Si hay una manía especialmente digna de mencionar que tiene la vida, es la de romper tus planes continuamente y hacer que todo salga de una manera totalmente contraria a cómo la habías previsto. Da igual cómo lo mires, las vueltas que le des, las posibilidades que creas que pueden ocurrir. Siempre hay algo, en algún momento, que no habías tenido en cuenta. Algo para lo que no estabas preparado. Pero los golpes repentinos son así. Vienen sin avisar, no te dejan ni tiempo para pensar y lo único que puedes hacer es tratar de encajarlos de la mejor manera posible.

No sé hasta qué punto se veían venir los Arctic Monkeys el exitazo de su primer disco o les pilló completamente desprevenidos. Por lo que parece, la fama no sentó igual de bien a todos los miembros del conjunto, ya que el bajista de aquel momento, Andy Nicholson, dejó el grupo después de la gira por lo agotadora de esta. El resto de los Arctic Monkeys no quisieron echar el freno y tras sustituir a este por otro paisano de Sheffield, Nick O’Malley, se pusieron manos a la obra con el que sería su siguiente disco, “Favourite Worst Nightmare”, el reflejo de lo que había supuesto semejante salto a la fama, la explosión mediática y en resumen, el año más concurrido de sus vidas hasta ese momento.

«Favourite Worst Nightmare»: seguid bailando, aún tengo mucho que decir

Alex Turner y los suyos cargaban encima un peso enorme tras la publicación de su debut. Multitud de premios, récords en ventas, singles números uno, proclamaciones prematuras colocándolos como la banda más importante de la década y conciertos con más público del que la vista alcanza a ver no es algo que muchos grupos hayan conseguido con solo un disco. Muchos ni siquiera lo han hecho en toda su carrera. Pero ahí estaban ellos. Cuatro chavales de Sheffield que se dedicaban a dar guitarrazos al son de la verborrea de Alex Turner, contando sus vivencias de adolescentes y todavía con esas expresiones de ‘¿qué coño estoy haciendo aquí?’ en sus caras.

Pero Alex Turner era consciente de que no podían dejar pasar el momento. Además, toda la experiencia adquirida durante su breve pero intensa carrera hasta el momento había llenado su cabeza pensante de nuevas ideas y, sobre todo, de anécdotas y reflexiones que necesitaba vomitar sobre el papel para convertirlo todo en un cóctel que iría más allá de lo mostrado en su debut. Así que, en diciembre de 2006, volvieron a Londres con su ya habitual productor James Ford para grabar su segundo LP.

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Toda la experiencia adquirida durante su breve pero intensa carrera hasta el momento había llenado la cabeza pensante de Alex Turner de nuevas ideas y, sobre todo, de anécdotas y reflexiones que necesitaba vomitar sobre el papel para convertirlo todo en un cóctel que iría más allá de lo mostrado en su debut.

Se puede hablar de “Favourite Worst Nightmare” (otros títulos barajados fueron “Lesbian Wednesdays” y “Gordon Brown”) desde varias perspectivas que se han ido visualizando con el paso del tiempo y el lanzamiento de sus discos posteriores. En el momento parecía una continuación bastante lineal de lo mostrado en su debut, con pocas sorpresas en su sonido más allá de su capacidad para demostrar que podían seguir sacando trallazos destinados a liderar de nuevo las listas de singles. Lo cierto es que la base y la fórmula del disco, por lo general, no es muy distinta. Pero tampoco es igual. Los riffs son más pesados y contundentes, la velocidad y la búsqueda de la melodía y el gancho fácil se incrementan, pero también hay sitio para la exploración con nuevos ritmos y el desarrollo de temas de carácter más pausado. Analizándolo de manera global, se puede decir que “Favourite Worst Nightmare” es el disco más heterogéneo del grupo, casi de transición, a medio camino entre sus raíces y sus aspiraciones como grupo.

La cosa empieza de manera inmejorable con una “Brianstorm” que ha sobrevivido al paso del tiempo convirtiéndose en un tema insignia de la banda. Tal es así que la gente corea hasta el riff. No es para menos, y es que es una canción en la que todo encaja a la perfección. Las guitarras afiladísimas, los ritmos de batería imposibles de Matt Helders, las líneas de bajo en las que O’Malley reluce y el exquisito juego de voces. Me sigue sorprendiendo cómo se sacaron un tema tan redondo de la manga, con una letra tan divertida y sarcástica sobre un tío que se coló una vez en el camerino de los monos, a quien les llamó la atención su manera de vestir y de actuar (“And I wonder are you putting us under, ‘cause we can’t take our eyes off the T-shirt and ties combination, well see you later innovator”).

Un riff mucho más sencillo y desenfadado caracteriza “Teddy Picker”, título empleado como metáfora para hablar del peligro de querer alcanzar la fama demasiado rápido y de tener cuidado con lo que deseas (“Let’s have a game on the Teddy Picker, not quick enough can I have it quicker?, already thick and you’re getting thicker”). Su gancho irresistible y el solo destacable la han hecho permanecer como otra habitual en sus conciertos.

Lo cierto es que la base y la fórmula del disco, por lo general, no es muy distinta. Pero tampoco es igual. Los riffs son más pesados y contundentes, la velocidad y la búsqueda de la melodía y el gancho fácil se incrementan, pero también hay sitio para la exploración con nuevos ritmos y el desarrollo de temas de carácter más pausado.

El siguiente par de canciones incrementan la velocidad sin complicarse demasiado la vida con las melodías pero haciendo gala de una capacidad para componer riffs con muchísimo gancho y adornarlos con juegos de voces y cortes de batería que quitan el hipo a cualquiera. En “D Is For Dangerous” Matt Helders deja claro que es una pieza indispensable del grupo, no sólo por su habilidad con la batería, sino por su aporte con la voz. En esta ocasión Alex nos habla de una relación en la que continuamente se discuten temas que ya están hablados llevando a las dos partes al límite, tomando prestada además la frase que da título al disco (“D is for delightful and try and keep your trousers on, I think you should know you’re his favourite worst nightmare”). Por el contrario, “Balaclava” deja recaer el peso en el bajo, en una reflexión sobre la emoción que produce el saltarse las normas a veces, resultando más excitante por el hecho de ser legalmente inmoral que por lo que se hace en sí (“It’s more a question of feeling than it is a question of fun”).

Tras un puñado de temas tan veloces y afilados, llegamos a uno de los momentos álgidos del disco, una de las canciones más reconocibles de la banda con las que han conseguido introducir y encandilar a mucha gente (servidor incluido). “Fluorescent Adolescent” es una canción escrita entre Alex y Johanna Bennett, con quien salía en aquel momento, en la que mediante multitud de juegos de palabras cuentan cómo añoran los años pasados y cómo la vida se va volviendo cada vez más aburrida y menos excitante, destacando la monotonía del sexo (“You used to get it in your fishnets, now you only get it in your night dress, discarded all the naughty nights for niceness, landed in a very common crisis”). El grupo saca a relucir su lado pop aquí con unos acordes brillantes y una melodía muy alegre con un toque nostálgico que le dan el título indiscutible de himno del grupo. ¿Quién no ha intentado cantar esta canción trabándose cada dos palabras alguna vez?

Analizándolo de manera global, se puede decir que “Favourite Worst Nightmare” es el disco más heterogéneo del grupo, casi de transición, a medio camino entre sus raíces y sus aspiraciones como grupo.

El toque edulcorado continúa en “Only Ones Who Know”, una balada mucho más pausada en la que tan sólo se encuentran presentes las guitarras y la voz de Alex, que reflexiona sobre cómo la sociedad nos hace creer que necesitamos tener a otra persona para ser felices, comenzando relaciones sin otro propósito que ese sin ser conscientes de ello (“And even if somehow they could have shown you the place you wanted, well, I’m sure you could have made it that bit better on your own, you’re the only ones who know”). Do Me A Favour” constituye otro gran corte, construido en base a un ritmo de batería y de bajo sobre el que las guitarras se añaden poco a poco mientras Alex habla sobre una relación que se encuentra en el límite hasta que se acaba (“Do me a favour and break my nose, do me a favour and tell me to go away, oh, do me a favour and stop asking questions”), acompañando con una tormenta instrumental el momento de la ruptura.

Le siguen un par de piezas hiladas la una con la otra, siendo la primera “This House Is A Circus”, en la que vuelve el clásico tema de las fiestas adolescentes, desde un punto de vista mucho más oscuro y escéptico (“And we’re forever unfulfilled and can’t think why, like a search for murder clues in dead man’s eyes”). “If You Were There, Beware” sigue la senda oscura y pesada marcada por el tema anterior, constituyendo uno de los temas más duros del grupo en los que Alex critica a la prensa por el acoso que realiza a las parejas de la gente famosa y se culpa a sí mismo por no poder hacer nada (“If I predicted tears then I wouldn’t have said it, I wouldn’t have said it if I would have known”). The Bad Thing” es uno de los temas que menos reluce, ya que se trata de otro corte veloz y de melodía facilona que no llega a las cotas de otros muchos correspondientes a la primera etapa del grupo. “Old Yellow Bricks” consigue brillar más gracias a una letra que utiliza numerosas referencias de El Mago de Oz para relatar cómo una chica decide abandonar su ciudad por tenerla aborrecida y acaba descubriendo que el exterior no es tan sorprendente como parecía, llegando a una ciudad que “nunca despierta, cegada por la nostalgia”.

El deseo por llevar su sonido un paso más allá empieza a hacerse visible, dejándonos temas con el aire pop que se desarrollaría en “Suck It And See” o cortes embriagados por la oscuridad predominante de “Humbug”.

Acabamos por fin con “505”, otra de las emblemáticas que samplea el órgano de la banda sonora de El bueno, el feo y el malo, por Ennio Morricone. El amor y las relaciones vuelven a hacer acto de presencia aquí, contando lo difícil que es mantener una relación cuando se es famoso y lo duro que es tener que separarse cada poco tiempo, siendo “505” un número que puede hacer referencia al número de la habitación del hotel en la que la chica espera la llegada de Alex. Es una de las canciones más tristes compuestas por el grupo hasta la fecha, con una letra sencillamente desgarradora (“But I crumble completely when you cry, it seems like once again you had to greet me with goodbye”), consiguiendo poner fin de manera impecable.

“Favourite Worst Nightmare” consiguió mantener en boga a los fans del grupo gracias a un conjunto de canciones que seguían la estela de su debut, reafirmando el estatus de la banda. Es, sin embargo, un disco más maduro, en el que el deseo del grupo por llevar su sonido un paso más allá empieza a hacerse visible, dejándonos temas con el aire pop que se desarrollaría en “Suck It And See” o por el contrario, cortes embriagados por la oscuridad predominante de “Humbug”. Las letras cobran especial protagonismo, pasando de contar anécdotas cotidianas a los problemas generados por el salto al éxito y la fama. Todo esto disminuye su cohesión y su efectividad como disco de consumo rápido y sencillo, pero deja ver un grupo que no quiere acomodarse ni estancarse y que sigue sabiendo hacer himnos lo suficientemente grandes como para sostener todo el disco.

Arctic Monkeys – Favourite Worst Nightmare

ARCTIC MONKEYS

7.7

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Después de un año intenso de gira promocionando su debut, Arctic Monkeys volvieron poco después con “Favourite Worst Nightmare”, su disco más heterogéneo, en el que intentaron contentar a su horda de fans a la par que dieron más juego a su sonido. Así componen un disco con algunos de los temas más reconocibles del grupo pero con ciertos altibajos que acrecientan una falta de unidad. A pesar de ello, consiguieron confirmar que no eran flor de un día y que aún tenían mucho que decir.

Up

  • “Brianstorm”, “Fluorescent Adolescent” y “505” son de lo mejor que han hecho.
  • Matt Helders realiza un papel más que indispensable en la batería.
  • Además de mantener la frescura y el ingenio, las letras de Alex adquieren madurez en este disco.
  • Ya se puede entrever una pequeña exploración por las diferentes vertientes de su sonido que explotarían en los discos siguientes.

Down

  • No tiene tantos himnos como su predecesor.
  • A veces da la sensación de que el grupo quería ir más allá con este disco pero tenía miedo de perder fans. Se queda a medio camino entre la conformidad y el atrevimiento.
  • Le falta unidad.
  • La diferencia entre los mejores temas y los de ‘relleno’ es mucho más notoria que en el anterior.