Arctic Monkeys

Arctic Monkeys –
Humbug

Los Arctic Monkeys dieron una vuelta de tuerca a su sonido con Humbug, su tercer álbum de estudio publicado en 2009. En él, los ritmos tan acelerados de sus anteriores trabajos se rebajaron en pos de un mayor desarrollo de las melodías y una mayor riqueza instrumental, logrando crear una atmósfera oscura pero, al mismo tiempo, terriblemente adictiva.

Imagina que con veintidós años ya has alcanzado un éxito mucho mayor del que jamás hubieses sido capaz de vislumbrar. Un día te montas un grupo con un puñado de amigos para pasar el rato y a lo que te quieres dar cuenta estás compartiendo galas de premios con gente de la categoría de Thom Yorke, vendiendo discos como churros en plena era de Internet y siendo cabeza de cartel de uno de los festivales más grandes del mundo. ¿Casualidad? ¿Talento? ¿Hype propiciado por la prensa? Nadie, ni siquiera tú, puede ni sabe responder a eso. O quizás sí. El camino ya lo has abierto y no hay marcha atrás, así que te toca decidir cuál es tu respuesta.

Las opciones son simples: estirar el chicle de manera más o menos acertada esperando recibir una respuesta similar por parte de tu público y así mantener el mismo estatus dentro de lo posible o, en cambio, intentar ir más allá, tratar de reinventarte y arriesgar. Los resultados posibles también se reducen a dos, independientemente de tu elección: dejar claro que tan sólo fuiste un hype puntual sin un futuro lejano, dispuesto a vivir de tu momento de gloria toda la vida, o, por el contrario, realzarte como una figura incomparable, valiosa, eterna. Siendo consciente de que sea cual sea el resultado, sólo será responsabilidad tuya, decides arriesgar. Y ganas.

Un paso de gigante

Humbug no fue un álbum tan diferente como se quiso hacer creer en su momento. Sí es un disco dominado por una atmósfera oscura que no había tenido tanta presencia antes, pero ya se podía percibir en algunos temas de Favourite Worst Nightmare (2007).

Después de publicar su segundo disco y realizar la gira correspondiente, Arctic Monkeys, los cuatro de Sheffield, decidieron tomarse un pequeño descanso. Alex Turner aprovechó el momento y se fue con su amigo y colaborador habitual Miles Kane para grabar un disco juntos, dando forma a The Last Shadow Puppets. Ese disco fue The Age of the Understatement (2008) y, con él, Alex llevó sus habilidades y virtudes como músico y letrista mucho más allá de lo que había conseguido hasta el momento. Esto repercutió de tal manera que, cuando volvió a reunirse con los monos para grabar Humbug, el que en definitiva sería su tercer álbum de estudio, la cosa no funcionaba. Las canciones rápidas de riffs contundentes y pegadizos ya no decían nada al frontman del grupo, por lo que el material que compusieron quedó –a priori– totalmente descartado, explicando que necesitaban meditar mejor el rumbo que querían tomar.

Así, el camino que los Arctic Monkeys habían seguido hasta el momento se torció poco a poco, grabando un puñado de canciones más pausadas, con una melodía más desarrollada. Entonces enviaron esas canciones a Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age y fan declarado de la banda, por sugerencia de Laurence Bell (miembro de Domino Records, el sello discográfico del grupo). Homme aceptó encantado, contactó con ellos y les propuso viajar con él a su famoso estudio, el Rancho de la Luna, situado en el desierto de Mojave (California).

Allí pasaron varias semanas retorciendo las canciones ya esbozadas, escribiendo nuevas piezas (Alex tuvo que reescribir muchas letras debido a que durante el proceso de composición, alguien le robó el cuaderno en el que las escribía) y llevando su sonido más allá, experimentando con instrumentos que no habían utilizado nunca como el glockenspiel o las guitarras barítono y escuchando mucha música que serviría como inspiración para la tónica general de Humbug. En este punto, Turner y compañía han mencionado grupos como Cream, Jimi Hendrix o Nick Cave como principales influencias, además de, por supuesto, la de su co-productor y compañero: Queens of the Stone Age.

Sin embargo, no todo el disco se grabó en el Rancho de la Luna, ya que después registraron otro puñado de canciones junto a su habitual productor James Ford en Brooklyn. Estas composiciones se corresponden con la parte menos pesada de Humbug, si bien les resultó imposible evitar que quedaran embriagadas por la atmósfera maquiavélica de este su tercer larga duración.

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Fotografía: Press

Bienvenidos al lado oscuro

Los tempos se han desacelerado. Las guitarras se han llenado de reverb. Alex ya no suelta más palabras de las que el cerebro tiene capacidad de asimilar. A veces, su voz es casi un susurro. Los versos fluyen sin forzar que salgan, mientras que los instrumentos saben reconocer cuándo es su momento, añadiendo además pausas y respiros que no habían tenido cabida hasta la fecha.

¿Qué es, entonces, lo que hace tan distinto a este trabajo de sus predecesores? ¿Fue realmente un disco tan rompedor? La respuesta, sea cual sea, conlleva matices. En lo personal y viéndolo con perspectiva, siempre afirmo que Humbug no fue un álbum tan diferente como se quiso hacer creer en su momento. Sí es un disco dominado por una atmósfera oscura que no había tenido tanta presencia antes, pero ya se podía percibir en algunos temas de Favourite Worst Nightmare (2007). El grupo extrajo una parte de todo eso, la cual apenas habían explorado, y la exprimieron al máximo, valiéndose de los mismos recursos pero con una perspectiva diferente.

La mejor manera de descubrir y comprender un disco como Humbug es escuchándolo. La primera toma de contacto con “My Propeller” ya nos deja ver que estamos ante una faceta que los monos no habían explorado hasta ahora. Los tempos se han desacelerado. Las guitarras se han llenado de reverb. Alex ya no suelta más palabras de las que el cerebro tiene capacidad de asimilar. A veces, su voz es casi un susurro. Los versos fluyen sin forzar que salgan, mientras que los instrumentos saben reconocer cuándo es su momento, añadiendo además pausas y respiros que no habían tenido cabida hasta la fecha. Y, a pesar de ello, los riffs siguen teniendo la misma fuerza, siguen siendo igual de contundentes. Que los fraseos de guitarra estén mucho más meditados no hace sino que sus canciones suenen con más potencia que nunca en los momentos álgidos, frente a ese “My propeller won’t spin and I can’t get it started on my own, when are you arriving?” que canta Alex reflexionando en uno de esos momentos en los que el estado de ánimo es muy bajo y no hace más que empeorar.

Esa es otra de las claves de Humbug. Lo enigmático de sus letras. ¿De qué puñetas habla el estribillo de “Crying Lightning”? Lo único que podemos hacer es especular, pensar que lo que describe aquí Alex es una relación que pasa del amor al odio mientras las guitarras construyen una atmósfera cada vez más siniestra y amenazante, dando como resultado el single del disco por excelencia gracias a una de las mejores actuaciones vocales en la carrera de Alex.

Atmósfera única e irreemplazable

Los riffs siguen teniendo la misma fuerza, siguen siendo igual de contundentes. Que los fraseos de guitarra estén mucho más meditados no hace sino que sus canciones suenen con más potencia que nunca en los momentos álgidos.

Por su parte, “Dangerous Animals” continúa reflexionando sobre diversos trastornos como la ansiedad, la parálisis del sueño y la depresión, viendo a la gente como animales al acecho sin compasión alguna: “Been fighting with my sheets and nearly crying in my sleep / Yes, I’m battling that well-told gripe, the most frustrating type”. Es en canciones así donde vemos la influencia de Josh Homme en los Arctic Monkeys, componiendo un tema con un ritmo mucho más robotizado, esquizoide y con un solo muy pasado de rosca que casa a la perfección. Fue el propio Homme quien animaría a la banda a introducir solos instrumentales, ya que ellos mismos han llegado a confesar que era una faceta con la que hasta entonces no se habían atrevido.

En “Secret Door” Alex retoma el tema de los paparazzi y la prensa, utilizando la puerta secreta como un símbolo de ese lugar donde él y su pareja podrían tener intimidad y mostrarse como realmente son. Es uno de los temas más ricos instrumentalmente hablando, utilizando guitarras acústicas y teclados para acentuar el contraste entre lo meloso de la música y una letra tan crítica y explícita:

“Fools on parade cavort and carry on for waiting eyes
That you would rather be beside than in front of
But she’s never been the kind to be hollowed by the stares”

La locura esquizoide del Era Vulgaris (2007) de los Queens of the Stone Age se desata en “Potion Approaching”. La fórmula de “Dangerous Animals” se repite aquí con otro riff y un ritmo muy mecánico, aunque Alex Tuner se alza de forma directa y violenta dejando a la melodía en un segundo plano y, además, llenando el tema con cambios de ritmo a través de capas de guitarra que llevan todo al borde de la locura dentro del viaje psicodélico y árido que refleja la letra:

“I was biting the time zone
And we embellished the banks of our bloodstreams
And threw caution to the colourful”

Reinvención sin salir de los recursos habituales

Los Arctic Monkeys decidieron no acomodarse y se reinventaron, tratando de llegar más lejos que nunca. Y lo hicieron con mucha cabeza. En lugar de tirar por los toques electrónicos tan comunes en muchos grupos actuales, ellos experimentaron con instrumentos tradicionales para aportar variedad y riqueza a su sonido.

Pasamos el ecuador y nos adentramos en una segunda mitad que nada tiene que envidiar a la primera. En “Fire and the Thud” Alex vuelve a susurrar entre unos coros de Alison Mosshart (cantante de The Kills) muy evocadores sobre la relación con su ex-pareja Alexa Chung. Es la canción más sincera del disco, pero a pesar de ello oculta entre diversas metáforas su verdadero significado: “I hear your voice in silences / Will the teasing of the fire be followed by the thud?. Al final, las guitarras crípticas vuelven a hacer acto de presencia para aumentar la intensidad, mientras que diversas voces hacen que la oscuridad vuelva a reinar.

Sin embargo, no todo es negro en este disco. Un rayo de luz ilumina el ambiente con “Cornerstone”, una de las mejores baladas que han escrito los Arctic Monkeys hasta la fecha, la cual recoge el testigo de canciones anteriores como “Only Ones Who Know”. La pieza en cuestión narra la historia de un hombre que deambula de bar en bar para encontrarse con chicas que le recuerdan a una ex-pareja que no puede olvidar, hasta que encuentra a alguien muy similar a ella que acaba aceptándolo:

“I saw your sister in the Cornerstone
On the phone to the middle man
When I saw that she was on her own
I thought she might understand
She was close, well, you couldn’t get much closer
She said, ‘I’m really not supposed to, but yes
You can call me anything you want’”

Fue “Dance Little Liar”, la siguiente pieza en el tracklist, la que convenció al bueno de Homme para producir Humbug. No es para menos, pues se constituye como uno de los puntos álgidos del largo gracias a un ritmo de batería hipnótico y a una de las mejores líneas de bajo que Nick O’Malley ha compuesto nunca. La parte más calmada pero amenazante del principio alcanza el clímax mediante una tormenta instrumental guiada por las guitarras, marcando un contraste perfecto.

Pocos discos se guardan una perla como “Pretty Visitors” para el final. El órgano se encarga de introducir la canción más pesada que los Arctic han hecho nunca. Afiladísima, veloz, oscura y salvaje, en ella se describe la cara oscura de la industria musical a través de una imaginería diversa plagada de metáforas: “All the pretty visitors came and waved their arms / And cast the shadow of a snake pit on the wall”. Matt Helders se desata mientras las guitarras y el órgano construyen una melodía que podría formar parte de cualquier película de terror. Alex ha afirmado en más de una ocasión que la mayor parte de las letras para este álbum las escribió en mitad de la noche debido a que no podía dormir, algo que se puede percibir en temas como este.

¿Su mejor trabajo?

Humbug fue un disco crucial en su carrera y, a pesar de su difícil digestión, su aroma estaría presente desde entonces en sus trabajos posteriores, acabando de hechizar a cualquier oyente.

Para acabar, los Arctic Monkeys nos dejan con “The Jeweller’s Hands”, una canción sencillamente magistral. El órgano y el xilófono se apoderan de la pieza, ensalzando el componente etéreo de Humbug mientras las guitarras no funcionan más que como arreglo. En ella Alex habla de una chica que encuentra un amante y se enamora de él, pero este acaba dejándola tirada. Es entonces cuando las guitarras toman el protagonismo a través de una coda donde habla la propia chica, dispuesta a aprender de su error y a seguir hacia delante. En su momento, el grupo reconoció que nunca habían llevado una canción tan lejos como aquí.

Humbug fue un trabajo muy denostado por gran parte de los fans. Aunque la mayor parte de medios elogiaron el gran riesgo que corrió el cuarteto de Sheffield, rompiendo con el rock acelerado de sus trabajos anteriores para lograr un disco de madurez, los Arctic Monkeys no lograron el mismo reconocimiento que hasta entonces. Actualmente y por suerte, eso ha cambiado. Tanto es así que muchos fans han llegado a decir que, sin Humbug, los monos nunca habrían compuesto AM (2013).

Lo cierto es que Humbug fue un paso de gigante que muy pocos grupos se han atrevido a dar. Los Arctic Monkeys decidieron no acomodarse y se reinventaron, tratando de llegar más lejos que nunca. Y lo hicieron con mucha cabeza. En lugar de tirar por los toques electrónicos tan comunes en muchos grupos indies actuales, ellos experimentaron con instrumentos tradicionales para aportar variedad y riqueza a su sonido. Así consiguieron crear una atmósfera oscura, de suspense, como si el oyente se encontrara en un circo de los horrores o, por el contrario, en un baile de máscaras de carnaval gracias a su imaginería. Todo se combina con guitarras influenciadas por el sonido americano y el stoner-rock, recordando en gran medida a los paisajes áridos y desérticos tan típicos del género. Humbug fue un disco crucial en su carrera y, a pesar de su difícil digestión, su aroma estaría presente desde entonces en sus trabajos posteriores, acabando de hechizar a cualquier oyente.

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