The Districts no lo van a reventar. Es duro, pero es mejor para ellos, y sus seguidores, asumirlo cuanto antes y ajustar sus expectativas y sus decisiones futuras a esta dura realidad. Me explico: The Districts es una banda, una jovencísima y prometedora, procedente de un pueblo de Pennsylvania que predica un rock que se podría incluir en la infinita y evitable etiqueta de ‘indie’, con un pronunciado sonido lo-fi y cierto aire destartalado pero unas melodías radio-friendly (si las radios siguieran pinchando rock, claro está).

Por desgracia para ellos, y en realidad, para casi todo el mundo, se antoja muy improbable que The Districts alcancen alguna vez una cota de popularidad verdaderamente alta. La razón es que un lector que no conozca la banda, tras leer su descripción en el primer párrafo, en general se inclinará más a sentir indiferencia que una irresistible atracción hacia ellos. Cúlpese de ello a quien se quiera: a los peces gordos de la industria, por olvidarse de las bandas con guitarras en favor del espectáculo mediático barato; al público mayoritario, que donde hace años rendía pleitesía a los Beatles o Pink Floyd ahora lo hace a divas de Instagram y niñatos con el talento de un pepino de mar; o incluso a la prensa, por prostituir lo ‘indie’ y dar bombo a toneladas de bandas intrascendentes sólo por anotarse el tanto.

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Tienen talento, una juventud insultante y cosas que decir, lo cual no es tan común ni sencillo como parece. Qué será de ellos en el futuro es una incógnita. Mientras tanto, disfrutemos de su presente.

Y es que una vez más las etiquetas y los adjetivos de los que tanto abusamos los que escribimos sobre música hacen flaco favor a los propios músicos. Porque, más allá de las categorías y las descripciones, The Districts tienen algo, y ese algo por su propia naturaleza resulta imposible de definir con palabras, aunque parece evidente que está ligado muy de cerca a su líder, Rob Grote. Y es que, tras un disco debut autoproducido que pasó sin demasiada pena ni gloria en 2013, más allá de que lo grabaron estando aún en el instituto, y un EP posterior que sí arremolinó algo más de atención sobre el grupo, en 2015 presentaron la que puede considerarse su irrupción de facto en la industria musical.

“A Flourish and a Spoil”, que es como lo han bautizado, abre con 4th and Roeblingcomo reclamo perfecto. Los de Lititz cargan el anzuelo y aciertan con esta maravilla al inicio, que capta la atención y nos da una fiable primera aproximación a su sonido. Baja fidelidad, aunque cuenta con una producción que en todo momento se muestra discreta y solvente, poderío instrumental y unas tablas en la voz de su cantante que se empiezan a vislumbrar desde el primer minuto. Peachesprofundiza en esa senda, con un punto menos de brillo pero unas subidas y bajadas constantes que prolongan la magia del inicio. Le sigue Chlorine, con un aire más lento y oscuro y unos amagos de stop-and-go que se postulan como marca de la casa. Precisamente ese tono melancólico que adquieren sus canciones sin perder el ritmo puramente rockero de su sonido es la gran baza que tienen los Districts para diferenciarse de otras bandas paisanas suyas y de su generación como The Orwells o Dr. Dog.

Pero llega Suburban Smell, y The Districts mutan. Del rock medianamente agresivo y la electricidad de sus anteriores pistas, de repente sólo quedan trazas. Es en esta canción donde se descubre definitivamente otro de los puntos fuertes del grupo: sus letras agudas en torno a temas controvertidos, alejados de tópicos y lírica blanda y cómoda, como podría aparentar a priori la voz calmada de Rob Grote. Para muestra, un botón, inspirado tras un triste incidente con un chico discapacitado de su instituto:

«Dios nos dio 16 hogares en cada calle
para que todos recemos en la cena.
Nuestros hijos son fuertes y capaces de reírse y ver
bailar al retrasado”.

El rock actual de The Districts suena especialmente bien, con gusto por la baja fidelidad, buenas melodías, letras incisivas y una rara habilidad para conectar inmediatamente con el hemisferio derecho de nuestro cerebro.

Afortunadamente, a pesar del bien llevado fondo sentimental de algunos sus temas, The Districts han sabido alejarse del tono mumfordiano que algunas de las canciones del debut auguraban (“Funeral Beds” por ejemplo, que como era de esperar, es la que acumula de largo más visitas en YouTube). Aunque esa maniobra les haya podido perjudicar comercialmente, canciones cargadas de rabia y rock consistente comoBold o Heavy Begs demuestran que la decisión no podía haber sido más acertada de cara a ganar en autenticidad y calidad musical. O la enormeYoung Blood, cuyos 9 minutos a la vez llaman la atención a primera vista y se hacen cortos según empieza a sonar. Pues mientras Grote se desgañita vociferando que «It’s a long way down from the top to the bottom, it’s a long way back to a high from where I am«, uno se da cuenta de que hace ya un rato que ha caído en su trampa perfecta y que este disco va a ser de los que llegan para quedarse en la colección. Sin embargo, a pesar del aire de final que se respira en ella, vaciado el cargador aún queda una bala en la recámara. 6 AM aumenta la distorsión, el volumen de la voz y el sonido acústico, todo a la vez por ecléctica que parezca la mezcla, para dar un resultado asombroso y, de nuevo, diferente de lo oído hasta ahora.

Si bien The Districts comparten ingredientes de base y punto de partida con una infinidad de bandas nuevas que surgen cada año, su caso es merecedor de más atención mediática y de público que el que probablemente reciban. Tienen talento, una juventud insultante y cosas que decir, lo cual no es tan común ni sencillo como parece. Qué será de ellos en el futuro es una incógnita. Mientras tanto, disfrutemos de su presente.

The Districts – A Flourish and a Spoil

THE DISTRICTS

8.2

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The Districts son el grupo arquetipo de chavales norteamericanos con una propuesta de rock actual. Sin embargo, el suyo suena especialmente bien, con gusto por la baja fidelidad, buenas melodías, letras incisivas y una realmente rara habilidad para conectar inmediatamente con el hemisferio derecho de nuestro cerebro.

Up

  • Parece mentira que los autores de un disco tan redondo y bien madurado no tuvieran edad para beber cuando lo grabaron.
  • Si te gustaban los Strokes de “Is This It” tienes nueva banda favorita.
  • A juzgar por lo que muestra en este álbum, de Rob Grote nos esperan grandes cosas a corto y medio plazo.

Down

  • Lo convencional de su sonido y su estilo, algo sobreexplotado en la última década y media, no juega a su favor a la hora de ganar adeptos.