Savages – Adore Life

SAVAGES

Sorprendieron con su debut, “Silence Yourself”, gracias al que se convirtieron en una de las apuestas más potentes e interesantes del año 2013. Por cuestiones geográficas, este cuarteto londinense ha sido comparado con algunos de los pilares del post-punk británico, como Joy Division o Gang of Four. Encumbradas desde el primer momento por la crítica, que vio en ellas tales similitudes con el movimiento grunge de Seattle de finales de los ochenta y las elevó al Olimpo de las nuevas generaciones del rock auténtico, la banda liderada por la corrosiva Jehnny Beth busca su consagración con este “Adore Life”.

No cabe duda de que en los últimos años el rock, a nivel popular, ha deambulado un tanto huérfano de grandes bandas. Son numerosos los proyectos que tienen grandísimas novedades que aportar en un sentido purista. Podríamos hablar de Titus Andronicus, Alabama Shakes, Foals, Courtney Barnett… Sin embargo, a excepción de Foals, el resto no dejan de ser grupos o artistas que permanecen en un sector muy independiente. Con la separación de los White Stripes se marchó la mayor combinación de calidad musical y repercusión real de las últimas dos décadas. El resto de osados que buscaron situarse entre ambas líneas acabaron perdidos en un barco a la deriva. Quienes más cerca estuvieron de lograrlo fueron The Black Keys, que con “Brothers”, y tras la publicación del single “Lonely Boy”, presentaron su candidatura para ser los grandes referentes del rock. Sin embargo, su poco afortunado giro a la psicodelia en “Turn Blue” fue suficiente para retirar su candidatura. Otros, como Muse, Coldplay o Mumford & Sons se perdieron en su cliché de bandas de estadio con productos más dirigidos al espectáculo familiar y al acaramelamiento visual que a reivindicarse como músicos y compositores.

El rock anda necesitado de un acontecimiento; de un gran disco que marque un antes y un después, no sólo para los críticos, sino también para el público, como lo hizo la aparición de The Strokes, y posteriormente de los Arctic Monkeys para el movimiento indie. El rock necesita recuperar ese sentido que hizo que los 90 lo convirtiesen en la voz del pueblo, en la reivindicación de una generación perdida. El rock necesita que gente como Savages eclosione, que abandonen el cascarón y pueda darse un nuevo panorama de peso que haga frente al monopolio, quizá burbuja, del EDM con adornos de folk light en el mainstream. Se necesita garra, fuerza y un aire fresco que para nada está perdido, pero que requiere un líder, un referente. Más allá de su majestuosidad, eso deberían aspirar a ser discos como “Adore Life”, un álbum con fuerza suficiente como para reconciliar y reunificar al rock; como para darle un sentido de unión a lo que centenares de chavales practican en garajes y locales de ensayo tratando de emular a unos ídolos que en la mayoría de los casos ya cumplirán los sesenta. Calidad desde luego no falta. Quizá, en tal caso, sobre resignación de una música que ha asumido su carácter minoritario, cuando hay razones suficientes, y Savages son una de ellas, para creer en una nueva era dorada. Además, son algo que ha escaseado tradicionalmente en el rock, generalmente anclado en la misma concepción patriarcal de nuestra sociedad, y es que, como nuestras Hinds, Savages es un grupo de chicas: cuatro chicas con las ideas claras, con una visión de un mundo oscuro y adormecido que necesita de sus sacudidas para despertar.

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Savages tienen talento y madera para fusionar diferentes vertientes del rock y unir a un público que a grandes rasgos no da oportunidades a quienes vienen a romper los muros de lo establecido.

El álbum comienza con toda una declaración de intenciones. “If you don’t love me, don’t love anybody” dice la primera frase de “The Answer”, un tema que reivindica la estrecha línea que separa el amor y la locura. El bajo lleva la distorsión hasta el límite de sus posibilidades, y logra un fenómeno salvaje, que remite a las salas más oscuras y llenas de humo de la escena underground inglesa de los 80 y a los inicios del grunge. La voz de Beth se mueve además en un terreno que parece situarse entre los Garbage del 95 y las musas del metal sinfónico europeo, pues en algún momento tenemos la impresión de estar siendo sacudidos por la potencia de Tarja Turunen, exvocalista de Nightwish. Tras un comienzo apoteósico, “Evil” reivindica su voz como una traba ante el conformismo; como un murmullo catalogado de malvado, pero que una vez descubierto hará inútil que quien lo asuma trate de cambiar. Finalmente se recrea en la repetición de la palabra “Evil” numerosas veces, escupiendo rabia y acompañándose de una batería que descarga auténtica electricidad.

Sad Person” nos devuelve el revival más puro, con un bajo pegajoso y un juego de distorsiones guitarreras hecho para el directo. La letra tiene muchas similitudes con “Love Will Tear Us Apart” de Joy Division, ya que la protagonista de la canción se presenta a sí misma como una droga, pues el amor es un mal, “Una enfermedad que crea en el cerebro una adicción similar a la cocaína. Cuanto más tiene uno, más lo antoja”. Quizá por ello, su carencia haya hecho de la protagonista una persona triste que se refugia en un tipo de relación de carácter más sexual, en la que los sentimientos no transciendan ciertas fronteras, de forma que como dice la letra “Yo no te hiera, y yo no salga herida”. Se da así una temática muy característica del post-punk ochentero; la de la persona curtida y atormentada en el amor, al cual rechaza por su carácter corrosivo y destructivo.

El rock necesita que gente como Savages eclosione, que abandonen el cascarón y pueda darse un nuevo panorama de peso que haga frente al monopolio, quizá burbuja, del EDM con adornos de folk light en el mainstream.

Adore” se presenta mucho más íntima, repitiendo algunos de los elementos de cortes anteriores, pero con una evolución musical que va de la oscuridad al color heredera en ciertos aspectos del David Bowie de los 70. Aparecen ciertos retazos de la filosofía de la postmodernidad, pues lanzan la pregunta de si es humano adorar la vida, si no sería mejor “Transgredir la barrera del arrepentimiento para no sentirse culpable por lo que uno hizo”. Finalmente concluye con un soberbio crescendo que remata con lo que parece una resignación aceptando que el ser humano tiene que adorar la vida por naturaleza. En “Slowing Down The World” cobra protagonismo la melodía de la guitarra, con una distorsión llevada al límite de sus posibilidades. Destacan además en ella los efectos sonoros.

I Need Something New” empieza con una demostración magistral de voz a capella por parte de Beth. Quizá su voz no emane la potencia de Adele o de algunas de las musas de mayor renombre de la canción melódica, pero conmueve de igual forma en soledad ante el micrófono. En esta ocasión, una vez que entra el acompañamiento, el ritmo plagado de distorsiones y de sonidos experimentales parece influenciado por los Radiohead del “Amnesiac”, pasando por varias etapas ruidosas que dan un carácter magistral al tema. El ruido y la distorsión siguen presentes en la intro de “When In Love”. Quizá, esta es la canción que deja con un sabor más amargo. Es en verdad un tema rock muy potente, y aún debe serlo más en directo, pero la introducción es demasiado perfecta, y deja con la miel en los labios al convertirse después en una de las pistas más corrientes de “Adore Life”. En “Surrender” aparece el plano más electrónico de la banda londinense, con tintes de New Order o Simple Minds, perfectos para sacudir el cuello y perderse en la música.

Aunque el disco es fantástico, les falta consolidar un sonido que pueda ser claramente identificado como propio.

T.I.W.Y.G.” se presenta como un acrónimo de “This Is What You Get”. Éste es el tema con mayor carácter del nu metal del disco, y a pesar de sus similitudes con la oscuridad de principios de los 90 no se queda en una mera imitación, e incluye numerosos momentos de distorsión y evolución más actuales en relación con la vertiente más pura de hace un par de décadas. De nuevo, la letra ensalza la rebeldía: “Te daríamos la vida si desobedecieses”. Concluye el álbum con la siniestra “Mechanics”, en la que de nuevo encontramos una combinación apabullante entre la guitarra y la voz de Beth. Reafirman además su carácter con sonidos agudos de fondo, que parecen exponer una vertiente casi gótica del dream rock.

En definitiva, “Adore Life” es un gran disco. Savages tienen talento y madera para fusionar diferentes vertientes del rock y unir a un público que a grandes rasgos no da oportunidades a quienes vienen a romper los muros de lo establecido. Es evidente que no va a ser así, pero la esperanza es lo último que se debe perder. El rock está en un gran estado de forma en la actualidad; simplemente hay que saber mirar más allá del Olimpo de los Iron Maiden, Metallica, AC/DC y Ramones para verlo, pero hay proyectos con muchísimo que ofrecer, y que como Savages, nos dan una oportunidad de mirar al presente y al futuro en un género que se gusta en exceso del pasado.

Savages – Adore Life

SAVAGES

8.3

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El cuarteto londinense Savages ha regresado con “Adore Life”, demostrado que lo de su debut no fue casualidad. Con influencias claras de los cimientos del post-punk y el grunge, a los que añaden retales del rock lírico gótico de Nightwish o también del rock experimental de Radiohead, Savages se superan. Con chicas como ellas, el rock siempre estará vivo.

Up

  • Han aumentado la oscuridad en su sonido de forma magistral.
  • Llevan la distorsión de la guitarra y el bajo hasta un límite complicadísimo, y suena a la perfección.
  • Las letras, oscuras y trabajadas.

Down

  • Aunque el disco es fantástico, les falta consolidar un sonido que pueda ser claramente identificado como propio.
  • Viendo lo bien que funcionan los momentos en los que Beth se atreve a cantar a capella, se echan en falta más.