Cuando anunciamos en Twitter que el debut en formato largo de los Arctic Monkeys cumplía diez años, recibimos algún reply que insinuaba que no estábamos legitimados para recordar aquella fecha, ya que, sin ninguna duda, nos habríamos subido al carro de los monos con “AM”, su última referencia hasta la fecha. Dejando de lado la suerte que tuvimos de que el primer fan ibérico de los de Sheffield estuviera ahí para ponernos en nuestro sitio, es bastante criticable querer vender esa postura gafapasta de ‘la maqueta era mejor’ con cualquier grupo, más aún con el de Alex Turner que si bien ha renovado la flota de fans adolescentes con “AM” nunca ha logrado superar el revuelo mediático ni las cifras de ventas del disco objeto de esta crítica. Lo siento por los que se sientan súper-exclusivos por escuchar a los Arctic desde sus comienzos, nada más lejos de la realidad, Turner y compañía irrumpieron como un producto de consumo masivo desde su primer LP.

“Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not”: lo que va del indie al ‘indietex’

A estas alturas la historia de Arctic Monkeys ha sido mil veces contada. Sus orígenes se remontan a 2002 cuando dos amigos de la infancia (Turner y Helders) deciden montar un grupillo sin más aspiraciones que animar el cotarro nocturno de su ciudad natal. La formación se completaría con Cook y Nicholson, posteriormente sustituido por Nick O’Malley en el bajo. El caso es que Sheffield se les quedó pequeña y pronto llamaron la atención de todo el Reino Unido gracias a los temas que aparecían en el perfil de MySpace del grupo, creado y gestionado por los propios fans.

La prensa británica, siempre ávida de encontrar nuevos talentos nacionales, halló en Arctic Monkeys algo así como ‘la respuesta británica a The Strokes’ y enseguida se les bautizó como ‘la banda que cambió el mercado de la música’. Arctic Monkeys e Internet eran palabras que debían ir juntas en todos los artículos musicales, aun cuando la propia banda ha reconocido haber permanecido al margen de aquella vorágine virtual, pues ni siquiera sabían cómo subir una canción a la red. Así, llegamos a finales de 2005, ya con algún sencillo circulando por las emisoras convencionales y la expectación por la nubes, los británicos deciden marcarse su propio don’t believe de hype titulando a su inminente debut de la manera en que lo hacen, queriendo decir algo así como ‘no somos la banda que la prensa te ha dicho que somos, no hemos venido a salvar el rock and roll’.

De forma que, para enero de 2006, con la salida al mercado de su debut que mantiene todavía hoy algunos records de ventas en el Reino Unido, los Arctic Monkeys dejaron de ser una banda underground para llenar las estanterías de todas las tiendas de discos. Que antes los haya catalogado como producto de masas no quiere decir nada sobre la calidad de su música. No estamos, creo yo, ante el típico artista que las radios no dejan de pinchar hasta que guste incluso a los que en un principio se mostraban contrarios o indiferentes hacia sus canciones (un saludo a los que bailan Justin Bieber cada fin de semana). Si empezaron a ganar popularidad sin ningún apoyo mediático fue precisamente porque su música pareció buena a muchos internautas.

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Su sonido, que ha ido madurando a través de los años, se encuadra en ese indie rock heredero del post-punk revival que mezcla riffs afilados y melódicos estribillos con gran puntería.

¿Y por qué gustaron a tanta gente?, ¿a qué suenan los Arctic Monkeys? Su sonido, que ha ido madurando a través de los años, se encuadra en ese indie rock heredero del post-punk revival que mezcla riffs afilados y melódicos estribillos con gran puntería. Nada nuevo bajo el Sol, si algo debemos reconocer a los Arctic Monkeys de 2006 es su capacidad para absorber y recalentar el legado británico consiguiendo que el plato no sepa rancio como ya hicieran The Libertines pocos años atrás. Yo mismo, que apenas contaba catorce primaveras la primera vez que escuché al grupo (esa edad en la que estás descubriendo qué tipo de música te gusta) quedé enganchado desde la primera escucha a aquellas melodías que creía haber escuchado antes en una primera incursión al rock de las islas, pero que ahora se presentaban urgentes y adictivas.

Casi literalmente estalla “The View From The Afternoon”, primer corte del elepé. Esencialmente se trata de una composición pop, pero la distorsión y la manera en la que Alex Turner recorre sus versos consiguen engañarnos a todos. Además de la potencia, destacaría los cambios de ritmo y lo pegadizo que resulta el estribillo, algo que va a ser una constante a partir de ahora. Le sigue “I Bet You Look Good On The Dancefloor” que ya se ha convertido, según diversas publicaciones, en uno de los himnos del rock adolescente de la década del doble cero. Quizá podamos discutir si es más o menos comercial o si se trata o no del mejor tema del disco. Lo que está claro es que escuchando ese raca-raca guitarrero y el punto bailable del tema, es fácil comprender la popularidad que adquirió el single entre la muchachada británica. “Fake Tales of San Francisco” fue el primer tema que escuché de la banda. Resultado: visita a 911tabs.com y toda la tarde empleada en reproducir el dichoso riff de la guitarra. Me encantó aquello de “There’s a super cool band, yeah… With their Trilbies and their glasses of white wine… And all the weekend rockstars in the toilets… Practicing their lines“.

Si al mirar a “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not” vemos un producto, debemos reconocer lo bien hecho que está, ya que seguramente sea una de las mejores colecciones de singles de la primera década del siglo XXI.

Dancing Shoes” nos devuelve a la pista de baile. Otro tema en el que destacar la potencia punkarra que contrasta con una juguetona línea de bajo y la sensual voz de Alex Turner que invita a bailar a una chica con ese acento que tanto llamó la atención a sus fans continentales. Al igual que esta, “You Probably Couldn’t See for the Lights But You Were Staring Straight at Me” no se trata de uno de los hits más obvios del cuarteto inglés, pero sería injusto calificarlo de relleno ya que podría funcionar como single en la discografía de la mayoría de sus bandas coetáneas. Still Take You Home” es un atractivo relato contado por la ágil y ácida voz de Turner que deja patente su habilidad para retratar la vida nocturna de Sheffield mediante sus letras una vez más. Le sigue “Riot Van”, que supone uno de los momentos más reposados del álbum. A pesar de eso, no encierra ningún mensaje profundo o introspectivo, simplemente subraya las ganas de existir y disfrutar de la vida propias de un grupo de jóvenes, ¿hay algo más pop que eso? Continúa componiendo relatos de la vida de un joven británico de clase trabajadora en “Red Lights Indicates Doors Are Secured”, a estas alturas es difícil saber con qué nos divertimos, con las letras o con la manera en que el grupo revisa la tradición pop, punk, ska y rock de su país. Este tema, por cierto, posee una interesante atmósfera de oscuridad con la que nos volveríamos a encontrar en “Humbug”, su tercera referencia.

Este no es un disco que te vaya a cambiar la vida, pero si una buena manera de acercar al indie-rock (o lo que sea) a un montón de jóvenes, a la vez que una excelente fuente de frescura y entretenimiento. En suma, un producto de masas que no me avergüenzo de reivindicar.

Mardy Bum” es esa canción que varios millenials aprendieron a tocar con la guitarra para atraer a las chicas (¿alguien aprende a tocar la guitarra por otro motivo?). Se trata de un medio tiempo melódico y contagioso con el que Turner intenta hacer las paces con su novia tras una discusión. Una canción de amor para conquistarnos a todos. Tras algo así, “Perhaps Vampires Is A Bit Strong But…” puede hacerse demasiado larga e intrascendente. A menudo señalado como el más flojo de la colección, el décimo track de “Whatever…” tiene un gancho garage y unas letras cargadas de ironía que no merecen pasar inadvertidas. When The Sun Goes Down” es otro de los puntos álgidos del LP que en su recta final no deja de ofrecer grandes canciones. En esta ocasión, Turner se fija en la prostitución ejercida en Sheffield y compone este tema denunciando dicha situación. Genial el contraste entre el inicio con suaves rasgueos y la furia con que escupe las letras a partir de ese: “I said he’s a scumbag don’t you know…“. En un estilo más hablado que cantado, Alex Turner consigue transportarnos a la noche de una ciudad británica en “From the Ritz to the Rubble”. Tres minutos que nos brindan la oportunidad de caminar por las calles de Sheffield a través de una canción sincera, por momentos bailable y para nada pretenciosa.

Well this town’s a different town today
Said this town’s a different town to what it was last night
You couldn’t have done that on a Sunday

Pese a que estamos ante un disco en el que nada sobra, eso de nombrarles ‘la banda de su generación’ es bastante exagerado.

No puedo más que rendirme a los pies de “A Certain Romance”. Arranca con un potente redoble de Helders, que se funde en el estruendo casi apocalíptico que entra a continuación para desaparecer unos segundos más tarde en una de las líneas de guitarra más dulces del indie de la pasada década. El cierre del álbum, que es toda una delicia, progresa a través de unas guitarras muy ska que a veces se entretienen en traviesos solos que se enredan con las palabras de un Turner que firma otra gran actuación frente al micro. ¡Qué manera de poner punto final a un debut!

Realmente los Arctic Monkeys no eran los chicos con más talento del Reino Unido cuando saltaron a la fama, pero consiguieron componer un disco que mezclaba a la perfección géneros como el pop, el punk, el ska y el indie y que además no tenía canción mala. Si al mirar a “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not” vemos un producto, debemos reconocer lo bien hecho que está, ya que seguramente sea una de las mejores colecciones de singles de la primera década del siglo XXI. Por supuesto, este no es un disco que te vaya a cambiar la vida, pero si una buena manera de acercar al indie-rock (o lo que sea) a un montón de jóvenes, a la vez que una excelente fuente de frescura y entretenimiento. En suma, un producto de masas que no me avergüenzo de reivindicar.

Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not

ARCTIC MONKEYS

8.6 HOT RECORD

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El debut de los Arctic Monkeys pasó como un vendaval por las listas de ventas británicas. Tiempo después conviene acercarse a dicho trabajo para comprobar si era más el ruido que las nueces o si realmente estamos ante una obra de arte musical de nuestro tiempo.

Up

  • La sencillez con la que lograron asimilar diferentes sonidos para crear algo que no es demasiado original, pero que suena fresco y rompedor.
  • Nada de relleno. Es prácticamente una colección de singles.
  • Alex Turner, que pese a no tener una voz prodigiosa se mueve de maravilla entre sus versos.

Down

  • Eso de nombrarles ‘la banda de su generación’ es bastante exagerado.