Imagina que con 22 años ya has alcanzado un éxito mucho mayor del que jamás hubieses sido capaz de vislumbrar. Un día te montas un grupo con un puñado de amigos para pasar el rato y a lo que te quieres dar cuenta estás compartiendo galas de premios con gente de la categoría de Thom Yorke, vendiendo discos como churros en plena era de Internet y siendo el cabeza de cartel de uno de los festivales más grandes del mundo. ¿Casualidad? ¿Talento? ¿Hype propiciado por la prensa? Nadie, ni siquiera tú, puedes ni sabes responder a eso. O quizás sí. El camino ya lo has abierto y ya no hay marcha atrás, así que te toca decidir cuál es tu respuesta.

Las opciones son simples. Estirar el chicle de manera más o menos acertada esperando recibir la misma respuesta por parte de tu público y así mantenerte dentro de lo posible, o intentar ir más allá, tratar de reinventarte y arriesgar. Los resultados posibles también se reducen a dos, independientemente de tu elección: dejar claro que sólo fuiste un hype puntual sin un futuro lejano, dispuesto a vivir de su momento de gloria toda la vida, o, por el contrario, realzarte como una figura incomparable, valiosa, eterna. Siendo consciente de que sea cual sea el resultado, sólo será responsabilidad tuya, decides arriesgar. Y ganas.

«Humbug»: Bienvenidos al lado oscuro

“Humbug” no fue tan diferente como se quiso hacer creer en su momento. Sí es cierto que es un disco dominado por una atmósfera oscura que no había tenido tanta presencia antes, pero ya se podía percibir en algunos temas de “Favourite Worst Nightmare”.

Después de publicar su segundo disco y realizar la gira correspondiente, Arctic Monkeys, los cuatro de Sheffield, decidieron darse un pequeño descanso. Alex Turner aprovechó la pausa y se fue con su amigo y colaborador habitual Miles Kane a grabar un disco juntos, formando The Last Shadow Puppets. Ese disco se llamaría “The Age Of The Understatement”, y con él, Alex llevaría sus habilidades y virtudes como músico y letrista mucho más allá de lo que hubiera conseguido hasta el momento. Esto repercutió de tal manera que cuando volvió a reunirse con los monos para grabar “Humbug”, el que sería su tercer disco, la cosa no funcionaba. Las canciones rápidas de riffs contundentes y pegadizos ya no decían nada al frontman del grupo, por lo que el material que compusieron a priori quedó totalmente descartado, alegando que necesitaban meditar mejor el rumbo que querían tomar.

Así, el camino del grupo seguido hasta el momento se tuerce poco a poco, grabando un puñado de canciones más pausadas, con una melodía más desarrollada. Estas canciones serían enviadas a Josh Homme, líder de Queens Of The Stone Age y fan declarado de la banda, por sugerencia de Laurence Bell, miembro de Domino Records, el sello discográfico del grupo. Homme aceptaría encantado, contactando con ellos y proponiéndoles viajar con él a su famoso estudio, el Rancho de la Luna, situado en el desierto de Mojave, California.

Allí pasaron varias semanas retorciendo las canciones ya esbozadas, creando nuevos temas (Alex además tuvo que reescribir muchas letras debido a que durante el proceso de composición, alguien le robó el cuaderno en el que las escribía), llevando su sonido más allá, experimentando con instrumentos que no habían utilizado hasta la fecha tales como el glockenspiel o las guitarras barítono y escuchando mucha música que serviría como inspiración para la tónica del álbum, habiendo citado la banda a grupos como Cream, Jimi Hendrix o Nick Cave como principales influencias, además de, por supuesto, la de su co-productor y compañero, Queens Of The Stone Age.

No todo el disco se grabó en el Rancho de la Luna, puesto que después grabarían otro puñado de canciones con su habitual productor James Ford en Brooklyn. Estas canciones corresponderían a la parte menos pesada del disco, si bien sería imposible evitar que quedaran embriagadas por la atmósfera maquiavélica de “Humbug”.

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Un paso de gigante que muy pocos se han atrevido a dar. El grupo decidió no acomodarse y reinventarse intentando llegar más lejos de lo que habían conseguido. Y lo hicieron con mucha cabeza.

¿Qué es, entonces, lo que hace tan distinto a este trabajo de sus predecesores? ¿Fue realmente un disco tan rompedor? La respuesta, sea cual sea, conlleva matices. En lo personal, y viéndolo con perspectiva, siempre afirmo que “Humbug” no fue tan diferente como se quiso hacer creer en su momento. Sí es cierto que es un disco dominado por una atmósfera oscura que no había tenido tanta presencia antes, pero ya se podía percibir en algunos temas de “Favourite Worst Nightmare”. El grupo extrajo una parte de ellos mismos que apenas habían explorado y la exprimieron al máximo, valiéndose de los mismos recursos, pero con una perspectiva diferente.

La mejor manera de descubrir y comprender un disco como “Humbug” no es otra que escucharlo. La primera toma de contacto con “My Propeller” ya deja ver que estamos ante una faceta que los monos no habían explorado hasta ahora. Los tempos se han decelerado. Las guitarras se han llenado de reverb. Alex ya no suelta más palabras de las que el cerebro tiene capacidad de asimilar. Su voz a veces es casi un susurro. Los versos fluyen sin ser forzados a salir, mientras que los instrumentos saben reconocer cuándo es el turno de cada uno, habiendo un añadido de pausas y respiros que no habían tenido cabida hasta la fecha. Y a pesar de ello, los riffs siguen teniendo la misma fuerza, siguen siendo igual de contundentes. Que los fraseos de guitarra estén mucho más meditados no hace sino que sus canciones suenen con más potencia que nunca en los momentos álgidos, frente al “My propeller won’t spin and I can’t get it started on my own, when are you arriving?” que canta Alex, reflexionando en un momento en el que el estado de ánimo es muy bajo y no hace más que empeorar.

Los riffs siguen teniendo la misma fuerza, siguen siendo igual de contundentes. Que los fraseos de guitarra estén mucho más meditados no hace sino que sus canciones suenen con más potencia que nunca en los momentos álgidos.

Esa es otra de las piezas clave de Humbug. Lo enigmático de sus letras. ¿De qué puñetas habla el estribillo de “Crying Lightning”? Lo único que se puede hacer es especular, pensar que lo que se describe aquí es una relación que pasa del amor al odio junto a las guitarras que construyen una atmósfera cada vez más siniestra y amenazante, dando como resultado el single del disco por excelencia gracias a una de las mejores actuaciones vocales en la carrera de Alex. Dangerous Animals” continúa reflexionando sobre diversos trastornos como la ansiedad, la parálisis del sueño y la depresión, con una visión de la gente como animales al acecho sin compasión alguna (“Been fighting with my sheets and nearly crying in my sleep, yes I’m battling that well-told gripe, you should have racing stripes”). En canciones como esta es donde se ve la influencia de Josh Homme en el grupo, que compone un tema con un ritmo mucho más robotizado, esquizoide y con un solo muy pasado de rosca que casa a la perfección. Fue el propio Homme quien animaría a la banda a perder el miedo a componer solos, habiendo reconocido el propio grupo que era un terreno con el que hasta entonces no se habían atrevido.

En “Secret Door” Alex retoma el tema de los paparazzi y la prensa acosándolos a él y a su pareja, utilizando la puerta secreta como un símbolo del lugar en el que ambos pueden tener intimidad y mostrarse como realmente son. Es uno de los temas más ricos instrumentalmente, acompañado de guitarras acústicas y teclados, contrastando la parte melosa de la música con la letra tan crítica y explícita (“Fools on parade, cavort and carry on for waiting eyes that you would rather be beside than in front of, but she’s never been the kind to be hollowed by the stairs”). La locura esquizoide del “Era Vulgaris” de los Queens Of The Stone Age se desata en “Potion Approaching”. La fórmula de “Dangerous Animals” se repite aquí con otro riff y un ritmo muy mecánicos entre los que se alza un Alex que se abalanza de forma directa y violenta, dejando la importancia de la melodía en un segundo plano, y llenando el tema de cambios de ritmo junto a capas de guitarras que lo llevan al borde de la locura en un viaje psicodélico y árido reflejado en la letra (“I was biting the time zone and we embellished the back of our bloodstreams and threw caution to the colourful”).

En lugar de tirar por los toques electrónicos tan comunes en muchos grupos indie actuales, experimentaron con instrumentos tradicionales para dar variedad y riqueza a su sonido.

Pasamos el ecuador y nos adentramos en una segunda mitad que nada tiene que envidiar a la primera. En “Fire And The Thud” Alex vuelve a susurrar entre unos coros a mano de Alison Mosshart (cantante de The Kills) muy evocadores sobre su relación con su expareja Alexa Chung, constituyendo la canción más sincera del disco, que a pesar de ello oculta entre diversas metáforas su verdadero significado (“I hear your voice in silences, will the teasing of the fire be followed by the thud?”). Al final las guitarras crípticas vuelven a hacer acto de presencia intensificando el tema junto a diversas voces haciendo que la oscuridad vuelva a reinar. Sin embargo, no todo es negro en este disco. Un rayo de luz ilumina el ambiente con “Cornerstone”, una de las mejores baladas compuestas por la banda hasta la fecha, que recoge el testigo de canciones anteriores como “Only Ones Who Know”, incluyendo en esta ocasión batería y desarrollando mucho mejor la melodía. La pieza en cuestión cuenta la historia de un hombre que deambula de bar en bar encontrándose con chicas que le recuerdan a una expareja a la que no puede olvidar, hasta encontrarse a alguien muy similar a ella que acaba aceptándolo (“I saw your sister in the Cornerstone on the front to the middle man, when I saw that she was on her own I thought she might understand, she was close, well, you couldn’t get much closer, she said ‘I’m really not supposed to but yes, you can call me anything you want’”).

Fue “Dance Little Liar”, siguiente pieza, la que convenció al bueno de Homme para producir el álbum al grupo, llamándolos y pidiéndolos ir al desierto con él nada más escucharla. No es para menos, pues constituye uno de los puntos álgidos del largo gracias a un ritmo de batería hipnótico y a una de las mejores líneas de bajo que Nick O’Malley ha compuesto nunca. La parte más calmada pero amenazante del principio alcanza el clímax mediante una tormenta instrumental guiada por las guitarras, contrastando a la perfección. Pocos discos se guardan una perla como “Pretty Visitors” para el final. El órgano es el encargado de introducir la canción más pesada que los Arctic han hecho nunca. Afiladísima, veloz, oscura y salvaje, en ella se describe la cara oscura de la industria musical a través de una imaginería diversa plagada de metáforas (“All the pretty visitors came and wave their arms and cast the shadow of a snake pit on the wall”). Matt Helders se desata completamente mientras las guitarras y el órgano se encargan de construir una melodía que podría formar parte de cualquier película de terror. Alex ha afirmado en más de una ocasión que la mayor parte de las letras del disco las compuso en mitad de la noche debido a que no podía dormir, algo que se puede percibir en temas como este.

“Humbug” fue un disco crucial en su carrera, y a pesar de su difícil digestión, su aroma nunca volvería a dejar de estar presente en sus trabajos para acabar hechizando a cualquier oyente.

Para acabar nos dejan con “The Jeweller’s Hands”, una canción sencillamente magistral. El órgano y el xilófono se apoderan del tema, ensalzando el componente etéreo del disco, mientras que las guitarras no funcionan más que como arreglo. En ella se habla de una chica que encuentra un amante, se enamora de él y este acaba dejándola tirada (“He became laughter’s assassin shortly after he showed you what it was”). Es entonces cuando las guitarras toman el protagonismo a través de una coda en la que la propia chica es la que habla, dispuesta a aprender de su error y seguir adelante (“If you’ve a lesson to teach me I’m listening, ready to learn, there’s no one else to police me, I’m sinking in until you return”), para acabar desvaneciéndose. En su momento el grupo reconoció que nunca habían llevado una canción tan lejos como esta.

Este fue un trabajo muy denostado por gran parte de los fans que se perdieron por el camino cuando vio la luz. La crítica alabó el gran riesgo que corrieron rompiendo con el rock acelerado de sus trabajos anteriores y lo tildó como un disco de madurez, pero a pesar de ello, no le dio el mismo reconocimiento del que habían gozado hasta entonces. Actualmente la cosa ha cambiado, muchos fans han sabido apreciarlo con el tiempo y se ha llegado a decir que sin “Humbug”, los monos nunca habrían compuesto “AM”.

Lo cierto es que “Humbug” fue un paso de gigante que muy pocos se han atrevido a dar. El grupo decidió no acomodarse y reinventarse intentando llegar más lejos de lo que habían conseguido. Y lo hicieron con mucha cabeza. En lugar de tirar por los toques electrónicos tan comunes en muchos grupos indie actuales, experimentaron con instrumentos tradicionales para dar variedad y riqueza a su sonido. Así, consiguieron crear una atmósfera oscura, de suspense, como si el oyente se encontrara en un circo de los horrores, o por el contrario, en un baile de máscaras de carnaval gracias a su imaginería, combinada con guitarras influenciadas por el sonido americano y el stoner rock que recordarían a los paisajes áridos y desérticos tan típicos del género. “Humbug” fue un disco crucial en su carrera, y a pesar de su difícil digestión, su aroma nunca volvería a dejar de estar presente en sus trabajos para acabar hechizando a cualquier oyente.

Arctic Monkeys – Humbug

ARCTIC MONKEYS

9.4 HOT RECORD

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Los Arctic Monkeys decidieron dar una vuelta de tuerca a su sonido en “Humbug”, su tercer disco, lanzado en 2009. En él, el ritmo tan acelerado de sus anteriores trabajos se vería rebajado en pos de un mayor desarrollo de la melodía y una mayor riqueza instrumental, consiguiendo crear una atmósfera oscura pero terriblemente adictiva.

Up

  • Atreverse a dar un paso de gigante como este y hacerlo de manera tan acertada.
  • La atmósfera del disco, única e irreemplazable.
  • Le evolución en las letras, enigmáticas, codeándose con lo poético.
  • El saber reinventarte sin salir de tus recursos habituales.
  • Lo más importante, las canciones. Totalmente sólidas una por una.

Down

  • Que en su momento o que incluso a día de hoy no hayas conseguido asimilar la tónica del disco.