Entre diálogos íntimos y una perfecta combinación de sonoridades acústicas y electrónicas nace “Belize”, el primer largo de la banda homónima. El grupo (formado por 6 componentes y originario de Pamplona) comenzó a trabajar en 2013 en el proyecto en el que hoy se han convertido. En su primer año de vida estrenaron “Egos”, su primer sencillo y al cual le siguieron “Teenage Wasteland” y “Ritmos”. Su constancia les ha guiado a emprender todo un camino que les ha llevado desde la producción casera hasta trabajar bajo el abrigo de Warner.

Este disco, autoproducido junto con Hans Krüger (productor de bandas como Delorean, Polock o El Columpio Asesino, entre muchas otras), se mueve dentro del género pop con tintes electro-tropicales. En ciertos momentos, algunas de sus sonoridades os pueden remitir a Delorean o We Are Standard, aunque las texturas que desarrollan Belize son muy particulares. Es más que recomendable, casi obligatoria, su escucha a modo de disco conceptual. La sonoridad general del álbum y su estructura hacen que cada canción se enlace con la anterior, creando un espacio de escucha orientado de principio a fin.

Belize no dejan ningún cabo suelto, son detallistas a más no poder. Todo está cuidado y bajo control, lo que da lugar a una producción exquisita mediante la cual podríamos poner banda sonora a decenas de momentos de nuestras vidas. El carácter íntimo de las voces, suaves y tranquilas, junto con ritmos tropicales y una gran cantidad de matices, hacen de Belize un disco de una gran sensibilidad. Compuesto por 10 temas al uso que son introducidos por un preludio, articulados por 3 interludios y despedidos por un postludio, el largo pone de manifiesto un gran control sobre cada uno de los gestos que aquí se configuran.

belize-belize-2

«Belize” se mueve dentro del género pop con tintes electro-tropicales. Compuesto por 10 temas introducidos por un preludio, articulados por 3 interludios y despedidos por un postludio, el largo pone de manifiesto un gran control sobre cada uno de los gestos.

Prelude. Joie” abre el álbum introduciendo la sonoridad del disco. Su hilo narrativo nos conduce directamente a enlazar con “Samoa ’92”, la primera canción (aunque se debería entender todo como una obra única). Tras una gran introducción que culmina en la frase “Pasa el tiempo, nadie lo atrapa. Todos quieren ser el mañana”, la voz se apodera del tema. Esta se mueve entre dos aguas: la voz principal (masculina) y los coros (femeninos). Ambos gestos se alternan en el diálogo no sólo en cuanto a los diferentes timbres vocales sino también en cuanto a idioma, ya que se alterna el español y el inglés. Tras esto, llega el primer interludio, “Interlude I: Hossegor Plage”, donde se destaca el sonido de la playa y un carácter en las voces que simula el ir y venir de las olas. Siguiendo con el sonido marítimo nos adentramos en «Egos”, en la cual el diálogo entre una parte racional y otra más emocional se hace patente. Mientras que la parte racional quiere exponer diferentes pensamientos y realidades, la parte emocional le responde con un: «I don’t want to talk about your silly things”.

Interlude II: Sur le Toit” es la tranquilidad personificada y sirve de transición para viajar hacia “Stab my Heart”, la que es la canción más bailable y el hit por excelencia con un estribillo más que pegadizo. Arde Pekín”, por su parte, es particular debido a la combinación de diferentes capas. Por un lado encontramos un ritmo constante y marcado por parte de la percusión, mientras que en el ámbito lírico encontramos la presencia de unas voces íntimas que contrastan con unos coros con ciertos efectos propios de música electrónica. Aquí, de nuevo, podemos ver la perfecta combinación entre lo acústico y lo electrónico. Además, los sintetizadores, con sus acordes y timbres, generan un estado de aire onírico como si nos quisieran hacer rememorar algo.

Todo está cuidado y bajo control, lo que da lugar a una producción exquisita mediante la cual podríamos poner banda sonora a decenas de momentos de nuestras vidas.

A esto le sigue “Tik’al”, de la cual se puede destacar el uso de la caja de ritmos y la sonoridad brillante en la parte central de la canción, lo que contrasta con la primera parte, de timbre más oscuro. Tras “Tik’al” se abre paso el tercer y último interludio del álbum, “Interlude III: Solitude”. A lo largo de su transcurso es como si estuviéramos de viaje, viendo diferentes paisajes, distintos motivos quedan referenciados. El ukelele se exhibe como un elemento muy notable, pero es la voz lo más particular. Tanto la principal como los coros dan lugar a una textura muy rica creando por combinación un gran y amplio espectro sonoro. Encarando ya la recta final encontramos “Tó-ji”, donde los ritmos tropicales se imponen y la gran riqueza armónica se apodera de la canción. En oposición a “Tó-ji”, de grandes rasgos rítmicos y expresivos, “Little Secrets” es el típico tema que en acústico con una guitarra y una voz sería ideal. Sin embargo, cogen esta idea y la llevan a su máximo exponente con una instrumentación simple pero muy rica. Cada detalle está cuidado y se crea un espacio gobernado por una sonoridad muy especial.

En “Saudade” las intervenciones cambian de idioma, se pasa a intercalar el castellano con el portugués, idioma que no había aparecido hasta el momento. Con un carácter más pop-veraniego, «Los Ritmos de la Ciudad” destaca por su estribillo pegadizo y sus ritmos danzables. Se acerca el final y la calma se va apoderando del largo. “Campos de Sal” se despide con un extenso final de más de dos minutos que enlaza directamente con el postludio: “Postlude: Les Escaliers du Métropolitain”, cuya función es la de avisarnos que todo ha acabado, que podemos marcharnos. Así se puede oír gente que habla, que se mueve, aire que transcurre por un lugar vacío, una silla arrastrada, sonidos que remiten a momentos de soledad e introspección para dar por finalizado el primer larga duración del sexteto de Pamplona.

Belize – Belize

BELIZE

7.9

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

Belize muestran en su LP homónimo la perfecta combinación entre lo electrónico y lo acústico, distintas texturas vocales y diferentes idiomas. La característica a resaltar por excelencia en este larga duración es la del perfeccionismo. Cada detalle queda delimitado de forma exacta, lo cual da lugar a una producción delicada y fuerte a la vez, imagen del volumen de trabajo que hay tras estos cortes. La sensibilidad es palpable en cada una de las canciones.

Up

  • Detalles cuidados al milímetro.
  • Producción exquisita.
  • Tratamiento de la voz de forma jugosa, aprovechando los recursos armónicos que esta proporciona.
  • Se concibe el álbum como si se tratara de una gran obra, una única pieza.
  • Puede llegar a ser una banda sonora de recuerdos personales.

Down

  • Para los menos pop, puede resultar un tanto pasteloso.