segundo álbum’ se encuentra lejos de ser un tópico recurrente en la prensa musical. Cuando uno ha sorprendido a crítica y ha llamado la atención de un público más o menos grande, las expectativas pueden traducirse en una presión insoportable. Creo que eso es lo que puede haberles pasado a DIIV. Su “Oshin” fue una de las grandes apuestas de futuro de Captured Tracks en 2012. La verdad es que los neoyorquinos sonaban de maravilla: guitarras de cristal, interesantes progresiones instrumentales, brillante atrezzo dream pop que envolvían solventes temas de post-punk… uno de los estrenos del año, sin duda. Lo cierto es que todos los peros se dirigían a una segunda cara que almacenaba algunas composiciones que olían demasiado a relleno, haciendo de su primera referencia un debut notable, cuando podría haber optado a la matrícula de honor.

Lamentablemente, al menos para mí, que esperaba mucho más de los norteamericanos, DIIV no han sabido corregir errores del pasado y ofrecen un segundo largo que no progresa en las virtudes de “Oshin” y sí acrecienta los vicios del mismo. Demasiadas canciones demasiado largas, demasiadas referencias demasiado obvias y, sobre todo, demasiado tiempo entre ambos trabajos. Con tan sólo dos discos en su haber, DIIV corren el riesgo de empezar a ser excesivamente predecibles y cansinos. Y la verdad es que han tenido tiempo de sobra para pensar bien el producto que querían ofrecer, quitar y poner, hacer y deshacer a su antojo. Un tiempo que, cuando eres novel, siempre corre en tu contra, ya que el público necesita otro disco que renueve las buenas sensaciones del debut y termine de convencer a los menos entusiasmados con tu propuesta. Al final, casi cuatro años después, cuando el tirón de “Oshin” se ha más que diluido entre la infinitud de bandas emergentes, parece que DIIV han querido compensar la espera incorporando a “Is the Is Are” más tracks de los necesarios.

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DIIV no han sabido corregir errores del pasado y ofrecen un segundo largo que no progresa en las virtudes de “Oshin” y sí acrecienta los vicios del mismo. Demasiadas canciones demasiado largas, demasiadas referencias demasiado obvias y, sobre todo, demasiado tiempo entre ambos trabajos.

Quizá la explicación podamos encontrarla en los diferentes escándalos que han acompañado al nombre de la banda los últimos años. Comentarios racistas y sexistas en las redes por parte del bajista, denuncias de acoso sexual a su representante, o el arresto del vocalista, Zachary Cole Smith, y su novia, la modelo y cantante Sky Ferreira, por posesión de estupefacientes. Con tantas distracciones, es entendible un resultado tan ‘regulero’.

Out of Mind” abre el disco de manera excepcional. De nuevo ese post-punk sofisticado que no quiere deprimirte. Las guitarras cristalinas que se enzarzan de manera juguetona con el bajo hacen que sintamos que el tema llegaría a funcionar igual de bien aunque Zachary decidiese no cantar y dejar que sean los instrumentos quienes hablen. Consiguen encadenarlo a uno de los grandes temazos del álbum, que los hay. “Under the Sun” transmite con tan sólo dos acordes y un ritmo repetitivo toda la luminosidad que su título sugiere. Casi cuatro minutos, que nos dejan con ganas de más, una sensación poco frecuente en “Is the Is Are” (ya me daréis la razón cuando lleguéis a “Napa”).

Cuando el tirón de “Oshin” se ha diluido entre la infinitud de bandas emergentes, parece que DIIV han querido compensar la espera incorporando más tracks de los necesarios.

Bent (Roi’s Song)” evidencia la irregularidad del LP. De todas formas, el bajón no es exagerado. Se trata de la primera pieza del disco en la que su indie se aleja del dream pop para sumergirse en la oscuridad del indie más noise de los Sonic Youth del “Daydream Nation”. Otra muestra de estos DIIV más densos y huraños lo representa “Mire (Grant’s Song)”, algo más experimental y donde, a pesar del evidente homenaje a los años noventa, dan muestras de una dimensión atrayente de su música. No obstante, no siempre ganan en su apuesta por el noise: temas como “Dust” o “Incarnate Devil”, que repiten los mismos esquemas y no aportan demasiado, ejemplifican este punto. Dopamine” fue el tema que rompió el silencio tras tres años sin noticias de los neoyorquinos. Ante un adelanto tan potente y fresco las expectativas se elevaron a una altura considerable. El apartado lírico, incluso daba visos de madurez, con Zachary rindiendo cuentas de su adicción a las drogas. Un evocador temazo, casi kraut, que tratan de repetir hacia el final con la melódica “Loose Ends” cuando, tras casi una hora de elepé, ya no está el horno para bollos, pero lo cierto es que, aunque no tan genial, es bastante resultona.

A estas alturas ya es bastante evidente el trastorno bipolar de DIIV que alterna una faceta brillante y popera con otra más ruidista y opaca. Para esta última siempre tratan de homenajear a Sonic Youth; el homenaje roza la parodia en “Blue Boredom”. Sea como fuere, es imposible no acordarse de Kim Gordon cuando Sky Ferreira se une a la banda de su novio para prestar su voz a este track. Entre los extremos anteriormente citados, casi en la cuerda floja, transitan temas como “Valentine” o “Waste Breath” que cumplen con lo justito, combinando sin esfuerzo sendas caras de DIIV.

“Is the Is Are” atesora un número razonablemente alto de motivos para seguir confiando en que DIIV remonten el vuelo. Al final, el talento sigue ahí, todo parece explicarse por una sucesión de fallos comerciales.

En la parte media de la tabla tenemos a los DIIV asentados en la zona de confort que supone “Oshin”. En este sentido, podemos citar a “Take Your Time”, pero sobre todo a la homónima “Is the Is Are” como ejemplos de esa banda que conocimos hace cuatro años, cuyo dream pop y post-punk caminaba por terrenos peligrosamente cercanos a la psicodelia. Al llegar a “(Fuck)” , un interludio instrumental de menos de veinte segundos, seguramente estemos pidiendo la hora al árbitro. “Healthy Moon” y las canciones que la siguen acaban resultando demasiado intrascendentes y no justifican el no haber dado por concluido el disco todavía. El relleno se hará mucho más visible precisamente cuando “Is the Is Are” está dando sus últimos coletazos, una decisión nada inteligente y que contribuyen a que uno se pregunte qué hace todavía escuchando lo último de DIIV si no dejan de ofrecerle lo mismo una y otra vez.

Pese a la nota y el tono más o menos negativo de algunos comentarios de esta reseña, “Is the Is Are” atesora un número razonablemente alto de motivos para seguir confiando en que DIIV remonten el vuelo. Al final, el talento sigue ahí, todo parece explicarse por una sucesión de fallos comerciales: la larga espera, la innecesaria duración del álbum, el orden de las pistas a lo largo del trabajo… Esperemos que la próxima vez decidan volver cuando tengan suficiente material decente. Y si no, siempre es mejor sacar un EP exquisito en lugar de un LP mediocre.

DIIV – Is The Is Are

DIIV

5.8

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“Oshin” dejó un excelente sabor de boca a crítica y público en 2012. DIIV han esperado demasiado para lanzar la continuación de aquel debut. Lo hacen con una colección excesiva de canciones cuyo resultado final no hace honor a lo que el grupo es capaz de ofrecer.

Up

  • Los singles dejan claro que son capaces de mucho más que la mayoría de sus competidores si se lo proponen.
  • Aunque sus mejores momentos provengan de su faceta más pop y luminosa, la profundización en un sonido más oscuro les abre un nuevo camino.

Down

  • Nadie había pedido tantos temas, la cantidad de relleno salta a la vista desde la primera escucha.
  • Tras casi cuatro años, parece que no han cambiado muchas cosas.
  • Da la sensación que han querido compensar la espera con una cantidad mayor de temas descuidando la estética del producto.

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